"No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler." Madre Teresa de Calcuta
viernes, 31 de julio de 2009
VALORES
NO TE DETENGAS
No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propio afán" (Mt. 6,34)
Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella. Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas.
Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías.
Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu.
Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.
Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti. Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso; ¡eres un hijo de Dios! Piensa que Él está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que Él pensó desde toda la eternidad. "Vivir Sirviendo, Vivir Amando. Que este sea el mejor día de tu vida"
Envió: Vanessa Colombo
MICRO-REFLEXIÓN:
"Al único que hay que mantener siempre contento es a Dios" - Santo Toribio de Mogrovejo
Envió: Robin Antonio Duran Colon
EVANGELIO DEL DÍA
31 de Julio. VIERNES
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Y, llegado a su ciudad, les enseñaba en su sinagoga, de manera que se admiraban y decían: ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta menospreciado sino en su tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros a causa de su incredulidad» (Mateo 13 54-58)
I. Jesús, la contusión que se produce entre la gente de tu pueblo, me hace pensar en la naturalidad con la que habías vivido tantos años. Eras uno más, «el hijo del artesano». Y, a la vez, eras el Mesías esperado durante siglos, el Hijo de Dios. Durante todo este tiempo no te distinguiste haciendo cosas extraordinarias; no hiciste milagros patentes, a pesar de que conocerías casos de gente enferma, pobre, necesitada. Lo que sí harías es trabajar lo mejor posible, atender al que más lo necesitaba con especial dedicación, servir con alegría en casa y en el taller de José.
«Por su sumisión a María y a José, así como por su humilde trabajo durante largos años en Nazaret, Jesús nos da el ejemplo de santidad en la vida cotidiana de la familia y del trabajo» (CEC-564).
Jesús, has venido a traer fuego a la tierra (confer Lucas 12,48), has venido a salvar a los hombres, a hacernos hijos de Dios, a llamarnos a la santidad. Y estás cumpliendo tu misión desde el primer día, también durante esos años que llamamos de «vida oculta», porque no aparecen en el Evangelio.
Para mí, esos años son años de luz, porque ésa es la vida que tengo que imitar si quiero parecerme a Ti, si quiero ser otro Cristo. Jesús, quiero hacer cosas grandes: quiero triunfar en mi vida profesional, quiero tener una familia feliz, quiero tener muchos amigos... Pero a veces me pierdo en los grandes planes mientras descuido el pequeño deber de cada día: el horario, el trabajo bien acabado, los detalles de servicio, el cumplimiento del plan de vida, el apostolado. Que aprenda de tu vida oculta a cuidar esos pequeños detalles y, entonces, Tú harás de mi vida algo grande.
II. «Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora. Ese trabajo -humilde, monótono, pequeño- es oración cuajada en obras que te disponen a recibir la gracia de la otra labor -grande, ancha y honda- con que sueñas» (Camino.-825).
Jesús, quiero... cambiar el mundo. Quiero que la gente te conozca como te conozco yo. Entonces te querrán, y se querrán entre ellos al saberse hijos del mismo Padre, hermanos tuyos. Como Tú, también yo quiero traer fuego a la tierra: ese fuego del amor; que no destruye, sino que purifica y une. Pero, ¿qué puedo hacer yo para ayudarte en esta tarea?.
Lo que me pides, Jesús, es que te imite en tu vida oculta. Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora: haz lo que tengas que hacer en cada momento, con la mayor perfección posible. Ese trabajo -humilde, monótono, pequeño- es oración cuajada en obras.
Jesús, tu trabajo en el taller de José también era humilde, monótono, pequeño. Pero con cuánto amor lo realizarías, con qué perfección -acabando los detalles, aunque nadie se fuera a fijar en ellos-, con qué espíritu de servicio.
Si soy fiel en lo pequeño, Tú me darás la gracia de la otra labor -grande, ancha, honda- con la que sueño. Mi vida será fecunda en el terreno profesional y familiar; en el campo apostólico, en el servicio a Ti y a los demás. Y cuando la gente se pregunte: «¿de dónde le viene a éste todo esto?» -¿de dónde le viene esa alegría, esa ilusión profesional, esa facilidad para querer a los demás?-, les sabré responder: me viene de imitar a Jesús en su vida oculta, de ofrecer a Dios cada cosa que hago, cada pequeño vencimiento.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Y, llegado a su ciudad, les enseñaba en su sinagoga, de manera que se admiraban y decían: ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta menospreciado sino en su tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros a causa de su incredulidad» (Mateo 13 54-58)
I. Jesús, la contusión que se produce entre la gente de tu pueblo, me hace pensar en la naturalidad con la que habías vivido tantos años. Eras uno más, «el hijo del artesano». Y, a la vez, eras el Mesías esperado durante siglos, el Hijo de Dios. Durante todo este tiempo no te distinguiste haciendo cosas extraordinarias; no hiciste milagros patentes, a pesar de que conocerías casos de gente enferma, pobre, necesitada. Lo que sí harías es trabajar lo mejor posible, atender al que más lo necesitaba con especial dedicación, servir con alegría en casa y en el taller de José.
«Por su sumisión a María y a José, así como por su humilde trabajo durante largos años en Nazaret, Jesús nos da el ejemplo de santidad en la vida cotidiana de la familia y del trabajo» (CEC-564).
Jesús, has venido a traer fuego a la tierra (confer Lucas 12,48), has venido a salvar a los hombres, a hacernos hijos de Dios, a llamarnos a la santidad. Y estás cumpliendo tu misión desde el primer día, también durante esos años que llamamos de «vida oculta», porque no aparecen en el Evangelio.
Para mí, esos años son años de luz, porque ésa es la vida que tengo que imitar si quiero parecerme a Ti, si quiero ser otro Cristo. Jesús, quiero hacer cosas grandes: quiero triunfar en mi vida profesional, quiero tener una familia feliz, quiero tener muchos amigos... Pero a veces me pierdo en los grandes planes mientras descuido el pequeño deber de cada día: el horario, el trabajo bien acabado, los detalles de servicio, el cumplimiento del plan de vida, el apostolado. Que aprenda de tu vida oculta a cuidar esos pequeños detalles y, entonces, Tú harás de mi vida algo grande.
II. «Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora. Ese trabajo -humilde, monótono, pequeño- es oración cuajada en obras que te disponen a recibir la gracia de la otra labor -grande, ancha y honda- con que sueñas» (Camino.-825).
Jesús, quiero... cambiar el mundo. Quiero que la gente te conozca como te conozco yo. Entonces te querrán, y se querrán entre ellos al saberse hijos del mismo Padre, hermanos tuyos. Como Tú, también yo quiero traer fuego a la tierra: ese fuego del amor; que no destruye, sino que purifica y une. Pero, ¿qué puedo hacer yo para ayudarte en esta tarea?.
Lo que me pides, Jesús, es que te imite en tu vida oculta. Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora: haz lo que tengas que hacer en cada momento, con la mayor perfección posible. Ese trabajo -humilde, monótono, pequeño- es oración cuajada en obras.
Jesús, tu trabajo en el taller de José también era humilde, monótono, pequeño. Pero con cuánto amor lo realizarías, con qué perfección -acabando los detalles, aunque nadie se fuera a fijar en ellos-, con qué espíritu de servicio.
Si soy fiel en lo pequeño, Tú me darás la gracia de la otra labor -grande, ancha, honda- con la que sueño. Mi vida será fecunda en el terreno profesional y familiar; en el campo apostólico, en el servicio a Ti y a los demás. Y cuando la gente se pregunte: «¿de dónde le viene a éste todo esto?» -¿de dónde le viene esa alegría, esa ilusión profesional, esa facilidad para querer a los demás?-, les sabré responder: me viene de imitar a Jesús en su vida oculta, de ofrecer a Dios cada cosa que hago, cada pequeño vencimiento.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
ESPERANDO UN DÍA ESPECIAL
Mi cuñado abrió el cajón del buró de mi hermana y levantó un paquete envuelto en papel.
---"Esto" -dijo- "no es un collar es una obra de arte".
Tiro el papel que lo envolvía y me paso el collar. Estaba exquisito. La etiqueta del precio mostraba una cantidad astronómica.
---"Jan compró esto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace al menos 8 o 9 años. Nunca lo uso. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Bueno, creo que esta es la ocasión."
Me pidió el collar y lo pusimos en la cama junto con la ropa que íbamos a llevara la funeraria. Sus manos tocaron un momento el oro y cerro de golpe el cajón y volviéndose hacia mí me dijo:
---"¡No guardes nada para una ocasión especial... Cada día que vives es una ocasión especial!"
Recordé esas palabras durante el funeral de Jan mi hermana y los días que siguieron, cuando lo ayude a él y a mi sobrina a atender todas las obligaciones tristes que siguen a una muerte inesperada. Pensé en ellos en el vuelo de regreso a California. Pensé acerca de todas las cosas que ella no vio, escucho o hizo. Pensé acerca de las cosas que ella hizo sin darse cuenta que eran especiales.
Todavía estoy pensando en esas palabras, y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo más y limpiando menos. Me siento en el porche y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Estoy pasando mas tiempo con mi familia y amigos y menos tiempo en juntas de trabajo.
Cuando sea posible, la vida debe ser un patrón de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir. Estoy tratando de reconocer estos momentos ahora y disfrutarlos.
Ya no estoy guardando nada; usamos nuestra vajilla de lujo por cualquier evento especial como bajar una libra, destapar el baño o la primera flor de la primavera.
Uso mi blazer nuevo para ir al super, si me dan ganas. Mi teoría es que si me veo prospera, puedo gastar 280 pesos en una bolsa pequeña de despensa sin preocuparme.
Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales; lo empleados de las tiendas y lo cajeros de los bancos tienen narices que funcionan tan bien como las de mis amigos en las fiestas.
Las frases "Algún día" y "Uno de estos días" van desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo lo quiero ver, oír y hacer AHORA. No estoy seguro de lo que hubiera hecho mi hermana si hubiera sabido que no estaría aquí para el mañana que todos tomamos a la ligera.
Creo que hubiera llamado a algunos miembros de la familia y a amigos cercanos. A lo mejor hubiera llamado a algunos ex-amigos para disculparse y hacer las paces por posibles enojos del pasado. Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida China, su favorita. Pero sólo estoy pensando, nunca lo sabré.
Son esas pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojada porque deje de ver a buenos amigos con los que me iba a poner en contacto "algún día". Enojada, porque no escribí ciertas cartas que intente escribir "uno de estos días". Enojada y triste porque no les dije a mi esposo y a mí hija con la suficiente frecuencia cuanto realmente los amo.
Estoy tratando no retardar, detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestras vidas.
Y cada mañana cuando abro mis ojos, me digo a mi misma que es especial. Cada día, cada minuto, cada respiro La vida misma es un regalo de Dios.
Envió: Martín Loredo
MICRO-REFLEXIÓN:
"¿Y si Dios nos llamara hoy a su presencia?, no esperes más, el Sacramento de la Reconciliación es un preciosos regalo"
Envió: Martha Martínez
Mi cuñado abrió el cajón del buró de mi hermana y levantó un paquete envuelto en papel.
---"Esto" -dijo- "no es un collar es una obra de arte".
Tiro el papel que lo envolvía y me paso el collar. Estaba exquisito. La etiqueta del precio mostraba una cantidad astronómica.
---"Jan compró esto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace al menos 8 o 9 años. Nunca lo uso. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Bueno, creo que esta es la ocasión."
Me pidió el collar y lo pusimos en la cama junto con la ropa que íbamos a llevara la funeraria. Sus manos tocaron un momento el oro y cerro de golpe el cajón y volviéndose hacia mí me dijo:
---"¡No guardes nada para una ocasión especial... Cada día que vives es una ocasión especial!"
Recordé esas palabras durante el funeral de Jan mi hermana y los días que siguieron, cuando lo ayude a él y a mi sobrina a atender todas las obligaciones tristes que siguen a una muerte inesperada. Pensé en ellos en el vuelo de regreso a California. Pensé acerca de todas las cosas que ella no vio, escucho o hizo. Pensé acerca de las cosas que ella hizo sin darse cuenta que eran especiales.
Todavía estoy pensando en esas palabras, y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo más y limpiando menos. Me siento en el porche y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Estoy pasando mas tiempo con mi familia y amigos y menos tiempo en juntas de trabajo.
Cuando sea posible, la vida debe ser un patrón de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir. Estoy tratando de reconocer estos momentos ahora y disfrutarlos.
Ya no estoy guardando nada; usamos nuestra vajilla de lujo por cualquier evento especial como bajar una libra, destapar el baño o la primera flor de la primavera.
Uso mi blazer nuevo para ir al super, si me dan ganas. Mi teoría es que si me veo prospera, puedo gastar 280 pesos en una bolsa pequeña de despensa sin preocuparme.
Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales; lo empleados de las tiendas y lo cajeros de los bancos tienen narices que funcionan tan bien como las de mis amigos en las fiestas.
Las frases "Algún día" y "Uno de estos días" van desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo lo quiero ver, oír y hacer AHORA. No estoy seguro de lo que hubiera hecho mi hermana si hubiera sabido que no estaría aquí para el mañana que todos tomamos a la ligera.
Creo que hubiera llamado a algunos miembros de la familia y a amigos cercanos. A lo mejor hubiera llamado a algunos ex-amigos para disculparse y hacer las paces por posibles enojos del pasado. Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida China, su favorita. Pero sólo estoy pensando, nunca lo sabré.
Son esas pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojada porque deje de ver a buenos amigos con los que me iba a poner en contacto "algún día". Enojada, porque no escribí ciertas cartas que intente escribir "uno de estos días". Enojada y triste porque no les dije a mi esposo y a mí hija con la suficiente frecuencia cuanto realmente los amo.
Estoy tratando no retardar, detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestras vidas.
Y cada mañana cuando abro mis ojos, me digo a mi misma que es especial. Cada día, cada minuto, cada respiro La vida misma es un regalo de Dios.
Envió: Martín Loredo
MICRO-REFLEXIÓN:
"¿Y si Dios nos llamara hoy a su presencia?, no esperes más, el Sacramento de la Reconciliación es un preciosos regalo"
Envió: Martha Martínez
EVANGELIO DEL DÍA
30 de Julio. JUEVES
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que, echada en el mar; recoge toda clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y sentándose echan los buenos en cestos, mientras los malos lo tiran fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Le respondieron: Sí.
Él les dijo: Por eso, todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas. Y sucedió que cuando terminó Jesús estas parábolas partió de allí». (Mateo 13, 47-53)
I. Jesús, comparas el Reino de los Cielos con esa «red barredera que recoge toda clase de cosas». Tú has venido a salvar a todos los hombres, sin hacer distinción de raza, sexo o posición social. Toda persona puede recibir tu gracia, si vive de acuerdo con la fe y la moral cristiana. Sin embargo, no coaccionas a nadie a seguirte: el que quiera despreciar los frutos de tu pasión en la cruz es libre de hacerlo.
La «red barredera» arrastra a buenos y malos hacia la orilla del juicio final, que cada uno tendrá después de morir. Entonces «saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos.»
Jesús, qué fácilmente olvido esta verdad tan importante: hay juicio, y luego hay premio o castigo. Es cierto que el fin de mi lucha por ser mejor cristiano no consiste en superar la prueba del juicio, sino en amar a Dios. Tampoco el fin del estudio es aprobar un examen, sino aprenden. Pero he de ser consciente de que habrá examen, y por eso me interesa conocer qué me van a preguntar en esa prueba.
«La misma santa Iglesia romana cree y firmemente confiesa que todos los hombres compadecerán con sus cuerpos en el día del juicio ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus propias acciones». (CEC-1059). Jesús, Tú eres el Juez que me va a juzgar. ¿Qué me vas a preguntar en ese momento tan crucial? Tú me lo has dicho claramente: «No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre» (Mateo 7,21) El juicio consistirá en ver hasta qué punto he sabido obedecer la voluntad de Dios.
II. «Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones» (Camino.-346).
Jesús, Tú has revelado unas verdades sobre la vida cristiana y el destino eterno de los hombres premio o castigo que debo conocer. Para conocer cuál es tu voluntad, y también para ayudar a que los demás te conozcan mejor, debo formarme en una piedad sólida y activa. De este modo, podré ser un verdadero apóstol en mi lugar de trabajo, haciendo ese apostolado profesional que tanta falta hace en el mundo. «Todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos...»
Jesús, Tú esperas de mí esa formación sobre el Reino de los Cielos, sobre la vida y la doctrina cristiana. ¿Qué tiempo le dedico a mi formación religiosa? Además, el escriba era una persona culta y con prestigio entre la gente de Israel; por eso, también me pides formación profesional, prestigio profesional: destaca en el estudio. ¿Cómo voy a hacer apostolado profesional si soy mediocre en mi trabajo o en mi estudio; si no me esfuerzo en rendir al máximo?.
Jesús, me pides que adquiera formación religiosa y científica. Entonces, sabré contestar las dudas de mis amigos sobre la fe, la doctrina y la vida cristiana con don de lenguas, sabiendo combinar los avances actuales de cada ciencia, con las verdades perennes que enseña la Iglesia. Como el padre de familia del Evangelio, «que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas», así sabré yo explicar la fe a los que me rodean: porque tu palabra, Señor, es antigua y, a la vez, siempre nueva.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que, echada en el mar; recoge toda clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y sentándose echan los buenos en cestos, mientras los malos lo tiran fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Le respondieron: Sí.
Él les dijo: Por eso, todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas. Y sucedió que cuando terminó Jesús estas parábolas partió de allí». (Mateo 13, 47-53)
I. Jesús, comparas el Reino de los Cielos con esa «red barredera que recoge toda clase de cosas». Tú has venido a salvar a todos los hombres, sin hacer distinción de raza, sexo o posición social. Toda persona puede recibir tu gracia, si vive de acuerdo con la fe y la moral cristiana. Sin embargo, no coaccionas a nadie a seguirte: el que quiera despreciar los frutos de tu pasión en la cruz es libre de hacerlo.
La «red barredera» arrastra a buenos y malos hacia la orilla del juicio final, que cada uno tendrá después de morir. Entonces «saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos.»
Jesús, qué fácilmente olvido esta verdad tan importante: hay juicio, y luego hay premio o castigo. Es cierto que el fin de mi lucha por ser mejor cristiano no consiste en superar la prueba del juicio, sino en amar a Dios. Tampoco el fin del estudio es aprobar un examen, sino aprenden. Pero he de ser consciente de que habrá examen, y por eso me interesa conocer qué me van a preguntar en esa prueba.
«La misma santa Iglesia romana cree y firmemente confiesa que todos los hombres compadecerán con sus cuerpos en el día del juicio ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus propias acciones». (CEC-1059). Jesús, Tú eres el Juez que me va a juzgar. ¿Qué me vas a preguntar en ese momento tan crucial? Tú me lo has dicho claramente: «No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre» (Mateo 7,21) El juicio consistirá en ver hasta qué punto he sabido obedecer la voluntad de Dios.
II. «Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones» (Camino.-346).
Jesús, Tú has revelado unas verdades sobre la vida cristiana y el destino eterno de los hombres premio o castigo que debo conocer. Para conocer cuál es tu voluntad, y también para ayudar a que los demás te conozcan mejor, debo formarme en una piedad sólida y activa. De este modo, podré ser un verdadero apóstol en mi lugar de trabajo, haciendo ese apostolado profesional que tanta falta hace en el mundo. «Todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos...»
Jesús, Tú esperas de mí esa formación sobre el Reino de los Cielos, sobre la vida y la doctrina cristiana. ¿Qué tiempo le dedico a mi formación religiosa? Además, el escriba era una persona culta y con prestigio entre la gente de Israel; por eso, también me pides formación profesional, prestigio profesional: destaca en el estudio. ¿Cómo voy a hacer apostolado profesional si soy mediocre en mi trabajo o en mi estudio; si no me esfuerzo en rendir al máximo?.
Jesús, me pides que adquiera formación religiosa y científica. Entonces, sabré contestar las dudas de mis amigos sobre la fe, la doctrina y la vida cristiana con don de lenguas, sabiendo combinar los avances actuales de cada ciencia, con las verdades perennes que enseña la Iglesia. Como el padre de familia del Evangelio, «que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas», así sabré yo explicar la fe a los que me rodean: porque tu palabra, Señor, es antigua y, a la vez, siempre nueva.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
miércoles, 29 de julio de 2009
VALORES
PARA ANDAR POR LA VIDA
No minimices tu valor comparándote con otros. Son esas diferencias lo que nos hace seres especiales.
No hagas tus metas por lo que para otras personas sea importante. Sólo tú sabes lo que es mejor para ti.
Nunca tomes en vano las cosas cercanas a tu corazón. Aférrate a ellas como te aferras a la vida pues sin ellas la vida no tiene sentido.
No permitas que tu vida se resbale por tus dedos, viviendo en el pasado o viviendo en el futuro vive tu vida un día a la vez y podrás disfrutar todos los días de tu vida.
No te rindas cuando aún tienes algo que ofrecer nada es realmente en vano hasta el momento en que tu decides dejar de intentarlo.
Es un hilo muy frágil lo que nos une a los otros.
No tengas miedo de encontrar riesgos es asumiendo esos riesgos que aprendemos a vivir.
No le cierres la puerta al amor diciéndo que es difícil de encontrar.
La manera más rápida de encontrar amor es dando amor, La manera más rápida de perder al amor es aferrándonos muy fuertes a el...
No rechaces tus sueños, sino tienes sueños no tienes esperanza, sino tienes esperanza no tienes un propósito.
No corras por la vida tan rápido que olvides, no solamente donde has estado sino hacia donde vas. La vida no es una carrera sino una jornada para ser saboreada a cada paso que des...
Envió: Isaac Feijoo
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dios nos visita con frecuencia, pero la mayor parte de las veces nosotros no estamos"
Envió: Isaías Pinedo
No minimices tu valor comparándote con otros. Son esas diferencias lo que nos hace seres especiales.
No hagas tus metas por lo que para otras personas sea importante. Sólo tú sabes lo que es mejor para ti.
Nunca tomes en vano las cosas cercanas a tu corazón. Aférrate a ellas como te aferras a la vida pues sin ellas la vida no tiene sentido.
No permitas que tu vida se resbale por tus dedos, viviendo en el pasado o viviendo en el futuro vive tu vida un día a la vez y podrás disfrutar todos los días de tu vida.
No te rindas cuando aún tienes algo que ofrecer nada es realmente en vano hasta el momento en que tu decides dejar de intentarlo.
Es un hilo muy frágil lo que nos une a los otros.
No tengas miedo de encontrar riesgos es asumiendo esos riesgos que aprendemos a vivir.
No le cierres la puerta al amor diciéndo que es difícil de encontrar.
La manera más rápida de encontrar amor es dando amor, La manera más rápida de perder al amor es aferrándonos muy fuertes a el...
No rechaces tus sueños, sino tienes sueños no tienes esperanza, sino tienes esperanza no tienes un propósito.
No corras por la vida tan rápido que olvides, no solamente donde has estado sino hacia donde vas. La vida no es una carrera sino una jornada para ser saboreada a cada paso que des...
Envió: Isaac Feijoo
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dios nos visita con frecuencia, pero la mayor parte de las veces nosotros no estamos"
Envió: Isaías Pinedo
EVANGELIO DEL DÍA
29 de Julio. MIÉRCOLES
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor va y vende todo cuanto tiene y la compra.» (Mateo13, 44-46)
I. Jesús, hoy me vuelves a hablar del Reino de los Cielos, de esa vida nueva ?divina- que has venido a darme muriendo en la cruz. El Reino de los Cielos es la vida de la gracia, la vida de hijos de Dios, la vida sobrenatural que puedo vivir ya en la tierra uniéndome a Ti a través de los sacramentos, de la oración y de las buenas obras. El Reino de los Cielos es esa identificación contigo en la tierra -luchando por ser cada día más santo- y, sobre todo, es esa unión contigo en el cielo para siempre.
Sin embargo, no todo el mundo encuentra este Reino. Algunos lo encuentran sin proponérselo: porque han nacido en una familia cristiana, porque han conocido a alguien que les ha hablado de Ti, etc. ... Se parecen al que encuentra el tesoro en el campo por casualidad, sin buscarlo. Al descubrirlo, «lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo».
Jesús, a veces no valoro suficientemente este tesoro, quizá porque lo encontré sin esfuerzo. Y no lo guardo, de modo que los ladrones no me lo quiten; ni tampoco soy capaz de darlo todo dejando esas cosas que me atan a la tierra para poseerlo de verdad.
Otros encuentran el tesoro de la fe tras muchos años de búsqueda esforzada. Se parecen al comerciante que iba en busca de «la perla de gran valor.» Tal vez éstos son más conscientes de lo que han encontrado, y se deciden con más prontitud a vender todo cuanto tienen planes, ilusiones, familia, capacidades profesionales para conseguir el Reino de los Cielos y ayudar a que también otros lo encuentren.
II. «Escribías: «simile est regnum caelorum - el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro... Este pasaje del Santo Evangelio ha caído en mi alma echando raíces. Lo había leído tantas veces, sin coger su entraña, su sabor divino». ¡Todo..., todo se ha de vender por el hombre discreto, para conseguir el tesoro, la margarita preciosa de la Gloria» (Forja 993).
Jesús, ... ¿todo? ¿Qué significa venderlo todo? ¿Es que me he de retirar al desierto, sin nada, para alcanzar el Reino de los Cielos, para ser santo? No necesariamente. Tú mismo rezas al Padre: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Juan 17,15).
No quieres que me aparte del mundo, ni de las cosas del mundo. Lo que quieres es que mi corazón no se llene de deseos mundanos, sino que te ponga en primer lugar en mi escala de valores: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con tuda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento» (Mateo 22,37-38).
Jesús, para amarte así, he de estar desprendido de todo lo que pueda interponerse entre Tú y yo. «Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto». (CEC-2545).
Una cosa es que me gusten los coches, por ejemplo, y que me compre uno porque lo necesito -incluso uno de buena calidad, de modo que circule con seguridad y confort-; pero otra cosa es no vivir más que para el coche, o comprarme uno porque es la última moda, o para mostrar mi nivel económico o social. Jesús, esta misma pobreza exterior -que no significa ir sucios, sino tener sólo lo necesario- debe ir acompañada por una pobreza interior, de la mente: la humildad.
Parte de lo que he de dejar para poder seguirte es la soberbia, ese querer tener siempre la razón y la verdad. Para seguirte, he de aprender a obedecer las indicaciones generales que reciba del Magisterio de la Iglesia, y los consejos particulares de la dirección espiritual.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor va y vende todo cuanto tiene y la compra.» (Mateo13, 44-46)
I. Jesús, hoy me vuelves a hablar del Reino de los Cielos, de esa vida nueva ?divina- que has venido a darme muriendo en la cruz. El Reino de los Cielos es la vida de la gracia, la vida de hijos de Dios, la vida sobrenatural que puedo vivir ya en la tierra uniéndome a Ti a través de los sacramentos, de la oración y de las buenas obras. El Reino de los Cielos es esa identificación contigo en la tierra -luchando por ser cada día más santo- y, sobre todo, es esa unión contigo en el cielo para siempre.
Sin embargo, no todo el mundo encuentra este Reino. Algunos lo encuentran sin proponérselo: porque han nacido en una familia cristiana, porque han conocido a alguien que les ha hablado de Ti, etc. ... Se parecen al que encuentra el tesoro en el campo por casualidad, sin buscarlo. Al descubrirlo, «lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo».
Jesús, a veces no valoro suficientemente este tesoro, quizá porque lo encontré sin esfuerzo. Y no lo guardo, de modo que los ladrones no me lo quiten; ni tampoco soy capaz de darlo todo dejando esas cosas que me atan a la tierra para poseerlo de verdad.
Otros encuentran el tesoro de la fe tras muchos años de búsqueda esforzada. Se parecen al comerciante que iba en busca de «la perla de gran valor.» Tal vez éstos son más conscientes de lo que han encontrado, y se deciden con más prontitud a vender todo cuanto tienen planes, ilusiones, familia, capacidades profesionales para conseguir el Reino de los Cielos y ayudar a que también otros lo encuentren.
II. «Escribías: «simile est regnum caelorum - el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro... Este pasaje del Santo Evangelio ha caído en mi alma echando raíces. Lo había leído tantas veces, sin coger su entraña, su sabor divino». ¡Todo..., todo se ha de vender por el hombre discreto, para conseguir el tesoro, la margarita preciosa de la Gloria» (Forja 993).
Jesús, ... ¿todo? ¿Qué significa venderlo todo? ¿Es que me he de retirar al desierto, sin nada, para alcanzar el Reino de los Cielos, para ser santo? No necesariamente. Tú mismo rezas al Padre: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Juan 17,15).
No quieres que me aparte del mundo, ni de las cosas del mundo. Lo que quieres es que mi corazón no se llene de deseos mundanos, sino que te ponga en primer lugar en mi escala de valores: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con tuda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento» (Mateo 22,37-38).
Jesús, para amarte así, he de estar desprendido de todo lo que pueda interponerse entre Tú y yo. «Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto». (CEC-2545).
Una cosa es que me gusten los coches, por ejemplo, y que me compre uno porque lo necesito -incluso uno de buena calidad, de modo que circule con seguridad y confort-; pero otra cosa es no vivir más que para el coche, o comprarme uno porque es la última moda, o para mostrar mi nivel económico o social. Jesús, esta misma pobreza exterior -que no significa ir sucios, sino tener sólo lo necesario- debe ir acompañada por una pobreza interior, de la mente: la humildad.
Parte de lo que he de dejar para poder seguirte es la soberbia, ese querer tener siempre la razón y la verdad. Para seguirte, he de aprender a obedecer las indicaciones generales que reciba del Magisterio de la Iglesia, y los consejos particulares de la dirección espiritual.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
CARTA DE UN BEBÉ
Hola mami, ¿cómo estás? Yo, muy bien, gracias a Dios. Hace apenas unos días me concebiste en tu pancita. La verdad, no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá, otra cosa que también me llena de orgullo es el ver con el amor con el que fui concebido...Todo parece indicar que voy a ser el niño más feliz del mundo!.
Mami, ha pasado ya un mes desde mi concepción, y ya empiezo a ver como mi cuerpecito se empieza a formar, digo, no estoy tan bonito como tú, pero dame una oportunidad.
Estoy MUY feliz! Pero hay algo que me tiene un poco preocupado... Últimamente me he dado cuenta de que hay algo en tu cabecita que no te deja dormir, pero bueno, ya se te pasará, no te apures.
Mami, ya pasaron dos meses y medio y la verdad estoy feliz con mis nuevas manitas y de veras que tengo ganas de utilizarlas para jugar..
Mamita, dime que te pasa, por qué lloras tanto todas las noches? Por qué cuando papi y tú se ven se gritan tanto? Ya no me quieren, o qué? Voy a hacer lo posible para que me quieran..
Han pasado ya 3 meses, mami, te noto muy deprimida, no entiendo que pasa, estoy muy confundido. Hoy en la mañana fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana. No entiendo, yo me siento muy bien...acaso te sientes mal, mamita?
Mami, ya es de día, ¿a donde vamos? Qué pasa, mami ¿por qué lloras? No llores, si no va a pasar nada... Oye mami, no te acuestes, apenas son las 2 de la tarde, es muy temprano para irse a la cama aparte, no tengo nada de sueño, quiero seguir jugando con mis manitas.¡Ay, ah! ¿Qué hace ese tubito en mi casita? ¿A poco es un juguete nuevo? ¡Oigan! ¿Por qué están succionando mi casita?
MAMI! ¡Esperen! Esa es mi manita! Señor, por qué me la arrancan ¿qué no ve que me duele? ah! Mami defiéndeme! Mamá...ayúdame! ¿Que no ves que todavía estoy muy chiquito y no me puedo defender?
Mami, mi piernita, me la están arrancando! Por favor diles que ya no sigan, te juro que ya me voy a portar bien, ya no te vuelvo a patear. ¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto? Va a ver cuando sea grande y fuer...ah...te. Mami, ya no puedo más, voy ... mami ... mami ... ayúdame ...
Mami, han pasado ya 17 años desde aquel día, y yo desde aquí observo como todavía te duele esa decisión que tomaste. Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos.
Te quiere mucho, Tu hijo.
Envió: Irma Ortiz
MICRO-REFLEXIÓN:
"De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí lo hicisteis"
Hola mami, ¿cómo estás? Yo, muy bien, gracias a Dios. Hace apenas unos días me concebiste en tu pancita. La verdad, no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá, otra cosa que también me llena de orgullo es el ver con el amor con el que fui concebido...Todo parece indicar que voy a ser el niño más feliz del mundo!.
Mami, ha pasado ya un mes desde mi concepción, y ya empiezo a ver como mi cuerpecito se empieza a formar, digo, no estoy tan bonito como tú, pero dame una oportunidad.
Estoy MUY feliz! Pero hay algo que me tiene un poco preocupado... Últimamente me he dado cuenta de que hay algo en tu cabecita que no te deja dormir, pero bueno, ya se te pasará, no te apures.
Mami, ya pasaron dos meses y medio y la verdad estoy feliz con mis nuevas manitas y de veras que tengo ganas de utilizarlas para jugar..
Mamita, dime que te pasa, por qué lloras tanto todas las noches? Por qué cuando papi y tú se ven se gritan tanto? Ya no me quieren, o qué? Voy a hacer lo posible para que me quieran..
Han pasado ya 3 meses, mami, te noto muy deprimida, no entiendo que pasa, estoy muy confundido. Hoy en la mañana fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana. No entiendo, yo me siento muy bien...acaso te sientes mal, mamita?
Mami, ya es de día, ¿a donde vamos? Qué pasa, mami ¿por qué lloras? No llores, si no va a pasar nada... Oye mami, no te acuestes, apenas son las 2 de la tarde, es muy temprano para irse a la cama aparte, no tengo nada de sueño, quiero seguir jugando con mis manitas.¡Ay, ah! ¿Qué hace ese tubito en mi casita? ¿A poco es un juguete nuevo? ¡Oigan! ¿Por qué están succionando mi casita?
MAMI! ¡Esperen! Esa es mi manita! Señor, por qué me la arrancan ¿qué no ve que me duele? ah! Mami defiéndeme! Mamá...ayúdame! ¿Que no ves que todavía estoy muy chiquito y no me puedo defender?
Mami, mi piernita, me la están arrancando! Por favor diles que ya no sigan, te juro que ya me voy a portar bien, ya no te vuelvo a patear. ¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto? Va a ver cuando sea grande y fuer...ah...te. Mami, ya no puedo más, voy ... mami ... mami ... ayúdame ...
Mami, han pasado ya 17 años desde aquel día, y yo desde aquí observo como todavía te duele esa decisión que tomaste. Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos.
Te quiere mucho, Tu hijo.
Envió: Irma Ortiz
MICRO-REFLEXIÓN:
"De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí lo hicisteis"
EVANGELIO DEL DÍA
28 de Julio. MARTES
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron:
Explícanos la parábola de la cizaña del campo. El les respondió: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. Él enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. Del mismo modo que se retine la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo.
El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga.» (Mateo 13, 36-43)
I. Jesús, qué fácil era para los apóstoles hablar a solas contigo, preguntarte cualquier cosa, aunque filera una tontería. Tal es la familiaridad que tienen contigo, que no se avergüenzan de reconocer que no entendieron la parábola que acababas de contar: explícanos la parábola.
Por ser cristiano, yo también soy uno de los apóstoles, uno de esos pocos que pueden tener un trato íntimo, personal, contigo. Jesús, necesito ese trato personal contigo, si quiero ser cristiano, apóstol. Necesito preguntarte tantas cosas... Sobre todo, necesito preguntarte una y otra vez: ¿qué quieres que haga por Ti?; ¿en dónde me necesitas?; ¿cómo quieres que haga esto o aquello?; ¿estás contento de cómo aprovecho el tiempo, de cómo sirvo a los demás, de cómo vivo la virtudes cristianas, de cómo trato a tu madre -mi madre- Santa Maria?.
Jesús, no puedes ser más claro: «todos los que causan escándalo y obran la maldad» serán arrojados en el «horno de fuego», en el infierno. El infierno no es un cuento para asustar a los niños, sino una realidad que me debe mover a ser mejor y a hacer más apostolado. La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, «el fuego eterno».
La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. (CEC-1035).
II. «Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha lanzado a voleo la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha organizado una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres los cristianos especialmente se han dormido, y han permitido que el enemigo se acercara.
Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué ha crecido la cizaña en su campo, la explicación salta a los ojos: ¡ha sido el enemigo! Nosotros, los cristianos que debíamos estar vigilantes, para que las cosas buenas puestas por el Creador en el mundo se desarrollaran al servicio de la verdad y del bien, nos hemos dormido -¡triste pereza ese sueño!-, mientras el enemigo y todos los que le sirven se movían sin cesar Ya veis cómo ha crecido la cizaña: ¡qué siembra tan abundante y en todas partes! (...)
Dentro de todo este campo de Dios, que es la tierra, que es heredad de Cristo, ha brotado cizaña, ¡abundancia de cizaña! No podemos dejarnos engañar por el mito del progreso perenne e irreversible. El progreso rectamente ordenado es bueno, y Dios lo quiere. Pero se pondera más ese otro falso progreso, que ciega los ojos a tanta gente, porque con frecuencia no percibe que la humanidad, en algunos de sus pasos, vuelve atrás y pierde lo que antes había conquistado» (Es Cristo que pasa.-123).
Jesús, la parábola de la cizaña me tiene que ayudar a mantenerme despierto, vigilante, para que la cizaña no penetre en mi vida. Además, como cristiano, me debo preocupar de que la cizaña no crezca en la sociedad en la que vivo. Los cristianos no pueden desentenderse del ambiente, las costumbres y las leyes que influyen en la cultura de cada sociedad. Porque la cultura es el campo en el que crece la semilla, y una cultura materialista llena de cizaña puede ahogar la siembra buena.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron:
Explícanos la parábola de la cizaña del campo. El les respondió: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. Él enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. Del mismo modo que se retine la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo.
El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga.» (Mateo 13, 36-43)
I. Jesús, qué fácil era para los apóstoles hablar a solas contigo, preguntarte cualquier cosa, aunque filera una tontería. Tal es la familiaridad que tienen contigo, que no se avergüenzan de reconocer que no entendieron la parábola que acababas de contar: explícanos la parábola.
Por ser cristiano, yo también soy uno de los apóstoles, uno de esos pocos que pueden tener un trato íntimo, personal, contigo. Jesús, necesito ese trato personal contigo, si quiero ser cristiano, apóstol. Necesito preguntarte tantas cosas... Sobre todo, necesito preguntarte una y otra vez: ¿qué quieres que haga por Ti?; ¿en dónde me necesitas?; ¿cómo quieres que haga esto o aquello?; ¿estás contento de cómo aprovecho el tiempo, de cómo sirvo a los demás, de cómo vivo la virtudes cristianas, de cómo trato a tu madre -mi madre- Santa Maria?.
Jesús, no puedes ser más claro: «todos los que causan escándalo y obran la maldad» serán arrojados en el «horno de fuego», en el infierno. El infierno no es un cuento para asustar a los niños, sino una realidad que me debe mover a ser mejor y a hacer más apostolado. La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, «el fuego eterno».
La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. (CEC-1035).
II. «Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha lanzado a voleo la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha organizado una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres los cristianos especialmente se han dormido, y han permitido que el enemigo se acercara.
Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué ha crecido la cizaña en su campo, la explicación salta a los ojos: ¡ha sido el enemigo! Nosotros, los cristianos que debíamos estar vigilantes, para que las cosas buenas puestas por el Creador en el mundo se desarrollaran al servicio de la verdad y del bien, nos hemos dormido -¡triste pereza ese sueño!-, mientras el enemigo y todos los que le sirven se movían sin cesar Ya veis cómo ha crecido la cizaña: ¡qué siembra tan abundante y en todas partes! (...)
Dentro de todo este campo de Dios, que es la tierra, que es heredad de Cristo, ha brotado cizaña, ¡abundancia de cizaña! No podemos dejarnos engañar por el mito del progreso perenne e irreversible. El progreso rectamente ordenado es bueno, y Dios lo quiere. Pero se pondera más ese otro falso progreso, que ciega los ojos a tanta gente, porque con frecuencia no percibe que la humanidad, en algunos de sus pasos, vuelve atrás y pierde lo que antes había conquistado» (Es Cristo que pasa.-123).
Jesús, la parábola de la cizaña me tiene que ayudar a mantenerme despierto, vigilante, para que la cizaña no penetre en mi vida. Además, como cristiano, me debo preocupar de que la cizaña no crezca en la sociedad en la que vivo. Los cristianos no pueden desentenderse del ambiente, las costumbres y las leyes que influyen en la cultura de cada sociedad. Porque la cultura es el campo en el que crece la semilla, y una cultura materialista llena de cizaña puede ahogar la siembra buena.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
EL TAMAÑO DE LAS PERSONAS
Una persona es enorme para uno, cuando habla de lo que leyó y vivió, cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente.
Es pequeña cuando solo piensa en si misma, cuando se comporta de una manera poco gentil, cuando fracasa justamente en el momento en que tendría que demostrar lo que hay de más importante entre dos personas: la amistad, el cariño, el respeto, el celo y asimismo el amor.
Una persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo.
Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando obra, no de acuerdo con lo que esperan de ella, pero de acuerdo con lo que espera de sí misma.
Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Una misma persona puede aparentar grandeza o pequeñez dentro de una relación, puede crecer o disminuir en un espacio de pocos minutos.
Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecía ser grande. Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecía ser ínfimo.
Es difícil convivir con esta elasticidad: las personas se agigantan y se encogen a nuestros ojos. Nuestro aprecio es hecho, no a través de centímetros y metros, sino de acciones y reacciones, de expectativas y frustraciones.
Una persona es única al extender la mano, y al recogerla inesperadamente, se torna otra. El egoísmo unifica a los insignificantes. No es la altura, ni el peso, ni los músculos que tornan a una persona grande? es su sensibilidad, sin tamaño.
Envió: José Carlos Hernández Santiago.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Para ser grande, tienes que ser pequeño como niño"
Una persona es enorme para uno, cuando habla de lo que leyó y vivió, cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente.
Es pequeña cuando solo piensa en si misma, cuando se comporta de una manera poco gentil, cuando fracasa justamente en el momento en que tendría que demostrar lo que hay de más importante entre dos personas: la amistad, el cariño, el respeto, el celo y asimismo el amor.
Una persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo.
Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando obra, no de acuerdo con lo que esperan de ella, pero de acuerdo con lo que espera de sí misma.
Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Una misma persona puede aparentar grandeza o pequeñez dentro de una relación, puede crecer o disminuir en un espacio de pocos minutos.
Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecía ser grande. Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecía ser ínfimo.
Es difícil convivir con esta elasticidad: las personas se agigantan y se encogen a nuestros ojos. Nuestro aprecio es hecho, no a través de centímetros y metros, sino de acciones y reacciones, de expectativas y frustraciones.
Una persona es única al extender la mano, y al recogerla inesperadamente, se torna otra. El egoísmo unifica a los insignificantes. No es la altura, ni el peso, ni los músculos que tornan a una persona grande? es su sensibilidad, sin tamaño.
Envió: José Carlos Hernández Santiago.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Para ser grande, tienes que ser pequeño como niño"
EVANGELIO DEL DÍA
27 de Julio. LUNES
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Otra parábola les propuso: El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es ciertamente la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a ser como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes en parábolas y nada les solía hablar sino en parábolas, para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta: Abriré mi boca en parábolas, proclamaré las cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.» (Mateo 13,31-35)
I. Jesús, desde el principio, predicas al pueblo de Israel sobre el Reino de los Cielos: «Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos» (Mateo 4,17. Pero ahora, a través de estas parábolas les intentas explicar en qué consiste el Reino de los Cielos. ¿Qué es, Jesús, este Reino de los Cielos que has venido a traer a los hombres, y cuya puerta de entrada es la penitencia?
- El Reino de los Cielos es algo que empieza pequeño, como un grano de mostaza, pero que va creciendo poco a poco en mi interior hasta convertirse en una fuerza que me lleva a ayudar a los demás, a ser como un árbol en el que otros pueden cobijarse y encontrar apoyo.
- También se parece el Reino de los Cielos a esa poca masa de levadura que hace falta para fermentar toda la masa: es ese pequeño grupo de apóstoles que, con el ejemplo de sus vidas, cristianizan el ambiente que les rodea.
- El Reino de los Cielos, por tanto, no es una excusa para desentenderme del mundo terreno. Es, más bien, lo contrario: una llamada a cristianizar el mundo, haciéndolo más humano, más justo, más fraterno. «Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación.
La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz» (CEC- 2820).
II. «El Reino de Cristo no es un modo de decir ni una imagen retórica. Cristo vive, también como hombre, con aquel mismo cuerpo que asumió en la Encarnación, que resucitó después de la Cruz y subsiste glorificado en la Persona del Verbo juntamente con su alma humana. Cristo, Dios y Hombre verdadero, vive y reina y es el Señor del mundo. Sólo por Él se mantiene en vida todo lo que vive. ¿Por qué, entonces, no se aparece ahora en toda su gloria? Porque su reino «no es de este mundo», aunque está en el mundo.
Había replicado Jesús a Pilato: «Yo soy rey Yo para esto nací: para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz». Los que esperaban del Mesías un poderío temporal visible, se equivocaban: «que no consiste el reino de Dios en el comer ni en el beber sino en la justicia, en la paz y en el gozo del Espíritu Santo». Verdad y justicia; paz y gozo en el Espíritu Santo. Ese es el reino de Cristo: la acción divina que salva a los hombres y que culminará cuando la historia acabe, y el Señor que se sienta en lo más alto del paraíso, venga a juzgar definitivamente a los hombres» (Es Cristo que pasa.-180).
Jesús, tu reino no es de este mundo, pero está en el mundo: está en el alma de cada cristiano en gracia de Dios; está en la Iglesia, en los sacramentos, en las obras de caridad; está en las familias unidas por el amor, en la amistad verdadera, en el trabajo hecho con mentalidad de servicio; y también está en la belleza de la naturaleza, y en la sabiduría de las leyes físicas que gobiernan el universo.
Jesús, tu reino no es un poderío temporal visible, sino un reino de verdad y justicia, de paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero para que este reino sea una realidad, necesita arraigar primero en mi alma, como arraiga una pequeña semilla; y crecer luego, con tu gracia, hasta llenar mi vida entera y rebosar, fermentado la masa que me rodea, es decir: haciendo el mundo más humano y más cristiano.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoséptima Semana del Tiempo Ordinario
«Otra parábola les propuso: El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es ciertamente la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a ser como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes en parábolas y nada les solía hablar sino en parábolas, para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta: Abriré mi boca en parábolas, proclamaré las cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.» (Mateo 13,31-35)
I. Jesús, desde el principio, predicas al pueblo de Israel sobre el Reino de los Cielos: «Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos» (Mateo 4,17. Pero ahora, a través de estas parábolas les intentas explicar en qué consiste el Reino de los Cielos. ¿Qué es, Jesús, este Reino de los Cielos que has venido a traer a los hombres, y cuya puerta de entrada es la penitencia?
- El Reino de los Cielos es algo que empieza pequeño, como un grano de mostaza, pero que va creciendo poco a poco en mi interior hasta convertirse en una fuerza que me lleva a ayudar a los demás, a ser como un árbol en el que otros pueden cobijarse y encontrar apoyo.
- También se parece el Reino de los Cielos a esa poca masa de levadura que hace falta para fermentar toda la masa: es ese pequeño grupo de apóstoles que, con el ejemplo de sus vidas, cristianizan el ambiente que les rodea.
- El Reino de los Cielos, por tanto, no es una excusa para desentenderme del mundo terreno. Es, más bien, lo contrario: una llamada a cristianizar el mundo, haciéndolo más humano, más justo, más fraterno. «Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación.
La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz» (CEC- 2820).
II. «El Reino de Cristo no es un modo de decir ni una imagen retórica. Cristo vive, también como hombre, con aquel mismo cuerpo que asumió en la Encarnación, que resucitó después de la Cruz y subsiste glorificado en la Persona del Verbo juntamente con su alma humana. Cristo, Dios y Hombre verdadero, vive y reina y es el Señor del mundo. Sólo por Él se mantiene en vida todo lo que vive. ¿Por qué, entonces, no se aparece ahora en toda su gloria? Porque su reino «no es de este mundo», aunque está en el mundo.
Había replicado Jesús a Pilato: «Yo soy rey Yo para esto nací: para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz». Los que esperaban del Mesías un poderío temporal visible, se equivocaban: «que no consiste el reino de Dios en el comer ni en el beber sino en la justicia, en la paz y en el gozo del Espíritu Santo». Verdad y justicia; paz y gozo en el Espíritu Santo. Ese es el reino de Cristo: la acción divina que salva a los hombres y que culminará cuando la historia acabe, y el Señor que se sienta en lo más alto del paraíso, venga a juzgar definitivamente a los hombres» (Es Cristo que pasa.-180).
Jesús, tu reino no es de este mundo, pero está en el mundo: está en el alma de cada cristiano en gracia de Dios; está en la Iglesia, en los sacramentos, en las obras de caridad; está en las familias unidas por el amor, en la amistad verdadera, en el trabajo hecho con mentalidad de servicio; y también está en la belleza de la naturaleza, y en la sabiduría de las leyes físicas que gobiernan el universo.
Jesús, tu reino no es un poderío temporal visible, sino un reino de verdad y justicia, de paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero para que este reino sea una realidad, necesita arraigar primero en mi alma, como arraiga una pequeña semilla; y crecer luego, con tu gracia, hasta llenar mi vida entera y rebosar, fermentado la masa que me rodea, es decir: haciendo el mundo más humano y más cristiano.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
YO SE TODO SOBRE LA ADOPCIÓN...
La Maestra Debbie Moon’s de primer grado estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia.
Había un niño en la pintura que tenia el cabello de color diferente al del resto de los miembros de la familia.
Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera del grupo le dijo:
- "Yo se todo de adopciones por que yo soy adoptada".
- "¿Que significa ser adoptado?" pregunto otro niño
- "Significa", dijo la niña,
- "Que tú creces en el corazón de tu mamá en lugar de crecer en su vientre".
Envió: Lupita De Loera
MICRO-REFLEXIÓN:
"No hagas de las riquezas que Dios te da, riquezas injustas"
Envió: Lupita De Loera
La Maestra Debbie Moon’s de primer grado estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia.
Había un niño en la pintura que tenia el cabello de color diferente al del resto de los miembros de la familia.
Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera del grupo le dijo:
- "Yo se todo de adopciones por que yo soy adoptada".
- "¿Que significa ser adoptado?" pregunto otro niño
- "Significa", dijo la niña,
- "Que tú creces en el corazón de tu mamá en lugar de crecer en su vientre".
Envió: Lupita De Loera
MICRO-REFLEXIÓN:
"No hagas de las riquezas que Dios te da, riquezas injustas"
Envió: Lupita De Loera
EVANGELIO DEL DÍA
24 de Julio. VIERNES
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no lo entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza y cae.
Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.» (Mateo 13, 18-23)
I. Jesús, ¿qué? tengo que hacer para que la semilla de tu palabra de fruto en mi vida? Hoy me respondes con claridad, advirtiéndome de algunos obstáculos que he de evitar. El primer obstáculo es no entender tu doctrina, no captar la profundidad de tu mensaje, quedándome con cuatro ideas generales o con lo sentimental. Para comprender tu palabra, no basta con escuchar los sermones en la misa, o con meditar por mi cuenta el Evangelio.
Es necesario adquirir formación. ¿Asisto regularmente a algún medio de formación cristiana? ¿Pregunto en la dirección espiritual las dudas que tenga sobre temas de fe y moral? ¿Pido consejo para leer algún libro de lectura espiritual?.
El segundo obstáculo del que hablas, Jesús, es la inconstancia. ¿Soy constante en el cumplimiento de mi plan de vida, en el horario de trabajo o estudio, en el apostolado? A veces, empiezo entusiasmado a ir a misa entre semana, o a estudiar tantas horas, o a tratar de que aquel amigo se confiese, pero a la primera dificultad me canso y lo dejo.
Dame, Jesús, fortaleza para ser más constante en el cumplimiento de mis propósitos. El tercer obstáculo son todas aquellas tentaciones que sofocan la palabra: riqueza, egoísmo, sensualidad, comodidad, etc... Jesús, si tengo que dar fruto, si tu palabra debe guiar mi conducta, es preciso que mi corazón no esté apegado a las cosas de la tierra; porque ahogan, tiran para abajo, esclavizan, atontan. Si dejo que los espinos crezcan en mi alma, acabarán sofocando la buena semilla; si no tengo la fuerza de voluntad para dominar mis pasiones, mis pasiones me dominan a mí.
II. «Disipación. Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en cualquier charca. Así andas tú luego: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia. Vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de cristiano, o nunca harás nada de provecho» (Camino.-375).
Jesús, quiero que mi tierra sea buena tierra. Para ello necesito los medios de formación, la constancia en mi plan de vida, y la guarda de mi corazón de modo que no se llene de frivolidad. Cuando dejo de luchar en estos puntos, qué rápido me ahoga el ambiente, qué pronto se marchita esa vida interior que estaba empezando a brotar en mi corazón. Y me quedo, Jesús, como atontado: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia.
Jesús, es hora de decir: basta! Quiero de verdad ser santo, corresponder a tu amor, hacer fructificar la semilla de la gracia que has puesto en mi alma. Es hora de volver a empezar: «vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de cristiano.» He de volver a empezar una y mil veces, sin cansarme nunca, con constancia.
Jesús, tengo un medio formidable para no desfallecer: la dirección espiritual. «Dios ha dispuesto que, de forma ordinaria, los hombres se salven con la ayuda de otros hombres; y así, a los que Él llama a un grado más alto de santidad les proporciona también a unos que les guíen hacia esta meta» (León XIII). Si soy constante y dócil en la dirección espiritual, tengo media batalla ganada. Y la otra media la ganaré también con tu gracia. Y dar? el fruto que esperas de mí: el ciento, o el sesenta, o el treinta.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no lo entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza y cae.
Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.» (Mateo 13, 18-23)
I. Jesús, ¿qué? tengo que hacer para que la semilla de tu palabra de fruto en mi vida? Hoy me respondes con claridad, advirtiéndome de algunos obstáculos que he de evitar. El primer obstáculo es no entender tu doctrina, no captar la profundidad de tu mensaje, quedándome con cuatro ideas generales o con lo sentimental. Para comprender tu palabra, no basta con escuchar los sermones en la misa, o con meditar por mi cuenta el Evangelio.
Es necesario adquirir formación. ¿Asisto regularmente a algún medio de formación cristiana? ¿Pregunto en la dirección espiritual las dudas que tenga sobre temas de fe y moral? ¿Pido consejo para leer algún libro de lectura espiritual?.
El segundo obstáculo del que hablas, Jesús, es la inconstancia. ¿Soy constante en el cumplimiento de mi plan de vida, en el horario de trabajo o estudio, en el apostolado? A veces, empiezo entusiasmado a ir a misa entre semana, o a estudiar tantas horas, o a tratar de que aquel amigo se confiese, pero a la primera dificultad me canso y lo dejo.
Dame, Jesús, fortaleza para ser más constante en el cumplimiento de mis propósitos. El tercer obstáculo son todas aquellas tentaciones que sofocan la palabra: riqueza, egoísmo, sensualidad, comodidad, etc... Jesús, si tengo que dar fruto, si tu palabra debe guiar mi conducta, es preciso que mi corazón no esté apegado a las cosas de la tierra; porque ahogan, tiran para abajo, esclavizan, atontan. Si dejo que los espinos crezcan en mi alma, acabarán sofocando la buena semilla; si no tengo la fuerza de voluntad para dominar mis pasiones, mis pasiones me dominan a mí.
II. «Disipación. Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en cualquier charca. Así andas tú luego: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia. Vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de cristiano, o nunca harás nada de provecho» (Camino.-375).
Jesús, quiero que mi tierra sea buena tierra. Para ello necesito los medios de formación, la constancia en mi plan de vida, y la guarda de mi corazón de modo que no se llene de frivolidad. Cuando dejo de luchar en estos puntos, qué rápido me ahoga el ambiente, qué pronto se marchita esa vida interior que estaba empezando a brotar en mi corazón. Y me quedo, Jesús, como atontado: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia.
Jesús, es hora de decir: basta! Quiero de verdad ser santo, corresponder a tu amor, hacer fructificar la semilla de la gracia que has puesto en mi alma. Es hora de volver a empezar: «vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de cristiano.» He de volver a empezar una y mil veces, sin cansarme nunca, con constancia.
Jesús, tengo un medio formidable para no desfallecer: la dirección espiritual. «Dios ha dispuesto que, de forma ordinaria, los hombres se salven con la ayuda de otros hombres; y así, a los que Él llama a un grado más alto de santidad les proporciona también a unos que les guíen hacia esta meta» (León XIII). Si soy constante y dócil en la dirección espiritual, tengo media batalla ganada. Y la otra media la ganaré también con tu gracia. Y dar? el fruto que esperas de mí: el ciento, o el sesenta, o el treinta.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
UN MAL SUEÑO
Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días, llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar, la cual no me gusto mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta.
Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño.
Después, tomo mi revista para leerla plácidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su: Que tal me veo?, - Me arregle para ti.
- Le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista, para variar se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho, no se por que se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aun viendo la t.v. le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo solo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa.
Mi Padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueno, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.
- Hola, vengo por ti.
- Quien eres tú?, Como entraste ??
- Me manda Dios por ti, dice que escucho tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Eso no es posible, para eso tendría que estar...
- Así es, si lo estas, ya no te preocuparas por ver a las mismas gentes, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a pequeña hija que te moleste, es mas, jamás escucharas los consejos de tu padre.
- Pero...?? que va a pasar con todo ?? ?? con mi trabajo ??
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, esta muy feliz por que no tenia trabajo.
- Y mi esposa y mi bebé ??
- A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tu nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, por que gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras persona que no tienen nada que comer y pasan hambres hasta por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy felices.
- No, no puedo estar muerto.
- Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero...eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle Te amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un abrazo a mi padre, ya no volveré a vivir, ya no existiré más, me enterraran en el panteón y ahí se quedara mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca mas volveré a escuchar las palabras que me decían:
Hey amigo, eres el mejor!.
Hijo mío, estoy orgulloso de ti.
Cuanto amo a mi esposo.
Hermano mío.
Que bueno que viniste a mi casa; papito...
No, No quiero morir, quiero vivir!, envejecer junto a mi esposa, No quiero morir todavía....
- Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para siempre.
- No, No quiero, por favor Dios....!!!!
- Que te pasa amor?, tienes una pesadilla? - dijo mi esposa despertándome. No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creo.
Envió: Mario Álvarez.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Ser tentados no es un mal. Es un mal ceder a la tentación"
Envió: Rossy Pérez De Ayala
Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días, llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar, la cual no me gusto mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta.
Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño.
Después, tomo mi revista para leerla plácidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su: Que tal me veo?, - Me arregle para ti.
- Le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista, para variar se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho, no se por que se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aun viendo la t.v. le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo solo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa.
Mi Padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueno, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.
- Hola, vengo por ti.
- Quien eres tú?, Como entraste ??
- Me manda Dios por ti, dice que escucho tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Eso no es posible, para eso tendría que estar...
- Así es, si lo estas, ya no te preocuparas por ver a las mismas gentes, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a pequeña hija que te moleste, es mas, jamás escucharas los consejos de tu padre.
- Pero...?? que va a pasar con todo ?? ?? con mi trabajo ??
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, esta muy feliz por que no tenia trabajo.
- Y mi esposa y mi bebé ??
- A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tu nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, por que gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras persona que no tienen nada que comer y pasan hambres hasta por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy felices.
- No, no puedo estar muerto.
- Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero...eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle Te amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un abrazo a mi padre, ya no volveré a vivir, ya no existiré más, me enterraran en el panteón y ahí se quedara mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca mas volveré a escuchar las palabras que me decían:
Hey amigo, eres el mejor!.
Hijo mío, estoy orgulloso de ti.
Cuanto amo a mi esposo.
Hermano mío.
Que bueno que viniste a mi casa; papito...
No, No quiero morir, quiero vivir!, envejecer junto a mi esposa, No quiero morir todavía....
- Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para siempre.
- No, No quiero, por favor Dios....!!!!
- Que te pasa amor?, tienes una pesadilla? - dijo mi esposa despertándome. No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creo.
Envió: Mario Álvarez.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Ser tentados no es un mal. Es un mal ceder a la tentación"
Envió: Rossy Pérez De Ayala
EVANGELIO DEL DÍA
23 de Julio. JUEVES
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? El les respondió:
A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.» (Mateo 13,10-17)
I. Jesús, con qué pena debías explicar esto a tus discípulos: «han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos.» Habías venido a salvarlos, a redimirlos del pecado dando tu vida entera por ellos. Pero se habían cerrado a la gracia de la conversión. Te quejas del pueblo escogido, pero es una queja acompañada de lágrimas, como cuando te lamentas llorando ante la ciudad de Jerusalén: «Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina cobija a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste» (Mateo 23,37)
Jesús, Tú me has demostrado lo mucho que me quieres muriendo por mí en la cruz. ¿Cómo correspondo a ese amor? ¿Qué hago con la vida de la gracia y con los sacramentos, que son consecuencia de ese amor tuyo por los hombres? ¿Cuido mi formación doctrinal, de modo que entienda tus palabras con mayor profundidad? ¿Lucho para que no se enturbie mi mirada, para que mi corazón esté siempre limpio, para que no se me cierren los ojos de la visión sobrenatural?.
«Preséntame un corazón amante y comprenderá lo que digo. Preséntame un corazón inflamado en deseos, un corazón hambriento, un corazón que, sintiéndose solo y desterrado en este mundo, esté sediento y suspire por las fuentes de la patria eterna, preséntame un tal corazón y asentirá en lo que digo. Si, por el contrario, hablo a un corazón frío, éste nada sabe, nada comprende de lo que estoy diciendo» (San Agustín).
Jesús, no quiero endurecer mi corazón; no quiero salir del cobijo de tus alas -que son tus mandamientos buscando una falsa libertad en los placeres y comodidades de la tierra. Ayúdame a volver a Ti una y otra vez, a pedirte perdón cuando no esté a la altura de mi condición de hijo de Dios, de modo que me convierta y me sanes.
II. «Si nos sentimos hijos predilectos de nuestro Padre de los Cielos, ¡que eso somos!, ¿cómo no vamos a estar alegres siempre? ?Piénsalo. (Forja.-266).
Jesús, llamas a los apóstoles «bienaventurados»-es decir: felices, alegres- porque han convivido contigo, oído tus palabras y visto tus milagros. «Muchos profetas y justos» ansiaron conocerte, pero tuvieron que conformarse con la esperanza de que, algún día, el Mesías salvaría al pueblo escogido. Yo, que no soy profeta ni justo, tengo la gran suerte -si quiero- de poder conocerte, tratarte y convivir contigo con la misma intimidad que los apóstoles.
Jesús, además, con tu muerte en la cruz, me has hecho hijo de Dios, heredero del Cielo. Y te has quedado en la Eucaristía, para que te pueda recibir, para que te pueda tener en mí. ¿Cómo no vamos a estar alegres siempre? Ningún acontecimiento de este mundo, por más doloroso o trágico que resulte, puede ensombrecer esa alegría interior, profunda, que nace de saber que Dios es mi Padre, y que todo lo que me ocurre está previsto por Él.
Jesús, que no pierda nunca esa alegría profunda de hijo de Dios, aunque sufra o llore como los demás. La alegría es el estado propio del que no endurece su corazón ni cierra sus ojos a la gracia, del que sabe convertirse ?arrepentirse- una y otra vez, pidiendo perdón en la confesión. Además, si me esfuerzo por no perder esa alegría de hijo de Dios, Tú me la aumentas aún más: «Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.»
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? El les respondió:
A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.» (Mateo 13,10-17)
I. Jesús, con qué pena debías explicar esto a tus discípulos: «han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos.» Habías venido a salvarlos, a redimirlos del pecado dando tu vida entera por ellos. Pero se habían cerrado a la gracia de la conversión. Te quejas del pueblo escogido, pero es una queja acompañada de lágrimas, como cuando te lamentas llorando ante la ciudad de Jerusalén: «Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina cobija a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste» (Mateo 23,37)
Jesús, Tú me has demostrado lo mucho que me quieres muriendo por mí en la cruz. ¿Cómo correspondo a ese amor? ¿Qué hago con la vida de la gracia y con los sacramentos, que son consecuencia de ese amor tuyo por los hombres? ¿Cuido mi formación doctrinal, de modo que entienda tus palabras con mayor profundidad? ¿Lucho para que no se enturbie mi mirada, para que mi corazón esté siempre limpio, para que no se me cierren los ojos de la visión sobrenatural?.
«Preséntame un corazón amante y comprenderá lo que digo. Preséntame un corazón inflamado en deseos, un corazón hambriento, un corazón que, sintiéndose solo y desterrado en este mundo, esté sediento y suspire por las fuentes de la patria eterna, preséntame un tal corazón y asentirá en lo que digo. Si, por el contrario, hablo a un corazón frío, éste nada sabe, nada comprende de lo que estoy diciendo» (San Agustín).
Jesús, no quiero endurecer mi corazón; no quiero salir del cobijo de tus alas -que son tus mandamientos buscando una falsa libertad en los placeres y comodidades de la tierra. Ayúdame a volver a Ti una y otra vez, a pedirte perdón cuando no esté a la altura de mi condición de hijo de Dios, de modo que me convierta y me sanes.
II. «Si nos sentimos hijos predilectos de nuestro Padre de los Cielos, ¡que eso somos!, ¿cómo no vamos a estar alegres siempre? ?Piénsalo. (Forja.-266).
Jesús, llamas a los apóstoles «bienaventurados»-es decir: felices, alegres- porque han convivido contigo, oído tus palabras y visto tus milagros. «Muchos profetas y justos» ansiaron conocerte, pero tuvieron que conformarse con la esperanza de que, algún día, el Mesías salvaría al pueblo escogido. Yo, que no soy profeta ni justo, tengo la gran suerte -si quiero- de poder conocerte, tratarte y convivir contigo con la misma intimidad que los apóstoles.
Jesús, además, con tu muerte en la cruz, me has hecho hijo de Dios, heredero del Cielo. Y te has quedado en la Eucaristía, para que te pueda recibir, para que te pueda tener en mí. ¿Cómo no vamos a estar alegres siempre? Ningún acontecimiento de este mundo, por más doloroso o trágico que resulte, puede ensombrecer esa alegría interior, profunda, que nace de saber que Dios es mi Padre, y que todo lo que me ocurre está previsto por Él.
Jesús, que no pierda nunca esa alegría profunda de hijo de Dios, aunque sufra o llore como los demás. La alegría es el estado propio del que no endurece su corazón ni cierra sus ojos a la gracia, del que sabe convertirse ?arrepentirse- una y otra vez, pidiendo perdón en la confesión. Además, si me esfuerzo por no perder esa alegría de hijo de Dios, Tú me la aumentas aún más: «Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.»
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
DIOS LO SABE
Cuando has llorado en angustia y dolor...
Dios ha contado tus lágrimas
Cuando crees que tu vida se ha detenido y el tiempo solo pasa...
Dios espera contigo.
Cuando estás solo y tus amigos están muy ocupados, aún para una llamada telefónica...
Dios está a tu lado.
Cuando has tratado todo y no sabes hacia donde ir...
Dios te mostrará el camino, cuando nada tiene sentido y estás frustrado sin saber hacia dónde ir...
Dios tiene la respuesta
Si de repente tu mirada al mundo exterior se hace más brillante y encuentras senderos de luz...
Dios te ha susurrado en el oído.
Cuando las cosas van bien, y tienes mucho que agradecer...
Dios te ha bendecido.
No importa si te sientes bien o mal. Dios siempre está contigo y te acompaña en las buenas y en las malas.
Nunca dejes de hablar con Dios y contarle tus problemas, pues muchas personas buscan a alguien con quien hablar y desahogarse, sin embargo no hablan con el único que siempre va a escuchar con misericordia y paciencia, sin sacar a relucir tus errores.
Busca a Dios de corazón y cuéntale tus problemas, pues Él siempre te acompaña y te cuida... lo creas o no... te guste o no... Él nunca te abandona...porque te ama.
Envió: Katty Robledo Rdz.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Creer es más alto que conoce. Creer es Amar"
Envió: Rossy Pérez
Cuando has llorado en angustia y dolor...
Dios ha contado tus lágrimas
Cuando crees que tu vida se ha detenido y el tiempo solo pasa...
Dios espera contigo.
Cuando estás solo y tus amigos están muy ocupados, aún para una llamada telefónica...
Dios está a tu lado.
Cuando has tratado todo y no sabes hacia donde ir...
Dios te mostrará el camino, cuando nada tiene sentido y estás frustrado sin saber hacia dónde ir...
Dios tiene la respuesta
Si de repente tu mirada al mundo exterior se hace más brillante y encuentras senderos de luz...
Dios te ha susurrado en el oído.
Cuando las cosas van bien, y tienes mucho que agradecer...
Dios te ha bendecido.
No importa si te sientes bien o mal. Dios siempre está contigo y te acompaña en las buenas y en las malas.
Nunca dejes de hablar con Dios y contarle tus problemas, pues muchas personas buscan a alguien con quien hablar y desahogarse, sin embargo no hablan con el único que siempre va a escuchar con misericordia y paciencia, sin sacar a relucir tus errores.
Busca a Dios de corazón y cuéntale tus problemas, pues Él siempre te acompaña y te cuida... lo creas o no... te guste o no... Él nunca te abandona...porque te ama.
Envió: Katty Robledo Rdz.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Creer es más alto que conoce. Creer es Amar"
Envió: Rossy Pérez
EVANGELIO DEL DÍA
22 de Julio. MIÉRCOLES
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla.
Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga.» (Mateo 13, 1-9)
I. Jesús, hoy me recuerdas la parábola del sembrador: «salió el sembrador a sembrar...» Tú eres el sembrador, que sales a sembrar por los caminos del mundo la semilla de tu palabra y de tu vida.
La semilla es la misma en cada caso: has muerto en la cruz por todos los hombres, sin distinción. Pero el fruto depende también de la tierra -los corazones de los hombres-, y del ambiente: pájaros, piedras, espinos. «La tierra era buena, el sembrador el mismo, y las simientes las mismas; y sin embargo, ¿cómo es que una dio ciento, otra sesenta y otra treinta? Aquí la diferencia depende también del que recibe, pues aun donde la tierra es buena, hay mucha diferencia de una parcela a otra.
Ya veis que no tiene la culpa el labrador ni la semilla, sino la tierra que la recibe; y no es por causa de la naturaleza, sino de la disposición de la voluntad» (San Juan Crisóstomo).
Jesús, ¿cómo es mi tierra, mi corazón? ¿Es un corazón que sabe amar, que sabe sacrificarse por los demás; o es un corazón de piedra, duro, en el que las necesidades de los que me rodean no hacen mella? ¿Es un corazón fuerte, con la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que debe en cada momento; o es un corazón blando, sin personalidad, que se deja arrastrar por el gusto, la sensualidad o la comodidad?.
Jesús, ¿en qué ambiente me muevo? ¿Es un ambiente adecuado para que pueda crecer mi vida de cristiano? ¿Qué amigos tengo? ¿Cómo aprovecho el tiempo libre? A veces el trabajo, los amigos, la televisión, las diversiones, etc..., en vez de ayudar a que mi vida cristiana crezca y se desarrolle, son como espinos sofocantes, que dificultan o incluso destrozan la semilla de la gracia.
II. «La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado» (Es Cristo que pasa.-150).
Jesús, cada día se repite la escena de este Evangelio: cada vez que un cristiano, con la doctrina y con el ejemplo de su vida, abre un pequeño surco en el alma de un familiar o un amigo, y arroja allí tu semilla. Tú quieres que sea yo uno de esos sembradores, quieres servirte de mí para llegar a las personas que has puesto a mi lado. De hecho, lo que me pides es que sea otro Cristo: que santificando mi trabajo profesional y las obligaciones de mi propio estado, lance a voleo la semilla, el mensaje y la vida nueva que nos has dado con la gracia.
Soy sembrador cuando estudio con seriedad lo que me toca, cuando ayudo a arreglar un desperfecto en casa, cuando sé perdonar un detalle molesto, cuando sonrío estando cansado, cuando dejo elegir a otro el mejor postre o la película de cine que iremos a ver, etc.. Jesús, la parábola del sembrador no es un mensaje de piedra, un cuento para libros de niños: es una escena actual. De mí depende que tu semilla llegue a muchas más personas, aunque el fruto varíe según las disposiciones, la tierra, de cada uno. Seré un buen sembrador si me esfuerzo por desempeñar con fidelidad mis deberes de cada día.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla.
Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga.» (Mateo 13, 1-9)
I. Jesús, hoy me recuerdas la parábola del sembrador: «salió el sembrador a sembrar...» Tú eres el sembrador, que sales a sembrar por los caminos del mundo la semilla de tu palabra y de tu vida.
La semilla es la misma en cada caso: has muerto en la cruz por todos los hombres, sin distinción. Pero el fruto depende también de la tierra -los corazones de los hombres-, y del ambiente: pájaros, piedras, espinos. «La tierra era buena, el sembrador el mismo, y las simientes las mismas; y sin embargo, ¿cómo es que una dio ciento, otra sesenta y otra treinta? Aquí la diferencia depende también del que recibe, pues aun donde la tierra es buena, hay mucha diferencia de una parcela a otra.
Ya veis que no tiene la culpa el labrador ni la semilla, sino la tierra que la recibe; y no es por causa de la naturaleza, sino de la disposición de la voluntad» (San Juan Crisóstomo).
Jesús, ¿cómo es mi tierra, mi corazón? ¿Es un corazón que sabe amar, que sabe sacrificarse por los demás; o es un corazón de piedra, duro, en el que las necesidades de los que me rodean no hacen mella? ¿Es un corazón fuerte, con la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que debe en cada momento; o es un corazón blando, sin personalidad, que se deja arrastrar por el gusto, la sensualidad o la comodidad?.
Jesús, ¿en qué ambiente me muevo? ¿Es un ambiente adecuado para que pueda crecer mi vida de cristiano? ¿Qué amigos tengo? ¿Cómo aprovecho el tiempo libre? A veces el trabajo, los amigos, la televisión, las diversiones, etc..., en vez de ayudar a que mi vida cristiana crezca y se desarrolle, son como espinos sofocantes, que dificultan o incluso destrozan la semilla de la gracia.
II. «La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado» (Es Cristo que pasa.-150).
Jesús, cada día se repite la escena de este Evangelio: cada vez que un cristiano, con la doctrina y con el ejemplo de su vida, abre un pequeño surco en el alma de un familiar o un amigo, y arroja allí tu semilla. Tú quieres que sea yo uno de esos sembradores, quieres servirte de mí para llegar a las personas que has puesto a mi lado. De hecho, lo que me pides es que sea otro Cristo: que santificando mi trabajo profesional y las obligaciones de mi propio estado, lance a voleo la semilla, el mensaje y la vida nueva que nos has dado con la gracia.
Soy sembrador cuando estudio con seriedad lo que me toca, cuando ayudo a arreglar un desperfecto en casa, cuando sé perdonar un detalle molesto, cuando sonrío estando cansado, cuando dejo elegir a otro el mejor postre o la película de cine que iremos a ver, etc.. Jesús, la parábola del sembrador no es un mensaje de piedra, un cuento para libros de niños: es una escena actual. De mí depende que tu semilla llegue a muchas más personas, aunque el fruto varíe según las disposiciones, la tierra, de cada uno. Seré un buen sembrador si me esfuerzo por desempeñar con fidelidad mis deberes de cada día.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
CARTA DE SATANÁS
Te ví ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin ni siquiera orar a tu ’Dios’. En todo el día no hiciste nada de oración; de hecho, ni recordaste bendecir tus alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti. También me agrada la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano.
Rara vez lees la Biblia y cuando lo recitas estás cansado. Oras muy poco y muchas veces recitas palabras que no meditas. Por cualquier pretexto llegas tarde o faltas a tus reuniones de formación. ¿Que decir de tus quejas?, Hemos disfrutado juntos muchas películas XXX y qué decir de las veces que hemos ido a los ’espectáculos artísticos en vivo’. Aquel día tu debilidad con aquella personita simpática, que bien nos la pasamos!!!
Pero más me agrada que no te arrepientes, sino que reconozcas que eres joven y tienes derecho a gozar la vida, piensas solo en cuerpo y crees que no tienes un alma que guardar para la eternidad. No hay duda: eres de los míos.
Disfruto mucho los chistes colorados que dices, y que escuchas.
Te ríes por lo gracioso de ellos, yo me río de ver a un hijo de Dios participando en ellos. El hecho es que ambos la pasamos bien. La música vulgar y de doble sentido que escuchas me fascina. ¿Como sabes cuales son los grupos que me gusta escuchar? También disfruto mucho cuando difamas y te revelas contra tu Dios.
Me siento feliz cuando te veo bailando y haciendo ese de movimientos que tanto fascinan, cómo lo disfruto!!!
Ciertamente cuando vas y te diviertes sanamente, me desilusionas, pero no hay problema, siempre habrá otra oportunidad. Hay veces que me haces servicios increíbles cuando das malos ejemplos a los niños o cuando les permites que se desvíen de su inocencia por medio de la televisión o cosas por el estilo. Son tan perceptivos que fácilmente imitan lo que ven. Te lo agradezco mucho.
Lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte, casi siempre caes por tu propia cuenta. Buscas los momentos propicios, te expones a situaciones peligrosas, buscas mis ambientes. Si tuvieras algo de inteligencia cambiarías de ambiente y compañías; recurrirías a los sacramentos y entregarías realmente tu vida al que dices llamar ’tu Dios’ y aun vivir más el resto de tus años bajo la guía del Espíritu Santo.
No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero eres tan conformista espiritualmente que no creo que vayas a cambiar. No mal entiendas, aún te odio y no me interesas en lo más mínimo. Si te busco es porque me agrada como es tu manera de comportarte y hacer quedar en ridículo a Jesucristo. Tu enemigo que te odia: Satanás o como me quieras llamar.
Envió: Eugenia López
MICRO-REFLEXIÓN:
"Aquel que no piensa en Ti, es que no se ha dado cuenta de lo mucho que Tú piensas en él." ? Juan de Palafox
Envió: Robin Antonio Durán Colón
Te ví ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin ni siquiera orar a tu ’Dios’. En todo el día no hiciste nada de oración; de hecho, ni recordaste bendecir tus alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti. También me agrada la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano.
Rara vez lees la Biblia y cuando lo recitas estás cansado. Oras muy poco y muchas veces recitas palabras que no meditas. Por cualquier pretexto llegas tarde o faltas a tus reuniones de formación. ¿Que decir de tus quejas?, Hemos disfrutado juntos muchas películas XXX y qué decir de las veces que hemos ido a los ’espectáculos artísticos en vivo’. Aquel día tu debilidad con aquella personita simpática, que bien nos la pasamos!!!
Pero más me agrada que no te arrepientes, sino que reconozcas que eres joven y tienes derecho a gozar la vida, piensas solo en cuerpo y crees que no tienes un alma que guardar para la eternidad. No hay duda: eres de los míos.
Disfruto mucho los chistes colorados que dices, y que escuchas.
Te ríes por lo gracioso de ellos, yo me río de ver a un hijo de Dios participando en ellos. El hecho es que ambos la pasamos bien. La música vulgar y de doble sentido que escuchas me fascina. ¿Como sabes cuales son los grupos que me gusta escuchar? También disfruto mucho cuando difamas y te revelas contra tu Dios.
Me siento feliz cuando te veo bailando y haciendo ese de movimientos que tanto fascinan, cómo lo disfruto!!!
Ciertamente cuando vas y te diviertes sanamente, me desilusionas, pero no hay problema, siempre habrá otra oportunidad. Hay veces que me haces servicios increíbles cuando das malos ejemplos a los niños o cuando les permites que se desvíen de su inocencia por medio de la televisión o cosas por el estilo. Son tan perceptivos que fácilmente imitan lo que ven. Te lo agradezco mucho.
Lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte, casi siempre caes por tu propia cuenta. Buscas los momentos propicios, te expones a situaciones peligrosas, buscas mis ambientes. Si tuvieras algo de inteligencia cambiarías de ambiente y compañías; recurrirías a los sacramentos y entregarías realmente tu vida al que dices llamar ’tu Dios’ y aun vivir más el resto de tus años bajo la guía del Espíritu Santo.
No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero eres tan conformista espiritualmente que no creo que vayas a cambiar. No mal entiendas, aún te odio y no me interesas en lo más mínimo. Si te busco es porque me agrada como es tu manera de comportarte y hacer quedar en ridículo a Jesucristo. Tu enemigo que te odia: Satanás o como me quieras llamar.
Envió: Eugenia López
MICRO-REFLEXIÓN:
"Aquel que no piensa en Ti, es que no se ha dado cuenta de lo mucho que Tú piensas en él." ? Juan de Palafox
Envió: Robin Antonio Durán Colón
EVANGELIO DEL DÍA
21 de Julio. MARTES
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Aún estaba él hablando a las multitudes, cuando su madre y sus hermanos se hallaban fuera intentando hablar con él. Alguien le dijo entonces: Mira que tu madre y tus hermanos están fuera intentando hablarte. Pero él respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.» (Mateo 12, 46-50)
I. Jesús, tu madre la Virgen y tus parientes -«hermanos» en arameo es un término amplio que sirve para designar a los parientes en general- quieren hablar contigo. Y parece que no les hagas caso. ¿Cómo se compagina este comportamiento con lo que enseñas en el cuarto mandamiento: «amarás a tu padre y a tu madre?» Aprovechas esta situación para explicarme otra verdad importante: «todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos» se une a Mí con unos lazos que son más fuertes aún que los de la sangre.
Son los lazos de la gracia, que me proporcionan un parentesco sobrenatural: el de ser hijo de Dios y hermano tuyo, Jesús. «Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir: «El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre» (CEC-2233)
Jesús, Tú amas a tu madre como el mejor de los hijos, pero aún la amas más porque es la «llena de gracia» (Lucas 1,28). Por eso, en el fondo, lo que estás haciendo es elogiar a María. Ella es la criatura más querida por Dios no sólo por ser tu madre, sino porque ha sabido hacer en cada momento «la voluntad de mi Padre que está en los Cielos,» empezando por aceptar generosamente la vocación que le encomendaste, haciéndose «la esclava del Señor».
II. «La Virgen Santa Maria, Maestra de entrega sin limites. -¿Te acuerdas?: con alabanza dirigida a Ella, afirma Jesucristo: «¡el que cumple la Voluntad de mi Padre, ése -ésa- es mi madre!...». Pídele a esta Madre buena que en tu alma cobre fuerza -fuerza de amor y de liberación- su respuesta de generosidad ejemplar: «ecce ancilla Dominí!» -he aquí la esclava del Señor (Surco.-33). Jesús, Tú eres el mejor ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios.
En el huerto de los olivos, ante el sufrimiento que se te avecinaba, vuelves a decir que sí a ese plan divino: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42). Ayúdame a ser generoso, a no buscarme a mí mismo. Que la intención de todo lo que haga durante el día sea cumplir tu voluntad, darte alegrías, servirte a Ti, y -por Ti- servir a los demás. Jesús, la persona que ha sabido imitarte mejor es la Virgen María.
Sin buscar el espectáculo, en las tareas normales de una madre de familia, en las alegrías y dificultades de la vida diaria, María ha sabido hacerse «la esclava del Señor», ha buscado siempre y en todo hacer tu voluntad: «hágase en mí según tu palabra» Si entre dos personas, la unión de voluntades -el amor- une más que la unión de la sangre, cuánto más cuando la relación es entre una persona y Dios: entre Tú y yo. Por eso, aunque por el Bautismo soy hijo de Dios, sólo estaré unido verdaderamente a Ti si me esfuerzo por hacer tu voluntad.
Madre, tú que has sabido corresponder con generosidad ejemplar a lo que te pedía Dios en cada momento, ayúdame a poner siempre por delante la voluntad de Dios. No dejes que mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi sensualidad, mi vanidad y los demás defectos que me tientan continuamente, puedan conmigo y me esclavicen. Que me dé cuenta de que la mejor manera de ejercer mi libertad -que es un don de Dios- es obedecer la voluntad divina, no dejarme esclavizar por mis pasiones o defectos. Y sobre todo, que me dé cuenta de que sólo haciendo su voluntad podré estar unido a Él y amarle.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Aún estaba él hablando a las multitudes, cuando su madre y sus hermanos se hallaban fuera intentando hablar con él. Alguien le dijo entonces: Mira que tu madre y tus hermanos están fuera intentando hablarte. Pero él respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.» (Mateo 12, 46-50)
I. Jesús, tu madre la Virgen y tus parientes -«hermanos» en arameo es un término amplio que sirve para designar a los parientes en general- quieren hablar contigo. Y parece que no les hagas caso. ¿Cómo se compagina este comportamiento con lo que enseñas en el cuarto mandamiento: «amarás a tu padre y a tu madre?» Aprovechas esta situación para explicarme otra verdad importante: «todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos» se une a Mí con unos lazos que son más fuertes aún que los de la sangre.
Son los lazos de la gracia, que me proporcionan un parentesco sobrenatural: el de ser hijo de Dios y hermano tuyo, Jesús. «Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir: «El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre» (CEC-2233)
Jesús, Tú amas a tu madre como el mejor de los hijos, pero aún la amas más porque es la «llena de gracia» (Lucas 1,28). Por eso, en el fondo, lo que estás haciendo es elogiar a María. Ella es la criatura más querida por Dios no sólo por ser tu madre, sino porque ha sabido hacer en cada momento «la voluntad de mi Padre que está en los Cielos,» empezando por aceptar generosamente la vocación que le encomendaste, haciéndose «la esclava del Señor».
II. «La Virgen Santa Maria, Maestra de entrega sin limites. -¿Te acuerdas?: con alabanza dirigida a Ella, afirma Jesucristo: «¡el que cumple la Voluntad de mi Padre, ése -ésa- es mi madre!...». Pídele a esta Madre buena que en tu alma cobre fuerza -fuerza de amor y de liberación- su respuesta de generosidad ejemplar: «ecce ancilla Dominí!» -he aquí la esclava del Señor (Surco.-33). Jesús, Tú eres el mejor ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios.
En el huerto de los olivos, ante el sufrimiento que se te avecinaba, vuelves a decir que sí a ese plan divino: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42). Ayúdame a ser generoso, a no buscarme a mí mismo. Que la intención de todo lo que haga durante el día sea cumplir tu voluntad, darte alegrías, servirte a Ti, y -por Ti- servir a los demás. Jesús, la persona que ha sabido imitarte mejor es la Virgen María.
Sin buscar el espectáculo, en las tareas normales de una madre de familia, en las alegrías y dificultades de la vida diaria, María ha sabido hacerse «la esclava del Señor», ha buscado siempre y en todo hacer tu voluntad: «hágase en mí según tu palabra» Si entre dos personas, la unión de voluntades -el amor- une más que la unión de la sangre, cuánto más cuando la relación es entre una persona y Dios: entre Tú y yo. Por eso, aunque por el Bautismo soy hijo de Dios, sólo estaré unido verdaderamente a Ti si me esfuerzo por hacer tu voluntad.
Madre, tú que has sabido corresponder con generosidad ejemplar a lo que te pedía Dios en cada momento, ayúdame a poner siempre por delante la voluntad de Dios. No dejes que mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi sensualidad, mi vanidad y los demás defectos que me tientan continuamente, puedan conmigo y me esclavicen. Que me dé cuenta de que la mejor manera de ejercer mi libertad -que es un don de Dios- es obedecer la voluntad divina, no dejarme esclavizar por mis pasiones o defectos. Y sobre todo, que me dé cuenta de que sólo haciendo su voluntad podré estar unido a Él y amarle.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
EVANGELIO DEL DÍA
20 de Julio. LUNES
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Entonces algunos de los escribas y fariseos se dirigieron a él, diciendo: Maestro, queremos ver de ti una señal. El les respondió: Esta generación malvada y adúltera pretende una señal, pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás. Pues así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.
Los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación en el Juicio y la condenarán; porque se convirtieron ante la predicación de Jonás, y ved que aquí hay algo más que Jonás.
La reina del Mediodía se levantará contra esta generación en el Juicio y la condenará; porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y ved que aquí hay algo más que Salomón.» (Mateo 12, 38-42)
I. Jesús, hoy se ha vuelto a imponer el «si no lo veo no lo creo», disfrazado de una postura pseudo científica: lo que no se puede comprobar experimentalmente, no es real. No es una postura nueva; es lo mismo que encontraste en tu tiempo: «Maestro, queremos ver de ti una señal» Hasta entre los apóstoles se da esta actitud: Tomás necesitará poner sus dedos en tu costado para creer en la resurrección. Jesús, ante esta necesidad de señales y pruebas, me podrías contestar como a Santiago y Juan: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo?» (Marcos 10,38).
Porque cuantas más señales me des, más me tendrás que pedir para darme al final la misma recompensa. Por eso le respondes a Tomás: «bienaventurados los que sin haber visto han creído» (Juan 20,29). Sin embargo, me das una señal suficiente: tu resurrección. «Así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.» Los judíos te crucifican porque te haces Dios, el Hijo único de Dios.
Tu resurrección es la prueba más clara de que lo que decías era cierto. Por eso San Pablo dice que si no hubieras resucitado, «vana sería nuestra fe». (1 Corintios 15,14) Y por eso también, los judíos pusieron a los soldados allí, de modo que nadie pudiera coger tu cuerpo y luego decir que habías resucitado. Su guardia hace aún más evidente la verdad: has resucitado, y yo -como cristiano- soy ahora testigo de tu resurrección. «La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.
Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido» (CEC-651)
II. « Si miramos a nuestro alrededor y consideramos el transcurso de la historia de la humanidad, observaremos progresos y avances. La ciencia ha dado al hombre una mayor conciencia de su poder. La técnica domina la naturaleza en mayor grado que en épocas pasadas, y permite que la humanidad sueñe con llegar a un más alto nivel de cultura, de vida material, de unidad.
Algunos quizá se sientan movidos a matizar ese cuadro, recordando que los hombres padecen ahora injusticias y guerras, incluso peores que las del pasado. No les falta razón. Pero, por encima de esas consideraciones, yo prefiero recordar que, en el orden religioso, el hombre sigue siendo hombre, y Dios sigue siendo Dios. En este campo la cumbre del progreso se ha dado ya: es Cristo, alfa y omega, principio y fin. En la vida espiritual no hay una nueva época a la que llegar. Ya está todo dado en Cristo, que murió, y resucitó, y vive y permanece siempre.
Pero hay que unirse a Él por la fe, dejando que su vida se manifieste en nosotros, de manera que pueda decirse que cada cristiano es no ya «alter Christus», sino «ipse Christus», ¡el mismo Cristo!» (Es Cristo que pasa.-104). Jesús, en el terreno espiritual, no necesito otra señal; la cumbre del progreso se ha dado ya: es Cristo, que murió, y resucitó, y vive y permanece siempre.
Tu vida, muerte y resurrección son la prueba de que Dios me ama y se preocupa por mí. Una señal mayor que la de Jonás, Salomón y todos los profetas del Antiguo Testamento; una señal más luminosa que la que pueda ofrecer la ciencia y la técnica. Pero una señal que sólo se ve con los ojos de la fe, dejando que te metas en mi vida hasta hacerme el mismo Cristo.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario
«Entonces algunos de los escribas y fariseos se dirigieron a él, diciendo: Maestro, queremos ver de ti una señal. El les respondió: Esta generación malvada y adúltera pretende una señal, pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás. Pues así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.
Los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación en el Juicio y la condenarán; porque se convirtieron ante la predicación de Jonás, y ved que aquí hay algo más que Jonás.
La reina del Mediodía se levantará contra esta generación en el Juicio y la condenará; porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y ved que aquí hay algo más que Salomón.» (Mateo 12, 38-42)
I. Jesús, hoy se ha vuelto a imponer el «si no lo veo no lo creo», disfrazado de una postura pseudo científica: lo que no se puede comprobar experimentalmente, no es real. No es una postura nueva; es lo mismo que encontraste en tu tiempo: «Maestro, queremos ver de ti una señal» Hasta entre los apóstoles se da esta actitud: Tomás necesitará poner sus dedos en tu costado para creer en la resurrección. Jesús, ante esta necesidad de señales y pruebas, me podrías contestar como a Santiago y Juan: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo?» (Marcos 10,38).
Porque cuantas más señales me des, más me tendrás que pedir para darme al final la misma recompensa. Por eso le respondes a Tomás: «bienaventurados los que sin haber visto han creído» (Juan 20,29). Sin embargo, me das una señal suficiente: tu resurrección. «Así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.» Los judíos te crucifican porque te haces Dios, el Hijo único de Dios.
Tu resurrección es la prueba más clara de que lo que decías era cierto. Por eso San Pablo dice que si no hubieras resucitado, «vana sería nuestra fe». (1 Corintios 15,14) Y por eso también, los judíos pusieron a los soldados allí, de modo que nadie pudiera coger tu cuerpo y luego decir que habías resucitado. Su guardia hace aún más evidente la verdad: has resucitado, y yo -como cristiano- soy ahora testigo de tu resurrección. «La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.
Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido» (CEC-651)
II. « Si miramos a nuestro alrededor y consideramos el transcurso de la historia de la humanidad, observaremos progresos y avances. La ciencia ha dado al hombre una mayor conciencia de su poder. La técnica domina la naturaleza en mayor grado que en épocas pasadas, y permite que la humanidad sueñe con llegar a un más alto nivel de cultura, de vida material, de unidad.
Algunos quizá se sientan movidos a matizar ese cuadro, recordando que los hombres padecen ahora injusticias y guerras, incluso peores que las del pasado. No les falta razón. Pero, por encima de esas consideraciones, yo prefiero recordar que, en el orden religioso, el hombre sigue siendo hombre, y Dios sigue siendo Dios. En este campo la cumbre del progreso se ha dado ya: es Cristo, alfa y omega, principio y fin. En la vida espiritual no hay una nueva época a la que llegar. Ya está todo dado en Cristo, que murió, y resucitó, y vive y permanece siempre.
Pero hay que unirse a Él por la fe, dejando que su vida se manifieste en nosotros, de manera que pueda decirse que cada cristiano es no ya «alter Christus», sino «ipse Christus», ¡el mismo Cristo!» (Es Cristo que pasa.-104). Jesús, en el terreno espiritual, no necesito otra señal; la cumbre del progreso se ha dado ya: es Cristo, que murió, y resucitó, y vive y permanece siempre.
Tu vida, muerte y resurrección son la prueba de que Dios me ama y se preocupa por mí. Una señal mayor que la de Jonás, Salomón y todos los profetas del Antiguo Testamento; una señal más luminosa que la que pueda ofrecer la ciencia y la técnica. Pero una señal que sólo se ve con los ojos de la fe, dejando que te metas en mi vida hasta hacerme el mismo Cristo.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
viernes, 17 de julio de 2009
VALORES
EL JUICIO FINAL
Después de haber vivido decentemente en la Tierra , mi vida llegó a su fin. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado en un banco de la sala de espera de lo que imaginaba era un juzgado.
La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en el banco de los acusados.
Cuando miré a mi alrededor vi al FISCAL que tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente; era el ser más demoníaco que había visto en mi vida.
Me senté, miré a la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una sonrisa bondadosa, cuya apariencia me era familiar. La puerta de la esquina se abrió. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él. Se sentó y dijo: "comencemos".
El fiscal se levantó y dijo: "Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar por qué este individuo debe ir al infierno." Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de cosas que había robado en el pasado, de cómo engañé a otras personas y de los tantos pecados que cometí en mi vida terrenal.
Satanás habló de otras cosas horribles y perversiones que cometí y, mientras más hablaba más me hundía en mi banco de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado, a medida que Satanás mencionaba pecados que había olvidado totalmente.
Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que estaba diciendo de mí, que hasta me sentía molesto con mi abogado, porque estaba sentado a mi lado y escuchaba en silencio con gran serenidad.
Yo sabía que era culpable de las cosas de las que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi vida; pensaba mientras tanto "¿NO PODRÍAN ESAS COSAS BUENAS POR LO MENOS EQUILIBRAR UN POCO LO MALO QUE HABÍA HECHO?". Satanás terminó con furia su acusación y dijo: "Este individuo debe ir al infierno, es culpable de todos los pecados y actos que he relatado y nadie puede probar lo contrario. ¡Por fin se hará justicia este día!".
Cuando llegó el turno de mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al Juez, que le autorizó haciéndole señas para que se acercara al estrado pese a las fuertes protestas de Satanás.
Cuando se levantó y empezó a caminar lo pude ver en todo su Esplendor y Magnitud, hasta entonces no supe por qué me había parecido tan familiar. Era Jesús de Nazaret quien me representaba, MI SEÑOR Y SALVADOR.
Se paró frente al Juez y suavemente le dijo: "HOLA PADRE", y se volvió para dirigirse al jurado: "Satanás está en lo cierto al decir que este hombre a pecado, no voy a negar esas acusaciones."
"Reconozco que el castigo para el pecado es la muerte del alma y este hombre merece ser castigado,"
Respiró Jesús profundamente, se giró hacia su PADRE y con los brazos extendidos mostrando las marcas de los clavos en sus muñecas, pecho y pies proclamó:
"Sin embargo Yo dí mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna; él me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mi hermano."
Mi Salvador continuó diciendo: "Su nombre está escrito en el libro de la vida y nadie me lo podrá quitar."
"Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia."
Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miró a su Padre y con voz callada dijo:"NO NECESITO HACER NADA MÁS, YA LO HE HECHO TODO."
"El Juez levantó su poderosa mano y golpeando la mesa fuertemente dijo: "ESTE HOMBRE ES LIBRE; EL CASTIGO PARA ÉL HA SIDO PAGADO HASTA LA TOTALIDAD. CASO CERRADO."
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la sala, pude oír a Satanás protestando enfurecido: "¡No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio.!"
Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde debía dirigirme le pregunté:¿Has perdido algún caso?, Jesús sonrió y dijo: "Todo aquél que ha recurrido a Mí para que lo represente ha obtenido el mismo veredicto que tú." ....
Envió: Graciela Elina Gargiulo
MICRO-REFLEXIÓN:
"A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de la agonía." - J.N
Envió: Juan Pedro Aguilar Mora, México
Después de haber vivido decentemente en la Tierra , mi vida llegó a su fin. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado en un banco de la sala de espera de lo que imaginaba era un juzgado.
La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en el banco de los acusados.
Cuando miré a mi alrededor vi al FISCAL que tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente; era el ser más demoníaco que había visto en mi vida.
Me senté, miré a la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una sonrisa bondadosa, cuya apariencia me era familiar. La puerta de la esquina se abrió. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él. Se sentó y dijo: "comencemos".
El fiscal se levantó y dijo: "Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar por qué este individuo debe ir al infierno." Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de cosas que había robado en el pasado, de cómo engañé a otras personas y de los tantos pecados que cometí en mi vida terrenal.
Satanás habló de otras cosas horribles y perversiones que cometí y, mientras más hablaba más me hundía en mi banco de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado, a medida que Satanás mencionaba pecados que había olvidado totalmente.
Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que estaba diciendo de mí, que hasta me sentía molesto con mi abogado, porque estaba sentado a mi lado y escuchaba en silencio con gran serenidad.
Yo sabía que era culpable de las cosas de las que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi vida; pensaba mientras tanto "¿NO PODRÍAN ESAS COSAS BUENAS POR LO MENOS EQUILIBRAR UN POCO LO MALO QUE HABÍA HECHO?". Satanás terminó con furia su acusación y dijo: "Este individuo debe ir al infierno, es culpable de todos los pecados y actos que he relatado y nadie puede probar lo contrario. ¡Por fin se hará justicia este día!".
Cuando llegó el turno de mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al Juez, que le autorizó haciéndole señas para que se acercara al estrado pese a las fuertes protestas de Satanás.
Cuando se levantó y empezó a caminar lo pude ver en todo su Esplendor y Magnitud, hasta entonces no supe por qué me había parecido tan familiar. Era Jesús de Nazaret quien me representaba, MI SEÑOR Y SALVADOR.
Se paró frente al Juez y suavemente le dijo: "HOLA PADRE", y se volvió para dirigirse al jurado: "Satanás está en lo cierto al decir que este hombre a pecado, no voy a negar esas acusaciones."
"Reconozco que el castigo para el pecado es la muerte del alma y este hombre merece ser castigado,"
Respiró Jesús profundamente, se giró hacia su PADRE y con los brazos extendidos mostrando las marcas de los clavos en sus muñecas, pecho y pies proclamó:
"Sin embargo Yo dí mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna; él me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mi hermano."
Mi Salvador continuó diciendo: "Su nombre está escrito en el libro de la vida y nadie me lo podrá quitar."
"Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia sino misericordia."
Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miró a su Padre y con voz callada dijo:"NO NECESITO HACER NADA MÁS, YA LO HE HECHO TODO."
"El Juez levantó su poderosa mano y golpeando la mesa fuertemente dijo: "ESTE HOMBRE ES LIBRE; EL CASTIGO PARA ÉL HA SIDO PAGADO HASTA LA TOTALIDAD. CASO CERRADO."
Cuando mi Salvador me conducía fuera de la sala, pude oír a Satanás protestando enfurecido: "¡No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio.!"
Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde debía dirigirme le pregunté:¿Has perdido algún caso?, Jesús sonrió y dijo: "Todo aquél que ha recurrido a Mí para que lo represente ha obtenido el mismo veredicto que tú." ....
Envió: Graciela Elina Gargiulo
MICRO-REFLEXIÓN:
"A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de la agonía." - J.N
Envió: Juan Pedro Aguilar Mora, México
EVANGELIO DEL DÍA
17 de Julio. VIERNES
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«En aquel tiempo pasaba Jesús en sábado por medio de unos sembrados; sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar unas espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: Mira que tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.
Pero él les respondió: ¿No habéis leído lo que hizo David y los que le acompañaban cuando tuvieron hambre? ¿Cómo entró en la Casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a sus acompañantes, sino sólo a los sacerdotes? ¿Y no habéis leído en la Ley que los sábados, los sacerdotes en el Templo quebrantan el descanso y no pecan? Os digo que aquí está el que es mayor que el Templo. Si hubierais entendido qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.» (Mateo12, 1-8)
I. Jesús, los fariseos estaban aferrados a un gran número de sacrificios y prácticas que, aunque no eran malas en sí, podían ser perjudiciales si en lugar de ser tomadas como medios para acercarse a Dios, eran tomadas como fines en si mismos. Por eso les tienes que recordar que Tú eres «señor del sábado»,que lo importante eres Tú y no el sábado. «Misericordia quiero y no sacrificio.» El fin de la vida cristiana es el amor a Dios y a los demás, y la misericordia es una consecuencia del amor.
La verdadera caridad -el amor a Dios y a los demás- no es tanto dar como comprender, disculpar, compadecerse. Y entonces, si hace falta, la misericordia lleva a intentar ayudar materialmente en lo que se pueda. La señal del cristiano es la santa cruz, que me recuerda tu sacrificio supremo, tu entrega total por amor a mí, el medio elegido por Ti para salvarnos y darnos tu gracia. El sacrificio y, en especial, el sacrificio de la Misa, es por tanto un medio agradable a Dios para adorarle, darle gracias, pedirle ayuda y expiar por nuestros pecados.
Sin embargo, el sacrificio exterior y la asistencia a la santa Misa deben ir acompañados por la unión interior contigo, Jesús. «El sacrificio exterior para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual. "Mi sacrificio es un espíritu contrito...". Los profetas de la Antigua Alianza denunciaron con frecuencia los sacrificios hechos sin participación interior o sin relación con el amor al prójimo. Jesús recuerda las palabras del profeta Oseas: "Misericordia quiero, que no sacrificio".
El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación. Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios» (CEC-2100).
II. «Prefiero las virtudes a las austeridades, dice con otras palabras Yavé al pueblo escogido, que se engaña con ciertas formalidades externas. -Por eso, hemos de cultivar la penitencia y la mortificación, como muestras verdaderas de amor a Dios y al prójimo» (Surco.-992).
Jesús, cuando dices: «misericordia quiero y no sacrificio,»no quieres suprimir el sacrificio de la vida de tus discípulos. Muchas veces les recuerdas que, el que quiera ser tu discípulo debe tomar tu cruz cada día (Lucas 9,23); y el ejemplo de tu vida y de tu muerte no puede ser más evidente. Lo que quieres dejar claro es cuál es el sentido del sacrificio: no es un fin en sí mismo, unas formalidades externas que hay que cumplir sin más; es un medio para negarme a mi mismo de modo que pueda amar más a Dios y a los demás.
La mortificación y la penitencia son virtudes del alma enamorada que quiere identificarse contigo, Jesús, y que -por eso- quiere negar el egoísmo y la comodidad propias de la carne. La mortificación mantiene el alma en forma, y por eso vale la pena, aunque cueste. Es como el ejercicio físico que, aunque cueste sudor y esfuerzo, mantiene el cuerpo en forma. La capacidad de sacrificio es la otra cara de la moneda del amor: tal capacidad tengo de amar como tengo de sacrificarme por la persona amada.
Jesús, sin caer en el absurdo de hacer sacrificios por cumplir con una formalidad, he de cultivar la penitencia y la mortificación, como muestras verdaderas de amor a Dios y al prójimo. Y para que mi mortificación sea siempre un acto de amor a Ti, es importante que te ofrezca cada sacrificio por alguna intención: por la Iglesia, por el Papa, por mi familia, por un amigo que lo necesita más, por algún defecto que debo mejorar, etc...
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«En aquel tiempo pasaba Jesús en sábado por medio de unos sembrados; sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar unas espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: Mira que tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.
Pero él les respondió: ¿No habéis leído lo que hizo David y los que le acompañaban cuando tuvieron hambre? ¿Cómo entró en la Casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a sus acompañantes, sino sólo a los sacerdotes? ¿Y no habéis leído en la Ley que los sábados, los sacerdotes en el Templo quebrantan el descanso y no pecan? Os digo que aquí está el que es mayor que el Templo. Si hubierais entendido qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.» (Mateo12, 1-8)
I. Jesús, los fariseos estaban aferrados a un gran número de sacrificios y prácticas que, aunque no eran malas en sí, podían ser perjudiciales si en lugar de ser tomadas como medios para acercarse a Dios, eran tomadas como fines en si mismos. Por eso les tienes que recordar que Tú eres «señor del sábado»,que lo importante eres Tú y no el sábado. «Misericordia quiero y no sacrificio.» El fin de la vida cristiana es el amor a Dios y a los demás, y la misericordia es una consecuencia del amor.
La verdadera caridad -el amor a Dios y a los demás- no es tanto dar como comprender, disculpar, compadecerse. Y entonces, si hace falta, la misericordia lleva a intentar ayudar materialmente en lo que se pueda. La señal del cristiano es la santa cruz, que me recuerda tu sacrificio supremo, tu entrega total por amor a mí, el medio elegido por Ti para salvarnos y darnos tu gracia. El sacrificio y, en especial, el sacrificio de la Misa, es por tanto un medio agradable a Dios para adorarle, darle gracias, pedirle ayuda y expiar por nuestros pecados.
Sin embargo, el sacrificio exterior y la asistencia a la santa Misa deben ir acompañados por la unión interior contigo, Jesús. «El sacrificio exterior para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual. "Mi sacrificio es un espíritu contrito...". Los profetas de la Antigua Alianza denunciaron con frecuencia los sacrificios hechos sin participación interior o sin relación con el amor al prójimo. Jesús recuerda las palabras del profeta Oseas: "Misericordia quiero, que no sacrificio".
El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación. Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios» (CEC-2100).
II. «Prefiero las virtudes a las austeridades, dice con otras palabras Yavé al pueblo escogido, que se engaña con ciertas formalidades externas. -Por eso, hemos de cultivar la penitencia y la mortificación, como muestras verdaderas de amor a Dios y al prójimo» (Surco.-992).
Jesús, cuando dices: «misericordia quiero y no sacrificio,»no quieres suprimir el sacrificio de la vida de tus discípulos. Muchas veces les recuerdas que, el que quiera ser tu discípulo debe tomar tu cruz cada día (Lucas 9,23); y el ejemplo de tu vida y de tu muerte no puede ser más evidente. Lo que quieres dejar claro es cuál es el sentido del sacrificio: no es un fin en sí mismo, unas formalidades externas que hay que cumplir sin más; es un medio para negarme a mi mismo de modo que pueda amar más a Dios y a los demás.
La mortificación y la penitencia son virtudes del alma enamorada que quiere identificarse contigo, Jesús, y que -por eso- quiere negar el egoísmo y la comodidad propias de la carne. La mortificación mantiene el alma en forma, y por eso vale la pena, aunque cueste. Es como el ejercicio físico que, aunque cueste sudor y esfuerzo, mantiene el cuerpo en forma. La capacidad de sacrificio es la otra cara de la moneda del amor: tal capacidad tengo de amar como tengo de sacrificarme por la persona amada.
Jesús, sin caer en el absurdo de hacer sacrificios por cumplir con una formalidad, he de cultivar la penitencia y la mortificación, como muestras verdaderas de amor a Dios y al prójimo. Y para que mi mortificación sea siempre un acto de amor a Ti, es importante que te ofrezca cada sacrificio por alguna intención: por la Iglesia, por el Papa, por mi familia, por un amigo que lo necesita más, por algún defecto que debo mejorar, etc...
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
jueves, 16 de julio de 2009
VALORES
¿POR QUÉ IR A MISA?
Un asiduo asistente a misa le escribió al editor de un periódico quejándose que no tenía sentido ir a misa todos los domingos.
-"He ido durante 30 años", escribía,?.. y durante ese tiempo habré escuchado como 3,000 sermones. Pero juro por mi vida que no recuerdo ni uno solo de ellos. Por eso pienso que estoy perdiendo mi tiempo y los sacerdotes también dando sermones.
Así empezó una controversia en la columna de "Cartas al Editor", para deleite del mismo editor. La misma que continuó por varias semanas hasta que alguien escribió lo siguiente:
-"Yo llevo casado 30 años. Durante todo ese tiempo mi esposa debe haber preparado 32,000 comidas, y juro por mi vida que no me acuerdo de ni un solo menú de alguna de ellas. Pero lo que si sé, es esto: Todas me alimentaron y me dieron la fuerza que necesitaba para hacer mi trabajo.
Si mi esposa no me las hubiera preparado, estaría físicamente muerto el día de hoy.
¡De la misma manera, sino hubiese ido a la iglesia para alimentarme, estaría espiritualmente muerto en la actualidad!".
¡Gracias a Dios por nuestro alimento material y el espiritual!
Envió: Lucio Galván Castillo
MICRO-REFLEXIÓN:
"¡La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible!."
Envió: Lucio Galván Castillo
Un asiduo asistente a misa le escribió al editor de un periódico quejándose que no tenía sentido ir a misa todos los domingos.
-"He ido durante 30 años", escribía,?.. y durante ese tiempo habré escuchado como 3,000 sermones. Pero juro por mi vida que no recuerdo ni uno solo de ellos. Por eso pienso que estoy perdiendo mi tiempo y los sacerdotes también dando sermones.
Así empezó una controversia en la columna de "Cartas al Editor", para deleite del mismo editor. La misma que continuó por varias semanas hasta que alguien escribió lo siguiente:
-"Yo llevo casado 30 años. Durante todo ese tiempo mi esposa debe haber preparado 32,000 comidas, y juro por mi vida que no me acuerdo de ni un solo menú de alguna de ellas. Pero lo que si sé, es esto: Todas me alimentaron y me dieron la fuerza que necesitaba para hacer mi trabajo.
Si mi esposa no me las hubiera preparado, estaría físicamente muerto el día de hoy.
¡De la misma manera, sino hubiese ido a la iglesia para alimentarme, estaría espiritualmente muerto en la actualidad!".
¡Gracias a Dios por nuestro alimento material y el espiritual!
Envió: Lucio Galván Castillo
MICRO-REFLEXIÓN:
"¡La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible!."
Envió: Lucio Galván Castillo
VALORES
EL ARTE DE CALLAR
Callar sobre la propia persona, es humildad
Callar sobre los defectos de otros, es caridad
Callar cuando uno está sufriendo, es heroísmo
Callar ante el sufrimiento ajeno, es cobardía
Callar cuando podemos consolar, es comodidad
Callar ante la injusticia, es flaqueza
Callar cuando otro habla, es delicadeza
Callar cuando otro espera una palabra, es omisión
Callar y no hablar palabras inútiles, es penitencia
Callar cuando no hay necesidad de hablar, es prudencia
Callar cuando Dios nos habla al corazón, es silencio creador
Callar ante el misterio, es sabiduría
Callar cuando queremos ser los primeros en dar una noticia, es templanza
Callar ante los vicios ajenos, es complicidad
Callar ante la oscuridad de la noche, es guardar el secreto del Rey
Callar cuando buscamos a Dios y parece que no lo encontramos, es fortaleza, porque sabemos que Él jamás nos abandona.
Envió: Mónica García
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dios nos responde aun con el silencio"
Envió: Gladis Elena Vélez, Colombia
VALORES
LA VIDA
La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es felicidad, siéntela.
La vida es un sueño, hazla realidad.
La vida es un reto, acéptalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, participa en él.
La vida es valiosa, saboréala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, disfrútalo.
La vida es misterio, desentráñalo.
La vida es una promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es una canción, cántala.
La vida es lucha, acéptala.
La vida es tragedia, afróntala.
La vida es aventura, atrévete.
La vida es vida, consérvala.
La vida es suerte, búscala.
La vida es demasiado preciosa, no la destruyas.
Autor: Madre Teresa de Calcuta
Envió: Mónica García
MICRO-REFLEXIÓN:
"Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos"
VALORES
SABER ORAR
Cuentan que un humilde zapatero tenía la costumbre de hacer siempre sus oraciones en la mañana, al mediodía y en la tarde. Se servía de un libro de plegarias porque no se sentía capaz de dirigirse al Creador con sus pobres palabras. Un día, se sintió muy mal porque, estando de viaje, olvidó su libro.
Nuestro buen zapatero le dijo entonces a Dios: "Perdóname, Dios mío, porque necesito orar y no sé cómo. Ahora bien, ya que Tú eres un Padre de amor voy a recitar varias veces el alfabeto desde la A hasta la Z, y Tú que eres sabio y bueno podrás juntar las letras y sabrás qué es lo que yo te quiero decir".
Cuenta la historia que ese día Dios reunió a sus ángeles en el cielo y les dijo conmovido que esa era la más sincera y la más bella de las oraciones que le habían hecho en mucho tiempo. Una oración con las cualidades de la plegaria que hace milagros, cierra heridas, ilumina, fortalece y acerca los corazones, es decir, una plegaria humilde, confiada, sincera y amorosa.
¡Cuánta necesidad tenemos de estas oraciones! Todos debemos aprender a orar con el corazón, a alabar, a bendecir, a perdonar, a agradecer. Y, claro, a tener bien presente que la oración se ve en la acción, en los buenos frutos y en un compromiso por la justicia y por la paz.
En efecto, actuar sin orar es desgastarse y orar sin actuar es engañarse. Por eso comparto con ustedes este comentario al Padre Nuestro, esperando deje valiosas inquietudes en su espíritu:
- Di Padre. Si cada día te portas como hijo y tratas a los demás como hermanos.
- Di Nuestro. Si no te aíslas con tu egoísmo.
- Di que estás en los cielos. Cuando seas espiritual y no pienses sólo en lo material.
- Di santificado sea tu nombre. Si amas a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas.
- Di venga a nosotros tu reino. Si de verdad Dios es tu rey y trabajas para que Él reine en todas partes.
- Di hágase tu voluntad. Si la aceptas y no quieres que sólo se haga la tuya. -- Di danos hoy nuestro pan. Si sabes compartir con los pobres y con los que sufren.
- Di perdona nuestras ofensas. Si quieres cambiar y perdonar de corazón.
- Di no nos dejes caer en tentación. Si de verdad estás decidido a alejarte del mal.
- Di líbranos del mal. Si tu compromiso es por el bien.
- Y di amén. Si tomas en serio las palabras de esta oración.
Envió: Nelson Hernández Zaher
MICRO-REFLEXIÓN:
"Orar, es fácil si piensas que es Dios quien te escucha"
Envió: Berenice Ayala Pérez, México
Cuentan que un humilde zapatero tenía la costumbre de hacer siempre sus oraciones en la mañana, al mediodía y en la tarde. Se servía de un libro de plegarias porque no se sentía capaz de dirigirse al Creador con sus pobres palabras. Un día, se sintió muy mal porque, estando de viaje, olvidó su libro.
Nuestro buen zapatero le dijo entonces a Dios: "Perdóname, Dios mío, porque necesito orar y no sé cómo. Ahora bien, ya que Tú eres un Padre de amor voy a recitar varias veces el alfabeto desde la A hasta la Z, y Tú que eres sabio y bueno podrás juntar las letras y sabrás qué es lo que yo te quiero decir".
Cuenta la historia que ese día Dios reunió a sus ángeles en el cielo y les dijo conmovido que esa era la más sincera y la más bella de las oraciones que le habían hecho en mucho tiempo. Una oración con las cualidades de la plegaria que hace milagros, cierra heridas, ilumina, fortalece y acerca los corazones, es decir, una plegaria humilde, confiada, sincera y amorosa.
¡Cuánta necesidad tenemos de estas oraciones! Todos debemos aprender a orar con el corazón, a alabar, a bendecir, a perdonar, a agradecer. Y, claro, a tener bien presente que la oración se ve en la acción, en los buenos frutos y en un compromiso por la justicia y por la paz.
En efecto, actuar sin orar es desgastarse y orar sin actuar es engañarse. Por eso comparto con ustedes este comentario al Padre Nuestro, esperando deje valiosas inquietudes en su espíritu:
- Di Padre. Si cada día te portas como hijo y tratas a los demás como hermanos.
- Di Nuestro. Si no te aíslas con tu egoísmo.
- Di que estás en los cielos. Cuando seas espiritual y no pienses sólo en lo material.
- Di santificado sea tu nombre. Si amas a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas.
- Di venga a nosotros tu reino. Si de verdad Dios es tu rey y trabajas para que Él reine en todas partes.
- Di hágase tu voluntad. Si la aceptas y no quieres que sólo se haga la tuya. -- Di danos hoy nuestro pan. Si sabes compartir con los pobres y con los que sufren.
- Di perdona nuestras ofensas. Si quieres cambiar y perdonar de corazón.
- Di no nos dejes caer en tentación. Si de verdad estás decidido a alejarte del mal.
- Di líbranos del mal. Si tu compromiso es por el bien.
- Y di amén. Si tomas en serio las palabras de esta oración.
Envió: Nelson Hernández Zaher
MICRO-REFLEXIÓN:
"Orar, es fácil si piensas que es Dios quien te escucha"
Envió: Berenice Ayala Pérez, México
VALORES
EL RAMO DE FLORES
Un camión iba traquetando por un camino de tierra en un pueblo del sur de Estados Unidos. En un asiento iba un anciano delgado que sostenía un ramo de flores recién cortadas. Al otro lado del pasillo estaba una jovencita cuyos ojos volteaban una y otra vez hacia las flores del hombre. Al anciano le llegó el momento de bajar. Impulsivamente puso las flores en el regazo de la joven.
- "Me di cuenta de que le encantaron las flores", explicó, y creo que a mi esposa le gustaría que tú las tuvieras. Le voy a decir que te las di". La joven acepto las flores, y luego observó al anciano mientras bajaba del camión y atravesaba la puerta de un pequeño cementerio.
Envió: Juan Pedro Aguilar Mora, México
MICRO-REFLEXIÓN:
"El amor que damos a nuestros semejantes no se compara con el valor material de las cosas"
Envió: Edgar Ayala Pérez, México
Un camión iba traquetando por un camino de tierra en un pueblo del sur de Estados Unidos. En un asiento iba un anciano delgado que sostenía un ramo de flores recién cortadas. Al otro lado del pasillo estaba una jovencita cuyos ojos volteaban una y otra vez hacia las flores del hombre. Al anciano le llegó el momento de bajar. Impulsivamente puso las flores en el regazo de la joven.
- "Me di cuenta de que le encantaron las flores", explicó, y creo que a mi esposa le gustaría que tú las tuvieras. Le voy a decir que te las di". La joven acepto las flores, y luego observó al anciano mientras bajaba del camión y atravesaba la puerta de un pequeño cementerio.
Envió: Juan Pedro Aguilar Mora, México
MICRO-REFLEXIÓN:
"El amor que damos a nuestros semejantes no se compara con el valor material de las cosas"
Envió: Edgar Ayala Pérez, México
VALORES
LO QUE VALE EL TIEMPO
* Para darse cuenta del valor de un año:
preguntarle a un estudiante que ha fallado en un examen final.
* Para darse cuenta del valor de un mes:
preguntarle a una madre que ha dado a luz a un bebe prematuro.
* Para darse cuenta del valor de una semana:
preguntarle al editor de un diario semanal.
* Para darse cuenta del valor de una hora:
preguntarle a amantes que esperan para verse.
* Para darse cuenta del valor de un minuto:
preguntarle a una persona que ha perdido el tren, el ómnibus o el avión.
* Para darse cuenta del valor de un segundo:
preguntarle a una persona que ha sobrevivido de un accidente.
* Para darse cuenta del valor de un milisegundo:
preguntarle a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.
El tiempo no espera para ninguno.
Atesora cada momento que tengas.
Lo atesoras mas cuando puedas compartirlo con alguien especial.
Dios nos dio el Don de la Vida, el cual es temporal. Es decir cuando nacemos a esta vida humana, lo único seguro que tenemos es la muerte. Cada segundo es irrepetible. Por eso, VIVE el momento, y mejor aún, VIVE en la GRACIA de Dios.
Envió: Eduardo Infante Pliego, Mexico
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dios, Dios que muere de martirio para quitar a los hombres de los martirios eternos"
Envió: Pablo Macias Valadez
* Para darse cuenta del valor de un año:
preguntarle a un estudiante que ha fallado en un examen final.
* Para darse cuenta del valor de un mes:
preguntarle a una madre que ha dado a luz a un bebe prematuro.
* Para darse cuenta del valor de una semana:
preguntarle al editor de un diario semanal.
* Para darse cuenta del valor de una hora:
preguntarle a amantes que esperan para verse.
* Para darse cuenta del valor de un minuto:
preguntarle a una persona que ha perdido el tren, el ómnibus o el avión.
* Para darse cuenta del valor de un segundo:
preguntarle a una persona que ha sobrevivido de un accidente.
* Para darse cuenta del valor de un milisegundo:
preguntarle a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.
El tiempo no espera para ninguno.
Atesora cada momento que tengas.
Lo atesoras mas cuando puedas compartirlo con alguien especial.
Dios nos dio el Don de la Vida, el cual es temporal. Es decir cuando nacemos a esta vida humana, lo único seguro que tenemos es la muerte. Cada segundo es irrepetible. Por eso, VIVE el momento, y mejor aún, VIVE en la GRACIA de Dios.
Envió: Eduardo Infante Pliego, Mexico
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dios, Dios que muere de martirio para quitar a los hombres de los martirios eternos"
Envió: Pablo Macias Valadez
VALORES
UNA DEBILIDAD
"¿Porque lloras mamá?" le pregunto un niñito a su madre.
"Porque soy mujer" le contesto la mujer.
"Pero yo no entiendo", dijo el niño.
Su madre se inclinó hacia él y abrazándolo le dijo, "Y nunca lo entenderás".......
Mas tarde el niñito le preguntó a su padre," ¿porque mamá llora a veces sin ninguna razón?" "Todas las mujeres lloran siempre por ninguna razón" era todo lo que el padre le podía contestar.
El pequeño niño creció y se convirtió en todo un hombre preguntándose todavía porque era que las mujeres lloraban. Un día el niño convertido en hombre se arrodilló y le preguntó a DIOS, "DIOS, ¿porque lloran tan fácilmente las mujeres?" y DIOS le dijo......
Cuando hice a la mujer tenia que ser algo especial. Hice sus hombros lo suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero pero a la misma vez lo suficientemente suave para confortar.
Le di una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dar a luz y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos.
Le di una dureza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las enfermedades y la fatiga y sin quejarse aun cuando otros se rinden.
Le di la sensibilidad para amar a un niño bajo cualquier circunstancia, aún cuando su niño la haya lastimado mucho.
Esa misma sensitividad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia.
Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar a su esposo de sus faltas y la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.
Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y a veces le pongo pruebas para medir su fuerza y su determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.
Le di las lagrimas y son de ella exclusivamente para usarlas cuando las necesite. Es su única debilidad...es una lágrima por la humanidad".
Envió: Juan Manuel González, Mexico
MICRO-REFLEXIÓN:
"Ante los ojos de Dios, solo tiene valor lo que es espíritu"
Envió: Pablo Macias Valadez
"¿Porque lloras mamá?" le pregunto un niñito a su madre.
"Porque soy mujer" le contesto la mujer.
"Pero yo no entiendo", dijo el niño.
Su madre se inclinó hacia él y abrazándolo le dijo, "Y nunca lo entenderás".......
Mas tarde el niñito le preguntó a su padre," ¿porque mamá llora a veces sin ninguna razón?" "Todas las mujeres lloran siempre por ninguna razón" era todo lo que el padre le podía contestar.
El pequeño niño creció y se convirtió en todo un hombre preguntándose todavía porque era que las mujeres lloraban. Un día el niño convertido en hombre se arrodilló y le preguntó a DIOS, "DIOS, ¿porque lloran tan fácilmente las mujeres?" y DIOS le dijo......
Cuando hice a la mujer tenia que ser algo especial. Hice sus hombros lo suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero pero a la misma vez lo suficientemente suave para confortar.
Le di una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dar a luz y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos.
Le di una dureza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las enfermedades y la fatiga y sin quejarse aun cuando otros se rinden.
Le di la sensibilidad para amar a un niño bajo cualquier circunstancia, aún cuando su niño la haya lastimado mucho.
Esa misma sensitividad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia.
Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar a su esposo de sus faltas y la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.
Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y a veces le pongo pruebas para medir su fuerza y su determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.
Le di las lagrimas y son de ella exclusivamente para usarlas cuando las necesite. Es su única debilidad...es una lágrima por la humanidad".
Envió: Juan Manuel González, Mexico
MICRO-REFLEXIÓN:
"Ante los ojos de Dios, solo tiene valor lo que es espíritu"
Envió: Pablo Macias Valadez
VALORES
FAUSTO
"En este mundo solo existen dos tragedias. Una es no obtener lo que deseamos, y la otra es obtenerlo? escribió alguna vez Oscar Wilde. De momento esta frase se antoja contradictoria; bien analizada, nos avisa que por más bienes que acumulemos, y metas que logremos, en el fondo nos sentimos insatisfechos. Una vez que se consigue lo deseado: poder, fortuna, reconocimiento, etc., nos damos cuenta que no era esto lo que buscábamos. Eso sólo se realiza después de haber sacrificado mucho por obtenerlo: tiempo de familia, amigos, descanso, salud, etc.. La satisfacción que requiere el alma, parece no llegar junto con esto.
Goethe, el escritor alemán nos cuenta esta permanente búsqueda del ser humano en su poema "Fausto." Obra que inicia a los 20 años, la retoma a los 40, y la termina antes de morir a los 83. En este proceso, él mismo refleja los cambios interiores que sufrió, en la búsqueda constante de encontrarle el verdadero sentido a la vida.
Fausto, un sabio científico de mediana edad, se da cuenta que ha sido infeliz, que ha sacrificado en vano la alegría de vivir, en aras de la ciencia. En el poema dice: "Y he estudiado, ¡ay de mí!, filosofía, jurisprudencia y hasta medicina; y también desdichadamente, teología. De la cima a la sima, con tenaz ardor. Y heme ahora aquí, pobre necio; tanto sé como sabía antes.(?)"
Un día piensa en lo terrible que seria morir sin haber encontrado nunca lo que es estar realmente vivo. Por lo tanto decide hacer un pacto con el diablo. En este pacto, le entregaría su alma en él mas allá, a cambio de vivir por lo menos -un instante- en el que el de verdad pudiera decir: "O instante como vales, ojalá duraras siempre" De no ser así, el diablo perdería la apuesta. Mefistófeles le concede la totalidad de los placeres: lo rejuvenece, le proporciona dinero, poder, el amor de las mujeres, capacidad de viajar a cualquier parte, etc. Fausto lo vive y lo tiene todo. Sin embargo la sed que siente por dentro, no es saciada.
Por más batallas que gana, por más fortuna que acumula, por más mujeres que conquista, sigue infeliz.
Goethe, en la ultima parte de la obra, ya con 82 anos, nos muestra a un Fausto, que junto con él, ha envejecido. El personaje se dedica a construir diques para recuperar tierras del mar, para que de esta manera, puedan vivir y trabajar muchas personas. Antes de morir, encuentra el regocijo de pensar que un día se pueda contemplar esas tierras llenas de vida y libertad.
Es entonces cuando por primera vez pronuncia las palabras que jamás debió decir, y exclama"O instante como vales, ojalá duraras siempre" Pierde la apuesta con el diablo, pero gana sustancialmente. Su espíritu, finalmente, encuentra la paz. Logra esto, hasta que es capaz de traspasar las fronteras de sí mismo, y hacer algo en beneficio de los demás.
Lo triste de la historia, me parece, es que este personaje encuentra el sentido a su vida hasta la vejez. ¡Cuántos años desperdiciados! Goethe nos lo advierte, lo comparte, y a través de su poema nos invita a la reflexión. El infierno para él, era tenerlo todo y saber que todavía le faltaba algo.
¿Cuantas veces, en ese afán de alcanzar un éxito económico, de medir nuestra propia capacidad, de concentrarnos en ser reconocidos, nos sucede lo mismo? Equivocadamente invertimos tiempo, esfuerzo y dinero en nuestra persona, para superarnos, para ser mejores, para poder tener un mejor nivel, creyendo que es este el camino para obtener la felicidad. La propia búsqueda nos genera angustia, ya que nunca le encontramos fin a nuestra sed.
Nos ciegan las palabras de elogio que escuchamos, nuestro ego interior se hincha de orgullo, y casi nos creemos felices; sin embargo en el fondo falta algo.
Al final del día, cuando estamos solos, sabemos que hemos dejado lo importante de lado. Quizá hemos dejado a un hijo sin escuchar por acudir a la cita, quizá nos hemos vuelto más irascibles e impacientes con nuestros compañeros de trabajo, la conversación con nuestra pareja se ha reducido a lo indispensable y a los amigos, los hemos descuidado.
Sin darnos cuenta que eso que falta, ese vacío que sentimos y buscamos llenar con afán por todos lados, lo tenemos enfrente de nosotros. Es el otro. Es solo a través de alguien distinto de mi, que visto con amor, con entrega, con interés por su bienestar y superación, podemos encontrarle sentido a nuestras vidas. El alma no se contenta con el conocimiento, el poder o el dinero, necesita que esto se utilicen en el servicio a los demás. Bien dice el dicho, "La felicidad es una puerta que se abre hacia fuera"
Si de alguna manera, nos reconocemos en Fausto, ojalá nos sirva este maravilloso poema de Goethe, para que antes de llegar a la vejez, podamos decir con alegría: "O instante como vales, ojalá duraras siempre"
Envió: Gaby Vargas, Mexico.
MICRO-REFLEXIÓN:
"No te pierdas por un instante, lo que buscas es la Eternidad"
Envió: Jimena Macias
"En este mundo solo existen dos tragedias. Una es no obtener lo que deseamos, y la otra es obtenerlo? escribió alguna vez Oscar Wilde. De momento esta frase se antoja contradictoria; bien analizada, nos avisa que por más bienes que acumulemos, y metas que logremos, en el fondo nos sentimos insatisfechos. Una vez que se consigue lo deseado: poder, fortuna, reconocimiento, etc., nos damos cuenta que no era esto lo que buscábamos. Eso sólo se realiza después de haber sacrificado mucho por obtenerlo: tiempo de familia, amigos, descanso, salud, etc.. La satisfacción que requiere el alma, parece no llegar junto con esto.
Goethe, el escritor alemán nos cuenta esta permanente búsqueda del ser humano en su poema "Fausto." Obra que inicia a los 20 años, la retoma a los 40, y la termina antes de morir a los 83. En este proceso, él mismo refleja los cambios interiores que sufrió, en la búsqueda constante de encontrarle el verdadero sentido a la vida.
Fausto, un sabio científico de mediana edad, se da cuenta que ha sido infeliz, que ha sacrificado en vano la alegría de vivir, en aras de la ciencia. En el poema dice: "Y he estudiado, ¡ay de mí!, filosofía, jurisprudencia y hasta medicina; y también desdichadamente, teología. De la cima a la sima, con tenaz ardor. Y heme ahora aquí, pobre necio; tanto sé como sabía antes.(?)"
Un día piensa en lo terrible que seria morir sin haber encontrado nunca lo que es estar realmente vivo. Por lo tanto decide hacer un pacto con el diablo. En este pacto, le entregaría su alma en él mas allá, a cambio de vivir por lo menos -un instante- en el que el de verdad pudiera decir: "O instante como vales, ojalá duraras siempre" De no ser así, el diablo perdería la apuesta. Mefistófeles le concede la totalidad de los placeres: lo rejuvenece, le proporciona dinero, poder, el amor de las mujeres, capacidad de viajar a cualquier parte, etc. Fausto lo vive y lo tiene todo. Sin embargo la sed que siente por dentro, no es saciada.
Por más batallas que gana, por más fortuna que acumula, por más mujeres que conquista, sigue infeliz.
Goethe, en la ultima parte de la obra, ya con 82 anos, nos muestra a un Fausto, que junto con él, ha envejecido. El personaje se dedica a construir diques para recuperar tierras del mar, para que de esta manera, puedan vivir y trabajar muchas personas. Antes de morir, encuentra el regocijo de pensar que un día se pueda contemplar esas tierras llenas de vida y libertad.
Es entonces cuando por primera vez pronuncia las palabras que jamás debió decir, y exclama"O instante como vales, ojalá duraras siempre" Pierde la apuesta con el diablo, pero gana sustancialmente. Su espíritu, finalmente, encuentra la paz. Logra esto, hasta que es capaz de traspasar las fronteras de sí mismo, y hacer algo en beneficio de los demás.
Lo triste de la historia, me parece, es que este personaje encuentra el sentido a su vida hasta la vejez. ¡Cuántos años desperdiciados! Goethe nos lo advierte, lo comparte, y a través de su poema nos invita a la reflexión. El infierno para él, era tenerlo todo y saber que todavía le faltaba algo.
¿Cuantas veces, en ese afán de alcanzar un éxito económico, de medir nuestra propia capacidad, de concentrarnos en ser reconocidos, nos sucede lo mismo? Equivocadamente invertimos tiempo, esfuerzo y dinero en nuestra persona, para superarnos, para ser mejores, para poder tener un mejor nivel, creyendo que es este el camino para obtener la felicidad. La propia búsqueda nos genera angustia, ya que nunca le encontramos fin a nuestra sed.
Nos ciegan las palabras de elogio que escuchamos, nuestro ego interior se hincha de orgullo, y casi nos creemos felices; sin embargo en el fondo falta algo.
Al final del día, cuando estamos solos, sabemos que hemos dejado lo importante de lado. Quizá hemos dejado a un hijo sin escuchar por acudir a la cita, quizá nos hemos vuelto más irascibles e impacientes con nuestros compañeros de trabajo, la conversación con nuestra pareja se ha reducido a lo indispensable y a los amigos, los hemos descuidado.
Sin darnos cuenta que eso que falta, ese vacío que sentimos y buscamos llenar con afán por todos lados, lo tenemos enfrente de nosotros. Es el otro. Es solo a través de alguien distinto de mi, que visto con amor, con entrega, con interés por su bienestar y superación, podemos encontrarle sentido a nuestras vidas. El alma no se contenta con el conocimiento, el poder o el dinero, necesita que esto se utilicen en el servicio a los demás. Bien dice el dicho, "La felicidad es una puerta que se abre hacia fuera"
Si de alguna manera, nos reconocemos en Fausto, ojalá nos sirva este maravilloso poema de Goethe, para que antes de llegar a la vejez, podamos decir con alegría: "O instante como vales, ojalá duraras siempre"
Envió: Gaby Vargas, Mexico.
MICRO-REFLEXIÓN:
"No te pierdas por un instante, lo que buscas es la Eternidad"
Envió: Jimena Macias
EVANGELIO DEL DÍA
16 de Julio. JUEVES
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mateo 11, 28-30)
I. Jesús, quieres aliviarme de mis fatigas y agobios y, para conseguirlo, me dices que coja tu yugo. ¿Cómo es posible que llevando aún más carga, vaya más ligero? Si la vida tiene ya tantas dificultades, ¿para qué liarme más? El secreto está en que tu yugo me tira para arriba; no es un peso muerto, sino que es como unas alas que -aunque pesen- me permiten volar.
Jesús, vivir como Tú me enseñas cuesta un poco. Y, a veces, algo más. Pero si te sigo en serio, mi vida se llena de sentido -de misión-, y entonces, cualquier esfuerzo vale la pena, y cada sacrificio es un nuevo motivo de gozo interior. Y ya no me acuerdo del peso de tu yugo, como el ave no se fija en el peso de sus alas, y comprendo perfectamente por qué dices: «mi yugo es suave y mi carga ligera». Jesús, he de aprender de Ti, que eres «manso y humilde de corazón.»
En el contexto del Evangelio, «aprender» no significa simplemente comprender teóricamente -como cuando se estudia una fórmula matemática- sino adquirir esas virtudes de las que hablas. Y las virtudes se adquieren con repetición de actos. Es decir, me pides que haga actos de humildad y mansedumbre, que en el fondo están bastante relacionados. El soberbio no tiene paciencia con los errores de los demás, o con lo que él cree que son errores. Ni tampoco sabe reconocer los suyos propios.
El humilde, en cambio, vuelve a empezar sin nerviosismos, y no se exaspera ante las limitaciones de los que le rodean. «Conviene no forjarnos ilusiones. La paz de nuestro espíritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto sería absurdo.
La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder superar la cólera no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud». (Casiano).
II. «¿ Qué importa tropezar si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta, con humildad y con santa tozudez.
Si en el libro de los Proverbios se comenta que el justo cae siete veces al día, tú y yo -pobres criaturas- no debemos extrañarnos ni desalentarnos ante las propias miserias personales, ante nuestros tropiezos, porque continuaremos hacia adelante, si buscamos la fortaleza en Aquel que nos ha prometido: «venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré». Gracias, Señor porque has sido siempre Tú, y sólo Tú, Dios mío, mi fortaleza, mi refugio, mi apoyo.
Si de veras deseas progresar en la vida interior sé humilde» (Amigos de Dios.-131). Jesús, la humildad es básica en mi vida cristiana. Sin humildad, no puedo progresar en la vida interior. Pero la humildad no es algo que se tiene o no se tiene, sino algo que crece o disminuye; una cualidad que tengo que aprender, y que también puedo olvidar si no la cuido. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.» Jesús, prometes paz y descanso en el alma de los humildes.
Y esto es así porque el humilde no se cree perfecto y no se hunde cuando falla. Al contrario, ante los errores personales, el alma humilde se levanta en seguida, pide perdón, y vuelve a luchar con más ímpetu que antes, buscando la fortaleza, el refugio y el apoyo de tu gracia. Jesús, enséñame a ser humilde, a volver a empezar una y otra vez si hace falta, con santa tozudez.
Que no me crea impecable, que no me alce por encima de los demás, pues cuanto más me alce, más fuerte será la caída. Dame esa humildad de corazón, y entonces, ¿qué importa tropezar si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento?
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mateo 11, 28-30)
I. Jesús, quieres aliviarme de mis fatigas y agobios y, para conseguirlo, me dices que coja tu yugo. ¿Cómo es posible que llevando aún más carga, vaya más ligero? Si la vida tiene ya tantas dificultades, ¿para qué liarme más? El secreto está en que tu yugo me tira para arriba; no es un peso muerto, sino que es como unas alas que -aunque pesen- me permiten volar.
Jesús, vivir como Tú me enseñas cuesta un poco. Y, a veces, algo más. Pero si te sigo en serio, mi vida se llena de sentido -de misión-, y entonces, cualquier esfuerzo vale la pena, y cada sacrificio es un nuevo motivo de gozo interior. Y ya no me acuerdo del peso de tu yugo, como el ave no se fija en el peso de sus alas, y comprendo perfectamente por qué dices: «mi yugo es suave y mi carga ligera». Jesús, he de aprender de Ti, que eres «manso y humilde de corazón.»
En el contexto del Evangelio, «aprender» no significa simplemente comprender teóricamente -como cuando se estudia una fórmula matemática- sino adquirir esas virtudes de las que hablas. Y las virtudes se adquieren con repetición de actos. Es decir, me pides que haga actos de humildad y mansedumbre, que en el fondo están bastante relacionados. El soberbio no tiene paciencia con los errores de los demás, o con lo que él cree que son errores. Ni tampoco sabe reconocer los suyos propios.
El humilde, en cambio, vuelve a empezar sin nerviosismos, y no se exaspera ante las limitaciones de los que le rodean. «Conviene no forjarnos ilusiones. La paz de nuestro espíritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto sería absurdo.
La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder superar la cólera no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud». (Casiano).
II. «¿ Qué importa tropezar si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta, con humildad y con santa tozudez.
Si en el libro de los Proverbios se comenta que el justo cae siete veces al día, tú y yo -pobres criaturas- no debemos extrañarnos ni desalentarnos ante las propias miserias personales, ante nuestros tropiezos, porque continuaremos hacia adelante, si buscamos la fortaleza en Aquel que nos ha prometido: «venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré». Gracias, Señor porque has sido siempre Tú, y sólo Tú, Dios mío, mi fortaleza, mi refugio, mi apoyo.
Si de veras deseas progresar en la vida interior sé humilde» (Amigos de Dios.-131). Jesús, la humildad es básica en mi vida cristiana. Sin humildad, no puedo progresar en la vida interior. Pero la humildad no es algo que se tiene o no se tiene, sino algo que crece o disminuye; una cualidad que tengo que aprender, y que también puedo olvidar si no la cuido. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.» Jesús, prometes paz y descanso en el alma de los humildes.
Y esto es así porque el humilde no se cree perfecto y no se hunde cuando falla. Al contrario, ante los errores personales, el alma humilde se levanta en seguida, pide perdón, y vuelve a luchar con más ímpetu que antes, buscando la fortaleza, el refugio y el apoyo de tu gracia. Jesús, enséñame a ser humilde, a volver a empezar una y otra vez si hace falta, con santa tozudez.
Que no me crea impecable, que no me alce por encima de los demás, pues cuanto más me alce, más fuerte será la caída. Dame esa humildad de corazón, y entonces, ¿qué importa tropezar si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento?
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
EVANGELIO DEL DÍA
15 de Julio. MIÉRCOLES
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«En aquel tiempo exclamó Jesús diciendo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños. Si, Padre, pues así fue tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.» (Mateo 11, 25-27)
I. Jesús, hoy se habla mucho de ciencia. Parece que la ciencia puede explicarlo todo, y que sólo lo que se comprueba científicamente puede ser creído. El problema es que las ciencias experimentales sólo pueden medir lo que es material, no lo que es espiritual. Por eso «ocultas estas cosas a los sabios.» No a los sabios de verdad, que saben distinguir hasta dónde llega la ciencia, sino a los que se creen sabios sin serlo, o a los soberbios que creen que su limitada razón es capaz de entenderlo todo.
También dices que Dios ha ocultado estas cosas a los «prudentes.» Aquí te refieres, Jesús, a aquellas personas que no quieren arriesgar, que no quieren dar nada antes de haber recibido ya la recompensa. Esas personas no te pueden conocer ni amar, porque Tú me das en proporción a lo que yo te entrego. Es una proporción «desproporcionada»: «el ciento por uno y la vida eterna» (Marcos 10,30).
Pero el prudente da cero; y el ciento por cero, es cero. Por eso me recuerdas: «Dad y se os dará» (Lucas 6,39-45) y no al revés. «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños.» «De la misma manera que los padres y las madres ven con gran gusto a sus hijos, también el Padre del universo recibe gustosamente a los que se acogen a él.
Cuando los ha regenerado por su Espíritu y adoptado como hijos, aprecia su dulzura, los ama, la ayuda, combate por ellos y por eso, los llama sus «hijos pequeños» (San Clemente de Alejandría). Jesús, quieres que me haga niño en la vida espiritual. El niño pequeño confía en su padre, se apoya en él, le busca cuando se encuentra en necesidad. Esa debe ser mi conducta espiritual: que confíe en Ti, que me apoye en Ti, que te busque en todo momento. Entonces te iré descubriendo, conociendo y amando más y más.
II. «¡Qué buena cosa es ser niño! -Cuando un hombre solicita un favor, es menester que a la solicitud acompañe la hoja de sus méritos. Cuando el que pide es un chiquitín -como los niños no tienen méritos-, basta con que diga: soy hijo de Fulano. ¡Ah, Señor! -díselo ¡con toda tu alma!-, yo soy... ¡hijo de Dios!» (Camino.-892). Jesús, Tú conoces al Padre porque eres su Hijo: «nadie conoce al Padre sino el Hijo.»
Yo también voy a conocer a Dios en la medida en que me comporte como hijo de Dios: en la medida en que le trate como Padre en la oración, o que me apoye en Él cuando tengo una dificultad, o que le ofrezca todo lo que hago. Por eso, ¡qué buena cosa es ser niño! El que se cree maduro y virtuoso no reconoce sus errores, ni aprende, ni se deja ayudar. Pero el niño busca enseguida los brazos fuertes de su padre cuando se encuentra en peligro. Y por eso su padre le coge con más cariño, y le conforta con toda clase de mimos.
Jesús, por ser cristiano, mi objetivo es parecerme a Ti lo más posible. Y uno de los aspectos más importantes en los que te he de imitar -porque incluye a todos los demás- es en la filiación divina: el vivir como hijo de Dios. Por eso es bueno considerar cada día, y varias veces al día, esta realidad: yo soy... ¡hijo de Dios! ¿Cómo me tendré que comportar en el trabajo y en el descanso, en casa y en la calle, ante aquella situación o aquella otra? Jesús, quieres que me haga pequeño, humilde; que te imite en ese vivir como hijo de Dios.
El sabio y el prudente se encierran en su soberbia o egoísmo, y todo lo espiritual se les oculta. Pero a mí me has «querido revelar»el secreto de la vida sobrenatural: la filiación divina que me has conseguido muriendo en la cruz.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Decimoquinta Semana del Tiempo Ordinario
«En aquel tiempo exclamó Jesús diciendo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños. Si, Padre, pues así fue tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.» (Mateo 11, 25-27)
I. Jesús, hoy se habla mucho de ciencia. Parece que la ciencia puede explicarlo todo, y que sólo lo que se comprueba científicamente puede ser creído. El problema es que las ciencias experimentales sólo pueden medir lo que es material, no lo que es espiritual. Por eso «ocultas estas cosas a los sabios.» No a los sabios de verdad, que saben distinguir hasta dónde llega la ciencia, sino a los que se creen sabios sin serlo, o a los soberbios que creen que su limitada razón es capaz de entenderlo todo.
También dices que Dios ha ocultado estas cosas a los «prudentes.» Aquí te refieres, Jesús, a aquellas personas que no quieren arriesgar, que no quieren dar nada antes de haber recibido ya la recompensa. Esas personas no te pueden conocer ni amar, porque Tú me das en proporción a lo que yo te entrego. Es una proporción «desproporcionada»: «el ciento por uno y la vida eterna» (Marcos 10,30).
Pero el prudente da cero; y el ciento por cero, es cero. Por eso me recuerdas: «Dad y se os dará» (Lucas 6,39-45) y no al revés. «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños.» «De la misma manera que los padres y las madres ven con gran gusto a sus hijos, también el Padre del universo recibe gustosamente a los que se acogen a él.
Cuando los ha regenerado por su Espíritu y adoptado como hijos, aprecia su dulzura, los ama, la ayuda, combate por ellos y por eso, los llama sus «hijos pequeños» (San Clemente de Alejandría). Jesús, quieres que me haga niño en la vida espiritual. El niño pequeño confía en su padre, se apoya en él, le busca cuando se encuentra en necesidad. Esa debe ser mi conducta espiritual: que confíe en Ti, que me apoye en Ti, que te busque en todo momento. Entonces te iré descubriendo, conociendo y amando más y más.
II. «¡Qué buena cosa es ser niño! -Cuando un hombre solicita un favor, es menester que a la solicitud acompañe la hoja de sus méritos. Cuando el que pide es un chiquitín -como los niños no tienen méritos-, basta con que diga: soy hijo de Fulano. ¡Ah, Señor! -díselo ¡con toda tu alma!-, yo soy... ¡hijo de Dios!» (Camino.-892). Jesús, Tú conoces al Padre porque eres su Hijo: «nadie conoce al Padre sino el Hijo.»
Yo también voy a conocer a Dios en la medida en que me comporte como hijo de Dios: en la medida en que le trate como Padre en la oración, o que me apoye en Él cuando tengo una dificultad, o que le ofrezca todo lo que hago. Por eso, ¡qué buena cosa es ser niño! El que se cree maduro y virtuoso no reconoce sus errores, ni aprende, ni se deja ayudar. Pero el niño busca enseguida los brazos fuertes de su padre cuando se encuentra en peligro. Y por eso su padre le coge con más cariño, y le conforta con toda clase de mimos.
Jesús, por ser cristiano, mi objetivo es parecerme a Ti lo más posible. Y uno de los aspectos más importantes en los que te he de imitar -porque incluye a todos los demás- es en la filiación divina: el vivir como hijo de Dios. Por eso es bueno considerar cada día, y varias veces al día, esta realidad: yo soy... ¡hijo de Dios! ¿Cómo me tendré que comportar en el trabajo y en el descanso, en casa y en la calle, ante aquella situación o aquella otra? Jesús, quieres que me haga pequeño, humilde; que te imite en ese vivir como hijo de Dios.
El sabio y el prudente se encierran en su soberbia o egoísmo, y todo lo espiritual se les oculta. Pero a mí me has «querido revelar»el secreto de la vida sobrenatural: la filiación divina que me has conseguido muriendo en la cruz.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
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