jueves, 16 de junio de 2011

Una Carta para Papá


Una Carta para “Papá” Muchos países en el mundo celebran el Día del Padre, la fecha varía de país a país y pronto será el festejo en muchos de los países que han escogido el tercer domingo del mes de junio para conmemorar a los papás como México, Estados Unidos, Argentina, Canadá, Francia, Japón, Colombia, Sudáfrica, Grecia, Chile, Perú, Cuba, India, entre otros; por lo que quiero contarte la bella experiencia de la paternidad y de cómo marca el corazón de una persona desde que nace hasta la eternidad.

Primero, lo primero…

Hola Papá quiero hoy decirte cuanto te quiero y cuanto significas para mí, cada día que pasa voy creciendo y me voy dando cuenta de la gran persona que eres, no solo en estatura, sino en el corazón.

¡Qué barbaridad! Como pasa el tiempo… Pienso uno a uno los momentos que forjaron nuestra hermosa relación… Papá gracias por darme la vida, por ser mi héroe, mi ejemplo, mi impulso para llegar a ser quien soy y con tu ternura y elegancia mostrarme día a día que hay que esforzarse para cumplir con nuestro deber… ¿Recuerdas? Lo rezábamos todos los días juntos y ahora también, sólo que tú con mamá y yo, con tu nieta…

Tú, Papá…

Eres para mi tan especial, tanto, que sabiendo que como hija la familia no se escoge, yo te hubiese escogido a ti para que fueras mi Papá.

Hoy, quiero decirte que gracias a que estuviste al lado de mamá, amándola y respetándola siempre, dándole su lugar, buscando su bien ser y bien estar; me enseñaste a amar a mí y a mis hermanos también. Valoro mucho cada día y cada recuerdo… Tu ejemplo de laboriosidad y de responsabilidad al realizar cada día incansablemente tu trabajo cuando salías temprano de casa y a la vez, la seguridad de verte cada tarde después del colegio cuando comíamos todos juntos, reunidos, pues la hora de la comida era “La hora de la comida” y significaba casi un delito no estar presente o incluso contestar el teléfono…

“Hacer Familia”, tu labor

Muchos creerían que la frase anterior se referiría a la labor de una mujer. Hoy quiero decir orgullosamente que no sólo le pertenece a la mujer. El hombre es indispensable en el hogar, es pieza fundamental y forma junto con ella, una unidad única, insustituible que sirve de columna vertebral que sostiene a los miembros, para que la “Familia” cumpla su misión.

Una labor muy difícil pero hermosa que has compartido con mamá… Los Domingos ir a Misa en “Familia”, pasar el día en “Familia”, los cumpleaños en casa para estar con la “Familia”, reunir a los tíos y visitar a los abuelos porque son de la “Familia”. Siempre la “Familia”… Antes sólo lo disfrutaba, hoy lo valoro, lo agradezco y lo entiendo… porque estabas haciendo “Familia” y enseñándonos que es realmente la célula viva de la sociedad y que no es como a cada quien se le ocurra inventarla; si no que hay que formarla de acuerdo a su único modo de ser, constituida por papá, mamá y los hijos.

Nos enseñaste que es el lugar donde somos realmente aceptados, valorados y amados por quienes somos antes que por cualquier otra cosa. Gracias porque la “Familia” fue y es nuestro refugio y nuestro lugar en el mundo; donde aprendimos lo más importante de la vida para mostrarlo después fundando nuestro hogar haciendo nuestra propia “Familia” de acuerdo a los valores y principios sólidos que nos dan una identidad propia y única de personas humanas en todo el sentido de la palabra.

El mundo veré como tú, te comprenderé…

Eso me decías a mi corta edad, cuando yo no entendía muchas decisiones, pero me enseñaste a obedecer y a confiar… A renunciar a ciertas cosas para ahora ser mejor, a confiar en que tus “no” eran los límites que me señalaron el camino que conducía a la dicha verdadera para que cada uno en casa se construyera a sí mismo de acuerdo a los valores más excelsos y descubriera la verdadera felicidad.

Al crecer, el mundo veo como tú, te comprendo y te agradezco lo que hiciste por mí y por mis hermanos, por lo que haces cada día, porque después de tantos desvelos y acompañamiento, soy quien soy y tengo un agradecimiento y amor infinito por ti.

Siempre con un libro

Sentado en un sillón reclinable, escuchando música clásica, una copa de vino tinto y un poco de queso, leyendo un buen libro ¡Ah, eso es vida! Decías y dices tú... Pero no cualquier libro, un libro seleccionado especialmente por el tema y por el autor; así, me fuiste introduciendo en el mundo de la lectura, primero fábulas, luego reflexiones de autores como Michel Quoist, Emma Godoy y otros; que encantada de imitarte, leía y que sin saberlo eran escogidos por ti con amor para mi, para formar mi persona en lo humano y trascendente… Hoy, todavía tengo esos libros y entre muchos otros, la recomendación hoy es C. S. Lewis ¿Verdad Papá?

Con ese tipo de lecturas no es de extrañar que me fuera interesando el fascinante mundo de la Persona Humana, varias veces repasé que ésta es una unidad de cuerpo y alma compuesta por varias dimensiones… Y ahora es momento de aplicar esos conocimientos y adentrarnos a un análisis al respecto, enfocado a la persona de Papá.

Físicamente Papá

Eres muy fuerte, alto, desde pequeña yo te veía enorme y desde entonces pienso que todo lo puedes y que me protegerás ante cualquier peligro dando cada día tu mayor esfuerzo, cada día dando la vida por mí, mostrándome que para forjarme de acuerdo a mi naturaleza no debo dejarme llevar por mi comodidad o mis instintos sino encaminarlos con la luz de la inteligencia y la voluntad.

Emocionalmente Papi

Eres entero, yo te veo centrado en la realidad, aceptando la vida como es. Ecuánime, vas por la vida sin dejarte vencer, sin dejarte arrastrar, siempre al mando de ti mismo, sabiendo hacia dónde vas, me guiaste y lo sigues haciendo; me enseñaste a madurar para no perderme en un mundo donde todo me invita a claudicar en la batalla más importante de la vida, para que yo pueda ganar y comportarme de acuerdo a mi dignidad.

Socialmente Papito

Eres muy buen amigo, te veo siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesita, comprometido con cada ser humano que te ha abierto su corazón. Luchando incansablemente para que el mundo que te rodea y que me rodea sea un mundo más humano, más bueno, más amable. Te involucras y participas para que no haya injusticias, ni maldad.

Intelectualmente Pa

Eres súper inteligente, no se te va una, mucho de lo que yo no sé, tú lo sabes, eres como mi gran enciclopedia personal, con un toque único: Siempre en la búsqueda y en la defensa de la Verdad… Gracias por mostrarme que sólo hay una Verdad, una realidad y que buscarla y vivir de acuerdo a esta me hará Libre. Moralmente Papá Eres intachable, tienes principios sólidos y valores que te hacen ser quien eres; yo te veo incorruptible, incapaz de mentir, de lastimar, de traicionar… Gracias por enseñarme a no conformarme hasta encontrar el Bien Mayor, gracias por formar mi conciencia y mostrarme con tu vida, con tu ejemplo que debo distinguir y descartar el mal, y elegir el mayor entre todos los bienes…Gracias Pa, porque yo: “No me confundo”.

Espiritualmente Papacito

Eres un hombre de Dios, ese letrerito en tu buró dedicado a Dios sobre el despertador que dice “Te Serviré” ha quedado grabado en mi mente y en mi corazón. Gracias por ser mi ejemplo de hijo, obediente, bueno, recto, con tus ojos puestos en el Cielo. Gracias por enseñarme a rezar, a abandonarme en los brazos del Padre Amoroso, gracias por mostrarme que el único camino que me dará la felicidad tan anhelada es El, gracias por ayudarme a descubrirlo y a amarlo por sobre todas las cosas… Ahora, terminado este recorrido, sólo quiero decirte que al leer esto, quizás derramaste algunas lagrimillas discretamente… Tan bueno, tan grande, tan noble, así eres TU y mi amor por ti es, no sólo infinito como escribí en párrafos anteriores, sino eterno.

Estaremos siempre juntos todo el tiempo sin final…

Porque me enseñaste que existe la eternidad, aquí en la tierra siempre estaremos juntos, acompañándonos y cuando Dios nos llame, me apartarás un lugar o te lo apartaré yo, porque nunca claudicaré en tu enseñanza más importante: Lucharé por conocer y hacer Su Voluntad (¿Te suena conocido…?) Así estaremos siempre juntos por toda la eternidad.

¡Gracias Papá!

¡Te Amo, Te Amo Mucho!

Evangelio diario meditado -Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón 17/06/11

Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón
Mateo 6, 19-23. Hemos visto con claridad la luz de Dios en nuestra vida, su amor, su misericordia. Pero la queremos ahogar o esconder, cubriéndola con nuestros problemas.
Autor: Roberto Villatoro | Fuente: Catholic.net


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”.

Oración introductoria

Ayúdame a ver con los ojos de la fe. Que todo acontecimiento en mi vida y en la de los demás, lo vea en el plano sobrenatural. Que vea con tus ojos, y así pueda servirte a ti y a mis hermanos los hombres. Ayúdame, pues sé que solo no podré, pero con tu gracia no se nublará mi vista. Y viéndote con claridad en mi vida te sirva sólo a ti.

Petición

Señor Jesús, te entrego mis ojos para ver como Tú ves.

Meditación

De la introducción a la Oración sacerdotal de Jesús (cf. Jn 17, 1), el Canon usa luego las palabras: “elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso”. El Señor nos enseña a levantar los ojos y sobre todo el corazón. A levantar la mirada, apartándola de las cosas del mundo, a orientarnos hacia Dios en la oración y así elevar nuestro ánimo. En un himno de la Liturgia de las Horas pedimos al Señor que custodie nuestros ojos, para que no acojan ni dejen que en nosotros entren las “vanitates”, las vanidades, la banalidad, lo que sólo es apariencia. Pidamos que a través de los ojos no entre el mal en nosotros, falsificando y ensuciando así nuestro ser. Pero queremos pedir sobre todo que tengamos ojos que vean todo lo que es verdadero, luminoso y bueno, para que seamos capaces de ver la presencia de Dios en el mundo. Pidamos, para que miremos el mundo con ojos de amor, con los ojos de Jesús, reconociendo así a los hermanos y las hermanas que nos necesitan, que están esperando nuestra palabra y nuestra acción. (Benedicto XVI, Homilía en la Misa «IN CENA DOMINI», Jueves Santo 9 de abril de 2009).

Reflexión apostólica

Juan Pablo II en una ocasión dijo que no podíamos negar en la oscuridad, en momentos difíciles, lo que hemos podido ver con claridad en la luz. Y es que en algún momento de nuestra vida, hemos visto con claridad la luz de Dios en nuestra vida, su amor, su misericordia. Pero en ocasiones, la queremos ahogar o esconder, cubriéndola con nuestros problemas, o incluso con nuestros éxitos. Sin embargo, sabemos que la hemos visto.
Y esa luz que hemos visto, no podemos negarla ante la primera adversidad, o esconderla en los momentos de éxito. Hemos visto, hemos sido testigos. Por eso debemos cuidar siempre que nuestra vista no se nuble. Asegurarnos, y pedirle a Dios la gracia. De manera que podamos únicamente servir a un solo Señor.

Propósito

Veré la mano de Dios en las cosas sencillas de mi vida ordinaria.

Diálogo con Cristo

Señor, ayúdame a ver la claridad de tu luz. Que no sea ciego a tu amor, a tu fidelidad, a tu constante intervención en mi vida. Que ante tantas “lucecitas del pecado”, que me ofrecen una felicidad incierta, brille ante todo tu luz en mi vida. Y que, con mis obras, refleje tu luz, para que mis hermanos puedan alabarte y servirte también a ti.


Es propio de la luz el iluminar en cualquier parte en que se encuentre (San Hilario, Catena Aurea, vol. I, p. 263)


# Preguntas o comentarios al autor
Roberto Villatoro

Suscríbase aquí
para recibir el Evangelio meditado y otros servicios en su e-mail

Conoce la Sección de Aprende a Orar

Consulta la Biblia en Catholic.net

Buenas noticias: Flash 110616

Flash 110616
Breves pinceladas del rostro amable del mundo
Autor: Redacción | Fuente: www.buenas-noticias.org


FAMILIA
Adoptar el sida
Según un reportaje hecho por la cadena estadounidense NBC, son cada vez más las familias de ese país que se deciden a adoptar niños con Sida. «Estos niños son los leprosos de los tiempos modernos», comenta Margaret Fleming, que ha adoptado tres niños con esta enfermedad. ¿Riesgos de contagio? Ninguno... aunque pensándolo bien, sí podrían contagiarse del amor que estas familias dan a unos niños que, tal vez más que muchos otros, necesitan de cariño.
Se puede ver un vídeo en inglés (al final de la página, en la parte de abajo) con el reportaje en este enlace .
Fuente: NBC, 04-03-2011

INTERNET
«La Iglesia debe estar en Internet»
Según un informe de la Agencia Fides, en Singapur el crecimiento de las redes sociales aumenta vertiginosamente. Y la Iglesia se lo toma en serio. El P. Joan O´Reilly Fix, nuevo Director de la Oficina de Comunicación Social de la Archidiócesis de Singapur, comenta que «la comunidad católica está presente y se introduce para promover la difusión de los valores cristianos». Y lo mismo piensa el Arzobispo de Los Ángeles, Mons. Gómez, que comenta que «la Iglesia debe estar siempre en donde está su gente. Y cada vez más gente nuestra está en Internet». Pues ahí hay que estar...
Fuente: FIDES, 13-06-2011 y The Sacred Page, 09-06-2011

EVANGELIZACIÓN
Evangelio en paracaídas
Un grupo de mujeres del Movimiento Regnum Christi de Cary (Carolina del Norte, USA) decidieron proclamar la Palabra de Dios de una manera innovadora: por paracaídas. ¿Su misión? Envían a lugares, como la selva colombiana dominada por la guerrilla, evangelios, libros espirituales y radios para dar a los misioneros que ahí intentan evangelizar herramientas que les sirvan en su trabajo. Una forma creativa de evangelizar... ¡bienvenida sea!
Fuente: Regnum Christi, 17-05-2011

In-FÓRMATE
El sacerdocio visto con los ojos de una feminista atea
Se llama Jennifer Fulwiler y así se describe ella misma: «Fui atea toda mi vida hasta el año 2005. Busqué mi camino hacia el cristianismo, y ahora escribo acerca de lo que significa ser parte de esta fe, después de una vida como no creyente». Su testimonio impresiona y sus escritos, cargados de esa fuerza propia del converso, son una bocanada de aire fresco en la red.

Entre los muchos temas con los que se encontró antes de su conversión al catolicismo, resulta interesante lo que le pasó con un sacerdocio exclusivo para varones dentro de la Iglesia. Uno pensaría que se iba a volver atrás en su decisión de convertirse y que plantearía los típicos argumentos “discriminatorios”. Pero, para su propia sorpresa, descubrió que le encontraba mucho sentido...

¿Sus argumentos?
1. Hombres y mujeres somos distintos
2. Lo que haces no es lo que te hace valer
3. Dios se hizo hombre
4. Jesús escogió hombres para ser sus apóstoles
5. Dios nos dio a María

En su artículo - que pueden leer completo en este enlace - desgrana cada uno de esos puntos con un realismo y sutileza que sorprende. ¡Vale la pena leerlo! Esas líneas pueden iluminar y ayudar a valorar, aún más, la fe tan hermosa que tenemos en nuestra Iglesia. ¡Gracias, Jennifer!
Por Juan Antonio Ruiz J., L.C.
Con datos de Con tinta de esperanza, 14-06-2011 y National Catholic Register, 06-06-2011

UN BUEN LIBRO
Título: Las ovejas bailan rap
Autor: Juan Antonio Ruiz Jorge, LC
Editorial: El Arca
La música puede decir mucho de lo que tú piensas. ¿Te dejarás llevar, o sabrás interpretarla y darle su lugar? En este libro, el autor desea invitar a los adolescentes y jóvenes (y a los que aún desean serlo) a escuchar la música con otros oídos. Cada capítulo es una canción y artistas como Eminem, Britney Spears, Black Eyed Peas, The Beatles y Michael Jackson se sientan en el banquillo para ver si de sus letras se puede aprender algo o simplemente nos invitan a dejarnos llevar como si se tratara del tintineo de una campana que llama siempre a lo fácil y poco valioso... como hacen con las ovejas.
Se puede conseguir en este enlace: Las ovejas bailan rap

Síguenos en Facebook: Buenas Noticias en Facebook
Si quieres comunicarte con la redacción, envía un mensaje a: buenasnoticias@arcol.org
Regala una suscripción totalmente gratis http://es.catholic.net/buenasnoticias/regalo.php
Suscríbete por primera vez a nuestros servicios http://es.catholic.net/buenasnoticias


Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos con tu donativo hoy mismo. Dios te lo recompensará.
DA CLICK AQUÍ PARA DONAR

Santo de hoy-Ciro (Ciriaco) y Julita, Santos-16 de junio

Ciro (Ciriaco) y Julita, Santos
Mártires, 16 de junio
Autor: Alban Butler | Fuente: "Vidas de Santos"

Niño Mártir y su Madre
(al niño también se lo comoce como San Qurico)
Martirologio Romano: En la provincia romana de Asia Menor, conmemoración de los santos Quirico y Julita, mártires.

Etimoligìa: Ciro = Aquel que es señorial. Viene del griego.

Cuando los edictos de Diocleciano contra los cristianos se aplicaban con la máxima severidad en Licaonia, una viuda llamada Julita, que vivía en Iconio, juzgó prudente retirarse de un distrito donde ocupaba una posición prominente y buscar un refugio seguro bajo un régimen más clemente. En consecuencia, tomó consigo a su hijo Ciríaco o Quiricio, de tres años de edad, y a dos de sus servidoras y escapó hacia Seleucia. Ahí quedó consternada al descubrir que la persecución era todavía más cruel, bajo la dirección de Alejandro, el gobernador y, por lo tanto, continuó su huida hasta Tarso. Su arribo a la ciudad fue inoportuno, puesto que coincidió con el de Alejandro; algunos de los miembros de la comitiva del gobernador reconocieron al pequeño grupo de peregrinos. Casi inmediatamente, Julita fue detenida y encerrada en la prisión. Al comparecer ante los jueces del tribunal que iba a juzgarla, llevaba a su hijo de la mano y denotaba una absoluta serenidad. Julita era una dama de noble linaje con muy vastas y ricas posesiones en Iconio, pero en respuesta a las preguntas sobre su nombre, posición social y lugar de nacimiento, sólo afirmó que era cristiana. En consecuencia, el proceso no tuvo lugar y se la condenó a recibir el castigo de los azotes atada a las estacas. Antes de que se cumpliera con la sentencia, le fue arrebatado su hijo Ciríaco, a pesar de sus lágrimas y sus protestas.

En la leyenda sobre estos santos se dice que Ciríaco era un niño muy hermoso y que el gobernador lo tomó en sus brazos y lo sentó sobre sus rodillas, en un vano intento para que dejase de llorar. La criatura no quería más que volver al lado de su madre y extendía sus brazos hacia ella mientras la azotaban y, cuando Julita gritó, en medio de la tortura: «¡Soy cristiana!», el niño repuso como un eco: «¡Yo soy crisitano también!». En un momento dado, a impulsos de la ansiedad por librarse de las manos que le retenían y correr hacia su madre, el chiquillo comenzó a debatirse y, como Alejandro se esforzaba por contenerle, le propinó algunas patadas y le rasguñó la cara. La actitud del niño, completamente natural en aquellas circunstancias, encendió la cólera del gobernador. Se levantó hecho una furia, alzó a la criatura por una pierna y lo arrojó con fuerza sobre los escalones, al pie de su tribuna; el cráneo se le fracturó y quedó muerto al instante. Julita lo había presenciado todo desde las estacas donde estaba atada, pero en vez de manifestar su dolor, levantó la voz para dar gracias a Dios por haber concedido a su hijo la corona del martirio. Su actitud no hizo más que aumentar el furor de Alejandro. Este mandó que desgarrasen los costados de la infortunada mujer con los garfios, que fuese decapitada y que su cuerpo, junto con el de su hijo, fuera arrojado a los basureros en las afueras de la ciudad, con los restos de los malhechores. Sin embargo, después de la ejecución, el cadáver de Julita y el de Ciríaco fueron rescatados por las dos criadas que habían traído desde fconio, quienes los sepultaron sigilosamente en un campo vecino.

Cuando Constantino restableció la paz para la Iglesia, una de aquellas servidoras reveló el lugar donde se hallaban enterrados los restos de los mártires, y los fieles acudieron en tropel a venerarlos. Se dice que las supuestas reliquias de san Ciríaco se trasladaron de Antioquía durante el siglo cuarto, por iniciativa de san Amador, obispo de Auxerre. Esto extendió el culto por este niño santo en Francia, con el nombre de san Cyr, pero en realidad no hay ninguna prueba concreta para relacionar a los santos históricos Julita y Ciríaco -si aceptamos su existencia- con la ciudad de Antioquía. A pesar de que posiblemente fueron martirizados un 15 de julio, fecha en que se conmemora su fiesta en el Oriente, el Martirologio Romano los festeja el 16 de junio.

Es una pena tener que descartar una historia tan conmovedora y a la que tanto crédito se dio durante la Edad Media en Oriente y Occidente; pero la leyenda, tal como se ha conservado en todas sus formas, es positivamente una ficción. Las «Actas de Ciríaco y Julita» fueron proscritas en el decreto de Pseudo-Gelasio en relación con los libros que no debían ser leídos y, a pesar de que esta ordenanza no procedía del Papa San Gelasio, llega hasta nosotros revestida con la autoridad de su antigüedad y de haber sido generalmente aceptada. El padre Delehaye favorece la opinión de que Ciríaco fue el verdadero mártir y el personaje central de la leyenda fabricada posteriormente. Tal vez procedía de Antioquía, como se afirma en el Hieronymianum, pero lo cierto es que su nombre aparece solo y no unido al de Julita en muchas inscripciones y dedicatorias de iglesias y lugares diversos, en toda Europa y el Cercano Oriente. Las muy diversas formas en que se ha conservado la leyenda hasta nuestros días, son un testimonio de su popularidad.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!


Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos con tu donativo hoy mismo. Dios te lo recompensará.
DA CLICK AQUÍ PARA DONAR


Recomendaciones:

• Pentecostés, fiesta grande para la Iglesia
• Especial de Pentecostés. ¡Conoce al Espíritu Santo!
• Un Dios castigador
• Novena al Espíritu Santo. Oraciones para cada día
• La Amistad y la Hospitalidad
• Integrando la espiritualidad en la psicología
• Discurso del Papa al mundo de la política, la empresa y la cultura de Croacia
• Cuando la ideología empaña la ciencia
• Cómo evangelizar con las nuevas tecnologías, según Mons. Celli
• Misioneras Catequistas de los Pobres


Catholic.net busca unir los esfuerzos de todos los católicos en la red, con el fin de dar una mayor visibilidad y promoción al trabajo evangelizador que realizan las diversas instituciones y realidades eclesiales en Internet, brindando además, servicios de alta calidad y contenidos fieles al Magisterio de la Iglesia. Si recibió este mensaje por error o desea cancelar su suscripción a este servicio, simplemente haga click aquí. Si por alguna razón el vínculo no funciona o quiere denunciar que alguien lo suscribió a nuestros servicios sin su consentimiento, solo reenvíe este correo a abuso@catholic.net con asunto CANCELAR y lo daremos de baja de todos nuestros servicios.

Meditación diaria - Jesucristo, Sacerdote 16/06/11

Jesucristo, Sacerdote
Cristo es verdadero Sumo Sacerdote, el Salvador del mundo. De un modo personal, profundo, quiere ser, también, mi Salvador.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net


Nuestro corazón está herido por el pecado, nuestra mente vive dispersa en mil distracciones vanas, nuestra voluntad flaquea entre el bien y el mal, entre el egoísmo y el amor.

¿Quién nos salvará? ¿Quién nos apartará del pecado y de la muerte? Sólo Dios. Por eso necesitamos acercarnos a Él para pedir perdón.

Pero, entonces, “¿quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?” Sólo alguien bueno, sólo alguien santo: “El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura” (Sal 24,3-4).

Sabemos quién es el que tiene las manos limpias, quién es el que tiene un corazón puro, quién puede rezar por nosotros: Jesucristo.

Jesucristo puede presentarse ante el Padre y suplicar por sus hermanos los hombres. Es el verdadero, el único, el “Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hb 5,10; 6,20). Es el auténtico “mediador entre Dios y los hombres” (1Tm 2,5), como explica el “Catecismo de la Iglesia Católica” (nn. 1544-1545).

Cristo es el único Salvador del mundo. De un modo personal, profundo, quiere ser, también, mi Salvador.

Celebrar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos llena de alegría. El altar recibe la Sangre del Cordero. El Sacerdote que ofrece, que se ofrece como Víctima, es el Hijo de Dios e Hijo de los hombres. El Padre, desde el cielo, mira a su Hijo, el Cordero que quita el pecado del mundo, el Sumo Sacerdote que se compadece de sus hermanos.

El pecado queda borrado, el mal ha sido vencido, porque el Hijo entregó su vida para salvar a los que vivían en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Lc 1,79).

Podemos, entonces, subir al monte del Señor, acercarnos al altar de Dios, participar en el Banquete, tocar al Salvador.

Como en la Última Cena, Jesús nos dará su Cuerpo y su Sangre. Como a los Apóstoles, lavará nuestros pies, y nos pedirá que le imitemos: “Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). “Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15).

Ese es nuestro Sumo Sacerdote, el Cordero que salva, el Hijo amado del Padre. A Él acudimos, cada día, con confianza: “Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.

Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hb 4,15-16).


# Preguntas o comentarios al autor
P. Fernando Pascual LC

_______________


Hoy es un día especial para rezar por los sacerdotes: Oración y Preces por los sacerdotes.

Evangelio diario meditado - La fuerza de los evangelizadores 16/06/11

La fuerza de los evangelizadores
Lucas 22, 14-20. Jesucristo Sumo y Eteno Sacerdote. Tú me has amado enormemente al quedarte en la Eucaristía. ¡Qué bueno eres! Así podré hablar contigo cuando lo necesite.
Autor: Benjamín Meza Reyes | Fuente: Catholic.net



Evangelio

Lectura del santo Evangelio según Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

Oración introductoria

Jesús, así como Tú deseaste dejar el sacramento de tu amor aquel Jueves Santo, yo también deseo encontrarme contigo el día de hoy. Tú me has amado enormemente al quedarte en la Eucaristía. ¡Qué bueno eres! Así podré hablar contigo cuando lo necesite.

Petición

Jesús, enséñame a valorar tu presencia en el sacramento de la comunión. Aumenta mi fe para que nunca dude de la fuerza de la Eucaristía y de tu amor.

Meditación

Jesús no sólo habló; no sólo nos dejó palabras. Se entrega a sí mismo. Nos lava con la fuerza sagrada de su sangre, es decir, con su entrega «hasta el extremo», hasta la cruz. Su palabra es algo más que un simple hablar; es carne y sangre «para la vida del mundo» (Jn 6, 51). En los santos sacramentos, el Señor se arrodilla siempre ante nuestros pies y nos purifica. Pidámosle que el baño sagrado de su amor verdaderamente nos penetre y nos purifique cada vez más. (Benedicto XVI, homilía del Jueves Santo, 20 de marzo de 2008)

Reflexión apostólica

El amor a Cristo Eucaristía ha llevado a una multitud de hombres a propagar la fe católica en el mundo. El cuerpo de Cristo fue el alimento y la fuerza para dar a conocer el amor de Dios. La fuerza que recibo en la comunión es capaz de impulsarme a propagar la doctrina de Cristo. Si creo realmente en Dios necesito acudir a recibirle en su sacramento. ¿Qué tan frecuentemente comulgo? ¿Creo realmente en la necesidad del alimento espiritual? Las próxima vez que acuda a misa, reflexionaré sobre esto.

Propósito

Hoy pediré a Dios por la extensión de la fe en la misa o haciendo una comunión espiritual. y rezaré por los sacerdotes.

Diálogo con Cristo

Jesús, ayúdame a que cada vez que acuda a misa o a recibir tu santa Eucaristía, valore el grande amor que me has tenido quedándote conmigo. Te doy gracias por que hubo personas que me inculcaron la fe, alimentados con la fuerza de tu Cuerpo hecho pan. ¡No permitas que me aparte de ti!


El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias (San José María Escrivá, Es Cristo que pasa, 86)




# Preguntas o comentarios al autor
Benjamín Meza Reyes

Suscríbase aquí
para recibir el Evangelio meditado y otros servicios en su e-mail

Conoce la Sección de Aprende a Orar

Consulta la Biblia en Catholic.net

domingo, 8 de mayo de 2011

Evangelio diario meditado -El alimento que permanece para la vida eterna 09/05/11

MODELOS DE LA NIÑEZ

Incentivar en los niños el amor y la devoción a los santos es muy importante para su vida espiritual. Los pocos que aquí presentamos, desde su situación de vida particular, fueron modelos de virtud y perfección en sus primeros años o a lo largo del corto tiempo de su paso por la tierra, y por ello es muy aconsejable tenerles de modelos y patronos...

Santo Domingo Savio

Era un jovencito de casa pobre y amaba mucho a sus padres. Iba mucho a la iglesia y a la edad de cinco años ya ayudaba en la Santa Misa. Se apartaba de los malos compañeros y todos le respetaban y deseaban su compañía por ser tan bueno. Era listo y aprendía bien las lecciones. Se llamaba Savio, y supo ser sabio y Santo.
Digamos todos con él: "Antes morir que pecar".

San Estanislao

Verdadero modelo de jóvenes. ¡Ojalá todos fuesen como él! Era bien diferente de aquellos que sólo quieren divertirse aunque sea con malos medios, aunque sabía reír y alegrar al resto. Amaba a la Virgen y Ella le prometió que subiría al Cielo el 15 de agosto, y así fue.
Digamos con él: "La Virgen es mi Madre".

Santa María Goretti

¡Qué simpática es esta jovencita de doce años! De pequeñita resaba sus oraciones y asistía gozosa al Catecismo y ala Santa Misa. Iba muy modesta por las calles y todos decían que parecía un ángel. En cierta ocasión se la quiso obligar a cometer un pecado impuro, y dijo que no y no...
Digamos con ella: "El pecado no, no y no".

Santa Teresita del Niño Jesús

Cuando era pequeña, procuraba corregirse de los defectos que tenía. Era muy cariñosa y obediente a sus padres. Amaba mucho a la Virgen. Hizo su Primera Comunión con gran fervor, que procuró conservar toda su vida. ¿Saben cómo fue santa? Rezando, obedeciendo, leyendo buenos libros, apartándose del pecado.
Digamos también con ella: "Quiero ser santo / a".

San Tarsicio

Hubo un tiempo en que los buenos cristiasnos eran perseguidos y encerrados en oscuras cárceles, y a veces los echaban a las fieras o los mataban, tras horribles tormentos. Antes de morir deseaban recibir la Sagrada Comunión. Un día iba Tarsicio a llevar la Eucaristía a la cárcel, y decía: No, no me quitarán a Jesús. Y murió antes de entregar las Santas Hostias. Digamos con él: "No me quitarán a Jesús".

San Luís Gonzaga

Era hijo de casa muy noble y rica, y tenía todas las comodidades y riquezas. Pero Luís no estimaba estas cosas. Era el hermano mayor. Cuando tenía sólo ocho años, prometió a Dios huir siempre de cosas impuras. Y lo cumplió. Cuando estaba por morir, algunos lloraban, pero él les decía: No lloréis, porque me voy al Cielo.

Si somos buenos, al llegar la hora de nuestra muerte podremos decir con él: "Me voy contento/a al Cielo". Santa Inés, virgen Es la Patrona de la modestia cristiana. ¿Sabes por qué? Porque iba siempre muy modesta; se apartaba de cosas y lugares malos y tenía mucho cuidado, sobre todo, en vestir como Dios manda. Así lo hacen los buenos niños. Un día la llevaron a un lugar malo; ella no quería ir, y un Ángel la defendió.
Digamos con ella: "Jesús, defiende mi pureza".

Santa Bernardita Soubirous

Era muy pobre y vestía pobremente. No sabía leer ni escribir; pero sabía rezar y amar mucho a Dios y a la Virgen. Un día iba a recoger leña para preparar la comida, y de repente se le apareció la Santísima Virgen llena de resplandor. Varias veces se le apareció la Virgen, la cual le decía que rezase el Rosario y que convenía hacer penitencia. La vio por lo menos unas 18 veces. Un día la veremos en el Cielo.
Digamos con la santa: "¡Qué hermosa eres, oh María!".


MICRO-REFLEXIÓN:

"Hay que tener confianza en los santos en los ángeles. Cuando uno es todavía un niño anda en los brazos de todo el mundo. Uno se deja querer, y esto es del todo natural".

VALORES

MODELOS DE LA NIÑEZ

Incentivar en los niños el amor y la devoción a los santos es muy importante para su vida espiritual. Los pocos que aquí presentamos, desde su situación de vida particular, fueron modelos de virtud y perfección en sus primeros años o a lo largo del corto tiempo de su paso por la tierra, y por ello es muy aconsejable tenerles de modelos y patronos...

Santo Domingo Savio

Era un jovencito de casa pobre y amaba mucho a sus padres. Iba mucho a la iglesia y a la edad de cinco años ya ayudaba en la Santa Misa. Se apartaba de los malos compañeros y todos le respetaban y deseaban su compañía por ser tan bueno. Era listo y aprendía bien las lecciones. Se llamaba Savio, y supo ser sabio y Santo.
Digamos todos con él: "Antes morir que pecar".

San Estanislao

Verdadero modelo de jóvenes. ¡Ojalá todos fuesen como él! Era bien diferente de aquellos que sólo quieren divertirse aunque sea con malos medios, aunque sabía reír y alegrar al resto. Amaba a la Virgen y Ella le prometió que subiría al Cielo el 15 de agosto, y así fue.
Digamos con él: "La Virgen es mi Madre".

Santa María Goretti

¡Qué simpática es esta jovencita de doce años! De pequeñita resaba sus oraciones y asistía gozosa al Catecismo y ala Santa Misa. Iba muy modesta por las calles y todos decían que parecía un ángel. En cierta ocasión se la quiso obligar a cometer un pecado impuro, y dijo que no y no...
Digamos con ella: "El pecado no, no y no".

Santa Teresita del Niño Jesús

Cuando era pequeña, procuraba corregirse de los defectos que tenía. Era muy cariñosa y obediente a sus padres. Amaba mucho a la Virgen. Hizo su Primera Comunión con gran fervor, que procuró conservar toda su vida. ¿Saben cómo fue santa? Rezando, obedeciendo, leyendo buenos libros, apartándose del pecado.
Digamos también con ella: "Quiero ser santo / a".

San Tarsicio

Hubo un tiempo en que los buenos cristiasnos eran perseguidos y encerrados en oscuras cárceles, y a veces los echaban a las fieras o los mataban, tras horribles tormentos. Antes de morir deseaban recibir la Sagrada Comunión. Un día iba Tarsicio a llevar la Eucaristía a la cárcel, y decía: No, no me quitarán a Jesús. Y murió antes de entregar las Santas Hostias. Digamos con él: "No me quitarán a Jesús".

San Luís Gonzaga

Era hijo de casa muy noble y rica, y tenía todas las comodidades y riquezas. Pero Luís no estimaba estas cosas. Era el hermano mayor. Cuando tenía sólo ocho años, prometió a Dios huir siempre de cosas impuras. Y lo cumplió. Cuando estaba por morir, algunos lloraban, pero él les decía: No lloréis, porque me voy al Cielo.

Si somos buenos, al llegar la hora de nuestra muerte podremos decir con él: "Me voy contento/a al Cielo". Santa Inés, virgen Es la Patrona de la modestia cristiana. ¿Sabes por qué? Porque iba siempre muy modesta; se apartaba de cosas y lugares malos y tenía mucho cuidado, sobre todo, en vestir como Dios manda. Así lo hacen los buenos niños. Un día la llevaron a un lugar malo; ella no quería ir, y un Ángel la defendió.
Digamos con ella: "Jesús, defiende mi pureza".

Santa Bernardita Soubirous

Era muy pobre y vestía pobremente. No sabía leer ni escribir; pero sabía rezar y amar mucho a Dios y a la Virgen. Un día iba a recoger leña para preparar la comida, y de repente se le apareció la Santísima Virgen llena de resplandor. Varias veces se le apareció la Virgen, la cual le decía que rezase el Rosario y que convenía hacer penitencia. La vio por lo menos unas 18 veces. Un día la veremos en el Cielo.
Digamos con la santa: "¡Qué hermosa eres, oh María!".


MICRO-REFLEXIÓN:

"Hay que tener confianza en los santos en los ángeles. Cuando uno es todavía un niño anda en los brazos de todo el mundo. Uno se deja querer, y esto es del todo natural".

Buenas Noticias: El valor de la vida

El valor de la vida
Desde su silla de ruedas parece decirnos a todos que lo mejor que podemos hacer es esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos.
Autor: Sebastián Rodríguez, LC | Fuente: www.buenas-noticias.org


Ante la muerte repentina de un ser querido, tras un accidente, un terremoto o un infarto, tocamos la fugacidad de la vida y reflexionamos en el sentido de ésta.

El 6 de febrero de 2011 tuve la gracia de conocer a Aleixo, un niño de 10 años que acaba de cumplir un año de vida. No, no es un error; de verdad ha vuelto a vivir.

Todo ocurrió en un accidente, donde el camión de su padre se incendió y al momento de intentar rescatar al pequeño lo recuperaron con el 90 por ciento de su cuerpo quemado.

«¿Será conveniente vivir así?», eran los comentarios que se escuchaban a su alrededor cuando le veían entrar al pabellón. El accidente ocurrió en septiembre de 2009 y en el periodo de su recuperación, gracias al apoyo incondicional de sus padres, de los médicos y del capellán del hospital, ha sabido descubrir el valor de la vida.

Se mueve en una silla de ruedas, aunque a veces se cansa de estar sentado y sorprende a todo el mundo cuando se levanta y camina solo. Es un niño que ha aprendido a amar la vida, y especialmente, a amar al Creador de la vida.

¡Cuántas veces escuchamos frases superficiales como “disfruta la vida tal como es, porque después no habrá después”! Ellas intentan mostrar un estilo de vida que incluye únicamente los momentos de prosperidad. Pero sabemos bien que la vida se disfruta y se vive verdaderamente en todos sus periodos, incluyendo el sufrimiento.

Sí, la verdadera vida es vivir en el amor. En este sentido, vivir es apreciar las ventajas de la vida: poder sonreír, tener una vida virtuosa y divertida, un ambiente sano de amigos, tener muchas ganas de vivir, de hacer cosas por los demás.

Aleixo me enseñó todo esto. Me hizo ver que no vivimos para nosotros mismos, sino que para los demás, para que sean felices y para acercarles a Dios. Desde su silla de ruedas parece decirnos a todos que lo mejor que podemos hacer es esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos y que debemos seguir ese consejo que circula por ahí: «tres cosas en la vida no se deben perder: vida de gracia, apetito y buen humor».

Santo de hoy-Bonifacio IV, Santo-8 de mayo

Bonifacio IV, Santo
LXVII Papa, Mayo 8
Autor: . | Fuente: Enciclopedia Católica || ACI Prensa

LXVII Papa
Martirologio Romano: En Roma, junto a la basílica de San Pedro, san Bonifacio IV, papa, que obtuvo del emperador Focas el templo del Panteón, el cual transformó en iglesia dedicada a la santísima Virgen y a todos los mártires, y fomentó mucho la disciplina monástica (615).

Etimológicamente: Bonifacio = Aquel que hace el bien, es de origen latino.
Hijo de Juan, un médico, marso de la provincia y ciudad de Valeria; sucedió a Bonifacio III tras un paréntesis de unos nueve meses; consagrado el 25 de Agosto de 608; murió el 8 de Mayo de 615; (otras fuentes indican que fue consagrado el 15 de Septiembre de 608 y murió el 25 de Mayo de 615).

En tiempos del Papa San Gregorio Magno fue diácono de la Iglesia romana y tuvo el cargo de dispensator, esto es, el primer funcionario en lo relativo a la administración de los patrimonios.

Bonifacio obtuvo el permiso del emperador Focas para convertir el Panteón en una iglesia cristiana, y el 13 de Mayo de 609 el templo erigido por Agripa a Júpiter Vengador, a Venus, y a Marte fue consagrado por el Papa a la Virgen María y a todos los mártires.(De ahí el título de Santa María Rotunda).

Fue el primer ejemplo en Roma de transformación de un templo pagano en lugar cristiano de culto. Se dice que veintiocho carretas de huesos sagrados fueron sacadas de las Catacumbas y colocadas en un recipiente de pórfido bajo el altar mayor.

Durante el pontificado de Bonifacio, Melitón, el primer obispo de Londres, fue a Roma "a consultar al Papa sobre cuestiones importantes relativas a la recientemente establecida Iglesia de Inglaterra". Mientras estaba en Roma asistió a un concilio que se estaba celebrando entonces referente a ciertas cuestiones de "la vida y paz monástica de los monjes", y, a su partida, se llevó consigo los decretos del concilio junto con cartas del Papa a Lorenzo, arzobispo de Canterbury, y a todo el clero, al rey Etelberto, y a todo el pueblo inglés "referentes a lo que tenía que observarse por la Iglesia de Inglaterra". Los decretos del concilio hoy existentes son espurios.

Entre 612 y 615, San Columbano, que entonces vivía en Bobbio, Italia, fue persuadido por Agilulfo, rey de los Lombardos, para que dirigiera a Bonifacio IV una carta sobre la condena de los "Tres Capítulos" que es notable a la vez por sus expresiones de exagerada deferencia y su tono de aspereza excesiva.

En ella dice al Papa que está acusado de herejía (por aceptar el Quinto Concilio, esto es, el de Constantinopla, 553), y le exhorta a convocar un concilio y demostrar su ortodoxia. Pero la carta del impetuoso celta, que no captó la importancia del problema teológico implicado en los "Tres Capítulos", parece no haber perturbado lo más mínimo su relación con la Santa Sede, y sería erróneo suponer que Columbano se consideraba a sí mismo como independiente de la autoridad papal.

Durante el pontificado de Bonifacio hubo mucha aflicción en Roma debido al hambre, la peste, y las inundaciones. El pontífice murió en retiro monástico (había convertido su propia casa en un monasterio) y fue enterrado en el pórtico de San Pedro. Sus restos fueron trasladados tres veces-en el Siglo X u XI, a fines del Siglo XII bajo Bonifacio VIII, y al nuevo San Pedro el 21 de Octubre de 1603.

Meditación diaria - En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra 08/05/11

En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra
El aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net



Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:

La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.

Hasta hoy -incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas- la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).

La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.

Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto.

Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

"En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra".

# A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los "cielos" responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo.

# Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.

(...)

Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera en quedar inundada por la luz del Resucitado.

Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.

Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre.

Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.

Feliz Pascua a todos.

Mensaje de Pascua que Benedicto XVI dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mediodía del Domingo de Resurrección.

Evangelio diario meditado - Los discípulos de Emaús 08/05/11

Los discípulos de Emaús
Lucas 24, 13-35. Pascua. Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos... Dios, padre bondadoso nos enseña el camino de salvación eterna.
Autor: H. Alfonso Blanca | Fuente: Catholic.net

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.» El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Oración introductoria

Señor quiero ponerme en tu presencia, quiero estar delante de ti, necesito estar contigo. Esta vez no vengo a hablarte, vengo a escucharte. Dame fe para oir tu palabra, aceptarla y vivirla. Anima mi esperanza y enciende mi corazón con tu amor para que pueda vivir según tu Corazón.

Petición

Señor, que descubra tu presencia en cada paso del camino de mi vida.

Meditación

«Queridos amigos, Dios ciertamente marca la diferencia... Más aún, Dios nos hace diferentes, nos renueva. Ésta es la promesa que nos hizo Él mismo: "Ahora hago el universo nuevo" (Ap 21,5). Y es verdad. Lo afirma el Apóstol San Pablo: "El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2 Co 5,17-18). Al subir al cielo y entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Señor de todos los tiempos. Por eso, Él se hace nuestro compañero en el presente y lleva el libro de nuestros días en su mano: con ella asegura firmemente el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; en ella custodia con esmero el futuro, dejándonos vislumbrar el alba más bella de toda nuestra vida que de Él irradia, es decir, la resurrección en Dios[...]

Pienso en tantas lágrimas que muchos de vosotros habéis derramado por la pérdida de vuestros familiares, y no es difícil imaginar las sombrías nubes que aún cubren el cielo de vuestros mejores sueños... Leo en vuestro corazón una duda que me planteáis: "Esto es lo que tenemos. Lo que nos dices, no lo vemos. La promesa tiene la garantía divina - y nosotros creemos en ella - pero ¿cuándo se alzará Dios para renovar todas las cosas?". Jesús responde lo mismo que a sus discípulos: "No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí». (Discurso del Papa a los jóvenes de Angola, 21 de marzo de 2009)

Reflexión apostólica

A lo mejor en tu vida todo va bien: en la casa, en los estudios, en el trabajo, con los amigos, no hay ningún problema, incluso rezas y vas a misa los domingos, hasta que algo pasa: una sacudida fuerte en la vida, puede ser una enfermedad, una dificultad en la familia, la muerte de un ser querido. Todo se derrumba, todo se ve oscuro, sin salida y sólo nos preguntamos ¿Por qué?

Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos...

Ojalá que no se nos olvide que Dios, padre bondadoso y maestro sapientísimo, nos enseña que el camino de salvación eterna es el que Él mismo recorrió en la tierra: cargó su cruz, subió al monte y murió crucificado. Esa cruz es el sello del cristiano.

La vida no es fácil, afrontar los problemas y las dificultades, la tristeza y la desilusión es algo muy difícil si se está solo. Pero en este camino de nuestra vida, Cristo se acerca para acompañarnos, para caminar con nosotros, es más, viene para quedarse con nosotros en la Eucaristía, justo donde lo reconocieron los discípulos de Emaús.

Propósito

Participaré con más frecuencia en la santa misa y comulgaré para dejar que Cristo me acompañe en mi caminar.

Diálogo con Cristo

Ahora sé, Jesús, que estás junto a mí y que caminas conmigo. Quiero pedirte que no me abandones para que en mi vida brille siempre la luz de la esperanza, de la alegría y de la felicidad que sólo tiene quien se sabe amado y acompañado por ti.

“Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo”. (Benedicto XVI, Spe salvi, 37)

viernes, 29 de abril de 2011

Evangelio diario meditado - El que crea y se bautice, se salvará 30/04/11

El que crea y se bautice, se salvará

Marcos 16, 9-15. Sábado de Pascua. Jesús resucitado, concédeme ser un testigo fiel de tu resurrección.

Autor: Josué María Hernández | Fuente: Catholic.net

Evangelio


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 9-15


Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán». Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.


Oración introductoria


Señor Jesús, ¡gracias por cumplir tu promesa de estar con nosotros siempre!, ¡gracias por resucitar! y sobre todo, por darme la alegría de ser testigo de tu resurrección. Concédeme participar en estos momentos de la alegría de saber que estás vivo y que estás siempre presente en la Iglesia.


Petición


Jesús resucitado, concédeme ser un testigo fiel de tu resurrección, de manera que cada persona que entre en contacto conmigo, pueda sentir esta alegría de tu presencia en mí.


Meditación


En efecto, una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre es precisamente ésta: ¿qué hay después de la muerte? Esta solemnidad nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna. Este anuncio está en el corazón del mensaje evangélico. San Pablo lo afirma con fuerza: «Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo». Y añade: «Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados» (1 Co 15,14.19). Desde la aurora de Pascua una nueva primavera de esperanza llena el mundo; desde aquel día nuestra resurrección ya ha comenzado, porque la Pascua no marca simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús ha resucitado no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque Él mismo vive en nosotros y en Él ya podemos gustar la alegría de la vida eterna (Benedicto XVI, Pascua, 2009).


Reflexión apostólica


La resurrección de Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia proclama hoy esto con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta.


Propósito


Hoy trataré de sonreír a cualquier persona que me encuentre en el supermercado, transporte público o en mi hogar; dando testimonio de la alegría de la resurrección del Señor.


Diálogo con Cristo


Jesús, ¡gracias por resucitar de entre los muertos!, ¡gracias porque hoy también estás vivo! Vivo en mi familia, en mis amigos, en las personas que están a mí alrededor. Jesús, concédeme la gracia de tener siempre un corazón que transmita la alegría de poseerte y sobretodo que de testimonio de que tú estás vivo. Gracias Jesús por estar con nosotros. Amén.


“Como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino” Benedicto XVI, 5 de abril de 2010).

domingo, 24 de abril de 2011

Evangelio diario meditado - La alegría de la Resurrección 25/04/11

La alegría de la Resurrección

Mateo 28, 8-15. Lunes de Pascua. El cristiano tiene a Dios y con Él es feliz y todo lo puede.

Autor: H Juan Pablo Cortés | Fuente: Catholic.net

Evangelio



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28,8-15


Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: «Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos». Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo». Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.


Oración Introductoria


Padre, pongo en tus manos mi oración y mis súplicas, pues tengo la seguridad de que me escuchas. Sabes que soy frágil, pero me acojo a tu infinita misericordia. Dios mío, yo creo, te adoro, espero y te amo.


Petición


María, alcánzame de Jesús el don de la oración y de la alegría de ser cristiano.


Meditación


“Así pues, para nuestra fe y para nuestro testimonio cristiano es fundamental proclamar la resurrección de Jesús de Nazaret como acontecimiento real, histórico, atestiguado por muchos y autorizados testigos. Lo afirmamos con fuerza porque, también en nuestro tiempo, no falta quien trata de negar su historicidad reduciendo el relato evangélico a un mito, a una "visión" de los Apóstoles, retomando o presentando antiguas teorías, ya desgastadas, como nuevas y científicas.


Ciertamente, la resurrección no fue para Jesús un simple retorno a la vida anterior, pues en ese caso se trataría de algo del pasado: hace dos mil años uno resucitó, volvió a su vida anterior, como por ejemplo Lázaro. La Resurrección se sitúa en otra dimensión: es el paso a una dimensión de vida profundamente nueva, que nos toca también a nosotros, que afecta a toda la familia humana, a la historia y al universo.


Este acontecimiento, que introdujo una nueva dimensión de vida, una apertura de nuestro mundo hacia la vida eterna, cambió la existencia de los testigos oculares, como lo demuestran los relatos evangélicos y los demás escritos del Nuevo Testamento” (Benedicto XVI, audiencia, 15 de abril de 2009).


Reflexión Apostólica


Todos los cristianos somos portadores del amor de Cristo. Tenemos a Dios y debemos llevarlo a los demás con nuestro ejemplo, con el cumplimiento de nuestras obligaciones, con nuestra alegría, con nuestra caridad y entrega al prójimo. Jesús nos invita a ser apóstoles alegres y sin temor alguno, pues le tenemos a Él como nuestro amigo y nuestra fuerza. «Todo lo puedo en aquel que me conforta». El cristiano tiene a Dios y con Él es feliz y todo lo puede.


Propósito


Viviré mi jornada con un especial espíritu de agradecimiento a Dios por sus innumerables benenficios.


Diálogo con Cristo


Gracias Señor por estar conmigo el día de hoy y darme lo que más necesito. Te pido perdón por las veces que te he fallado. Concédeme ser cada día mejor cristiano, que realmente te conozca y te transmita a los demás. Quiero pedirte por mis hermanos en la fe que son perseguidos por creer en Ti y amarte, para que Tú les fortalezcas, perdones a sus perseguidores y seas más conocido y amado en todo el mundo.



«La oración para mí, es un impulso del corazón, es una simple mirada lanzada al cielo, es un grito de agradecimiento y de amor, en medio de la prueba, como en medio de la alegría». Santa Teresa de Lissieux

Meditación diaria - ¡Todo empieza de nuevo, Cristo ha resucitado! 24/04/11

¡Todo empieza de nuevo, Cristo ha resucitado!

¡Alegría de Cristo resucitado! ¡Alégrese toda la tierra! ¡Alégrate tú, Cristo te ha salvado!

Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Vamos a hacer de esta reflexión una contemplación de la experiencia que Pedro tiene sobre la resurrección de Cristo. Dice el Evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Nathanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos”.


Recordemos que Cristo ha resucitado. Todos han sido testigos: ha estado con ellos, les ha hablado y les ha prometido que dejaba al Espíritu Santo, han visto el milagro de Tomás; sin embargo, la soledad vuelve a rodearles.

“Simón Pedro les dice: ´Voy a pescar´. Le contestan ellos: ´También nosotros vamos contigo´. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada”. Los apóstoles estaban solos respecto a Cristo, solos respecto a su oficio de pescadores. ¡Y de pronto sucede algo que ellos no esperaban!


Una de las características de las apariciones de Cristo es la gratuidad. Cristo no se aparece para dar gusto a nadie. Cristo mantiene en sus apariciones una gratuidad. “Me aparezco cuando quiero, porque yo quiero”. Con lo que Él nos vuelve a manifestar que Él es el verdadero Señor de la existencia.


“Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era él. Díeles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis pescado?” ¡Imagínense cómo le contestarían..., después de toda la noche trabajando se habían acercado a la orilla, y un señor imprudente les pregunta si no tienen pescado! Y Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Echan la red y resulta que ya no la pueden arrastrar por la abundancia de peces. ¿Qué sentirían?


“El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: Es el Señor”. De nuevo se repiten las mismísimas situaciones al primer encuentro con Jesús: Un día, después de pescar infructuosamente, todos en la barca regresan. Los experimentados han fracasado, y un novato les dice que echen ahí las redes, que ahí hay peces. La echan y efectivamente la red se llena.


¡Cuántas cosas semejantes al primer amor! Juan no lo narra, lo narran los otros evangelistas, pero sabe al primer encuentro. Y Juan, que ama y es amado, dice: “Es el Señor”. Reconoce los detalles del inicio de la vocación. Es como si Cristo buscase dar marcha atrás al tiempo para decir: “Todo empieza de nuevo, sois verdaderamente hombres nuevos”, como en el primer momento, como en el primer instante. Como que el primer amor vuelve a surgir desde el fondo de nosotros mismos para recordarnos que somos llamados por Cristo.


Juan, en la fe y en el amor, reconoce al Señor, y Pedro sin pensar dos veces, se lanza de nuevo hacia Él. Ya no es el Pedro del principio de este Evangelio: amargado, triste, enojado. Es un Pedro que ha oído: “Es el Señor”; y se lanza al agua. Y después viene toda esa hermosísima escena de la comida con Cristo, en la que el Señor produce de nuevo la posibilidad de comunión con Él, en amistad, en cercanía y en abundancia. “Siendo tantos los peces, no se rompió la red”.


Todo esto va preparando la experiencia de Pedro con Cristo. Hay ciertos temas que Pedro no ha tocado aún, hay ciertas situaciones que Pedro no se ha atrevido a señalar. Hay un aspecto que Pedro, aun estando con Cristo resucitado, no ha resuelto todavía: la noche del Jueves Santo; la negación de Pedro. Es un tema que Pedro tiene encerrado en un closet con siete llaves. Tan es así, que Pedro se lanza al aguan como diciendo: “aquí no ha pasado nada, yo vuelvo a ser el primero”. Y Cristo dice: “traed los peces”. Y Pedro es el primero en ir a buscarlos. Como si a base de estos gestos uno quisiese tapar aquellas cosas que no nos gustan que los demás vean.


Y continúa el Evangelio diciendo: “Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan ¿me amas?”. Cristo vuelve a preguntar por el amor. “[...] Apacienta a mis ovejas.” Cristo confirma a Pedro su misión.


Y este amor que Cristo nos propone, es un amor nuevo. No es el amor de antes, no es el amor de aquella jornada junto al lago en la que Cristo les pregunta: “¿Quién soy yo para vosotros?”, y Pedro responde: “eres el Hijo de Dios.” No es el amor de la sinagoga de Cafarnaúm cuando Cristo les dice: “¿También vosotros queréis marcharos?”, y responde Pedro: "Señor, ¿a dónde iremos?" No es el amor del jueves por la tarde, cuando Cristo le dice: “Uno de vosotros me va a entregar”, y Pedro salta. Cristo le dice: ¿Sabes qué? Tú me vas a negar tres veces. Y Pedro, explotando, dice: Yo antes daré mi vida que negarte a ti.


No es ese amor, no es el amor antiguo, el amor que nace de la propia decisión, el amor que nace, como un río, del propio corazón. Es el amor que, como lluvia, Cristo deposita sobre el desierto del alma de Pedro. Es el amor que se derrama sobre el alma, un amor que ya no procede de mi certeza, de mi convicción, de mi inteligencia, de mis pruebas, de mi tecnicismo; es el amor que nace sólo del apoyo que Cristo da a mi vida. Y ese amor es el amor que me va a hacer superar la debilidad para ponerme de nuevo en el seguimiento del Señor. No es el amor que nace de mí, sino el amor que viene de Él.


“En verdad, en verdad te digo, cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras.” Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: Sígueme.


Y Pedro ve a Juan y le dice a Jesús; “Señor, y éste ¿qué?” Y Jesús le responde: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme”. Con esto Jesús le está diciendo: Olvídate de tu alrededor, deja de lado todos los otros apoyos que hasta ahora has tenido; tú, sígueme.


La resurrección, por sí misma, no es una garantía de nuestra proyección y lanzamiento con corazones resucitados. Habiendo sido testigos, nuestra vida puede continuar igual, sin transformaciones reales. Y esto lo vemos cada uno de nosotros en nuestra vida constantemente. Somos testigos de tantas cosas, y a lo mejor nuestra vida sigue igual.


La resurrección, el hecho de que veamos a Cristo, de que experimentemos a Cristo resucitado, la alegría de Cristo resucitado, a lo mejor, lo único que hace es dejar nuestra vida un poco más tranquila, pero no renovada. Sobre nuestra vida puede proyectarse la sombra del pasado o la incertidumbre del futuro. Nuestra vida puede seguir aferrada a antiguas certezas, a los criterios que nos han servido de brújula durante mucho tiempo.


Es bonito que Cristo haya resucitado, pero repasemos nuestra vida para ver cuántas veces pensamos que no nos sirve de mucho y que en el fondo hasta es mejor que las cosas sigan como están. Pedro no parece tener todavía una conciencia plena de lo que significa la resurrección de Jesucristo: lo vemos apegado a sus antiguos hábitos. Pedro sigue siendo el mismo, nada más que ahora se siente más solo, porque casi lo único que ha sacado en claro es la debilidad de su amor. Después de tres años, para Pedro lo único que prácticamente hay claro es que su amor es sumamente débil. Pedro se ha dado cuenta de que puede fallar mucho y de que no sabe ser roca para los demás. Junto a todas las cosas de que ha sido testigo tras la resurrección de Cristo, en el corazón de Pedro hay algo que pesa: la pena, el fracaso para con quien él más ama.


Esto es como una herida tremenda en el corazón de Pedro, que ni el Domingo de Resurrección, ni las otras apariciones han sido capaces de curar, de limpiar, de purificar. A pasar de todos sus esfuerzo -cuando le dice María Magdalena: “ahí está el Señor”, y corre; le dice Juan: “es el Señor”, y se lanza al agua-, el corazón de Pedro tiene una experiencia de profunda tristeza. Él sabe que es muy débil, más aún, nada le garantiza que no lo volvería a hacer, y casi prefiere ni pensar.


Quizá nosotros, después de esta Cuaresma en la que hemos ido recogiendo, como un odre, todas las gracias, todos los propósitos de transformación, todas las necesidades de cambio, todas las ilusiones de proyección, todavía podríamos tener un peso en nuestra alma: el saber que somos débiles, que nada nos garantiza que no volveríamos al estado anterior. Y, la verdad, se está muy a gusto pensando en la resurrección, mejor que pensar en esto.


La resurrección por sí misma no es garantía; pero, si queremos dar un paso adelante, nos daremos cuenta de que Cristo a Pedro lo renueva en el amor y en la misión. El diálogo en la playa entre Cristo y Pedro es un diálogo de renovación en el amor. Pedro amaba a Cristo, y desde el primer momento en que Cristo le pregunta: “Simón, hijo de Juan”,( ya no le dice Pedro) me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Esa certeza, el amor a Cristo, Pedro la tiene clavadísima en su alma.

Pedro, después de tres veces de preguntarle Cristo sobre el amor de su alma, se da cuenta de que, muy posiblemente, ese triple amor está curando una triple negación. Pedro constata que su amor se había quedado enredado en las tres veces que dijo: “No conozco a este hombre”.


Cuando lo negó por tres veces, sus palabras, sus miedos encadenaron el amor vigoroso de Pedro. Y cuando Cristo sale al patio y lo mira, esa mirada hizo que Pedro se diera cuenta de las cadenas que él había echado.


Y Cristo como que quiere retomar la escena. Y así como retoma la escena de la vocación de ese primer momento, Cristo retoma la escena de la negación, como si Cristo le dijera a Pedro: “¿dónde estás?, ¿dónde te quedaste?, ¿te quedaste en el Jueves Santo?; vamos a volver ahí.


Y Cristo renueva el diálogo con Pedro donde se había quedado, y Cristo renueva su amor a Pedro y el amor de Pedro hacia Él, donde se había quedado atorado, en el jueves por la noche.


Cristo nos enseña que amarle en libertad significa ser capaces de mirar de frente nuestras debilidades, de volver a recorrer con Él los caminos que por miedo no nos atrevemos a cruzar.


Quizá, cada uno de nosotros tenga un jueves por la noche; quizá, cada uno de nosotros tenga una criada, una hoguera, unos soldados y un gallo que canta. Y Cristo, con amor, nos enseña a mirar de frente esa negación para que ya no nos atoremos ahí: “Si un día me dijiste no, camina ahora conmigo”.


El día que Pedro negó a Jesucristo, a lo que Pedro le tuvo miedo fue a morir por Cristo, a morir con Cristo. Pedro sabía que si decía que era discípulo del Señor, le podían echar mano y llevarlo al calabozo. Pero el amor de Cristo retoma a Pedro y se lo lleva, purificándolo hasta anunciarle que él también un día va a morir por Él. “Cuando eras joven te ceñías tú mismo, cuando seas viejo extenderás los brazos, otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras”. Y luego añadió: “Sígueme”.


Cristo nos renueva con su amor para que atravesemos ese tramo de nuestra vida en el que el miedo a morir con Él, el miedo a entregarnos a Él nos dejó atorados. Ese tramo de nuestra vida en el que todavía nosotros no hemos atrevido a poner nuestros pies porque sabemos que significa extender las manos y ser crucificados.


Cristo no le pregunta a Pedro: “¿me vas a volver a negar?” Sino que le pregunta: “¿me amas?”. A Cristo le interesa el amor. Sólo el amor construye, porque sólo el amor repara, une, sana y da vida. El amor renovado, el amor resucitado es el lazo que Cristo vuelve a lanzar a Pedro. El amor capaz de pasar a través de la propia experiencia, ese amor que es capaz de pasar por lo que uno una vez hizo y preferiría no haber hecho, y guarda su conciencia; ese amor que es capaz de pasar por el propio pasado, por la imagen que yo hubiera podido forjarme de mí mismo. Ese amor es el inicio que reconstruye un corazón cansado, porque este amor ya no se apoya en nosotros, sino en Cristo.


«Sígueme», no te sigas a ti mismo, no sigas tus convicciones, tus gustos, tus ideas. Este amor ya no se apoya en ti; es el amor que proviene de Cristo, el amor que nace de Dios. Dirá San Juan: “Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo Único, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo como propiciación para nuestros pecados. Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros nos debemos amarnos unos a otros”.


La experiencia de Pedro es la experiencia de un amor renovado. Pero al mismo tiempo, la experiencia que Pedro tiene de Cristo resucitado, es un amor que no se puede quedar encerrado, es un amor que se hace misión. Es un amor que renueva la misión de apóstoles que nos ha sido dada; es un amor que, en nuestro caso, renueva el vínculo con la misión evangelizadora de la Iglesia, renueva el compromiso cristiano a que fuimos llamados al ser bautizados. No es un amor que se queda en un cofre guardado, es un amor que se invierte, es un amor que se reditúa, es un amor que se expande. Y este amor es un amor que no teme; no teme a la cruz que significa la misma misión, porque va acompañado de Cristo que me dice: “Sígueme”.

Evangelio diario meditado - ¡Jesucristo vive! 24/04/11

¡Jesucristo vive!

Juan 20, 1-9. Resurrección del Señor. ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!

Autor: H. Bernardo Siller | Fuente: Catholic.net

Evangelio


Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9


El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.


Oración introductoria


Jesús mío, yo te busco en mi peregrinar por este mundo. Concédeme la gracia de poseerte con plenitud y no permitas que me separe de tu amor. Por favor, Jesús, ayuda a nuestros familiares y a todos aquéllos que se hayan olvidado de ti.


Petición


Señor, que de ahora en adelante te busque en cada acontecimiento de mi vida.


Meditación


También Simón Pedro y el otro discípulo se dirigieron de prisa al sepulcro; y Pedro, entrando dentro, vio las vendas por tierra, y el sudario que había sido puesto sobre la cabeza de Jesús, al lado (cf. Jn 20, 7). Entonces entró también el otro discípulo, vio y creyó; "aún no se habían. dado cuenta de la Escritura, según la cual era preciso que El resucitase de entre los muertos" (Jn 20, 9). Vieron y comprendieron que los hombres no habían logrado derrotar a Jesús con la losa sepulcral, sellándola con la señal de la muerte; La iglesia que hoy, como cada año, termina su triduo pascual con el Domingo de Resurrección. Los artífices de la muerte del Hijo del Hombre, para: mayor seguridad, "pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra" (Mt 27, 66). Muchas veces los constructores del Mundo, por el cual Cristo quiso morir han tratado de poner una piedra definitiva sobre su tumba. Pero la piedra permanece siempre removida de su sepulcro; la piedra, testigo de la muerte, se ha convertido en testigo de la Resurrección: "la diestra de Yavé ha hecho proezas" (Sal 117 [118], 16). La Iglesia anuncia siempre y de nuevo la Resurrección de Cristo. La Iglesia repite con alegría a los hombres las palabras de los ángeles y de las mujeres pronunciadas en aquella radiante mañana en la que la muerte fue vencida. La Iglesia anuncia que está vivo Aquel que se ha convertido en nuestra Pascua. Aquel que ha muerto en la cruz, revela la plenitud de la Vida (Juan Pablo II, Mensaje, 6 de abril de 1980).


Reflexión apostólica


Los discípulos corrieron al sepulcro vacío y creyeron. En mi vida diaria estoy llamado a correr, también, al encuentro del Señor. En la resurrección de Cristo tenemos la certeza de que nuestra vida no se acaba en el vacío. Nuestra existencia es un continuo peregrinar hacia el encuentro definitivo y eterno con Dios. Nos hiciste Señor para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en ti (cf. San Agustín).


¿Qué fue lo que vio esa mañana? Seguramente la sábana santa en perfectas condiciones, no rota ni rasgada por ninguna parte. Intacta, como la habían dejado en el momento de la sepultura. Sólo que ahora está vacía, como desinflada; como si el cuerpo de Jesús se hubiera desaparecido sin dejar ni rastro. Entendió entonces lo sucedido: ¡había resucitado! Pero Juan vio sólo unos indicios, y con su fe llegó mucho más allá de lo que veían sus sentidos. Con los ojos del cuerpo vio unas vendas, pero con los ojos del alma descubrió al Resucitado; con los ojos corporales vio una materia corruptible, pero con los ojos del espíritu vio al Dios vencedor de la muerte.


Lo que nos enseñan todas las narraciones evangélicas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una óptica distinta, en una dimensión nueva: la de la fe. Todos los días que van desde la resurrección hasta la ascensión del Señor al cielo será otro período importantísimo para la vida de los apóstoles. Jesús los enseñará ahora a saber reconocerlo por medio de los signos, por los indicios. Ya no será la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiará. Y así será a partir de ahora su acción en la vida de la Iglesia.


Eso les pasó a los discípulos. Y eso nos ocurre también a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos “aparece” constantemente en nuestra vida de todos los días, pero muy difícilmente lo reconocemos. Porque nos falta la visión de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma por la fe y el amor.


Y esta experiencia en la fe ha de llevarnos paulatinamente a una transformación interior de nuestro ser a la luz de Cristo resucitado. “El mensaje redentor de Pascua -como nos dice un autor espiritual contemporáneo- no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior -por medio de los sacramentos- sin embargo, se realiza de manera positiva, con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesiánicos; en una palabra, la presencia del Señor resucitado”.


En efecto, san Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto, que recoge la segunda lectura de este domingo de Pascua: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria” (Col 3, 1-4). ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!


Propósito


Haré una oración especial por todos mis familiares y compañeros difuntos. Demostraré mi alegría por la Resurrección de Jesús.


Diálogo con Cristo


Señor Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti. Dame la gracia de amar y tratar a las demás personas con el amor y la bondad con que Tú lo has hecho. ¡Quédate siempre a mi lado, te necesito porque Tú mi fortaleza y mi esperanza. Señor, confío en Ti!



La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad. Benedicto XVI, audiencia, 26 de marzo de 2008)

jueves, 7 de abril de 2011

¡Estamos en las manos de Dios!
Juan 7,1-2. 10. 25-30. Cuaresma. Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí.
Autor: H. Moisés Castillo | Fuente: Catholic.net

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2.10.25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Pero después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito. Decían algunos de los de Jerusalén: ¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora. Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de los tabernáculos. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: « ¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa».

Oración introductoria

Gracias Jesús por permitirme acercarme una vez más a ti en este momento tan íntimo y tan especial. Gracias porque eres mi Buen Pastor, que has dado tu vida por mi amor. Gracias por acordarte de mí cuando yo, muchas veces, me olvido de ti. Gracias especialmente porque vives velando por mi bien con amor y me das la seguridad de estar siempre en tus manos.

Petición

Señor, concédeme la gracia de corresponderte al amor que me has tenido con amor.

Meditación

Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es corno si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen». Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce. Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente (cf. Departamento de teología espiritual de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz).

Los judíos se acercaron a Jesús sin fe y en sus corazones habitaba la soberbia. No querían entender, pues Jesucristo se presentaba como un Mesías humilde que predicaba un Reino que no pertenecía a este mundo. Aquellos judíos no pensaban como Dios sino como los hombres. Por esa razón, esos judíos no eran ovejas del Buen Pastor porque no querían creer, porque sus corazones estaban embotados por la soberbia. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna”. Esta afirmación de Jesús exige de nosotros una actitud, primero, de escucha para identificar su voz en medio de tanto ruido que nos rodea, y otra de entrega incondicional a lo que nos pida con la confianza de que estamos en sus manos.

Reflexión apostólica

Cada momento, cada circunstancia de nuestra vida es crucial. De nosotros depende entregarnos con fe, con esperanza y con amor a Dios o rechazar esa mano amorosa de Padre que se nos acerca.

Jesús nos acompaña siempre, como el Pastor a sus ovejas. Cristo nos protege nos cuida y sobre todo nos sostiene en los momentos en que muchas veces nosotros caeríamos rendidos ante las dificultades.

¡Estamos en las manos de Dios! Debemos llenarnos de alegría porque Dios nos ama. Nos corresponde tratar a Jesús como trataríamos al mejor de nuestros amigos, a nuestro invitado de honor, pero, sobre todo, es nuestro deber hacer partícipes a más y más hombres de este gran amor de Dios. Ser cristiano no es un sentimiento sino obras concretas, trabajo, luchas y fatigas para que más personas conozcan este amor de Dios.

Propósito

Hablaré de Dios en alguna de mis conversaciones durante el día.

Diálogo con Cristo

Jesús perdóname por todas las veces que no he sido dócil a lo que me decías que hiciera. Ayúdame a escucharte y sobre todo a seguir tus pasos, a ser cada día más cristiano, a ser de tu rebaño, en definitiva a encontrarme contigo en cada momento de mi vida.


“...no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva.” (Benedicto XVI, Deus caritas est, 1.)

Santo de hoy-Juan Bautista de la Salle, Santo-7 de abril

Juan Bautista de la Salle, Santo
Presbítero, Educador y Fundador, 7 de abril
Autor: . | Fuente: LaSalle.org

Fundador del Instituto
de los Hermanos de las Escuelas Cristianas,
Patrono de los Educadores Cristianos
Martirologio Romano: Memoria de san Juan Bautista de la Salle, presbítero, que en Reims, de Normandía, en Francia, se dedicó con ahínco a la instrucción humana y cristiana de los niños, en especial de los pobres, instituyendo la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, por la cual soportó muchas tribulaciones, siendo merecedor de gratitud por parte del pueblo de Dios ( 1719).

Etimológicamente: Juan = Dios es misericordia, es de origen hebreo.

Fecha de canonización: 24 de mayo de 1900 por el Papa León XIII.
Juan Bautista de La Salle vivió en un mundo totalmente diferente del nuestro. Era el primogénito de una familia acomodada que vivió en Francia hace 300 años. Juan Bautista de La Salle nació en Reims, recibió la tonsura a la edad de 11 años y fue nombrado canónigo de la Catedral de Reims a los 16. Cuando murieron sus padres tuvo que encargarse de la administración de los bienes de la familia. Pero, terminados sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1678. Dos años más tarde, obtuvo el título de doctor en teología. En ese período de su vida, intentó comprometerse con un grupo de jóvenes rudos y poco instruídos, a fin de fundar escuelas para niños pobres.

En aquella época, sólo algunas personas vivían con lujo, mientras la gran mayoría vivía en condiciones de extrema pobreza: los campesinos en las aldeas y los trabajadores miserables en las ciudades. Sólo un número reducido podía enviar a sus hijos a la escuela. La mayoría de los niños tenían pocas posibilidades de futuro. Conmovido por la situación de estos pobres que parecían "tan alejados de la salvación" en una u otra situación, tomó la decisión de poner todos sus talentos al servicio de esos niños, "a menudo abandonados a sí mismos y sin educación". Para ser más eficaz, abandonó su casa familiar y se fue a vivir con los maestros, renunció a su canonjía y su fortuna y a continuación, organizó la comunidad que hoy llamamos Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Meditación diaria -Te amo Señor...¡pero no lo grito! 07/04/11

Te amo Señor...¡pero no lo grito!
Si he conocido lo que es amarte... ¡cómo es posible que no lo grite y a veces hasta guarde silencio!
Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net

Hoy es jueves, Señor, y al saber que me estás esperando me he sentido indigna de ese amor, de ese beneficio...

Yo te amo, Señor, pero a veces siento que soy avara de ese amor... que no pienso, que no reparo, que si he conocido lo que es amarte... ¡sea posible que no lo grite a los "cuatro vientos"! Y no solo que no lo grite sino que guarde silencio a veces por respeto humano, porque no se sonrían burlonamente, por no entrar en discusión....porque no me tachen de "mocha"...¡Qué gran cobardía! ¡Perdón, mi amado Jesús !.

El Papa Benedicto XVI nos lo pide. La Iglesia nos lo pide y Tu mi Jesús Sacramentado, nos lo pediste desde hace muchos siglos... pero no nos animamos a dar la respuesta con decisión, con una postura radical y valiente.

La respuesta tiene que ser ahora y desde este momento.

Tenemos un serio y grave compromiso, como hijos de Dios, de ser verdaderos apóstoles.

Este compromiso me enfrenta primero, con los más cercanos, con los seres que me rodean, con las personas que forman mi familia y mi entorno.

En todo momento, tu nos pides, Señor, que estemos "en pie de lucha", que quiere decir que no deje pasar la ocasión para acercarme a quién pudiera sentir o pensar que me necesita.

Solemos decir: - " No, yo no me meto... yo no digo nada, cada quién su vida"... Es cierto que a veces no es fácil abordar o penetrar en la forma de vivir de las personas, pero si están muy cerca de nosotros, tal vez no sea tan difícil buscar la ocasión para poder brindarle, a esa persona, nuestro apoyo y consuelo, hablándole de Dios, del amor que nos tiene, de que trate de encontrar o recuperar esa fe que no se sabe en qué momento se perdió.... y orar, orar mucho por esa persona, ante Ti, ante este misterio de amor que nos brindas diariamente ¡oh, tu mi Jesús Sacramentado!.

Tu nos oyes siempre y la oración puede no cambiar las cosas... pero si cambia los corazones y la forma de ver las cosas.

Ya no podemos decir: - "Eso hay que dejárselo a los sacerdotes". Los sacerdotes son pocos y la mies es mucha.

No dejes que lo olvidemos....ha llegado nuestro momento.

Si estamos convencidos de que tenemos la VERDAD, en nuestra religión católica, es indispensable que esa VERDAD, la trasmitamos con el mismo ardor, con muchísimo más ardor que invitamos y casi empujamos a los amigos animándolos para que vayan a ver una obra de teatro o película, que nos pareció excelente o que no se pierdan un paseo o lugar sensacional porque los queremos y deseamos que disfruten tanto como nosotros lo disfrutamos...

Seguirte a Ti, mi Jesús, es una aventura tan maravillosa para el ser humano que en ello hemos de poner toda la fuerza de nuestra existencia.

Seguirte a Ti, mi Jesús, es participar de la verdad sublime de sabernos hijos de Dios y herederos del Cielo... pero no para nosotros solos...

No tengo que tener miedo o reparo de hablar de Dios, de Ti, Jesús, de la Santísima Virgen a los demás....Hay tanta ansia en el corazón de los hombres y mujeres de encontrar un camino....y nosotros les podemos hablar te ti, del único Camino, del que dijo:- " yo soy la luz, yo soy el camino, la verdad y la vida, quién cree en mí no morirá". ¡Qué triste no compartir, no participar a los demás de esa grandeza de amor que ciega la vista por ser más luminosa que el mismo sol...!

Hemos de ser valientes con nuestra fe y proclamarla.

Ayudanos, Jesús para hablar con los que nos rodean, de esta "gran experiencia" que aún en medio de los sufrimientos o infortunios, nos traerá la paz en nuestro diario caminar por la vida.

Evangelio diario meditado - ¡Hay que buscar a Cristo para que Él nos dé la vida! 07/04/11

¡Hay que buscar a Cristo para que Él nos dé la vida!
Juan 5, 31-47. Cuaresma. Cristo nos enseña a esforzarnos por cumplir siempre la Voluntad de Dios.
Autor: P. Francisco Javier Arriola | Fuente: Catholic.net

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado. Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?


Oración introductoria

Jesucristo, haz que mi corazón sea la tierra fecunda donde pueda caer la semilla de tu Palabra para que dé fruto. Concédeme escucharte con el corazón para seguir tus designios y encontrar lo que Tú quieres de mí. Aumenta mi fe para poder verte en mi vida; aumenta mi esperanza para mantener viva la ilusión de llegar a conocerte y aumenta mi amor para que todo lo haga para cumplir tu voluntad.

Petición

Haz, Señor, que vaya a Ti, a quien mi corazón busca, y que pueda experimentan el amor que me tienes.

Meditación

El Señor busca convencer a los discípulos de que su testimonio no es a favor de sí mismo, sino para dar testimonio del Padre. De este modo Cristo nos enseña a esforzarnos por cumplir siempre la Voluntad de Dios, de este modo podremos ir comprendiendo, poco a poco, que todo cuanto nos pasa en la vida, nos tiene que llevar a conocer a Dios. Donde más dificultad podríamos encontrar naturalmente es en las pruebas, en el dolor, en el fracaso, pero ahí también se puede aceptar la Voluntad de Dios.

Cristo mismo hace ver a sus discípulos que tratan de encontrar seguridades y explicaciones en las Escrituras, pero no comprenden que éstas hablan de Él. Pero cuán tardos somos para acudir a Cristo, dador de la verdadera Vida, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida. A veces queremos buscar sentido a todo desde la visión meramente humana, pero es poco lo que obtenemos. En cambio, cuando nos ponemos delante de Dios, buscamos el diálogo sencillo y directo con el Amigo, es donde nos viene la paz y vislumbramos los excelsos dones que Él nos quiere dar. En ese diálogo podemos preguntarle, pedirle, ofrecerle y amarle. Y como decía San Agustín, comenzar a buscarle es haberle ya encontrado.

Reflexión apostólica

Cristo sabe lo que hay en cada uno de nosotros. Él conoce de sobra nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestras limitaciones. A Él no le escandaliza esto de nosotros, pero lo que más le duele es que, siendo conscientes de nuestras flaquezas, no acudamos a pedirle su ayuda. Si supiéramos el amor que arde en su Sacratísimo Corazón por cada uno de nosotros, no podríamos menos que sentirnos morir de amor por Él. Los santos lo han experimentado así, primero sus debilidades y luego la necesidad de fuerzas para poder ir a Dios. Es Él quien nos da las gracias para conocerle, pero hay que querer primero y Cristo hará el resto.

Del mismo modo, Dios obra maravillas y milagros a cada momento, en las vidas de cada ser humano, pero por nuestra falta de fe, nos es difícil descubrirlo. Por eso Cristo nos pide que lo busquemos con un corazón sencillo y que confiemos en Él, porque aun en las Sagradas Escrituras, todo se refiere a Jesús como nuestro Maestro, Guía y Redentor. La Iglesia nos enseña cuáles son los medios para encontrar a Cristo, sobre todo en los sacramentos y, en definitiva, dejándonos amar por Él, quien nos irá llevando con su mano paternal.

Propósito

Leeré al menos cinco minutos el Evangelio, pidiendo al Señor que me ilumine para saber descubrir su Voluntad en mi vida y la fortaleza para cumplirla hasta el final.

Diálogo con Cristo

“Señor, ¿a quién iremos si sólo Tú tienes palabras de vida?” Con estas palabras de Pedro quiero, oh mi buen Jesús, dejar mi vida en tus manos, poner mis debilidades y pecados a tus pies para que Tú los transformes en gracias de humildad, de fe, de esperanza y de amor a ti. Enséñame a darme cuenta de la necesidad de los que me rodean para que en ellos te vea a ti, y dame la paciencia y la sabiduría para hacer siempre lo que a ti te agrada. Señor, enciende mi corazón de amor por ti.

"Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía”. Constitución dogmática sobre la divina Revelación Dei Verbum, 2.