"No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler." Madre Teresa de Calcuta
domingo, 17 de enero de 2010
VALORES
¡Ven!, es momento de dar Amor.
La Navidad, es la época más hermosa del año,
¡Ven!, volquemos nuestros corazones a la dádiva;
extiende tus manos y abre tus brazos cálidos,
que alguien desea ser amado y recordado.
¡Y por éste momento, no sentirse olvidado!
¡Ven!, la clave de la felicidad está en dar,
darse a los demás, ¡Entrega todo tu amor!;
fuera los rencores, ¡Arroja al pasado los errores!
¡Ven!, que los efectos del Amor invadirán tu alma,
podrás robar sonrisas y endulzar los rostros.
Ven, que el regalo del Niñito Jesús es ese:
¡Amar y perdonar!.
Es el momento de dar Amor.
Envió: Perla Mar
MICRO-REFLEXIÓN:
Tienes ambiciones:... de saber..., de acaudillar..., de ser audaz. Bueno. Bien. -Pero... por Cristo, por Amor. - Camino 24.
EVANGELIO DEL DIA
Segunda Semana del Tiempo Ordinario
«Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan?
Jesús les respondió: ¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. Nadie pone una pieza de paño a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pites de lo contrario, el vino rompe los odres, y, se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos.» (Marcos 2,18-22)
I. Jesús, en el Antiguo Testamento la penitencia ocupaba un lugar central como un modo de preparación para la venida del Mesías. «Haced penitencia porque está al llegar el Reino de los Cielos» (Mateo 3,2). El ayuno se había convertido en una práctica habitual de hacer penitencia, tanto para los fariseos como para los discípulos de Juan, y por eso te preguntan: « ¿Cómo es que tus discípulos no ayunan?» «El vino nuevo se echa en odres nuevos.»
Jesús, contigo empieza una nueva etapa: la etapa de los hijos de Dios, de hacer las cosas con libertad, por amor, no como siervos. Lo importante en esta nueva etapa no es la penitencia, sino estar en gracia de Dios, estar con el «esposo.» No es como poner un remiendo nuevo en el traje antiguo. No. Todo es nuevo.
Es la vida sobrenatural -la gracia santificante- la vida de hijos de Dios que nos has ganado en la Cruz y que recibimos a través de los sacramentos. Pero no le quitas a la penitencia y al ayuno la importancia que tienen: «en aquellos días, ayunarán.» Tú mismo nos has dado ejemplo de ayuno durante cuarenta días con cuarenta noches (Mateo 4, 2).
El ayuno, la mortificación, la penitencia, no son el centro de la vida cristiana, pero si son un medio necesario para poder amarte más. «La finalidad última de la penitencia consiste; en lograr que amemos intensamente a Dios y nos consagremos a Él» (Pablo VI).
II. «Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... -Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!» (Camino.-212).
Jesús, a veces no te veo bien: no te tengo en cuenta en mis decisiones en el trabajo, en casa o con mis amigos. Tengo una mirada turbia, que no me deja ver nada más que mis propios intereses. Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Necesito la humildad para reconocer mis fallos y la penitencia para purificar esos errores. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor.
La mortificación no consiste en hacer cosas espectaculares. Se trata, más bien, de enreciar mi voluntad por amor a Ti, de modo que tenga la libertad de hacer lo que quiera -lo que quieras Tú- y no lo que me dicten mis pasiones. Para ello, basta con pequeños sacrificios: puntualidad y concentración en el estudio, comer un poco menos de lo que me gusta más o un poco más de lo que me gusta menos, no buscar siempre lo más cómodo, etc.
Jesús, la mortificación no es lo más importante, pero si no me esfuerzo en este punto, no podré amarte de verdad. Ayúdame a ser sacrificado, recio; ayúdame a tener una voluntad firme. Que no me olvide de que para verte tal como eres he de tener la mirada clara, y que para ello necesito el espíritu de purificación y de penitencia.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
"Pocos son los hombres que construyen ciudades, la gran mayoría las habita".
"Pocos son los hombres que proyectan la construcción de un puente, la gran mayoría lo utiliza".
"Pocos son los hombres que levantan rascacielos y fábricas, la gran mayoría trabaja en ellos".
Igual que esos pocos privilegiados, la felicidad llegará a ti cuando TE ATREVAS a explorar... cuando TE ATREVAS a echar los cimientos de grandes estructuras para satisfacer las necesidades de tus semejantes.
Desarrolla dentro de ti la magnífica obsesión de ayudar a tus semejantes a que se ayuden a sí mismos. Motiva a los hombres a que desarrollen y utilicen todo su potencial, y así les estarás ayudando a levantar los cimientos más sólidos y a hacer estructuras gigantescas de sus vidas.
Cuando te hayas atrevido a desarrollar esta obsesión de ayudar a tus semejantes, habrás descubierto el significado de una vida más rica y abundante.
¡Te reto a que lo hagas!
Envió: Rodrigo Villarreal Elosúa
MICRO-REFLEXIÓN:
"Da "toda" la gloria a Dios. -"Exprime" con tu voluntad, ayudado por la gracia, cada una de tus acciones, para que en ellas no quede nada que huela a humana soberbia, a complacencia de tu "yo". ? Camino 784.
EVANGELIO DEL DIA
«Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme. Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Le conminó y enseguida lo despidió, diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en lugares apartados. Pero acudían a él de todas partes.» (Marcos 1, 40-45)
I. Jesús, el leproso de hoy me sugiere una jaculatoria fácil y profunda a la vez: «Si quieres, puedes limpiarme». Con pocas palabras, el leproso manifiesta la fe que te tiene, a la vez que reconoce su enfermedad. Además, es una oración confiada y sin exigencias. El leproso pide con la fe del que sabe que puedes curarle, pero aceptando de antemano tu voluntad: «Si quieres...»
Jesús, si quieres, si es lo que más conviene a mi alma, cúrame. Es una buena jaculatoria que puedo utilizar para pedirte por mi salud o por la de algún ser querido. Pero también la puedo utilizar cuando me doy cuenta de que te he fallado en algo. En vez de desanimarme, puedo aprovechar ese fallo para acercarme más a Ti y decirte con el corazón: Jesús, «si quieres, puedes curarme;» dame más fortaleza, más fe, más constancia, más gracia para no volverte a fallar.«En la vida del espíritu se enferma por el pecado, y es necesaria también una medicina para recobrar la salud. Este remedio es la gracia que se recibe en el sacramento de la penitencia» (Santo Tomás).
Jesús, has previsto un medio concreto para limpiar mis pecados y darme a la vez esa fuerza, esa gracia que necesito para no volver a pecar: el sacramento de la penitencia, la confesión. «A quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos» (Juan 20,23).
II. «Domine!» ¡Señor! , «si vis, potes me mundare» si quieres, puedes curarme. ¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: «volo, mundare!» quiero, ¡sé limpio» (Camino.-142)
Jesús, al instituir el sacramento de la penitencia, has construido una fuente capaz de limpiar todas las enfermedades de mi alma. Y esta fuente está a mi alcance, allí donde haya un sacerdote. Por eso, la oración del leproso -si es sincera me tiene que llevar a confesarme a menudo. Pero no hace falta estar leproso para ir a la confesión.
A veces me parece que no cometo pecados porque tengo poca sensibilidad. No me doy cuenta de tantas cosas buenas que podía -y debía- haber hecho, y que he dejado de hacer por comodidad, por vergüenza, o por falta de presencia de Dios. Por eso es una buena costumbre examinar mi conciencia cada noche preguntándome: ¿qué he hecho bien hoy?, ¿qué he hecho mal?, ¿qué cosas podría hacer mejor? ¿Me he comportado como esperabas de mí?
Gracias al examen de conciencia, descubriré pequeñas faltas que, aunque no me separan de Ti, me impiden seguirte más de cerca. Y me daré cuenta de que necesito acudir a esa fuente de la confesión con frecuencia -cada semana o cada quince días-, para pedirte una vez más: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Para tener Fortaleza, hay que practicarla todos los días, aplica para ello esfuerzo, lucha y trabajo:
Niégate a lo fácil (generalmente en las tentaciones es fácil caer)
Exígete perfección
No te dejes vencer por el desánimo
Esfuérzate en comprender el valor positivo de las mortificaciones
Cuida las pequeñas cosas, los detalles
Afronta con serenidad los acontecimientos
Acepta con paz y alegría las contrariedades de la jornada
Siente la responsabilidad de ser eslabón de una misma cadena
No dejes que te domine la pereza
Responde noblemente a tus propias acciones
SOBRE TODO, SE VALIENTE PARA DEFENDER TU FE
MICRO-REFLEXIÓN:
"Toda nuestra fortaleza es prestada". – Camino 728
EVANGELIO DEL DIA
13 de Enero. MIÉRCOLES
«En cuanto salieron de la sinagoga, fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y enseguida le hablan de ella. Acercándose, la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y se puso a servirles. Al atardecer; cuando se puso el sol, llevaban hasta él a todos los enfermos y a los endemoniados; y estaba toda la ciudad agolpada junto a la puerta. Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades, y expulsó a muchos demonios, y no les dejaba hablar; porque sabían quién era.
De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Salió a buscarle Simón y los que estaban con él; y, cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te buscan. Y les dijo: Vayamos a otra parte, a las aldeas próximas, para que predique también allí, pues para esto he venido. Y pasó por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios.» (Marcos 1, 29-39)
I. Jesús, «todos te buscan», a veces sin darse cuenta. Algunos se saben enfermos y acuden a Ti para que los cures. Otros te buscan a través del servicio a los demás. Otros buscan la verdad, el camino recto que dé sentido a su vida. Finalmente están los que se buscan a sí mismos: sus placeres, sus éxitos. Van en busca de la felicidad -como todos- pero no se dan cuenta de que sólo Tú eres la fuente de la verdadera alegría.
Jesús, «todos te buscan». Pero no todos son capaces de llegar a Ti por su propio impulso. «Llevaban hasta él a todos los enfermos y a los endemoniados.» Seguramente no todos podrían o querrían ir a verte en un principio; sin embargo, parientes o amigos -que habían visto tus milagros- les llevaron hasta Ti. Sin esa ayuda, no hubieran sido curados.
«Sed profundamente amigos de Jesús y llevad a la familia, a la escuela, al barrio, el ejemplo de vuestra vida cristiana, limpia y alegre. Sed siempre jóvenes cristianos, verdaderos testigos de la doctrina de Cristo. Más aún, sed portadores de Cristo en esta sociedad perturbada, hoy más que nunca, necesitada de Él. Anunciad a todos con vuestra vida que sólo Cristo es la verdadera salvación de la humanidad» (Juan Pablo II).
II. «Cuando trataban de «pescarte», te preguntabas de dónde sacaban aquella fuerza y aquel fuego que todo lo abrasa. -Ahora, que haces oración, has advertido que ésa es la fuente que rezuma alrededor de los verdaderos hijos de Dios» (Surco.-455). Jesús, la oración es la mejor arma -la única- para hacer apostolado. Porque ¿cómo podré llevarte almas si no estoy primero unido a Ti? Nadie da lo que no tiene. Y aunque en un primer momento de emoción parezca que hago mucho si me muevo mucho, pronto me daré cuenta de que sólo hago mucho cuando rezo mucho.
Jesús, hoy me das un buen ejemplo: «De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba.» Tal era el ajetreo, que tienes que levantarte antes que los demás para poder hacer la oración. Que no me excuse, Jesús, diciendo que no tengo tiempo para rezar. Tú tampoco lo tenias, pero lo buscabas, porque sabías que sin oración, sin esa unión con el Padre, tu predicación «por toda Galilea» tendría menos fruto.
Jesús, que me convenza una vez más de que la oración es la fuente que rezuma alrededor de los verdaderos hijos de Dios. Tú, que eres el Hijo de Dios, me has dado ejemplo con tu propia vida, buscando esos momentos de tranquilidad -«en un lugar solitario»- para hablar confiadamente con tu Padre Dios.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Una mujer fuerte hace ejercicios todos los días para mantener su cuerpo en forma...
mientras que una mujer de fortaleza se arrodilla a orar, para mantener su alma en forma...
Una mujer fuerte teme a nada... mientras una mujer de fortaleza demuestra valor en medio de su temor...
Una mujer fuerte a nadie permite que le quite lo mejor de ella... mientras que una mujer de fortaleza da lo mejor de si a todos...
Una mujer fuerte comete errores y los evita en el futuro... mientras una mujer de fortaleza se da cuenta que los errores en la vida también pueden ser bendiciones de Dios, y aprende de ellos...
Una mujer fuerte camina con pasos seguros... mientras una mujer de fortaleza sabe que Dios la ayudara si cae...
Una mujer fuerte muestra en su rostro una expresión de confianza... mientras una mujer de fortaleza muestra una expresión de gracia...
Una mujer fuerte tiene fe en que tiene fuerza suficiente para el viaje... mientras una mujer de fortaleza tiene fe que el viaje le hará mas fuerte...
Envió: Tessy Loera
MICRO-REFLEXIÓN:
"Tu reciedumbre, para defender el espíritu y las normas del apostolado en que trabajas, no debe flaquear por falsa humildad. -Esa reciedumbre no es soberbia: es virtud cardinal de fortaleza". ?Camino 610.
EVANGELIO DEL DIA
«Entran en Cafarnaún; y, al llegar el sábado, fue a la sinagoga y enseñaba. Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas.
Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú: el Santo de Dios! Y Jesús le conminó diciendo: Calla, y sal de él. Entonces, el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. Y su fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea.» (Marcos 1, 21-28)
I. Jesús la gente sencilla empieza a darse cuenta de que Tú no eres un escriba más, que conoce bien las Escrituras y ya está. Tus enseñanzas no son las explicaciones y casuísticas habituales: Tú enseñas verdades que tienen aplicación en la vida de cada uno, en mi vida, y que son exigentes. No te quedas en el discurso sentimental, abstracto o demasiado general para llevarlo a la práctica. «Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6,68).
Jesús, hoy se habla mucho de paz, amor, libertad, igualdad; pero no siempre de modo concreto. La Iglesia, siguiendo tu mandato, enseña verdades exigentes en concreto; por eso habla de mandamientos de virtudes y de pecados que no siempre se acomodan al gusto de un mundo materializado y egoísta. Y como te pasó a Ti en la sinagoga, hay gente que protesta: «¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos?»
Jesús, algunas personas dicen que tienen fe pero no creen en la Iglesia. Sin embargo, la Iglesia no hace más que repetir tu doctrina: y la repite «como quien tiene potestad», porque la ha recibido directamente de Ti. «El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo; es decir a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma» (CEC-85).
II. La fidelidad al Romano Pontifico implica una obligación clara y determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida» (Forja.-633).
Jesús, la Iglesia enseña con la ayuda del Espíritu Santo; por eso no se deja llevar por las modas, ni por las soluciones más cómodas o más populares en un momento determinado. En concreto, el Papa tiene una especial asistencia divina para ser tu cabeza visible en la tierra. Quieres que le escuche como te escuchaba aquella gente de Cafarnaún: «Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien llene potestad.»
Hoy el Papa está hablando muy claro sobre temas importantes de moral y de doctrina: el aborto, los anticonceptivos, la paz entre los pueblos, la doctrina social, la necesidad de la Confesión y de los demás sacramentos, la importancia de la oración, la necesidad de abundantes vocaciones.
Jesús, hazme más responsable: que me dé cuenta de que tengo la obligación clara y determinada de conocer el pensamiento del Papa. Un buen punto de referencia en temas doctrinales es el Catecismo, pues recoge todo lo que un católico debe conocer y practicar. Solo conociendo y viviendo yo primero lo que manda la Iglesia podré luego hacer lo que esté de mi parte para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Hace algún tiempo estaba leyendo acerca de un experto en temas de administración del tiempo. Un día este experto estaba hablando a un grupo de estudiantes y busco algo que les quedara por siempre a estos jóvenes.
Se paro enfrente a todos con una olla de cerámica con boca ancha, la colocó sobre la mesa y tomó una docena de piedras grandes y las fue colocando dentro de la olla. Cuando la olla estuvo llena y no cabía una piedra mas, pregunto: ¿Esta llena la olla?
- Todos en la clase contestaron: "siiiiiii"
Dijo - ¿Si?: "¿De verdad?"
Entonces tomo un cubo con grava y empezó a vaciar su contenido en la olla hasta que esta se fue colocando en los huecos que existían entre las piedras mas grandes hasta que ya no pudo entrar una más.
El pregunto: "¿esta llena ahora?"
Alguien del grupo contestó=":" "Probablemente no"
"¡Bien!" exclamo.
Enseguida tomo una cubeta con arena y la vació dentro de la olla de tal manera que la arena cubrió los huecos dejados por las piedras y la grava y ya no cupo más.
Pregunto: "¿esta llena ahora?"
"¡Nooo!" exclamo el grupo
"¡Excelente!" les dijo a la vez que vaciaba una jarra con agua en el interior y esta era absorbida por la arena.
"¿Cuál es el punto de este ejemplo?"
Un estudiante comento: El punto es que no importa que tan llena este tu agenda, si te esfuerzas habrá cabida para algo más.
"No, -contestó el expositor-. El punto que nos ilustra esto es que sino colocas las piedras grandes en primer lugar, no podrás hacerlo después"
+Que son para ustedes las piedras grandes en su vida?
+Un proyecto pendiente de lograr?, +Tiempo de calidad con tu familia?
+Tu fe?, +Una causa justa?, +Tus finanzas?, +Tus estudios?
Recuerden: "Pongan las piedras grandes de su vida primero ya que no podrán colocarlas después"
Envió: Mauricio González De Paúl
MICRO-REFLEXIÓN:
"¿No te alegra si has descubierto en tu camino habitual por las calles de la urbe otro Sagrario!?" - Camino 270.
EVANGELIO DEL DIA
«Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio. Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar; pues eran pescadores.
Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Y, al instante, dejaron las redes y le siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que remendaban las redes en la barca. Y en seguida los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.» (Marcos 1, 14-20).
I. Hoy empieza lo que la Iglesia llama el tiempo ordinario. Este tiempo ocupa las partes del año que no son Adviento, Navidad, Cuaresma o Pascua. Parece que durante este tiempo -que es la mayor parte del año- no pasa nada importante, y que por ello recibe el nombre de «ordinario».
Sin embargo, Jesús, Tú quieres enseñarme a convertir lo ordinario en extraordinario; lo que parece que no tiene valor, en joya de gran precio. Pero ¿cómo puedo aprender a hacer esto? «Haced penitencia y creed en el Evangelio.» Para convertir lo ordinario en extraordinario -lo humano en divino- he de comenzar por convertirme yo primero: he de dejar de ser tan mundano y mirar a Dios cara a cara, con la mirada limpia. Y para poder convertirme de verdad necesito hacer oración. «En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón» (San Agustín).
Jesús, si trato de hacer la oración cada día, Tú podrás acercarte a mí y -como a los apóstoles- me dirás: sígueme. Si quiero de verdad ser cristiano, si quiero aprender de Ti, parecerme a Ti, he de seguirte más de cerca. Y para seguirte, seguramente tendré que dejar cosas en el camino: esas redes que me atan a mis planes y deseos personales, tal vez lícitos, pero excesivamente egoístas para un apóstol.
II. «No tengas miedo, ni te asustes, ni te asombres, ni te dejes llevar por una falsa prudencia. La llamada a cumplir la Voluntad de Dios -también la vocación- es repentina, como la de los Apóstoles: encontrar a Cristo y seguir su llamamiento... -Ninguno dudó: conocer a Cristo y seguirle fue todo uno» (Forja.-6).
Jesús, en el Evangelio aparecen personajes que te buscan, haciendo tal vez largos viajes para encontrarte, como los Reyes de oriente. Otros envían mensajeros. Alguno, como el paralítico, es llevado a Ti por sus amigos. También están los que te encuentran sin querer, como Simón de Cirene cuando es obligado a llevar tu Cruz. Hoy, el Evangelio habla de un caso distinto a todos estos: Tú mismo te acercas y llamas.
Jesús, te has metido en mi vida casi sin darme cuenta. Yo he hecho bien poco por buscarte, por conocerte. Pero te has acercado a mi orilla y, como a los apóstoles, me has dicho: sígueme. En otras palabras: Tú, en medio de tus circunstancias personales, también estás llamado a ser santo, a ser otro Cristo. Y tras el primer sobresalto, parece que me dices: «No tengas miedo ni te asustes, ni te asombres, ni te dejes llevar de una falsa prudencia.»
Jesús, me doy cuenta de que, por ser cristiano, quieres que sea santo, apóstol tuyo «-pescador de hombres-» en mi familia, en mi trabajo, entre mis amigos y conocidos. Que no dude, que no me quede en mi barca -en mi vida, en mis cosas-; que te siga de cerca. Y entonces, me enseñarás a vivir lo ordinario -mi vida ordinaria- de modo extraordinario.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Una vez vi un bonito reloj y me aproximé para verlo más de cerca. Debajo del reloj, había una pregunta curiosa que decía:
¿Qué hora es?, Estas tres palabras unidas forman una gran pregunta para nuestras vidas.
Luego de leer esta pregunta, vinieron a mi mente muchas respuestas para cada persona, como por ejemplo:
- Es Hora de Perdonar, es la respuesta de las personas que a lo largo de los años han vivido odiando a alguien.
- Es Hora de Arrepentirse puede ser la respuesta de los pecadores.
- Es Hora de Olvidar, responderá alguien que vive de recuerdos, pensando en el pasado, amarrado al pasado, atrapado en el pasado.
- Es Hora de Dar, tendría que responder una persona que ha sido mezquina, que ha sido egoísta y se ha olvidado del prójimo.
- Es hora de ser Humilde, seria la respuesta de las personas orgullosas
- Es hora de estar alegres, por la esperanza que tenemos (Romanos 12,12) sería la respuestas de miles que viven tristes y sin esperanza.
- Es hora de buscar la Paz, - Es hora de buscar la Armonía, tendrían que responder los que viven en guerra, buscando la violencia.
- Es hora de ser Valientes y Trabajadores, tendrían que responder los perezosos y flojos.
- Es hora de seguir el Camino La Verdad y La vida, dirían los que están perdidos
- Es hora de seguir al Buen Pastor, dirían las ovejas descarriadas
- Es hora de buscar la Luz, exclamarían los que viven en la oscuridad
- Es hora de Ayunar,
- Es hora de la Penitencia,
- Es hora de la Limosna, dirían los feligreses en Cuaresma.
- Es hora de Buscar a Dios, dirán también muchos, para la pregunta
"¿Qué hora es?"
Existen muchas y diversas respuestas. Hay diferentes maneras de contestar, pero de manera particular la respuesta que yo daría, mi respuesta preferida, la que más me emociona es:
ES HORA de: "AMAR A DIOS con todo nuestro CORAZÓN, con toda nuestra ALMA, con toda nuestra MENTE y con todas nuestras FUERZAS (Mc 12,29) "Por gracia de Dios, nosotros tenemos aún un Reloj, el reloj de nuestra vida.
Aún nos queda el tiempo necesario para responder adecuadamente a la pregunta:
¿Qué hora es? Responde con tu vida a esta pregunta, con tus acciones; responde con buenas obras. Un consejo: Durante el resto de tu vida, prepara la repuesta que salvará tu vida.
Si aprovechas el reloj de la vida y aprendes a responder a esta pregunta, cuando mueras y te encuentres ante el tribunal de Cristo, a ti te corresponderá hacer esta pregunta. Sí, en efecto, probablemente cuando llegues asombrado por el cambio de estado, preguntarás:
¿Qué hora es Señor? Y si en la vida terrenal aprendiste a responder a esta pregunta, Jesucristo seguro te responderá:
Es hora de la ETERNIDAD, Es hora de la VIDA ETERNA
Envió: Perla Mar
MICRO-REFLEXIÓN:
"¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás".
EVANGELIO DEL DIA
«Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas. Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y la hora es ya avanzada; despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor; y compren algo de comer. Y les respondió: Dadles vosotros de comer. Y le dicen: ¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y habiéndolo visto, dicen: Cinco, y dos peces.
Entonces les mandó que acomodaran a todos por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los daba a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces. Los que comieron los panes eran cinco mil hombres». (Marcos 6, 34-44)
I. Jesús, querías ir con tus discípulos a «un lugar apartado para descansar un poco» pues no os dejaban tiempo ni para comen. Pero cuando llegas al «lugar apartado», una multitud te espera. Y te quedas con ellos hasta que «se hizo muy tarde» para seguir explicándoles «muchas cosas». ¡Qué ejemplo de afán apostólico, de ese deber que tengo como cristiano de dar doctrina! Cuando veo tanta gente a mi alrededor que no te conoce, o que te conoce sólo a medias, me debería pasar como a Ti: llenarme de compasión porque están «como ovejas sin pastor».
En cambio, tal vez me he acostumbrado a que mis familiares, amigos y conocidos no vivan cristianamente. O a lo mejor no me he acostumbrado pero, aunque me sepa mal, ¿qué puedo hacer yo? «No puedes decir que te es imposible atraer a los demás. Si eres verdadero cristiano, es imposible que esto suceda. (...) Si afirmas que un cristiano no puede ser útil, deshonras a Dios y le calificas de mendaz. Le resulta más fácil a la luz convertirse en tinieblas que al cristiano no irradiar. No declares una cosa imposible cuando es precisamente lo contrario lo que es imposible» (San Juan Crisóstomo).
Como a los apóstoles, me dices: «Dadles vosotros de comer» Ya sabes que me faltan los medios, ya sabes que soy muy poca cosa para enseñarle a nadie cómo debe comportarse. Pero me pides que ponga los medios a mi alcance, esos «cinco panes y dos peces»: rezar y mortificarme por aquella persona; hablar a solas con ella, con sencillez; dejarlo algún libro que le pueda ayudar; presentarle a un sacerdote o a otra persona con la que pueda aclarar sus dudas; darle buen ejemplo con mi propia conducta; etc... Esos son los «cinco panes y dos peces» que tengo. Tú pondrás el resto.
II. «Si le ayudas, aunque sea con una nadería, como hicieron los Apóstoles, El está dispuesto a obrar milagros, a multiplicar los panes, a cambiar las voluntades, a dar luz a las inteligencias más oscuras, a hacer -con una gracia extraordinaria- que sean capaces de rectitud los que nunca lo han sido. Todo esto... y más, si le ayudas con lo que tengas» (Forja.-675).
Jesús, lo primero que me pides es que tenga algo para ayudarte. Si no rezo; si no hago lo que debo; si no tengo afán de servicio; si no cuido mi vida sobrenatural; si no tengo prestigio como persona honrada y trabajadora, ¿qué tengo? Y con cero panes, Tú no harás nada, porque el cero no se puede multiplicar.
Además, me pides que lo que tenga lo ponga a tu servicio. ¿Qué hubiera pasado si el muchacho que tenía los panes y los peces, se los hubiera guardado para él? No habría habido milagro. Que sepa entregar esos talentos que, en el fondo, son tuyos. Que no quiera tener, triunfar, estar contento, vivir en paz... sólo para mí.
Jesús, aunque esté cansado por las diversas ocupaciones del día, ayúdame a no dejar pasar ni una oportunidad de dar doctrina. Que no me acostumbre al error de los que me rodean; y para ello, que viva siempre cerca de Ti.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
EL CUARTO REY MAGO
Cuenta la historia que hubo un cuarto rey mago, que llego tarde a la cita con los otros tres por ayudar a un anciano.
Por sus medios se desplazo a Belén, pero la Sagrada Familia había partido a Egipto, en donde intento buscarlos fructuosamente, pero siempre se enredaba ayudando a algún necesitado.
Vuelto a su lugar de origen, los tres Reyes Magos le contaron sobre el niño Jesús, y en su corazón prometió encontrarle.
Cuando después de 30 años oyó del profeta de Galilea, quiso verle.
Desafortunadamente, nunca llegaba en el momento oportuno por arreglar las miserias que iba encontrando en el camino.
Por fin, ya anciano alcanzo a Jesús subiendo al Gólgota, y de dijo: "Toda mi vida te he buscado sin poder encontrarte". Jesús contesto: "No necesitabas buscarme, porque tu siempre estuviste a mi lado".
MICRO-REFLEXIÓN:
"Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. -Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos por amor a ti" - Camino 538.
EVANGELIO DEL DIA
La Epifanía del Señor
«Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén. Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías.
En Belén de Judá, le dijeron, pues así está escrito por medio del Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a lo Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella; y les envió a Belén, diciéndoles: Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarle.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y, habiendo recibido en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino». (Mateo 2, 1-12)
I. « ¿Dónde está el Rey? ¿No será que Jesús desea reinar; antes que nada en el corazón, en tu corazón? Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura pequeña? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo que el Espíritu Santo procura formar en nuestra alma? No puede estar en la soberbia que nos separa de Dios, no puede estar en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no puede estar Cristo; ahí el hombre se queda solo.
A los pies de Jesús Niño, en el día cíe la Epifanía, ante un Rey sin señales exteriores de realeza, podéis decirle: Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo.
II. Dios nos ha llamado clara e inequívocamente. Como los Reyes Magos, hemos descubierto una estrella, luz y rumbo, en el cielo del alma. «Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle».
Es nuestra misma experiencia. También nosotros advertimos que, poco a poco, en el alma se encendía un nuevo resplandor: el deseo de ser plenamente cristianos; si me permitís la expresión, la ansiedad de tomarnos a Dios en serio. Hace falta una recia vida de fe para no desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. Fe como la de los Reyes Magos: la convicción de que ni el desierto, ni las tempestades, ni la tranquilidad de los oasis nos impedirán llegar a la meta del Belén eterno: la vida definitiva con Dios.
Un camino de fe es un camino de sacrificio. La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios. La luz que se enciende es sólo el principio; hemos de seguirla, si deseamos que esa claridad sea estrella, y luego sol. Ocurre en determinados momentos de nuestra vida interior, casi siempre por culpa nuestra, lo que pasó en el viaje de los Reyes Magos: que la estrella desaparece ¿Qué hacer entonces?
Seguir los pasos de aquellos hombres santos: preguntar. Si alguna vez perdéis la claridad de la luz, recurrid siempre al buen pastor. Si no se pierde la fe, si se mantiene la esperanza en Jesucristo que estará con nosotros hasta la consumación de los siglos, la estrella reaparece. Y, al comprobar una vez más la realidad de la vocación, nace una mayor alegría». (Es Cristo que pasa.-31-35).
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
EL REGALO DE LOS REYES MAGOS
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿papá?
- Sí hija, cuéntame
- Oye quiero...que me digas la verdad
- Claro hija. Siempre te la digo.- Respondió el padre un poco sorprendido
- Es que..- titubeó Cristina
- Dime hija, dime.-
- Papá ¿existen los Reyes Magos?.
- El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?.
- La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tu no me engañas, pero como las niñas dicen eso.
- Mira hija efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad?- , cortó la niña con los ojos humedecidos.- ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen, - respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina
- Entonces no lo entiendo papá.-
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla.- dijo el padre mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño!. Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.-
- ¡Oh, sí!.- exclamó Gaspar.- Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer.
No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
- Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo.
El Niño Jesús que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor!- dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero... no podemos tener tantos pajes... no existen tantos.-
- No os preocupéis por eso - dijo Dios - yo os voy a dar , no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.-
- ¡Sería fantástico! ¿pero cómo es posible? - dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben de querer mucho a los niños ?- preguntó Dios.
- Sí claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?-
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje - respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen.
También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordaran que gracias a los Tres Reyes Magos todos son mas felices.
- Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
- Y corriendo se dirigió a su cuarto regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
- Y todos se abrazaron mientras a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Envió: Alian y Willie (España)
MICRO-REFLEXIÓN:
"¡La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible!".
Envió: Ramón Mitre
EVANGELIO DEL DIA
«Al día siguiente determinó encaminarse hacia Galilea y encontró a Felipe. Y le dijo Jesús: Sígueme. Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Encontró Felipe a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquél de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. Entonces le dijo Natanael: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Le respondió Felipe: Ven y verás.
Vio Jesús a Natanael que venía y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez. Le contestó Natanael: ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas en la higuera, yo te vi. Respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús: ¿Porque te he dicho que te ví bajo la higuera crees? Cosas mayores verás. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar en torno al Hijo del Hombre». (Juan 1, 43-51)
I. Jesús, hoy considero la llamada de dos nuevos apóstoles: Felipe y Natanael (también conocido como Bartolomé). Al primero lo llamas directamente: «Sígueme». Pero para llamar al segundo, cuentas con la ayuda de Felipe, su amigo, para que te lo traiga. Este es un claro ejemplo de apostolado cristiano. Felipe tenía la necesidad de comunicar a su amigo la alegría de haberte encontrado.
Del mismo modo, si realmente te encuentro, Jesús, es natural que intente llevarte a mis amigos para que también ellos te encuentren. Pero he de empezar por encontrarte de verdad, porque «sin una vida interior sólida, sin una auténtica unión con Jesucristo, sin piedad verdadera, no se puede ser apóstol» (San Pío X). También era natural la fría acogida del amigo. Natanael no cree en un principio el mensaje de Felipe. Es lógico, porque Natanael aún no te conocía.
Cuando hablo de Ti a mis amigos, a veces recibo la misma respuesta de escepticismo. Es la hora de decir, como Felipe: «ven y verás»; y llevar al amigo a los sacramentos o a hablar con un sacerdote. Y, aunque no venga convencido, como no lo estaba Natanael cuando fue a verte llevado por Felipe, si es amigo, vendrá por amistad. Y, cuando se encuentre cara a cara contigo, podrá decir también: «Tú eres el Hijo de Dios.»
II. Mientras hablábamos, afirmaba que prefería no salir nunca del chamizo donde vivía, porque le gustaba más contar las vigas de «su» cuadra que las estrellas del cielo. -Así son muchos, incapaces de prescindir de sus pequeñas cosas, para levantar los ojos al cielo: ¡ya es hora de que adquieran una visión de más altura! (Surco.-116). «¿Porque te he dicho que te vi bajo la higuera crees? Cosas mayores verás».
Jesús, a veces tengo una visión pequeñita, encogida, ridícula de lo que es ser cristiano. Y me quedo en mis cositas sin importancia: en mis preocupaciones de aquí abajo. Me paso el tiempo comparando marcas de ropa, escuchando el último disco de mi grupo favorito, probando unos nuevos videojuegos, etc. No es que esté mal, Señor, pero a veces me quedo sólo en eso, en «la higuera»,y no miro más allá. Ayúdame a «levantar los ojos al cielo» para poder ver «el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar en torno al Hijo del Hombre.»
Jesús, al hablar contigo, mis ideales se ensanchan. No me conformo ya con «ir tirando»; sacar aprobadillos para no tener que estudiar en verano; llegar cuanto antes al fin de semana para salir; tener una moto más potente que la de mis amigos: ir a la mía. Necesito ser útil: servir a los demás; hacer las cosas lo mejor posible por amor a Ti; entregarme más al ideal cristiano de la santidad; hacer lo posible para que el mundo te conozca mejor, y sepa que has nacido y has muerto por nosotros, por amor.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
UN SUEÑO
Soñé... y en mi sueño
apareciste tú.
Soñé... y en mi sueño
tus labios rozaron mi frente.
tú calmabas mis angustias.
Soñé... y en mi sueño
yo volvía a ser niño junto a ti.
Soñé... y al despertar
tu presencia se hizo realidad,
mi vida está ligada a tu vida,
tu amor llena cada momento.
Gracias Señor, por tan caro regalo.
Envió: Paula Yáñez López
MICRO-REFLEXIÓN:
"Cuando te sientas solo , triste y tengas ganas de llorar acércate a María que es tú Mamá y está esperándote para poderte consolar".
Envió: Bea Campero
«Al día siguiente estaba allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y; fijándose en Jesús que pasaba, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y viendo que le seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Les respondió: Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y permanecieron aquel día con él.
Era alrededor de la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y siguieron a Jesús. Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías (que significa el Cristo). Y lo llevó a Jesús. Mirándolo Jesús le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Piedra)». (Juan 1, 35-42)
I. Jesús, hoy se acercan a Ti los primeros de aquellos doce: Andrés, hermano de Pedro, y Juan, hermano de Santiago. Son fruto del apostolado de Juan el Bautista, que les muestra claramente que eras el Mesías. Y ellos, «al oírle hablar así»,te siguen. Luego, al conocerte personalmente, ya no necesitan de nadie para afirmar ante sus familiares y conocidos: «Hemos encontrado al Mesías.»
Jesús, yo también te he conocido. Desde mi infancia he ido aprendiendo a tratarte; o quizá más tarde, un amigo me ha descubierto que Tú eras el Hijo de Dios. Pero ahora quiero conocerte más. «¿Dónde vives?» ¿Dónde te puedo encontrar? Te has quedado en el sagrario y te puedo recibir en la comunión. «Ven y verás».
Jesús, me pides que venga a verte más al sagrario, que te reciba más a menudo en la comunión. Entonces veré: te veré. «Era alrededor de la hora décima». San Juan se acuerda, sesenta años más tarde, incluso de la hora de su primer encuentro contigo. ¿De qué hablaríais ese día en tu casa, Señor? Desde entonces, Juan y Andrés no buscaron otro ideal que el de hacer tu voluntad.
Jesús, quiero aprender a conversar contigo en la oración con la espontaneidad, con la emoción, con el amor de aquellos primeros dos discípulos.
II. «Ama, venera, reza, mortifícate -cada día con más cariño- por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confió a Pedro» (Forja.-134).
Jesús, Tú escoges a Pedro desde el primer momento para que sea la roca firme donde se apoye tu Iglesia. El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente a él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó pastor de todo el rebaño» (CEC-881). «Tú te llamarás Cefas (que significa Piedra)». ¡Cuánto peso recae sobre el Papa! Por eso necesita de mi ayuda espiritual: oración y mortificación.
Jesús, te ofrezco mi trabajo por el Papa: por su persona e intenciones, para que sea santo y fiel. También tengo la responsabilidad, como cristiano, de conocer lo que dice el Papa: leer algunos de sus escritos, seguir en la prensa lo que dice en sus viajes, en sus discursos, etc. No sería lógico que estuviera más pendiente de lo que dice un ministro o un jugador de fútbol, que de lo que el Papa nos está pidiendo a los cristianos en un momento determinado o sobre un asunto concreto.
Es en estos detalles donde se demuestra mi unión verdadera con el sucesor de Pedro; y sé que estar unido a él es estar unido a Ti, Jesús. Además he de ama, rezar y seguir las indicaciones del Obispo de la diócesis, que es la cabeza de la Iglesia en el lugar donde vivo. Y he de saber lo que dice y lo que pide a sus fieles, para secundarle en lo que pueda y defenderle ante las críticas de los enemigos de la Iglesia. Jesús, yo quiero ser también una roca firme en la que otros se puedan apoyan. Y sólo estaré firme, si estoy muy unido a mi Madre, la Santa Iglesia, y a los que, por misión recibida de Ti, la gobiernan y la sirven.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
UN AÑO NUEVO
Empezar un nuevo año, como si fuera cualquier cosa, es una enorme torpeza. Un año de vida es un regalo demasiado grande para echarlo a perder.
¿Alguna vez has sentido en lo mas hondo de tu ser ese deseo profundo y enorme de mejorar o de cambiar?. Si es así, no dejes que el deseo se escape, porque no todos los días lo sentirás. Si hoy sientes esa llamada a querer ser otro, a ser distinto, atrápala con fuerza y hazla realidad. El inicio de un nuevo año es el momento para reunir las fuerzas y toda la ilusión para comenzar el mejor año de la vida, porque el que se proponga convertir éste en su mejor año, lo puede lograr.
El año nuevo es una oportunidad más para transformar la vida, el hogar, el trabajo en algo distinto. ¡Quiero algo diferente!, voy a comenzar bien; así será más fácil seguir bien y terminar bien. Quizá el año pasado no fue mi mejor año, me dejó un mal sabor de boca. ?éste va a ser distinto, quiero que así sea; es un deseo, es un propósito, y no lo voy a echar a perder.
Tengo otra oportunidad que no voy a desperdiciar, porque la vida es demasiado breve.
¿Quién es capaz de decir?: "Desde hoy, desde este primer día, todo será distinto" En mi hogar me voy a arrancar ese egoísmo que tantos males provoca; voy a estrenar un nuevo amor a mi cónyuge y a mi familia; seré mejor padre o madre. Seré también distinto en mi trabajo, no porque vaya a cambiar de trabajo, sino de humor. En él incluso voy a desempolvar mi fe, esa fe arrumbada y llena de polvo; voy a poner un poco más de oración, de cielo azul, de aire puro en mi jornada diaria. Ya me harté de vivir como he vivido, de ser egoísta, tracalero, injusto. Otro estilo de vida, otra forma de ser. ¿Por qué no intentarlo?
En los ratos más negros y amargos, llenos de culpa, piensas: ¿Por qué no acabar con todo?. Pero en esos mismos momentos se puede pensar otra cosa: ¿Por qué no comenzar de nuevo?.
Algunos ven que su vida pasada ha sido gris, vulgar y mediocre, y su gran argumento y razón para desesperarse es: ¡He sido un don Nadie!, ¿qué puedo hacer ya?. Pero otros sacan de ahí mismo el gran argumento, la gran razón para el cambio radical positivo: ¡No me resigno a ser vulgar; quiero suscitar a una vida mejor, quiero luchar, voy a trabajar, quiero volver a empezar!.
Un año recién salido de las manos del autor de la vida es un año que aún no estrenas.
¿Que vas a hacer con él?
El año pasado ¿no te gustó?, ¿no diste la medida?.
Con éste, ¿qué vas a hacer?.
Un nuevo año recién iniciado: todo comienza, si tú quieres; todo vuelve a empezar...
Todos desean a los demás y a sí mismos un buen Año, pero pocos luchan por obtenerlo. Prefiero ser de los segundos poniéndome en la manos de mi Señor.
Autor: Bernardino Piñera Carvallo
Envió: Sergio Estrada
MICRO-REFLEXIÓN:
"Has fracasado! -Nosotros no fracasamos nunca. -Pusiste del todo tu confianza en Dios. -No perdonaste, luego, ningún medio humano. Convéncete de esta verdad: el éxito tuyo -ahora y en esto- era fracasar. -Da gracias al Señor y a comenzar de nuevo! " ? Camino 404
EVANGELIO DEL DIA
Santa María, Madre de Dios
«Y vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas acerca de este niño. Y todos los que escucharon se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón. Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno». (Lucas 2, 16-21)
I. Jesús, hoy empieza un nuevo año. Quiero que sea realmente un año próspero, como nos deseamos unos a otros en las felicitaciones de Navidad. ¡Cuántos planes! ¡Cuántas ilusiones! «Este sí va a ser mi año», piensan los optimistas. Y es bueno ser optimista, porque -como cristiano- tengo la seguridad de que Tú cuidas de mí.
Jesús, te ofrezco ya, hoy, las cosas buenas que voy a hacer; te agradezco todo lo que me envíes porque, de alguna forma, será para mi bien; y te pido ayuda para que, al acabar el año, puedas estar contento de mí. Porque ¿qué ganaría triunfando en mi vida profesional, en el deporte, etc., si, al final, no me hubiera acercado más a Tí? Que sepa seguir el ejemplo de estos pastores: «vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre.»
Que sepa buscarte con cierta prisa, porque el tiempo pasa rápido: ya ha comenzado un año más. Que te busque con ganas de encontrarte. Y seguro que te encuentro si te busco donde está María y José. Teniéndoles devoción a ellos, también te encontraré a Ti y, entonces, me maravillaré como aquellas personas que escucharon a los pastores.
II. «En el Nacimiento de su Hijo contemplo las grandezas de Dios en la tierra: hay un coro de ángeles, y tanto los pastores como los poderosos de la tierra vienen a adorar al Niño. Pero después la Sagrada Familia ha de huir a Egipto, para escapar de los intentos criminales de Herodes. Luego, el silencio: treinta largos años de vida sencilla, ordinaria, como lo de un hogar más de un pequeño pueblo de Galilea.
El Santo Evangelio, brevemente, nos facilita el camino para entender el ejemplo de Nuestra Madre: «María conservaba todas estos cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón». Procuremos nosotros imitarla, tratando con el Señor en un diálogo enamorado, de todo lo que nos pasa, hasta de los acontecimientos más menudos. No olvidemos que hemos de pesarlos, valorarlos, verlos con ojos de fe, para descubrir la Voluntad de Dios. Si nuestro fe es débil, acudamos o Maria» (Amigos de Dios.- 284-285).
Hoy, además de ser el primer día del año, es el santo de la Virgen: Santa María, Madre de Dios. ¡Felicidades, Madre! Como también eres mi madre, quiero aprender un poco de ti: aprender a querer a Jesús. Y hoy me enseñas un gran secreto: la oración, ver con ojos de fe todo lo que me pasa y lo que he de hacer, paro descubrir en cada circunstancia la Voluntad de Dios.
María, todo lo que le ocurre a Jesús lo ponderas, lo guardas en tu corazón, y sacas conclusiones de esos sucesos para vivir más unida a tu Hijo, para entender más qué espera Él de ti. Por eso el Catecismo me recuerda que «María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con ello al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado acogemos a la Madre de Jesús, hecha madre de todos los vivientes. Podemos orar con ello y a ella» (CEC-2679).
Madre, en el fondo, eres la primera que medita el Evangelio. Lo estás meditando a medida que va pasando en la realidad. Ayúdame a tomarme en serio la meditación de la vida de Jesús, a ser constante en estos minutos de oración, para que mi vida se vaya pareciendo cada vez más a la vida de tu Hijo.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
GRACIAS SEÑOR
Por todo cuanto me diste en el año que termina, gracias por los días de sol y los nublados tristes, por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por la salud y por la enfermedad, por las penas y las alegrías.
Gracias por todo lo que me prestaste y luego me pediste.
Gracias Señor, por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y por todo lo hermoso y por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las almas buenas.
Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, por las dificultades y las lágrimas.
Por todo lo que me acercó a Ti.
Gracias por haberme conservado la vida, y por haberme dado techo, abrigo y sustento
Gracias, Señor, porque naciste, viviste y moriste por nosotros, pero gracias especialmente, Señor, por las enseñanzas inolvidables que nos dejó tu paso por la tierra, por la humildad que nos mostraste al elegir el lugar de tu nacimiento, por el amor ilimitado en que está basada tu doctrina, por la ternura que representa tu madre, la virgen María, por la generosidad con que compartiste con nosotros el reino de tu Padre, por la entrega total que nos hiciste a través de la Eucaristía, por el sacrificio de una muerte cruel, que aceptaste por nosotros, por la promesa feliz contenida en tu resurrección.
Pero gracias, especialmente, Señor, porque te conozco y te amo. Gracias por haber nacido una helada noche de diciembre, en la más humilde de las condiciones, sólo para traernos una luz de verdad, que no habrá de apagarse nunca, en tanto haya una sola alma que evoque el mensaje de los Ángeles a los pastores la noche de tu nacimiento.
Gracias Señor, por mis brazos perfectos, cuando hay tantos mutilados, por mis ojos sanos, cuando hay tantos sin luz, por mi voz que canta, cuando hay otras que enmudecen, por mis manos que trabajan, cuando tantas mendigan, por tener un hogar donde regresar, cuando hay tantos que no tienen a donde ir, por sonreír, cuando hay tantos que lloran, por amar, cuando hay tantos que odian, por soñar, cuando hay tantos que se revuelven en pesadillas, por vivir, cuando hay tantos que perecen antes de nacer, y sobre todo, Señor, por tener poco que pedirte y tanto que agradecerte, porque me has dado HOY lo necesario para vivir.
Gracias Señor.
Gracias Señor.
Señor. ¿Qué me traerá el año que empieza?
Lo que Tu quieras Señor, pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para no desfallecer, y caridad para amarte cada día más, y para hacerte amar entre los que me rodean.
Dame paciencia y humildad, desprendimiento y generosidad, dame Señor, lo que tu sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, y que me halle siempre dispuesto a hacer tu Santa Voluntad.
Derrama Señor, tus gracias sobre todos los que amo y concede tu paz al mundo entero.
Así sea
MICRO-REFLEXIÓN:
"Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. -Porque te da esto y lo otro. -Porque te han despreciado. -Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. -Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. -Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno".
? Camino 268.
EVANGELIO DEL DIA
«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio junto a Dios. Todo fue hecho por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino el que debía dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios». (Juan 1, 1-13)
I. Jesús, éste es el inicio del Evangelio de San Juan, tu discípulo amado, el que recostó su cabeza sobre tu pecho en la última cena, el que estuvo al pie de la Cruz. Tú le revelaste tus secretos más íntimos y le confiaste tu mayor tesoro: tu madre Santa María. Este Evangelio es distinto a los otros tres. Juan lo escribe mucho más tarde, cerca del año cien, con una intención clara: mostrar que Tú, Jesús, eres efectivamente el Hijo de Dios; que Tú eres Dios, no sólo un gran profeta.
«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios». Verbo significa palabra. Jesús, eres la Palabra de Dios. Dios, espíritu puro, tiene inteligencia y voluntad perfectas y, por tanto, puede conocer y amar sin límite. El Hijo es el conocimiento, el concepto de Dios Padre sobre sí mismo, tan perfecto que es Dios. Por eso decimos que el Hijo procede del Padre. El Espíritu Santo es el Amor entre el Padre y el Hijo, tan perfecto que es Dios. Por eso decimos que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.
Jesús, eres Dios y hombre verdadero. «La fe católica enseña que debemos reconocer en nuestro Salvador dos naturalezas: aunque cada una conserva sus propiedades, están unidas ambas en una tan perfecta unidad que nosotros, desde el momento en que el Verbo se hizo carne en el seno de la bienaventurada Virgen por amor al género humano, no podemos pensar en la divinidad sin lo que es hombre, ni tampoco en el hombre sin lo que es Dios». (San Lechón Magno).
II. «Hijos de Dios. -Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor; en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna» (Forja.-1).
Jesús, soy hijo de Dios. «Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios.» Tú, que eres el Hijo de Dios, has venido al mundo precisamente para eso, para hacerme hijo de Dios, capaz de vivir vida divina por la gracia. La gracia es esa luz que brilla en las tinieblas, en las tinieblas de un mundo sin Dios, sin sentido, sin motivo.
Jesús, quieres servirte de mí como antorcha, para que tu luz ilumine a los demás. «¡De mí depende que muchos no permanezcan en tinieblas!» Quieres iluminar, con mi ejemplo, a los que me rodean. Para eso debo empezar por ser una buena antorcha, capaz de llevar tu luz: debo estar en gracia, no oscurecer tu luminosidad con las manchas de mis fallos personales.
Hoy es el último día del año. Jesús, ¿cómo he iluminado a mí alrededor durante estos doce meses? ¿Estás contento de mí? Te pido perdón por mis errores, a veces graves. Te doy gracias por todo lo que me has dado: alegrías y sufrimientos, que siempre tienen su sentido sobrenatural. Te pido que el año que empieza mañana sea muy feliz, y que me sirva para seguir avanzando por el sendero que lleva hasta la vida eterna.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Érase una vez, de acuerdo con la leyenda, que un reino europeo estaba regido por un rey muy cristiano, y con fama de santidad, que no tenía hijos.
El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios. Este decía, que cualquier joven que reuniera los requisitos exigidos para aspirar a ser posible sucesor al trono, debería solicitar una entrevista con el Rey.
Esos dos requisitos que se exigían a todo candidato eran:
Amar a Dios.
Amar a su prójimo.
En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y reflexionó sobre si él cumplía esos requisitos, y vio que sí, pues amaba a Dios, a sus familiares, amigos, vecinos e, incluso, a sus enemigos. Pero sólo una cosa podía impedirle ir, pues era tan pobre que no contaba con un vestido digno para presentarse ante el santo monarca y carecía también de los fondos necesarios para adquirir las provisiones necesarias para tan largo viaje hasta el castillo real.
Pero de todas maneras estaba dispuesto a pasar sobre cualquier obstáculo, por ello su pobreza no sería un impedimento para conocer a tan afamado y santo rey. Así que trabajó de día y noche, ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente para el viaje, vendió sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas, las provisiones necesarias y emprendió el viaje.
Algunas semanas después, habiendo agotado casi todo su dinero y estando casi a las puertas de la ciudad, se acercó a un pobre mendigo que tiritando de frío y cubierto sólo por harapos tendía su mano e imploraba con una débil y ronca voz:
- Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme... ¡por favor!
- El joven quedó tan conmovido ante el mendigo, que de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y de su abrigo y después de vestirlo con ellas, tomando los harapos de éste se vistió con ellos y sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba y siguió su camino.
Pero no había acabado de cruzar los umbrales de la ciudad, cuando una mujer con dos niñas tan pobres y sucias como ella, se le acercó y agarrándole la mano le suplicaba:
- ¡Mis niñas tienen hambre y yo no tengo trabajo, ¡ayúdenos, por favor!
Sin pensarlo dos veces, el joven se sacó el anillo del dedo y la cadena de oro del cuello y junto con el resto de las provisiones se los entregó a la pobre mujer.
Entonces, en forma titubeante, continuó su marcha hacia al castillo vestido con harapos y carente de provisiones para regresar a su aldea.
A su llegada al castillo, fue recibido por un asistente del Rey que le acompañó hasta un grande y lujoso salón y después de una breve pausa, por fin fue admitido a la sala del trono. El joven se inclinó ante el monarca, pero cuál no sería su sorpresa cuando al alzar los ojos se encontró con los del Rey.
Atónito y sin poder apenas pronunciar palabra dijo:
-¡Usted es el mendigo que encontré cerca de la ciudad, Majestad.
En ese mismo instante entró en el salón una asistenta y dos niñas, trayéndole agua al cansado viajero, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula y exclamó: -
¡Ustedes son las que estaban a la puerta de la ciudad!
- Sí, ?replicó el Soberano con una amplia sonrisa? yo era ese mendigo, y mi fiel asistenta y sus hijas las pobres a las que ayudaste.
Después de ganar un poco de confianza, le dijo tartamudeando mientras tragaba saliva:
- Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso majestad?
- Porque necesitaba descubrir si tus intenciones son auténticas, si es auténtico tu amor a Dios y a tu prójimo ?dijo el Monarca?. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y actuar no siendo sincero en tus actos ni en tus motivaciones, de ese modo me hubiera resultado imposible descubrir lo que realmente hay en tu corazón. Como mendigo no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que habiendo superado la prueba, eres el único digno de ser mi heredero.
- ¡Tú serás mi heredero! ?Sentenció el Rey? ¡Tú heredaras mi reino!
También Jesús Rey y Señor, se cruza muchas veces en el camino de nuestra vida, muchas veces "disfrazado"... Y también Él sólo pide que cumplan dos requisitos los que con Él están llamados y quieran heredar su Reino: Amar a Dios y Amar al prójimo; en estos dos Mandamientos están resumidos todos los demás. Pero para vivirlos en plenitud, hay que aprender a asemejarse a este Rey a través del conocimiento de sus palabras y de sus hechos: para vivir como Él, con Él y después poder "reinar" con Él en el Reino de su Padre por toda la eternidad...
MICRO-REFLEXIÓN:
"Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o "cuquería" el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos". - Camino 331
Envió: Luz Tinajero
EVANGELIO DEL DIA
«Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años de casada, y había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años, sin apartarse del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. Y llegando en aquel mismo momento alababa a Dios, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él». (Lucas 2, 36-40)
I. Jesús, Ana servía a Dios «con ayunos y oraciones». La oración y la mortificación son dos pilares importantes de mi vida interior, y los mejores medios de apostolado: por eso Ana podía hablar de Ti «a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.»
¿Cómo es mi oración: la hago cada día; pongo la cabeza y el corazón en esos minutos para enamorarme más de Ti; hago al menos un propósito cada día para mejorar en mi trabajo, en mi vida interior o en mi apostolado? ¿Cómo es mi mortificación? ¿Tengo concretado hacer algún pequeño sacrificio en las comidas, en la puntualidad, en el orden, en detalles de servicio? Y si ya lo tengo concretado, ¿lo ofrezco por alguna intención particular? ¿Puedo ser más generoso en mi mortificación?
Tal vez debería hacer una lista con cuatro o cinco pequeños sacrificios para ofrecértelos durante el día. Sé que si soy un alma fuerte, sacrificada, también te podré querer más. Y, sobretodo, mediante esos pequeños sacrificios me estoy uniendo a Ti en la cruz, estoy ayudándote a hacer la redención.
Ana vivía «sin apartarse del Templo noche y día». Yo, Jesús, no puedo estar todo el día en la iglesia. Tampoco es lo que me pides. «Es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influyo en la marcha de la historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas» (CEC-2660). Lo que me pides es que -esté donde esté y haga lo que haga- te tenga presente: que te ofrezca el trabajo haciéndolo lo mejor posible, que me preocupe de las necesidades materiales y espirituales de los demás.
II. «Si eres sensato, humilde, habrás observado que nunca se acaba de aprender? Sucede lo mismo en la vida; aun los más doctos tienen algo que aprender hasta el fin de su vida; si no, dejan de ser doctos» (Surco.-272).
Jesús, vas creciendo como un niño normal. Eres Dios y por eso estás «lleno de sabiduría»; pero en lo humano vas aprendiendo de José y de María. De José aprendiste a trabajar con perfección, aprovechando todos los recursos del momento y añadiéndole ese convencimiento de que tu trabajo era el medio de unirte a Dios y de servir a los demás.
De María aprenderías a estar pendiente de los más pequeños detalles, y posiblemente de Ella aprenderías tus primeras oraciones: oraciones que recitarías juntamente con tu madre y José al empezar y acabar el día, antes y después de comer,...¡Dios mismo, aprendiendo a rezar!
Jesús, yo sí necesito aprender. Nunca se acaba de aprender. No puedo darme por satisfecho en mi formación profesional ni en mi formación cultural y humana. Y, con mayor motivo, no puedo conformarme nunca con mi formación ascética -formación para mejorar en mi vida espiritual- ni con mi formación sobre la doctrina de la Iglesia.
Jesús, hoy que casi ha acabado un año más, me puedo preguntar: ¿cómo me he esforzado en asistir a los medios de formación necesarios para ser mejor cristiano: círculos, charlas, meditaciones, clases de doctrina, etc...? ¿Cómo los he aprovechado? ¿Me tomo suficientemente en serio un medio de formación tan importante como es la dirección espiritual? Que no caiga en el defecto -que es soberbia- de pensar que ya no necesito formación. Sólo entonces «la gracia de Dios» estará y crecerá en mí.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Aprovecha al máximo cada hora, cada día y cada época de la vida, así podrás mirar al futuro con confianza y al pasado sin tristeza.
Sé tú mismo, pero sé lo mejor de ti mismo.
Ten valor para ser diferente y seguir tu propia estrella.
No tengas miedo de ser feliz.
Goza de lo bello.
Ama con toda el alma y el corazón.
Cree que aman, aquellas personas que tú amas.
Olvídate de lo que hayas hecho por tus amigos y recuerda, lo que ellos han hecho por ti.
No repares en lo que el mundo te debe y fíjate en lo que le debes al mundo.
Cuando te enfrentas a una decisión, tómala tan sabiamente como te sea posible.
El momento de la certeza absoluta nunca llega.
Sobre todo recuerda, que Dios, ayuda a quienes se ayudan a sí mismos.
Actúa como si todo dependiera de ti, y reza como si todo dependiera de Dios.
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Jesús podrá servirse de ti para realizar grandes cosas, a condición de que creas más en su amor que en tu debilidad" - Madre Teresa de Calcuta.
Envió: Luz Tinajero
EVANGELIO DEL DIA
«Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor como está mandado en la Ley del Señor. Todo varón primogénito será consagrado al Señor; y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor.
Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor Así, vino al Templo movido por el Espíritu.
Y al entrar con el niño Jesús sus padres, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, lo tomó en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor puedes sacar en paz de este mundo a tu siervo, según tu palabra: porque mis ojos han visto a tu Salvador al que has puesto ante la faz de todos los pueblos, como luz que ilumine a los gentiles y gloria de Israel, tu pueblo.
Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían acerca de él. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una
espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones». (Lucas 2, 22-35)
I. José y María suben a Jerusalén para cumplir dos preceptos de la ley: la purificación y el rescate del hijo primogénito. La purificación era el rito que hacía pura a la mujer que había concebido un varón, cuarenta días después del nacimiento. El rescate del primer hijo consistía en ofrecer en sacrificio un cordero si la familia era rica, o un par de tórtolas o dos pichones si la familia, como en el caso de la Sagrada Familia, era pobre. Maria no había quedado impura, pues su concepción fue obra milagrosa del Espíritu Santo y no de un hombre. Pero la Virgen quiere cumplir la ley y se purifica.
Jesús, cuántas veces no he sabido cumplir tu ley, tus mandamientos. Yo si necesito purificarme. Primero con una confesión bien hecha. Y luego, me puedo purificar más con más oración, con pequeños sacrificios, o ganando indulgencias. «Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían acerca de él» Jesús, como cuando te encontró Simeón, hoy también estás en el Templo: en el sagrario de cada iglesia. Que no me acostumbre a pasar por delante de una iglesia sin decirte nada. Que me admire siempre de que te hayas quedado tan cerca para que pueda adorarte.
II. «En el escándalo del Sacrificio de la Cruz, Santa María estaba presente, oyendo con tristeza a «los que pasaban por allí y blasfemaban» (Mateo 27, 39) (...) Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27, 46) ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor Redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso -como una espada afilada- que traspasaba su Corazón puro» (Amigos de Dios.-288).
Madre, cuando Jesús murió en la cruz, comprendiste hasta qué punto era cierta la profecía de Simeón: «y a tu misma alma la traspasará una espada». Porque «la espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado «ante todos los pueblos» (CEC-529).
María, ante semejante plan divino tu respuesta fue heroica: fuiste fiel a Dios, y aceptaste aquel dolor intensísimo a los pies de tu Hijo agonizante. De tal manera te uniste al sacrificio de Jesús, ofreciendo tu dolor por la salvación de todos los hombres, que la Iglesia te llama, con razón, Corredentora: redentora junto con Cristo. Madre, has aceptado la muerte de tu Hijo, para que yo tenga vida divina. ¡Cómo será el amor que me tienes! Qué poco me entero... ¡perdóname! Quiero, desde ahora, apoyarme más en ti, pedirte todo lo que necesite. ¿Cómo me vas a fallar, si te he costado tanto?
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Soy padre de familia de dos niñas con capacidades diferentes, la mayor tiene 10 años con parálisis cerebral y la menor tiene 4 años y con problemas renales, ninguna de las dos hablan; pero sus miradas me dicen cuando tienen hambre, sed y sobretodo lo grande que es el Señor.
Una mañana me levante temprano para ir a trabajar, fuera de la ciudad; mi hija mayor siempre esta dormida cuando salgo; pero ese día estaba despierta y al verme hizo una mirada muy profunda, como si me estuviera viendo el mismo Dios y le dije en vos baja que te pasa por que me miras así soy tu papito, no cambió la mirada e hizo un gesto de angustia, me puse mal; casi lloró y la tome en brazos no sabía que hacer.
Avise al trabajo que no podía ir a la gira de campo que llegaba después. El vehículo que me llevaría sufrió un accidente y dos de mis compañeros estuvieron mal por buen tiempo.
Esto jamás lo puedo olvidar, llevo dos años con esa mirada en mi mente, nunca la ha vuelto hacer.
Dios es grande y maravilloso se vale de los pequeños para anunciarnos su mensaje.
Envió: Bismarck Siero Pereira.
MICRO-REFLEXIÓN:
"Haz bien, pronto, y alegremente, el deber del momento presente como una ofrenda de amor a Dios y a los demás".
Envió: Juan Ramón Gutiérrez
EVANGELIO DEL DIA
«Después que se marcharon, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, al ver que los Magos le habían engañado, se irritó en extremo, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos. Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Una voz se oyó en Ramá, llanto y lamento grande: Es Raquel que llora a sus hijos y no admite consuelo, porque ya no existen.» (Mateo 2, 13-18)
I. Jesús, aún eres recién nacido y ya hay gente que te odia. No has dicho nada, y el mismo rey Herodes quiere tu muerte. ¿Por qué? Porque eres un peligro para él, porque no quiere compartir con nadie su realeza. También hoy, Jesús, eres un peligro para muchos que no quieren compartir su poder, sus posesiones, su comodidad, su tiempo. ¡Y Tú lo pides todo! Por eso, intentan olvidarte por todos los medios. Para intentar matarte, Herodes asesina a los niños pequeños de Belén. ¿Cómo permites, Señor, que existan hombres tan crueles? Tú sabes más, y prefieres darnos el don de la libertad, aunque a veces no sepamos usarlo para el bien.
Además, Tú siempre sacas bienes incluso de los peores males. Esos niños mueren en tu lugar, mueren por Ti. Por eso son considerados los primeros mártires y santos que dieron su vida por Cristo. Son los santos inocentes. Este sacrificio ha sido extraordinariamente fecundo para ellos y para la humanidad entera. Estos niños, sin darse cuenta, son un gran ejemplo para los cristianos de todos los tiempos. Dieron su vida por Ti. Te confesaron delante de los hombres no con palabras, sino con su propia sangre.
Ayúdame a ser cristiano «de obras», y no sólo «de palabras»: que con mi trabajo sacrificado y bien hecho, y con mis detalles inadvertidos de servicio, sepa dar testimonio de Ti ante los que me rodean.
II. «Me gustaría gritar al oído de tantas y de tantos: no es sacrificio entregar los hijos al servicio de Dios: es honor y alegría» (Surco.-22). Jesús, ¡cómo debieron sufrir las madres de los santos inocentes! Perdieron a sus hijos para siempre. No sabían, que estaban entregando sus hijos para salvar al Redentor del mundo. No sabían que aquellos hijos formarían parte de los escogidos para estar muy cerca de Dios, en el Reino de los Cielos.
Jesús, también hoy necesitas hombres y mujeres totalmente entregados a tu servicio. Para que puedan dártelo todo, tienes que llamarlos pronto, cuando son muchachas y muchachos en plena juventud. Tienen toda la vida por delante; Tú se la pides, y ellos -por puro amor- entienden que la necesitas. Y te la dan. Pero a veces, Jesús, aparecen problemas familiares: la madre y/o el padre no entienden la vocación de su hijo, y empiezan a poner trabas a su entrega: le dificultan su formación y su contacto con los que le pueden ayudar a vivir el camino escogido; o le torturan sentimentalmente con todo tipo de razonamientos humanos.
No se dan cuenta de que «los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el llamamiento del Señor a uno de sus hijos para que le siga en la virginidad por el Reino» (CEC-2233). «Me gustaría gritar al oído de tantas y de tantos: no es sacrificio entregar los hijos al servicio de Dios.» Es sacrificio, pero sacrificio gustoso -aunque salte alguna lágrima- si hay suficiente fe. ¿No quiere una buena madre o un buen padre lo mejor para sus hijos? ¿Y qué es mejor que haber sido escogido por Dios para darle toda la vida en su servicio? Para una persona con fe, tener una hija o un hijo tan amado por Dios será siempre un honor y una alegría.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
No lo creí. El Niño Jesús tenia cosas más importantes que hacer con su tiempo que observar si yo era un niño bueno o malo. Aún con mi limitada sabiduría de un niño de siete años, había decidido que, en el mejor de los casos, sólo podía vigilar a dos o tres muchachos a la vez. Y, sin embargo, mamá, que sabía todo, me había repetido una y otra vez que? sabía, veía y evaluaba todas nuestras acciones y que no podíamos compararlo con cualquier cosa que pudiéramos entender nosotros, los seres humanos.
En esta Época navideña en particular, mi comportamiento de un niño siete años era todo menos ejemplar. Mis hermanos y hermanas, todos mayores que yo, por lo visto nunca causaban problemas. En cambio yo siempre estaba en medio de todos los problemas. En pocas palabras, era un niño malcriado.
Cuando menos un mes antes de la Navidad, mamá me advertía: "Te estás portando muy mal, Felice. De modo que me amonestaba, más vale que cambies tu comportamiento. Yo no puedo portarme bien por ti. Sólo tu puedes optar por ser un buen niño".
"¡Que me importa!", contestaba yo - . De todos modos el Niño Jesús nunca me trae lo que quiero.
Mis amigos recibían bicicletas, rompecabezas, bastones de caramelo y guantes de béisbol, yo recibía manzanas, naranjas, nueces surtidas y algunas castañas, tan duras como las piedras. Durante las siguientes semanas hacía muy poco para mejorar mi comportamiento.
Como sucede en la mayoría de los hogares, la Nochebuena era mágica. A pesar de que éramos muy pobres, siempre teníamos comida especial para la cena. Como somos una familia católica, todos íbamos a confesarnos y después nos dedicábamos a decorar el árbol. La noche terminaba con una pequeña copa del maravilloso ponche de mamá. No importaba que tuviera un poco de frutas; la Navidad sólo llegaba una vez al año!
Fue cuestión de minutos, después de escuchar los primeros movimientos, para que todos nos levantáramos y saliéramos disparados hacia el patio donde estaban colgadas nuestras medias y debajo de éstas se encontraban nuestros brillantes zapatos recién lustrados.
Todo estaba tal como lo habíamos dejado la noche anterior. Excepto que las medias y los zapatos estaban llenos hasta el tope con los generosos regalos... es decir, todos excepto los míos. Mis zapatos, muy brillantes, estaban vacíos. Mis medias colgaban sueltas en el tendedero y también estaban vacías.
Alcancé a ver las miradas de horror en los rostros de mi hermano y mis hermanas. Todos nos detuvimos paralizados. Todos los ojos se dirigieron hacia mamá y papá y luego regresaron a mí.
- Ah, lo sabía - dijo mamá -. A Jesús no se le va nada. El sólo nos deja lo que merecemos.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Mis hermanas trataron de abrazarme para consolarme, pero las rechacé con furia.
Me dejé caer en los brazos de mamá. Ella era una mujer voluminosa y su regazo me había salvado de la desesperación y de la soledad en muchas ocasiones. Noté que ella también lloraba mientras me consolaba. También papá. Los sollozos de mis hermanas y los lloriqueos de mi hermano llenaron el silencio de la mañana.
Después de un rato, mi madre dijo, como si estuviera hablando con ella misma:
- No le quedó alternativa a Jesús. Tal vez el próximo año Felice decida portarse mejor.
De inmediato todos vaciaron el contenido de sus zapatos y medias en mi regazo.
- Ten, me dijeron -, toma esto.
- Felice, -me dijo , ¿entiendes por qué Jesús no pudo dejarte regalos?
- Si, respondí.
- Jesús nos recuerda que siempre tendremos lo que merecemos. No podemos evadirlo. Algunas veces resulta difícil entenderlo y nos duele y lloramos. Pero nos enseña lo que está bien hecho y lo que está mal y, así, cada año seremos mejores.
No estoy muy seguro de haber entendido en aquellos momentos lo que mamá quiso decirme. Sólo estaba seguro de que yo era amado; que me habían perdonado por cualquier cosa que hubiese hecho y que siempre me darían otra oportunidad.
Jamás he olvidado aquella Navidad tan lejana. Desde entonces, he llegado a comprender que he sido egoísta, malcriado, imprudente y quizá, en ocasiones, hasta cruel... pero nunca olvidé que cuando hay perdón, cuando las cosas se comparten, cuando se da otra oportunidad y amor sin límite, ¡Jesús siempre está presente y siempre es Navidad.!
Envió: Ana Belem Lara Camacho
MICRO-REFLEXIÓN:
"Cuando la ciencia se acaba, entra la fe".
Envió: Paula Yánez