miércoles, 14 de octubre de 2009

VALORES

QUIERO SER PUENTE

Señor, nací para unir,
vivo para unir,
sirvo para unir.
Es mi misión y mi secreto.

Señor, que maravillosa
es la función del puente.
Yo también quiero ser puente.

Ser puente para: unir a los hombres,
unir a los desunidos, unir los corazones.

Señor, quiero ser puente
para todos los que pasan
por el camino de mi vida.

Que nunca sea muralla
que separa, sino mensaje
para que todos los hombres
puedan llegar a ti, SEÑOR

Envió: Alejandrina Jimenez


MICRO-REFLEXIÓN:

"Siempre que Dios está en tu corazón, habrá fortaleza en ti, y cuando Dios entre en tu alma, encontrarás en tu ser calma, por que Dios es calma y sobre todo amor. ama y Dios estará en ti, y el amor llegará a tu alma."

Envió: Gerardo Guerrero

EVANGELIO DEL DÍA

14 de Octubre. MIÉRCOLES

Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

«Dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!

Un maestro de la ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros. Jesús replicó: ¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo» (Lucas 11,42-46)


I. Jesús, los fariseos cumplen escrupulosamente la ley de Moisés. Por eso aplican el mandamiento de dar al templo el diez por ciento de las cosechas, incluso de productos de poca importancia como es la menta, la ruda y las legumbres. Y Tú no les criticas por ello. Lo que te duele es que le den más importancia a estas observaciones que a «la justicia y el amor de Dios». ¿Para qué sirve toda la ley, sino es para amar más a Dios y a los demás?

La Iglesia también tiene unos mandamientos. Ir a Misa todos los domingos, confesarse al menos una vez al año, no comer carne en determinados días, etc. Estos mandamientos tienen el objetivo de acercarme más a Dios y de hacerme mejor persona. ¿Cómo los cumplo? Sin embargo, mi vida cristiana sería una gran mentira si observara todas estas prácticas, pero luego no intentara amar de verdad a Dios y a los demás.

Jesús, no quieres que deje de practicar tus mandamientos. «Esto es lo que hay que hacer sin omitir aquello». Lo que quieres es que los cumpla dándoles todo el sentido que tienen, de modo que me sirvan para unirme más a Ti y a los demás. Hasta la menor práctica de piedad -una jaculatoria, una pequeña mortificación se convierten entonces en una fuente de crecimiento espiritual, que me hace mejor persona porque me hace mejor cristiano, hijo de Dios.


II. «Si se abandona la oración, primero se vive de las reservas espirituales..., y después, de la trampa» (Surco, 445).

Jesús, hay una práctica de piedad que es fundamental en mi vida cristiana: la oración. En la oración, te comento mis problemas y mis deseos de mejorar; te pido por las personas que me rodean, especialmente por las que más quiero o por las que más lo necesitan; te doy gracias por todo lo que me das; te pido perdón por mis pecados y mis faltas de amor a Ti.

Jesús, este rato diario de oración contigo llena de contenido todas las otras prácticas de piedad y mi día entero. Si abandonara la oración, mi vida cristiana empezaría a perder sentido. Primero, viviría de mis reservas espirituales, de la gracia acumulada en el pasado; y, finalmente, viviría de la trampa, porque me dedicaría a cumplir hipócritamente prácticas de piedad sin tener el corazón en Ti. Por el contrario, con la oración puedo superar cualquier obstáculo y cualquier desánimo.

«Cuando una persona sale de alguna profunda y devota oración, allí se le renuevan todos los buenos propósitos; allí son los favores y determinaciones de bien obrar; allí el deseo de agradar y amar a un Señor tan bueno y dulce como allí se le ha mostrado, y de, padecer nuevos trabajos y asperezas, y aún derramar sangre por Él; y finalmente, reverdece y se renueva toda la frescura de nuestra alma» (San Pedro de Alcántara).

Jesús, hoy vuelvo a hacer el propósito de no abandonar nunca la oración. Ayúdame a no dejarla ningún día. De este modo, todas mis prácticas de piedad cristiana estarán llenas de contenido, porque estaré buscando siempre hacer tu voluntad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

EL PRÍNCIPE FELIZ

"Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad" -le dijo Dios a uno de sus ángeles-. Y el ángel, fiel a su Señor, le trajo un corazón de plomo y un pájaro muerto. Desde ese momento en el jardín del Paraíso un pajarito cantará sin cesar y en la ciudad de oro el Príncipe feliz le alabará eternamente.

Y si Dios le pidiera ahora este favor a un ángel, ¿qué se llevaría consigo al cielo? ¿No habrá ningún hombre digno de tal dicha? Los ha habido, y les llamamos santos. Sin embargo, en esta ocasión, el buen angelillo reparó en una estatua y en un pájaro, además muerto. ¡Qué curioso! ¿Y los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios, redimidos por su sangre?

¿Por qué escogió el ángel a la estatua y al pájaro? Ambos pasaban insignificantes ante los ojos fríos y superficiales de los caminantes. Para ellos no poseían ningún valor. Claro, Dios juzga el interior y no las apariencias como nosotros. Ante la mirada poco profunda de los transeúntes sólo aparecían una estatua despojada de oro, sin valor, sin brillo ni atractivo, candidata para la chatarra y un pájaro sin vida, frío, un cadáver más.

Pero esa estatua dorada se encontraba lo suficientemente alta como para explorar toda la ciudad, desde el lugar más público hasta el más recóndito y escondido. Sólo desde ahí pudo vislumbrar los problemas del prójimo, la pobreza, la soledad, el miedo, la falta de ayuda y compresión y decidió hacer algo. De nada sirve contemplar, criticar, anotar si no se mueve un dedo. Por ello, puso manos a la obra, y con ayuda del pajarito se dedicó a entregar el oro que le cubría a los más necesitados hasta perderlo todo.

Este acto de generosidad no le pasó nunca por la cabeza cuando vivía en su majestuoso palacio. El tiempo había aquilatado su corazón. Ahora sí valía, porque pesaba en amor. Y el amor cuesta más que el oro.

Esta breve historia de Oscar Wilde me parece una auténtica obra de arte. Podríamos sacar de ella múltiples enseñanzas: abrir los ojos, fijarse en los demás, despojarse del oro de los propios talentos y posibilidades para tender así una mano al prójimo. Pero sin olvidar que el amor, al contrario del dinero, cuanto más se da, más se tiene.

Mejor te dejo que tú mismo saques las enseñanzas. Que esta breve historia te sirva de pista para conseguir un corazón sin arrugas. Para escribir los primeras líneas de una historia feliz, la de tu propia vida. Hasta luego, príncipe feliz.

Luego tendrás que convencerte de que jamás es tarde para empezar. Nada ganas con soñar volver a los quince años. No volverás, por mucho que lo sueñes. Pero empieza ahora como habrías empezado si los tuvieras. ¡Cuántos genios del alma se despertaron no ya a los veinte, sino a los treinta o los cincuenta! Si, en cambio, te dedicas a soñar o a lamentarte, llegarás a los treinta deseando tener esos veinte que ahora te parecen negros.

Envió: José Luis Martín Descalzo


MICRO-REFLEXIÓN:

"Apártame de mí, porque me aparte de Ti"

Envió: Javier Bauer

EVANGELIO DEL DÍA

13 de Octubre. MARTES

Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

«Cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Habiendo entrado, se puso a la mesa. El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida. Pero el Señor le dijo: «Así que vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad. ¡Insensatos!, ¿acaso quien hizo lo defuera no ha hecho también lo de dentro? Dad, más bien, limosna de lo que guardáis dentro y así todo quedará purificado para vosotros». (Lucas 11, 37-41)


I. Jesús, te quejas de que algunos fariseos cuiden tanto el cumplimiento externo de la ley, a la vez que por dentro no luchan por erradicar sus defectos e impurezas. Este cumplimiento se convierte en un «cumplo y miento», en una hipocresía que, por estar revestida de bien, hace un gran daño al prójimo. La hipocresía es el peor ejemplo: escandaliza a los que tratan de vivir la ley de Dios y aparta a los que podrían llegar a conocerla.

Jesús, yo también tengo el peligro de vivir hipócritamente mi vida cristiana, especialmente cuando asisto a la Santa Misa. Cuando voy a Misa y comulgo, de alguna manera te estoy invitando a entrar en mi casa, en mi vida. La misma participación en la Misa, tiene un elemento de cena. «Dichosos los invitados a la cena del Señor». «La misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Pero la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros» (CEC-1382). En cada Misa, Jesús, tengo la oportunidad de hablar contigo, de unirme a Ti con una intimidad especial. ¿Cómo aprovecho la Misa? ¿Me quedo en los rituales externos como si fuera lo único importante, o realmente busco esa unión personal contigo para que me limpies, para que me ayudes, para que me llenes de un amor que se manifieste en obras?


II. «Hay una urbanidad de la piedad. -Apréndela. -Dan pena esos hombres «piadosos», que no saben asistir a Misa -aunque la oigan a diario-, ni santiguarse -hacen unos raros garabatos, llenos de precipitación-, ni hincar la rodilla ante el Sagrario -sus genuflexiones ridículas parecen una burla, ni inclinar reverentemente la cabeza ante una imagen de la Señora» (Camino, 541).

Jesús, al recordarme que lo importante es la actitud interior, no niegas la importancia de los actos externos, sino que me previenes ante el peligro de quedarme en lo superficial, sin entender el sentido profundo de esas devociones. La Misa, por ejemplo, está llena de gestos externos: hacer la señal de la cruz; ponerse de pie en la lectura del Evangelio o de rodillas ante el misterio de la consagración; darse la paz antes de la comunión; etc.... ¿Me quedo en los actos externos, o les doy el significado profundo que tienen?

Jesús, ¿cómo cuido la urbanidad de la piedad? La urbanidad de la piedad consiste en cuidar lo mejor posible estos detalles externos, no por rigidez mental y menos por hipocresía-, sino por amor, por el significado que tienen. Uno de estos detalles es la genuflexión ante el sagrario: doblar la rodilla al pasar por el lugar donde se reserva la Eucaristía, a la vez que, por dentro, hago un acto de adoración, como por ejemplo: decir interiormente «te adoro con devoción, Dios escondido».

Otro detalle de urbanidad en la piedad es cuidar el vestido cuando voy a Misa. Si la Misa es un encuentro tan íntimo contigo -que eres la personalidad más importante de este mundo- no puedo ir como si fuera a la playa. Otro detalle: rezar las oraciones de la Misa con pausa y atención, poniendo la cabeza en lo que digo, en vez de contestar como si fuera un disco rayado.

Jesús, ayúdame a cuidar estos detalles externos poniendo la cabeza y el corazón. De este modo no caeré en la hipocresía, sino que crecerá cada vez más mi amor a Ti.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

EL DILUVIO UNIVERSAL

Reflexiones sobre el diluvio universal y nuestras vidas

Uno: No pierdas el barco.

Dos: Recuerda que todos estamos en el mismo barco.

Tres: Planifica previamente. No estaba lloviendo cuando Noé construyo el arca.

Cuatro: Mantente en forma. Cuando tengas 600 años, alguien puede pedirte que hagas algo realmente grande.

Cinco: No escuches las criticas; sólo continua con el trabajo que debe ser realizado.

Seis: Construye tu futuro en tierras altas.

Siete: Por razones de seguridad. viaja en pares!!

Ocho: La velocidad no es siempre algo definitivo. Las tortugas estaban a bordo con las gacelas.

Nueve: Cuando estés estresado, flota por un tiempo.

Diez: Recuerda, el arca fue construida por principiantes; el Titanic por profesionales.

Once: no importa la tormenta, cuando estas con Dios, siempre hay un arcoiris esperando.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Cree en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todas sus formas reconócelo y Él hará tu camino recto".

Envió: Suscriptor Encuentra

EVANGELIO DEL DÍA

12 de Octubre. LUNES

Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

«Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a decir: «Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra sino la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los habitantes de Nínive, del mismo modo lo será también el Hijo del Hombre para esta generación.

La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, pero mirad que aquí hay algo más que Salomón. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia ante la predicación de Jonás; pero mirad que aquí hay algo más que Jonás». (Lucas 11, 29-32)


I. Jesús, en el evangelio de San Mateo explicas cuál fue la señal de Jonás. «Pues así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches» (Mateo 12,40). Vas a morir por nosotros, pero resucitarás al tercer día. Tu resurrección de entre los muertos será tu señal ante los hombres.

Jesús, dejas claro a la muchedumbre que Tú eres «algo más» que un profeta como Jonás o un sabio como Salomón. No es suficiente que te considere un hombre realmente sabio e inteligente; ni siquiera basta con tenerte por una persona escogida por Dios, cercana a Dios. Tú te presentas como el Hijo de Dios hecho hombre, Dios y hombre verdadero. Por tanto, si no fueras realmente Dios, serías un embustero o un lunático.

Jesús, al resucitar me demuestras que lo que decías era cierto: realmente eres el hijo de Dios. Si no hubieras resucitado, «vana sería nuestra fe» (1 Corintios 15,14). Por eso, los apóstoles entendieron desde el principio que su misión era la de ser testigos de la resurrección: mostrar al mundo que Tú vives entre nosotros, especialmente en la Eucaristía y en la Iglesia. Yo, por el bautismo, también he recibido la misión de ser testigo tuyo ante los hombres.

«Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con «el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y la palabra». En los laicos, esta evangelización «adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo». Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, tanto a los no creyentes, como a los fieles» (CEC 905).


II. «Enciende tu fe. -No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: «Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!» -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!» (Camino, 584).

Jesús, Tú eres más que un profeta o un filósofo sabio que dejó doctrinas admirables. Eres Dios vivo: ayer, hoy y siempre. Por eso vivir cristianamente no consiste sólo en conocer tu doctrina, sino que, sobre todo, consiste en vivir contigo, unido a Ti por la gracia y por el trato personal contigo en la oración. Sólo si te tengo presente durante el día, convirtiendo cada actividad en verdadera oración contigo, podré ser testigo de tu resurrección anunciando con mi vida cristiana que Tú vives, que no eres una figura que pasó.

Jesús, a veces me despisto y no me doy cuenta de que Tú estás siempre a mi lado, y pasan las horas sin que te diga nada, sin ofrecerte el trabajo que estoy haciendo o sin encomendar a las personas que están a mi lado. Perdóname. ¡Cuánta paciencia tienes conmigo! Para acordarme más de Ti, es bueno concretarme pequeños trucos: tener una estampa de la Virgen en la cartera y decirle una jaculatoria cuando la vea; pedir por alguna intención cada vez que miro el reloj, o veo la cruz de una farmacia, o pongo en marcha el ordenador. Enciende tu fe.

Jesús, a veces me falta fe porque no la ejercito y dejo que se apague. Y entonces me pasa como aquellas personas que no supieron reconocerte como el Mesías. Ayúdame a mantener mi fe ardiente, a base de rezar pequeñas jaculatorias y hacer actos de fe durante el día para crecer en la presencia de Dios.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

¿PORQUÉ LA GENTE GRITA ?

Un día Meher Baba preguntó a sus mandalies lo siguiente:

- ¿Por que la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos:

Porque perdemos la calma -dijo uno- por eso gritamos.

Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó Baba

- No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba.

Finalmente él explicó:

Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego Baba preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?

Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Baba continuó - Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego Baba dijo:

- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

Envió: Fray Fernando Rodríguez OFM


MICRO-REFLEXIÓN:

"La felicidad se alcanza cuando: lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía". - Gandhi

Envió: Ramón Mitre

EVANGELIO DEL DÍA

09 de Octubre. VIERNES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

«Estaba expulsando un demonio que era mudo, y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar y la muchedumbre se quedó admirada; pero algunos de ellos dijeron: «Por Belcebú, príncipe de los demonios, arroja a los demonios». Y otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. Pero él, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra si mismo quedará desolado y caerá casa contra casa. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo quedará en pie su reino, puesto que decís que arrojo los demonios por Belcebú?

Si yo expulso los demonios por Belcebú, vuestros hijos ¿por quién los arrojan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, está claro que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando uno que es fuerte y está bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; pero si llega otro más fuerte y le vence, le quita sus armas en las que confiaba y reparte su botín. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama». (Lucas 11,14-24)


I. Jesús, aprovechas la crítica de algunos judíos para hablar de un tema importante. Todo reino dividido contra sí mismo quedará desolado. Este pensamiento profético puede aplicarse también a la falta de unidad entre los cristianos. Tú quieres que con mis obras y mis oraciones colabore para que cada día haya más unidad en la Iglesia: «que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado» (Juan 17,21).

Jesús, Tú eres ese «otro más fuerte» que has vencido al demonio con tu muerte en la cruz. Con tu humildad y obediencia al Padre, le has quitado las «armas en las que confiaba:» el orgullo, la avaricia, la sensualidad. Yo no puedo quedarme en la imparcialidad. «El que no está conmigo, está contra mí». Si no estoy unido a Ti por la gracia, los sacramentos y la oración, me estoy pasando al enemigo. Por ello, he de pedir con fe a Dios que no me deje caer en la tentación.

«Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos «deje caer» en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa «no permitas entrar en» «no nos dejes sucumbir a la tentación». «Dios ni es tentado por el mal ni tienta nadie», al contrario, quiere librarnos del mal» (CEC-2848).


II. «¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades... -Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena... Y Satanás cuenta con todo eso, para tentarnos» (Surco, 150).

Jesús, uno de los grandes triunfos del demonio en la sociedad actual es hacer creer a la gente que es una figura propia de los cuentos para niños; o de una cultura atrasada, poco científica, que cree en mitos y poderes mágicos. Así el demonio puede trabajar a sus anchas, pues nadie lucha contra quien supone que no existe.

Satanás cuenta con todo eso para tentarnos. Incluso algunos que se dicen cristianos se molestan si se habla de él, cuando Tú, Jesús, nos adviertes tantas veces de este peligro. Que aprenda a escarmentar en cabeza ajena, viendo como acaban los que no luchan contra las tentaciones del demonio. Que me decida a luchar en serio, y a poner los medios para evitar las ocasiones de pecar.

Jesús, tengo un arma poderosa para vencer al demonio: los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión. Y además, cuento con la ayuda de la dirección espiritual, para que me ayuden a superar esas tentaciones que más me cuestan. Al demonio le molesta mucho la dirección espiritual, y por eso envía al demonio mudo, para que no seamos sinceros. Si alguna vez tengo la tentación de no ser sincero, que acuda a Ti. Y me ocurrirá como a la persona del Evangelio: «Y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar».


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

EVANGELIO DEL DÍA

09 de Octubre. VIERNES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

«Estaba expulsando un demonio que era mudo, y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar y la muchedumbre se quedó admirada; pero algunos de ellos dijeron: «Por Belcebú, príncipe de los demonios, arroja a los demonios». Y otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. Pero él, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra si mismo quedará desolado y caerá casa contra casa. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo quedará en pie su reino, puesto que decís que arrojo los demonios por Belcebú?

Si yo expulso los demonios por Belcebú, vuestros hijos ¿por quién los arrojan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, está claro que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando uno que es fuerte y está bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; pero si llega otro más fuerte y le vence, le quita sus armas en las que confiaba y reparte su botín. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama». (Lucas 11,14-24)


I. Jesús, aprovechas la crítica de algunos judíos para hablar de un tema importante. Todo reino dividido contra sí mismo quedará desolado. Este pensamiento profético puede aplicarse también a la falta de unidad entre los cristianos. Tú quieres que con mis obras y mis oraciones colabore para que cada día haya más unidad en la Iglesia: «que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado» (Juan 17,21).

Jesús, Tú eres ese «otro más fuerte» que has vencido al demonio con tu muerte en la cruz. Con tu humildad y obediencia al Padre, le has quitado las «armas en las que confiaba:» el orgullo, la avaricia, la sensualidad. Yo no puedo quedarme en la imparcialidad. «El que no está conmigo, está contra mí». Si no estoy unido a Ti por la gracia, los sacramentos y la oración, me estoy pasando al enemigo. Por ello, he de pedir con fe a Dios que no me deje caer en la tentación.

«Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos «deje caer» en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa «no permitas entrar en» «no nos dejes sucumbir a la tentación». «Dios ni es tentado por el mal ni tienta nadie», al contrario, quiere librarnos del mal» (CEC-2848).


II. «¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades... -Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena... Y Satanás cuenta con todo eso, para tentarnos» (Surco, 150).

Jesús, uno de los grandes triunfos del demonio en la sociedad actual es hacer creer a la gente que es una figura propia de los cuentos para niños; o de una cultura atrasada, poco científica, que cree en mitos y poderes mágicos. Así el demonio puede trabajar a sus anchas, pues nadie lucha contra quien supone que no existe.

Satanás cuenta con todo eso para tentarnos. Incluso algunos que se dicen cristianos se molestan si se habla de él, cuando Tú, Jesús, nos adviertes tantas veces de este peligro. Que aprenda a escarmentar en cabeza ajena, viendo como acaban los que no luchan contra las tentaciones del demonio. Que me decida a luchar en serio, y a poner los medios para evitar las ocasiones de pecar.

Jesús, tengo un arma poderosa para vencer al demonio: los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión. Y además, cuento con la ayuda de la dirección espiritual, para que me ayuden a superar esas tentaciones que más me cuestan. Al demonio le molesta mucho la dirección espiritual, y por eso envía al demonio mudo, para que no seamos sinceros. Si alguna vez tengo la tentación de no ser sincero, que acuda a Ti. Y me ocurrirá como a la persona del Evangelio: «Y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar».


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

¿POR QUÉ IR A MISA?

Un asiduo asistente a misa le escribió al editor de un periódico quejándose que no tenía sentido ir a misa todos los domingos.

-"He ido durante 30 años", escribía, y durante ese tiempo habré escuchado como 3,000 sermones. Pero juro por mi vida que no recuerdo ni uno sólo de ellos. Por eso pienso que estoy perdiendo mi tiempo y los sacerdotes también dando sermones.

Así empezó una controversia en la columna de "Cartas al Editor", para deleite del mismo editor. La misma que continuó por varias semanas hasta que alguien escribió lo siguiente:

-"Ya llevo casado 30 años. Durante todo ese tiempo mi esposa debe haber preparado 32,000 comidas, y juro por mi vida que no me acuerdo de ni un sólo menú de alguna de ellas. Pero sí sé esto: Todas me alimentaron y me dieron la fuerza que necesitaba para hacer mi trabajo.

Si mi esposa no me las hubiera preparado, estaría físicamente muerto el día de hoy.

¡De la misma manera, sino hubiese ido a la iglesia para alimentarme, estaría espiritualmente muerto en la actualidad!".

¡Gracias a Dios por nuestro alimento material y el espiritual!

Envió: Fernando Villalpando Barragán (México)


MICRO-REFLEXIÓN:

"¡La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible!."

Envió: Fernando Villalpando Barragán (México)

EVANGELIO DEL DÍA

08 de Octubre. JUEVES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

Y les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga un amigo, y acuda a él a media noche y le diga: "Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle", le responderá desde dentro: "No me molestes, ya está cerrada la puerta; yo y los míos estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos?". Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará para darle cuanto necesite».

Así, pues, yo os digo: Pedid y so os dará; buscad y hallaréis; llamad y se le abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien si el hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?». (Lucas 11,5-13)


I. Jesús, con ejemplos humanos me quieres explicar el poder de la oración. Si una persona no va a desoír al amigo aunque venga en un momento inoportuno; si un padre no va a dar una serpiente al hijo que le pide un pez; cuánto más Dios -el verdadero amigo, el mejor padre- va a preocuparse de mí cuando le pido lo que necesito. Por eso, la conclusión es clara: «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.»

Pero no es suficiente con pedir tímidamente, o con buscar sólo entre las posibilidades más sencillas, o con llamar una sola vez. Hay que pedir con insistencia. Para que mi petición sea escuchada Tú me pides fe y perseverancia. Además, Jesús, Tú me darás lo que más me convenga, no necesariamente lo que más te pida. Porque ¿qué buen padre, si el hijo le pide una serpiente o un escorpión, le dará lo que pide?

A veces te pido que se me solucione un problema -que apruebe un examen, que tal persona se fije en mí, que pueda ir de vacaciones a tal lugar- y Tú no me lo concedes. No es que no me oigas, es que te estoy pidiendo algo que no me conviene o que no me merezco. «Cuando nuestra oración no es escuchada es porque pedimos aut mali, aut male, aut mala. «Mali», porque somos malos y no estamos bien dispuestos para la petición. «Male», porque pedimos mal, con poca fe o sin perseverancia, o con poca humildad. «Mala», porque pedimos cosas malas, o van a resulta, por alguna razón, no convenientes para nosotros» (San Agustín).


II. «Para algunos, todo esto quizá resulta familiar; para otros, nuevo; para todos, arduo. Pero yo, mientras me quede aliento, no cesaré de predicar la necesidad primordial de ser alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca.

No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como un recurso extremo. ¿Nos puede parecer normal ignorar o despreciar a las personas que amamos? Evidentemente, no. A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos: hay como una continua presencia.

Pues así con Dios. Con esa búsqueda del Señor, toda nuestra jornada se convierte en una sola íntima y confiada conversación. Lo he afirmado y lo he escrito tantas veces, pero no me importa repetirlo, porque Nuestro Señor nos hacer ver -con su ejemplo- que ése es el comportamiento certero: oración constante, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana.

Cuando todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío! Cuando llega un momento difícil: ¡Señor, no me abandones! Y ese Dios, manso y humilde de corazón, no olvidará nuestros ruegos, ni permanecerá indiferente porque Él ha afirmado: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Procuremos, por tanto, no perder jamás el punto de mira sobrenatural, viendo detrás de cada acontecimiento a Dios: ante lo agradable y lo desagradable, ante el consuelo... y ante el desconsuelo por la muerte de un ser querido.

Primero de todo la charla con tu Padre Dios, buscando al Señor en el centro de nuestra alma. No es cosa que pueda considerarse como pequeñez, de poca monta: es manifestación clara de vida interior constante, de auténtico diálogo de amor» (Amigos de Dios.-247).


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

NO TE DEJES LLEVAR

No miremos sólo el exterior de las personas; intentemos llegar al fondo de sus almas. No nos detengamos en el colorido de las cosas; busquemos su esencia y su verdad. Miremos no sólo con los ojos de la cara, sino con los del corazón. Sólo así evitaremos la desilusión y la amargura.

La mayoría de las veces, no amamos a los seres o cosas en sí, sino sus apariencias porque su naturaleza se halla cubierta por un velo suavemente tendido que las cubre y las hace más hermosas. Así, nos dejamos llevar por los sentidos, su aspecto exterior. Pero cuando se corre el velo, se produce el desengaño.

¿No te ha pasado que en ciertas ocasiones, te has encontrado con gente que cuando estaba frente a un gran público hablaban de paz, de amor y de luz, pero que detrás del escenario, andaban gritando y dando órdenes en un estado de descontrol absoluto?

Acostumbrémonos, entonces a no conformarnos nunca con las apariencias.

Autor: Anónimo
Envió: Edwin Valdés (edwinvaldes@yahoo.com)


MICRO-REFLEXIÓN:

"No puedes ser feliz, si no das felicidad a los demás" - Sofia de Hasburgo

Envió: Edwin Valdés

EVANGELIO DEL DÍA

07 de Octubre. MIÉRCOLES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

Y sucedió que cuando hacía oración en cierto lugar, al terminarla, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les respondió: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino; nuestro pan cotidiano dánosle cada día; y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos dejes caer en la tentación». (Lucas 11, 1-4)


I. Jesús, de nuevo me das ejemplo mostrándome la importancia de la oración. Los discípulos te miran, y quieren aprender también a rezar. Esperan a que termines tu rato de oración para pedirte: «enséñanos a orar». Jesús, enséñame a orar, enséñame a tratarle, a dirigirme a Ti, y al Padre y al Espíritu Santo. Y me respondes con el «Padre Nuestro», para que me quede claro que Dios no es un ser abstracto, lejano, ininteligible. Dios es mi Padre, y como tal he de tratarle: «Padre, santificado sea tu Nombre.»

«Cuando oramos al Padre estamos en comunión con Él y con su Hijo, Jesucristo. Entonces le conocemos y lo reconocemos con admiración siempre nueva. La primera palabra de la Oración del Señor es una bendición de adoración, antes de ser una imploración. Porque la Gloria de Dios es que nosotros le reconozcamos como «Padre», Dios verdadero. Le damos gracias por habernos revelado su Nombre, por habernos concedido creer en Él y por haber sido habitados por su presencia» (CEC-2781).

Jesús, me enseñas a pedir al Padre por todas mis necesidades espirituales y materiales, y por los demás: «nuestro pan cotidiano dánosle cada día; y perdona nuestros pecados». La vida del cuerpo se alimenta de ese «pan cotidiano». Pidiéndote por él, no sólo pido por todo lo material que necesito, sino también reconozco que todo lo que tengo viene de Ti: casa, familia, trabajo...

La vida del alma se alimenta de la gracia, que se obtiene en los sacramentos, la oración y las buenas obras. Trabajo bien hecho y ofrecido, obras de caridad y de servicio a los demás, etc. Y pierdo la gracia por el pecado. Por eso es tan importante pedirte perdón por mis pecados. En el Sacramento de la penitencia se me perdonan los pecados y recibo tu gracia.


II. «Domine, doce nos orare» -¡Señor, enséñanos a orar! -Y el Señor respondió: Cuando os pongáis a orar, habéis de decir: «Pater noster, qui es in coelis...» -Padre nuestro, que estás en los cielos... ¡Cómo no hemos de tener en mucho la oración vocal!» (Camino, 84). Jesús, aunque la oración mental -la que hago ahora, hablando personalmente contigo- sea necesaria para mi vida cristiana, he de tener en mucho también la oración vocal, que consiste en repetir oraciones y fórmulas establecidas de antemano.

Entre éstas, la principal es la oración del Padrenuestro, que rezo -al menos- cada día que voy a Misa. El Padrenuestro ha sido la oración vocal que Tú mismo me has enseñado para dirigirme a Dios Padre. Por eso el Padrenuestro es el modelo de oración. Que no me acostumbre nunca a rezarlo. Además, los cristianos han rezado durante muchos siglos otra oración vocal: el Avemaría.

La primera mitad de esta oración proviene del saludo del ángel a la Virgen «Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo» (Lucas 1,28)-, y del saludo que le da a Maria su prima Santa Isabel: «Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» (Lucas 1,42). Y en la segunda mitad pido a mi madre que se acuerde de mi ahora, y también en la hora de mi muerte.

Finalmente, Jesús, está la oración del Gloria: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo». Con esta oración quiero dar a la Santísima Trinidad toda la gloria y honor que se merecen, reafirmando una vez más mi decisión de hacerlo todo para la gloria de Dios. Una buena manera de recitar estas tres oraciones vocales es rezando el Santo Rosario. Por eso a la Virgen le gusta tanto el rosario y ha pedido que lo recemos en sus apariciones.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

NO ES MI PROBLEMA

Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete. Pensó, qué tipo de comida podía haber allí. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para ratones.

Fue corriendo al patio de la Granja a advertir a todos: -"Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!"

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levanto la cabeza y dijo: -"Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, más no me perjudica en nada, no me incomoda."

El ratón fue hasta el cordero y le dice: -"Hay una ratonera en la casa, una ratonera!"

-"Discúlpeme Sr. Ratón, mas no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones."

El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le dijo: -"Pero acaso, estoy en peligro? Pienso que no" dijo la vaca.

Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre.

Todo el mundo sabe que para alimentar alguien con fiebre, nada mejor que una sopa.

El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla.

Para alimentarlos, el granjero mató el cordero.

La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.

La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le prestas atención... piénsalo dos veces.

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Envió: Fray Fernando Rodríguez


MICRO-REFLEXIÓN:

"El mundo no anda mal por la maldad de los malos, sino por la apatía de los buenos."

Envió: Fray Fernando Rodríguez

EVANGELIO DEL DÍA

06 de Octubre. MARTES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

«Cuando iban de camino entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada también a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con los múltiples quehaceres de la casa y poniéndose delante dijo: «Señor, ¿nada te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo de la casa? Dile, pues, que me ayude». Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. En verdad una sola cosa es necesaria. Así, pues, María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada». (Lucas 10, 38-42).


I. Jesús, las dos hermanas de hoy -Mana y María- representan dos maneras no contrapuestas de vivir la vida cristiana. Marta está preocupada y atareada por el «trabajo de la casa». Tú vienes acompañado de tus apóstoles y las santas mujeres, por lo que la visita debía suponer bastante actividad en la acomodación de todo el grupo.

Marta trabaja con esfuerzo para servirte como te mereces. Pero no llega a todo, y le molesta que su hermana esté tan tranquila, sentada a tus pies. María, «escuchaba tu palabra». No quería perder aquella oportunidad: el Maestro había escogido su casa para pasar la noche; Dios estaba presente. Ante esta maravilla, María no se aparta ni un instante de Ti, bebiendo cada frase, cada palabra, cada gesto de quien es el Amor de sus amores.

Marta se dedica con alma y cuerpo a servirte, Jesús, a través de su trabajo material. María también se dedica con alma y cuerpo a servirte, contemplando tu rostro y meditando tus palabras. Marta es la vida activa; María es la vida contemplativa. Ambas vidas son vidas de servicio y amor a Ti, pero «María ha escogido la mejor parte». Más que cualquier servicio material, quieres que sepa tenerte presente en mi vida: que te contemple, que medite tu palabra, que sea alma de oración.

«Marta, en su empeño de aderezarle al Señor de comer, andaba ocupada en multitud de quehaceres. María, su hermana, prefirió le diese a ella de comer el Señor. Olvidóse, pues, en cierto modo, de su hermana, tan ajetreada por la complicación del servicio, y sentóse a los pies del Señor donde, sin hacer nada, escuchaba su palabra. Con oído discretísimo había oído decir: «Estaos quedos, y ved que yo soy el Señor». La otra se consumía, ésta comía; la otra disponía muchas cosas, ésta sólo miraba una sola» (San Agustín).


II. «Para acercarse al Señor a través de las páginas del Santo Evangelio, recomiendo siempre que os esforcéis por meteros de tal modo en la escena, que participéis como un personaje más. Así -sé de tantas almas normales y corrientes que lo viven-, os ensimismaréis como María, pendiente de las palabras de Jesús o, como Marta, os atreveréis a manifestarle sinceramente vuestras inquietudes hasta la más pequeñas» (Amigos de Dios.-222).

Jesús, no es que estés en contra del trabajo de Marta. En el fondo, el cuidado de la casa fue el trabajo diario de tu Madre, «la llena de gracia» (Lucas 1,28), la persona más santa y, por tanto, más unida a Ti. Pero la Virgen no perdía la presencia Dios, la contemplación, la oración, cuando trabajaba. Y por ello, en medio de las actividades normales de la vida doméstica, tu Madre también había escogido «la mejor parte».

Jesús, quieres dejarme claro con la escena de hoy que «una sola cosa es necesaria»: la vida de oración. Por eso es tan importante que sepa convertir -como la Virgen Maria- mi trabajo en oración. No es suficiente con hacer muchas cosas, ni cuenta más el trabajo de mayor categoría humana. A tus ojos, vale más el trabajo hecho con mayor amor, el trabajo hecho en presencia de Dios, realizado con la mayor perfección posible y con espíritu de servicio.

Jesús, si sólo «una cosa es necesaria», y esta cosa es la oración, tendré que rezar más, e intentar tenerte presente durante todo el día. Y para ello, necesito retirarme algunos minutos cada jornada, sentarme a tus pies como María, la hermana de Marta, y escuchar tus palabras, a través de las páginas del Santo Evangelio, participando en esas escenas como un personaje más.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

LOS TRIUNFADORES

A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase.

A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los visionarios del futuro o los grandes emprendedores. Por ello, tal vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del progreso.

A veces el triunfador no es el negociador internacional, o el hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante estadista que asiste a reuniones cumbre.

No es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo.

Porque el triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático.

El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder.

Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón.

Es el que quizás nunca alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia y con sus amigos y los cercanos a su alma.

Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor a sus hijos y el que pensó en redimir a su país a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario y aquel que prefirió la sombra, porque, finalmente, es tan importante como la luz.

A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina, ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, hace planes con su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida.

A veces el triunfador no pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no sólo vencer y el que de una manera apacible y decidida lucha por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene e-mail, pero conoce y saluda a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su propio destino.

A veces el triunfador suele ser Teresa de Calcuta, o Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada, el obrero sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia.

A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada...

Autor: Rubén Núñez de Cáceres
Envió:
Ricardo Saucedo Bañuelos


MICRO-REFLEXIÓN:

"Los hijos de Dios se reconocen por su mirada, tu mirada es el espejo de tu alma, ¡cuidala!"

Envió: Edgar Gabriel Ayala Perez

EVANGELIO DEL DÍA

05 de Octubre. LUNES

Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

«Entonces un doctor de la ley se levantó y dijo para tentarle: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?». Él le contestó: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Y éste le respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». Y le dijo: «Has respondido bien: haz esto y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?».

Entonces Jesús, tomando la palabra dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándole medio muerto. Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote; y viéndole pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó.

Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta". ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los salteadores?». Él le dúo: «El que tuvo misericordia con él». Díjole entonces Jesús: «Vete y haz tú lo mismo». (Lucas 10, 25-37)


I. Jesús, tu respuesta al doctor de la ley es clara: he de amar a Dios con toda mi alma con todas mis fuerzas y con toda mi mente, y al prójimo como a mí mismo. «Haz estoy vivirás», me repites ahora. Pero ¿cómo puedo amar a Dios sobre todas las cosas? Y «¿quién es mi prójimo?» Porque, a veces, me quedo en la teoría o en el sentimiento, y no me esfuerzo en cumplir estos dos mandamientos de los cuales, como dices en otra ocasión, «penden toda la ley y los profetas» (Mateo 22,40).

«Si nosotros pues deseamos agradar enteramente al corazón de Dios, procuremos no solamente conformarnos en todo a su santa voluntad, sino aún más, uniformarnos a ella, si se me permite hablar así.La palabra «conformar» quiere decir que nosotros unimos nuestra voluntad a la de Dios, pero «uniformar» significa más, que de dos voluntades hacemos una, de tal manera que solamente queremos lo que Dios quiere, que solamente permanece la voluntad de Dios y que ella es la nuestra» (San Alfonso María de Liborio).

Jesús, amarte con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con toda mi mente, no significa sentir una atracción sensible -como la que puede darse entre dos novios-, sino identificarme con tu voluntad hasta en los detalles más pequeños: querer siempre lo que Tú quieras. Por eso, he de preguntarte muchas veces: ¿qué quieres Señor de mí? ¿Cómo quieres que haga este trabajo o que enfoque aquel problema?


II. «Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., ¡pero notas que te falta algo! Lleva tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad -la lucha para alcanzarla- es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por Él, a los demás.

Quizás descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, buen amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente «tu santidad», eres envidioso. Te «sacrificas» en muchos detalles «personales»: por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti» (Surco, 739).

Jesús, si mi amor a Ti no tiene consecuencias reales y concretas en el servicio a los que me rodean, aunque haga oración y frecuente los sacramentos, aún me falta algo. Por un lado, no muy lejos de mi camino -de mis circunstancias familiares, sociales y profesionales-, hay gente que está necesitada: marginados, enfermos, gente mayor o sin trabajo.

Y sobre todo, Jesús, si realmente te quiero, sabré descubrir en mi propio camino -entre los que me rodean- gente que necesita de mi ayuda: un consejo, un rato de compañía, una sonrisa, etc. Ayúdame, Jesús, a descubrir oportunidades para servir a los demás. Sólo así estaré avanzando en mi camino de santidad, que es la plenitud de la caridad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

viernes, 2 de octubre de 2009

VALORES

LA FAMILIA PERFECTA

"Quiero hablaros un poco de la familia perfecta. ¡Cuánto podréis aprender de Ella!. Estos dos Esposos que se amaron como ningún otro:

José era la cabeza, su autoridad familiar era indiscutible. Ante esta autoridad se inclinaba la Esposa y Madre de Dios, y a elle se sujetaba el Hijo de Dios. Todo lo que José decidía, se aceptaba sin discusión. Su palabra era nuestra pequeña ley. Y a pesar de esto, ¡cuánta humildad en él!. Jamás abusó de su poder.

En aquella casa había serenidad, sonrisa y concordia, y de común acuerdo se trataba de hacerla más bella. Había un sólo pensamiento. No había nerviosismos, altercados, caras largas, ni reproches mutuos, y mucho menos se reprochó a Dios por no colmarlos de bienes materiales. José no echa en cara a María que sea la causa de su molestia, ni María a él de no proporcionarle mejores comodidades.

Se amaban santamente, y esta es la razón. El verdadero amor no es egoísta, y busca siempre el bien del cónyuge. El verdadero amor es casto, como el de aquellos esposos vírgenes. La castidad unida a la caridad, trae consigo un cortejo de virtudes, y hace a dos perfectos santos.

En aquella casa se oraba; muy poco se ora en los hogares de ahora. En aquella casa había moderación en el comer, porque no se come para dar placer a la garganta, sino para vivir; en los hogares de ahora se vive en la opulencia, y ni siquiera un pensamiento para los que no tienen que llevarse a la boca.

En aquella casa se amaba el trabajo, porque con el trabajo el hombre obedece la orden del Señor: "Comerás con el sudor de tu frente" . Y también con el trabajo el hombre se ve libre del vicio. En aquella casa reinaba la humildad. ¡Cuántas lecciones de humildad para vosotros! ¡Soberbios!. María tenía miles de razones para ponerse soberbia y hacerse venerar de su esposo. Muchas mujeres lo hacen, tan sólo por ser más cultas, o más ricas que el marido.

María es esposa y Madre de Dios, y sin embargo Ella "sirve", José es el jefe de la casa. Dios lo vió digno de ser cabeza de Familia. En aquella casa se observaba el orden: sobrenatural y moral. Meditad en todo esto, vosotros que ahora sufrís mucho por haber faltado en muchas cosas contra Dios.

Imitad a los santos Esposos que fueron para Mí: Madre y padre. Donde nací oliendo a rosas en su fragancia de pureza. De mi padre adoptivo aprendí, apenas llegué a la edad de poder usar los instrumentos, sin dejar que me entregara al ocio. Él me encaminó hacia el trabajo, haciéndome hacer objetos para Mamá. De este modo me inculcaba el debido respeto que cada hijo debe tener a su mamá.

¿Dónde están hoy las familias en que se haga que los hijos amen el trabajo como un medio de agradar a sus padres?. Ahora los hijos son los déspotas del hogar. Crecen duros, indiferentes, malcriados para sus padres. Los tienen por sus criados. No los aman, ni tampoco ellos son amados. Porque mientras hacéis de vuestros hijos unos abusivos e iracundos, os separáis de ellos. Los hijos son de todos, menos de vosotros:

¡Oh padres del siglo XX!. Son de la profesora, de la nodriza, del colegio, de los compañeros, de la calle. Vosotras, las mamás, los engendráis y basta. Vosotros padres, hacéis lo mismo. Un hijo no es sólo carne; es inteligencia, corazón, alma. Tened en cuenta que nadie mejor que un padre o madre, tiene el deber y derecho de formar esa inteligencia, ese corazón y esa alma.

La Familia existe y debe existir. No hay teoría o progreso que pueda destruir esta verdad sin arrastrar a la ruina. De un hogar desquebrajado, no puede salir sino futuros hombres y mujeres cada vez más perversos y causa de mayores ruinas. Y en verdad os digo, que sería mejor que no hubiera más Matrimonios y prole sobre la tierra, que el que haya Familias menos unidas de lo que no son ni siquiera las tribus de los monos.

Familias donde no existe la escuela de la virtud, del trabajo, del amor, de la religión, sino que son un caos en que cada uno vive para sí, y terminan por hacerse pedazos. Y así estáis viviendo y soportando los frutos de este vuestro mal con que habéis despedazado vuestra vida social.

Seguid así, si os place, pero no os lamentéis si esta tierra se convierte cada vez más en un infierno, en una cueva de monstruos que devoran Familias y naciones. Lo quisisteis así, y así lo tenéis, y se haga vuestro deseo..."

Envió: Dictados a María Valtorta


MICRO-REFLEXIÓN:

"Señor Jesús, acéptame como parte de tu familia, permíteme estar cerca de Ti."

Envió: Romina Jiménez

EVANGELIO DEL DIA

02 de Octubre. VIERNES

Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que han sido hechos en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia sentados en saco y ceniza. Sin embargo, Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que vosotras en el juicio. Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? Hasta el infierno serás abatida. Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me ha enviado». (Lucas 10, 13-16).


I. Jesús, hoy me recuerdas una de las grandes verdades de la fe católica: «Quien a vosotros oye, a mi me oye». Tu misión no se acaba con los apóstoles, sino que has venido para salvar a los hombres de todos los tiempos: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28,20). Por eso cuando dices «vosotros» no sólo te refieres a esos pescadores de Galilea, sino también a todos sus sucesores, los obispos.

Quien oye a los obispos -y en especial a Pedro, al Papa- cuando hablan sobre verdades de fe, no escuchan a unos predicadores más o menos inteligentes con los que se puede estar más o menos de acuerdo. Te escuchan a Ti.

Jesús, quieres dejarme esta idea bien clara, porque la tentación es peligrosa. Que fácil es pensar que yo sé más, que yo puedo interpretar la Biblia tan bien o mejor que el Magisterio de la Iglesia. Que difícil, en cambio, es obedecer. Hoy en día parece que el valor más importante es una libertad sin límites, y que -por tanto- nadie me puede imponer su autoridad. Y por entronizar una libertad mal entendida, muchos se alejan de la verdad, de Ti. «Quien a vosotros desprecia, a mime desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me ha enviado.»

Jesús, aunque el Papa y los Obispos sean hombres como yo -y, por tanto, puedan cometer errores-, en materia de fe tienen una especial asistencia del Espíritu Santo. Por eso se explica que durante dos mil años, a pesar de las debilidades humanas y de las difíciles circunstancias por las que ha pasado la Iglesia -persecuciones, divisiones, herejías, presiones de todo tipo-, las verdades de fe se han mantenido intactas.

«Para mantener a la Iglesia en la pureza de la fe transmitida por los apóstoles, Cristo, que es la Verdad, quiso conferir a su Iglesia una participación en su propia infalibilidad. Por medio del «sentido sobrenatural de la fe», el pueblo de Dios «se une indefectiblemente a la fe», bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia» (CEC-889).


II. «Dice Jesús: «Quien a vosotros oye, a mi me oye». ¿Crees todavía que son tus palabras las que convencen a los hombres?... Además, no olvides que el Espíritu Santo puede valerse para sus planes del instrumento más inepto» (Forja, 671).

Jesús, indirectamente, también te refieres a todos los cristianos -puesto que todos somos discípulos tuyos- cuando dices: «Quien a vosotros oye, a mi me oye». Cuando hablo de Ti a algún amigo, lo importante no es tanto la lógica de mis argumentos, ni mi facilidad de palabra, sino mi unión personal contigo, mi vida interior. Sólo de esta manera seré un buen instrumento tuyo y mis palabras serán eco fiel de las tuyas.

Jesús, si no son mis palabras las que convencen a los hombres, sino la gracia del Espíritu Santo, se comprende que el primer apostolado sea la oración y la mortificación por las personas a las que quiero acercar a Ti. Por más inepto que sea el instrumento, y por más difíciles que sean mis amigos, si rezo con fe y ofrezco pequeños sacrificios por ellos, Tú les darás la gracia necesaria para que mejoren y te amen. «¡Ay de ti, Corozaín!...»

Jesús, quieres recordarme que a quien más se le da, más se le va a pedir. Yo he tenido una educación y unos ejemplos que me han facilitado mucho el camino de la fe. Otros, en cambio, han recibido menos. Que tenga el sentido de responsabilidad de hacer fructificar esos talentos que me has dado.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

EL INCENDIO

Una vez se estaba incendiando un edificio de 9 pisos en el centro de una ciudad muy importante, las personas del edificio al enterarse de que el edificio estaba en llamas rápidamente salieron de sus departamentos, a excepción de un niño de 8 años de edad que dormía en el octavo piso, pues su papá había salido a comprar y su mamá estaba de viaje, el fuego crecía cada vez mas e iba subiendo piso por piso, los bomberos intentaban apagarlo sus esfuerzos eran cada vez imposibles el edificio estaba totalmente en llamas y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad y de ciudades vecinas.

El drama aumento cuando los bomberos se dieron cuenta que había un niño en el octavo piso, el fuego crecía iba ya por el quinto piso, de repente aparece el padre del niño preocupado por el niño, viendo este cuadro, los bomberos hacen un último intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por haber fuego en todas ellas, entonces se escucha los llantos del niño, gritando

- Papi!!!! Tengo miedo!!!!

El padre lo escucha y llorando le dice:
- Hijo!! No tengas miedo yo estoy aquí abajo, No tengas miedo.
Pero el niño no lo miraba:
- Papi no te veo, solo veo humo y fuego.
Pero el Padre sabe que esta ahí en la ventana porque el fuego lo ilumina.
- Pero yo si te veo, Hijo.
- Hijo Sabes que debes de hacer, Tírate que aquí te agarramos todos los que estamos abajo, TÍRATE!!!!

El hijo le dice:
- Pero yo no te veo.
EL Padre contesta.
- Sabes como debes de hacer, cierra los ojos, tírate y lánzate!!!

El niño dice:
- PAPI no te veo, pero allá voy !!!
Y cuando el niño se lanzo abajo lo rescatan.
Entonces el Padre lo abraza, llora con el hijo juntos pero muy contentos.

El hijo comprende que hay veces que el Padre no se lo ve pero sus palabras son suficientes para confiar en él.

Así es nuestra vida, muchas veces hay muchos incendios, sentimos problemas parecidos a este niño, y DIOS nos dice: TÍRATE!! CONFÍA EN MÍ, y nosotros tenemos que lanzarnos así no miremos nada, ni sintamos nada, en FE, en FE tienes que salir adelante!! Por que sólo su palabra nos basta!!!

Envió: Byron Sarango de Guayaquil - Ecuador


MICRO-REFLEXIÓN:

"¡En Ti confío!"

Envió: Romina Jiménez

EVANGELIO DEL DIA

01 de Octubre. JUEVES

Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

«Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos, los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a donde él había de ir. Y les decía: «La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. íd: he aquí que yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino.

En la casa en que entréis decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hubiera algún hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros. Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, pues el que trabaja es merecedor de su salario. No vayáis de casa en casa.

Y en aquella ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad a los enfermos que haya en ella. Y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros. Pero en la ciudad donde entréis y no os reciban, saliendo a sus plazas decid: "Hasta el polvo de vuestra cuidad que se nos ha pegado a los pies sacudimos contra vosotros; pero sabed esto: el Reino de Dios está cerca". Os digo que Sodoma en aquel día será tratada con menos rigor que aquella cuidad». (Lucas 10,1-12)


I. Jesús, te apoyas en estos setenta y dos discípulos para que te preparen el terreno en toda ciudad a donde ibas a ir. Estos discípulos te han seguido en tus últimos viajes y han aprendido la buena nueva directamente de tus labios. Ahora, cuando los necesitas, allí están, dispuestos a lo que haga falta. Estos son los que han respondido con generosidad a tu llamada; los que no se han excusado con falsas necesidades o dificultades.

Jesús, aunque son un buen número -setenta y dos- te parecen pocos: «la mies es mucha, pero los obreros pocos». Después de dos mil años, ¡aún queda tanto por hacer! Países enteros que se llaman cristianos y que no conocen de Ti más que una oscura sombra de tu rostro. Y países inmensos aún por cristianizar. Realmente «los obreros son pocos». ¿Qué puedo hacer yo, Jesús, ante este panorama?

Para empezar, no excusarme yo el primero, preguntándote en la intimidad de mi oración: ¿qué lugar tengo en esta gran misión de anunciar la buena nueva del Evangelio?, ¿dónde te puedo servir mejor en esta mies -en este campo- que es el mundo? Y luego, he de rezar más: «Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies». Dios mío, llama más gente a que te sirva en esta batalla de paz, en esta siembra de amor.

«Nada hay más frío que un cristiano despreocupado de la salvación ajena. No puedes aducir tu pobreza como pretexto. La que dio sus monedas te acusará. El mismo Pedro dijo: No tengo oro ni plata. Y Pablo era tan pobre que muchas veces padecía hambre y carecía de lo necesario para vivir; Tú no puedes pretextar tu humilde origen: ellos eran también personas humildes, de modesta condición.

Ni la ignorancia te servirá de excuso: ellos eran todos hombres sin letras. Seas esclavo o fugitivo, puedes cumplir lo que de ti depende. Tal fue Onésimo, y mira cuál fue su vocación. No aduzcas la enfermedad como pretexto, Timoteo estaba sometido a frecuentes achaques. Cada uno puede ser útil a su prójimo, si quiere hacer lo que puede» San Juan Crisóstomo).


II. Tienes obligación de llegarte a los que te rodean, de sacudirles de su modorra, de abrir horizontes diferentes y amplios a su existencia aburguesada y egoísta, de complicarles santamente la vida, de hacer que se olviden de si mismos y que comprendan los problemas de los demás. Si no, no eres buen hermano de tus hermanos los hombres, que están necesitados de ese «gaudium cum pace» de esta alegría y esta paz, que quizá no conocen o han olvidado» (Forja 900).

Jesús, como a esos setenta y dos discípulos, también hoy llamas a los cristianos -a mí- y nos envías «como corderos en medio de lobos». En un mundo de luchas egoístas y comportamiento oportunista -que en vez de hombres produce lobos hambrientos- Tú me muestras otro modelo: Tú mismo, que eres «el cordero de Dios». El mundo de lobos está dominado por la astucia, la desconfianza y la traición. Por el contrario, tu mundo es un mundo de paz: «paz a esta casa.»

Jesús, si quiero ser hijo de Dios, he de ser «hijo de paz»; promotor del entendimiento y del perdón, hermano de mis hermanos los hombres. Ésta es precisamente la tarea del apóstol a la que me llamas: abrir horizontes diferentes y amplios a la existencia aburguesada y egoísta de los que me rodean. Y para ello, el primero que debe cambiar soy yo, olvidándome de mí mismo para atender los problemas de los demás.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

MUY APRISA

Cierta vez, un conductor se desplazaba por una de las carreteras de Estados Unidos a una velocidad excesivamente alta, cuando de repente justo después de una curva aparece un hombre parado en medio de la vía haciendo señal de parada con los brazos y de una forma desesperante.

El conductor sorprendido y a la vez asustado, toca insistentemente la bocina para ver si el individuo se quitaba del camino, pero fue inútil, el hombre seguía haciendo señales de detenerse con sus brazos.

-"Debe estar loco" -dijo el conductor mientras pisaba el freno provocando un fuerte chirrido y dejando dos largas marcas negras en el pavimento, logrando así detener el auto antes de atropellar a aquel hombre.

Muy enojado, se baja del carro y dando un portazo se dirige hacia el hombre y le dice:

-"¿Acaso no tienes ojos, no ves lo peligrosa que es esta carretera y te atraviesas en ella como si nada, o acaso eres loco para no ver el peligro que corres?"...

-"No señor, no estoy loco -le contestó el individuo- Lo que pasa es que el puente que está en la próxima curva acaba de desplomarse y sabía que si no hacía algo usted en este momento ya estuviera muerto; tuve que arriesgar mi vida para ver si podía salvar la suya".

Quizás en la carretera de tu vida algún "loco" como le llaman, te ha obstaculizado el paso para darte un tratado o decirte: Cristo te ama, Cristo viene, y te has enojado sobremanera porque vas MUY APRISA.

Quizás hoy yo esté obstaculizando tu camino quitándote unos minutos, pero, qué habría pasado si el conductor hace caso omiso al individuo del camino?...

... ¿Qué crees que pasará a los que oyen la advertencia de la palabra de Dios y no hacen caso?

Envió: Mateo Eustaquio


MICRO-REFLEXIÓN:

"Paz, en Ti siempre la encuentro."

Envió: Romina Jiménez

EVANGELIO DEL DIA

30 de Septiembre. MIÉRCOLES

Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

«Mientras iban de camino, uno le dijo: «Te seguiré a donde quiera que vayas». Jesús le dijo: «Laszorrastienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Pero éste contestó: «Señor permíteme primero ir a enterrar a mi padre». Y Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». Y otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa». Jesús le dijo: «Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios». (Lucas 9, 57-62)


I. Jesús, el Evangelio de hoy me cuenta el caso de tres personas que se enfrentan ante la vocación. Los dos que llamas a seguirte dejándolo todo reaccionan con condiciones; y al que no llamas, ése quiere seguirte a «donde quiera que vayas». Esta misma situación se sigue dando en la historia: a algunos que no tienen vocación, pero tienen buena voluntad, hay que frenarlos un poco; mientras que otros, sí tienen vocación, pero buscan excusas para no entregarse.

Jesús, Tú me has enseñado que hay una vocación universal -la llamada a la santidad, a la perfección cristiana- que se concreta en distintas vocaciones específicas. Desde el camino de los religiosos -con las muchas variantes que hay- hasta el camino del matrimonio, verdadera vocación cristiana de apóstol. Lo que esperas de mí, Jesús, es que no me tape los oídos a tu llamada, que busque sinceramente tu voluntad, que sea un alma de oración. Y que no ponga condiciones a lo que me pidas.

Que no me engañe diciendo: de acuerdo, «pero primero permíteme» que acabe la carrera, o que encuentre trabajo, o que me case, o que disfrute de la vida un poco, o que... «Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios». «El Señor, cuando prepara a los hombres para el Evangelio, no quiere que interpongan ninguna excusa de piedad temporal o terrena, y por eso dice: Sígueme y deja a los muertos que entierren a sus muertos» (San Agustín).


II. «Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los temores. -Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y, sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta experiencia de la vida. Te daré un medio seguro para superar esos temores -¡tentaciones del diablo o de tu falta de generosidad!-: «desprécialos», quita de tu memoria esos recuerdos. Ya lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: «¡no vuelvas la cara atrás!»( Surco, 133).

Jesús, al principio seguirte era sencillo. Rezar un poco más, ofrecer el estudio o el trabajo, ser más servicial... Pero, después del entusiasmo inicial, todo me parece más difícil: parece que no avanzo, las cosas cuestan más de lo previsto, y el mundo a mi alrededor sigue tan indiferente hacia Ti como al principio. Entonces, si me descuido, viene la tentación de que no puedo... o de que quizás no sirvo para ser apóstol tuyo.

Jesús, cuando aquel discípulo que te venia siguiendo en tus viajes por ciudades y aldeas, quiere volver con su familia, le respondes -tal vez con dolor, por la falta de generosidad de aquella persona: «¡no vuelvas la cara atrás!» No es que la familia no sea importante; es que aún más importante es servir a Dios. Y si Tú me pides abandonarlo todo y seguirte, nada -los estudios, la familia, o la cuestión económica- debe hacerme cambiar de parecer.

Jesús, Tú eres el primero que te ocupas de mi familia, y de que salga adelante en mi vida profesional. Por eso, cuando me pides algo, me das también las gracias necesarias para cumplir mis deberes familiares y profesionales, aunque a veces cueste y requiera un poco más de paciencia y sacrificio. En esos momentos, he de saber actuar con fe y esperanza. Ayúdame a serte fiel en lo que me vas pidiendo cada día. Te pido que nunca te abandone por miedo, cansancio o falta de generosidad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA