martes, 16 de marzo de 2010

EVANGELIO DEL DÍA

19 de Enero. MARTES

Segunda Semana del Tiempo Ordinario

«Un sábado pasaba el Señor por los sembrados, y sus discípulos iban delante desgranando espigas.

Los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? Y les dice: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se vio necesitado, y tuvo hambre él y los que estaban con él? ¿Cómo entró en la Casa de Dios en tiempos de Abiatar, Sumo Sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer más que a los sacerdotes, y los dio también a los que estaban con él?

Y les decía: EI sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Por tanto, el Hijo del Hombre es señor hasta del sábado». (Marcos 2, 23-28)


I. El sábado era un día mandado por Dios para dedicárselo a Él y para descansar; pero los judíos habían establecido toda una serie de reglas que, más que ayudar, eran una carga innecesaria. Por eso les dices: «El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado».

Tú nos das ejemplo de cómo observar el sábado: vas a la sinagoga, pero no pierdes la ocasión para curar ciegos y enfermos, ni tampoco para enseñar. Para conmemorar el día de tu resurrección, los primeros cristianos empezaron a celebrar el día del Señor los domingos. El domingo es un día especialmente indicado para darte el culto que te mereces como Creador del universo y Rey de la humanidad. El acto central de culto es la Santa Misa, y por eso la Iglesia me dice que debo oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

«El domingo, «día del Señor», es el día principal de la celebración Eucarística porque es el día de la Resurrección. Es el día de la asamblea litúrgica por excelencia, el día de la familia cristiana, el día del gozo y del descanso del trabajo» (CEC-1193) Pero ¿no puedo hacer más? A veces desaprovecho los fines de semana con mil planes llenos de vacío: en horas perdidas ante la televisión, en atascos, o durmiendo desmesuradamente.

Jesús, ayúdame a saber compaginar, durante el fin de semana, el necesario descanso, el deporte, la oportunidad de estar un poco más con mi familia y mis amigos, la dedicación necesaria al estudio, y también, ¿por qué no? la colaboración en alguna actividad social. Ayúdame a aprovechar al máximo esos días. Que me dé cuenta de que aprovechar el tiempo es la mejor manera de pasármelo bien, de mejorar personalmente, y de ayudar a los demás; y sobre todo, es el único modo de darte la gloria que te mereces.


II. «La tristeza y la intranquilidad son proporcionales al tiempo perdido. Cuando sientas impaciencia santa por aprovechar todos los minutos, la alegría y la paz te colmarán, porque no pensarás en ti» (Surco.-510).

Jesús, voy perdiendo el tiempo por todos lados y luego vienen los «achuchones»: un examen que no tengo tiempo de estudiar, un trabajo que acabo de cualquier manera, etc. .. Y después del achuchón, me creo en la obligación de tomarme otro descanso. Así voy tirando, a trompicones, sin acabar de hacer las cosas bien. Pero, por más que digan algunos, la verdad es que viviendo de esta manera no soy realmente feliz.

Jesús, Tú no sólo eres «Señor del sábado», sino de todos los días; por eso, he de hacer rendir el tiempo que me das. Además, si busco hacer tu voluntad cada día, no hay tiempo que perder, porque siempre se puede hacer más. Y me viene a la cabeza la parábola de los talentos, en la que explicas que a cada uno le has dado unos dones -familia, inteligencia, formación...- y un tiempo determinado para hacerlos rendir. «La alegría y la paz te colmarán, porque no pensarás en ti».

Cuando hago lo que debo -no lo que me apetece- estoy contento y tengo menos problemas personales, entre otras cosas porque pienso menos en mí mismo. Jesús, dame esa impaciencia santa por aprovechar todos los minutos, porque son tuyos y quiero hacerlos rendir.

Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

VEN, ES MOMENTO DE DAR AMOR

¡Ven!, es momento de dar Amor.

La Navidad, es la época más hermosa del año,

¡Ven!, volquemos nuestros corazones a la dádiva;
extiende tus manos y abre tus brazos cálidos,
que alguien desea ser amado y recordado.
¡Y por éste momento, no sentirse olvidado!

¡Ven!, la clave de la felicidad está en dar,
darse a los demás, ¡Entrega todo tu amor!;
fuera los rencores, ¡Arroja al pasado los errores!

¡Ven!, que los efectos del Amor invadirán tu alma,
podrás robar sonrisas y endulzar los rostros.

Ven, que el regalo del Niñito Jesús es ese:
¡Amar y perdonar!.

Es el momento de dar Amor.


Envió:
Perla Mar


MICRO-REFLEXIÓN:

Tienes ambiciones:... de saber..., de acaudillar..., de ser audaz. Bueno. Bien. -Pero... por Cristo, por Amor. - Camino 24.

EVANGELIO DEL DÍA

18 de Enero. LUNES

Segunda Semana del Tiempo Ordinario

«Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan?

Jesús les respondió: ¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. Nadie pone una pieza de paño a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pites de lo contrario, el vino rompe los odres, y, se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos.» (Marcos 2,18-22)


I. Jesús, en el Antiguo Testamento la penitencia ocupaba un lugar central como un modo de preparación para la venida del Mesías. «Haced penitencia porque está al llegar el Reino de los Cielos» (Mateo 3,2). El ayuno se había convertido en una práctica habitual de hacer penitencia, tanto para los fariseos como para los discípulos de Juan, y por eso te preguntan: « ¿Cómo es que tus discípulos no ayunan?» «El vino nuevo se echa en odres nuevos.»

Jesús, contigo empieza una nueva etapa: la etapa de los hijos de Dios, de hacer las cosas con libertad, por amor, no como siervos. Lo importante en esta nueva etapa no es la penitencia, sino estar en gracia de Dios, estar con el «esposo.» No es como poner un remiendo nuevo en el traje antiguo. No. Todo es nuevo.

Es la vida sobrenatural -la gracia santificante- la vida de hijos de Dios que nos has ganado en la Cruz y que recibimos a través de los sacramentos. Pero no le quitas a la penitencia y al ayuno la importancia que tienen: «en aquellos días, ayunarán.» Tú mismo nos has dado ejemplo de ayuno durante cuarenta días con cuarenta noches (Mateo 4, 2).

El ayuno, la mortificación, la penitencia, no son el centro de la vida cristiana, pero si son un medio necesario para poder amarte más. «La finalidad última de la penitencia consiste; en lograr que amemos intensamente a Dios y nos consagremos a Él» (Pablo VI).


II. «Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... -Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!» (Camino.-212).

Jesús, a veces no te veo bien: no te tengo en cuenta en mis decisiones en el trabajo, en casa o con mis amigos. Tengo una mirada turbia, que no me deja ver nada más que mis propios intereses. Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Necesito la humildad para reconocer mis fallos y la penitencia para purificar esos errores. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor.

La mortificación no consiste en hacer cosas espectaculares. Se trata, más bien, de enreciar mi voluntad por amor a Ti, de modo que tenga la libertad de hacer lo que quiera -lo que quieras Tú- y no lo que me dicten mis pasiones. Para ello, basta con pequeños sacrificios: puntualidad y concentración en el estudio, comer un poco menos de lo que me gusta más o un poco más de lo que me gusta menos, no buscar siempre lo más cómodo, etc.

Jesús, la mortificación no es lo más importante, pero si no me esfuerzo en este punto, no podré amarte de verdad. Ayúdame a ser sacrificado, recio; ayúdame a tener una voluntad firme. Que no me olvide de que para verte tal como eres he de tener la mirada clara, y que para ello necesito el espíritu de purificación y de penitencia.

Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA