domingo, 8 de mayo de 2011

Evangelio diario meditado -El alimento que permanece para la vida eterna 09/05/11

MODELOS DE LA NIÑEZ

Incentivar en los niños el amor y la devoción a los santos es muy importante para su vida espiritual. Los pocos que aquí presentamos, desde su situación de vida particular, fueron modelos de virtud y perfección en sus primeros años o a lo largo del corto tiempo de su paso por la tierra, y por ello es muy aconsejable tenerles de modelos y patronos...

Santo Domingo Savio

Era un jovencito de casa pobre y amaba mucho a sus padres. Iba mucho a la iglesia y a la edad de cinco años ya ayudaba en la Santa Misa. Se apartaba de los malos compañeros y todos le respetaban y deseaban su compañía por ser tan bueno. Era listo y aprendía bien las lecciones. Se llamaba Savio, y supo ser sabio y Santo.
Digamos todos con él: "Antes morir que pecar".

San Estanislao

Verdadero modelo de jóvenes. ¡Ojalá todos fuesen como él! Era bien diferente de aquellos que sólo quieren divertirse aunque sea con malos medios, aunque sabía reír y alegrar al resto. Amaba a la Virgen y Ella le prometió que subiría al Cielo el 15 de agosto, y así fue.
Digamos con él: "La Virgen es mi Madre".

Santa María Goretti

¡Qué simpática es esta jovencita de doce años! De pequeñita resaba sus oraciones y asistía gozosa al Catecismo y ala Santa Misa. Iba muy modesta por las calles y todos decían que parecía un ángel. En cierta ocasión se la quiso obligar a cometer un pecado impuro, y dijo que no y no...
Digamos con ella: "El pecado no, no y no".

Santa Teresita del Niño Jesús

Cuando era pequeña, procuraba corregirse de los defectos que tenía. Era muy cariñosa y obediente a sus padres. Amaba mucho a la Virgen. Hizo su Primera Comunión con gran fervor, que procuró conservar toda su vida. ¿Saben cómo fue santa? Rezando, obedeciendo, leyendo buenos libros, apartándose del pecado.
Digamos también con ella: "Quiero ser santo / a".

San Tarsicio

Hubo un tiempo en que los buenos cristiasnos eran perseguidos y encerrados en oscuras cárceles, y a veces los echaban a las fieras o los mataban, tras horribles tormentos. Antes de morir deseaban recibir la Sagrada Comunión. Un día iba Tarsicio a llevar la Eucaristía a la cárcel, y decía: No, no me quitarán a Jesús. Y murió antes de entregar las Santas Hostias. Digamos con él: "No me quitarán a Jesús".

San Luís Gonzaga

Era hijo de casa muy noble y rica, y tenía todas las comodidades y riquezas. Pero Luís no estimaba estas cosas. Era el hermano mayor. Cuando tenía sólo ocho años, prometió a Dios huir siempre de cosas impuras. Y lo cumplió. Cuando estaba por morir, algunos lloraban, pero él les decía: No lloréis, porque me voy al Cielo.

Si somos buenos, al llegar la hora de nuestra muerte podremos decir con él: "Me voy contento/a al Cielo". Santa Inés, virgen Es la Patrona de la modestia cristiana. ¿Sabes por qué? Porque iba siempre muy modesta; se apartaba de cosas y lugares malos y tenía mucho cuidado, sobre todo, en vestir como Dios manda. Así lo hacen los buenos niños. Un día la llevaron a un lugar malo; ella no quería ir, y un Ángel la defendió.
Digamos con ella: "Jesús, defiende mi pureza".

Santa Bernardita Soubirous

Era muy pobre y vestía pobremente. No sabía leer ni escribir; pero sabía rezar y amar mucho a Dios y a la Virgen. Un día iba a recoger leña para preparar la comida, y de repente se le apareció la Santísima Virgen llena de resplandor. Varias veces se le apareció la Virgen, la cual le decía que rezase el Rosario y que convenía hacer penitencia. La vio por lo menos unas 18 veces. Un día la veremos en el Cielo.
Digamos con la santa: "¡Qué hermosa eres, oh María!".


MICRO-REFLEXIÓN:

"Hay que tener confianza en los santos en los ángeles. Cuando uno es todavía un niño anda en los brazos de todo el mundo. Uno se deja querer, y esto es del todo natural".

VALORES

MODELOS DE LA NIÑEZ

Incentivar en los niños el amor y la devoción a los santos es muy importante para su vida espiritual. Los pocos que aquí presentamos, desde su situación de vida particular, fueron modelos de virtud y perfección en sus primeros años o a lo largo del corto tiempo de su paso por la tierra, y por ello es muy aconsejable tenerles de modelos y patronos...

Santo Domingo Savio

Era un jovencito de casa pobre y amaba mucho a sus padres. Iba mucho a la iglesia y a la edad de cinco años ya ayudaba en la Santa Misa. Se apartaba de los malos compañeros y todos le respetaban y deseaban su compañía por ser tan bueno. Era listo y aprendía bien las lecciones. Se llamaba Savio, y supo ser sabio y Santo.
Digamos todos con él: "Antes morir que pecar".

San Estanislao

Verdadero modelo de jóvenes. ¡Ojalá todos fuesen como él! Era bien diferente de aquellos que sólo quieren divertirse aunque sea con malos medios, aunque sabía reír y alegrar al resto. Amaba a la Virgen y Ella le prometió que subiría al Cielo el 15 de agosto, y así fue.
Digamos con él: "La Virgen es mi Madre".

Santa María Goretti

¡Qué simpática es esta jovencita de doce años! De pequeñita resaba sus oraciones y asistía gozosa al Catecismo y ala Santa Misa. Iba muy modesta por las calles y todos decían que parecía un ángel. En cierta ocasión se la quiso obligar a cometer un pecado impuro, y dijo que no y no...
Digamos con ella: "El pecado no, no y no".

Santa Teresita del Niño Jesús

Cuando era pequeña, procuraba corregirse de los defectos que tenía. Era muy cariñosa y obediente a sus padres. Amaba mucho a la Virgen. Hizo su Primera Comunión con gran fervor, que procuró conservar toda su vida. ¿Saben cómo fue santa? Rezando, obedeciendo, leyendo buenos libros, apartándose del pecado.
Digamos también con ella: "Quiero ser santo / a".

San Tarsicio

Hubo un tiempo en que los buenos cristiasnos eran perseguidos y encerrados en oscuras cárceles, y a veces los echaban a las fieras o los mataban, tras horribles tormentos. Antes de morir deseaban recibir la Sagrada Comunión. Un día iba Tarsicio a llevar la Eucaristía a la cárcel, y decía: No, no me quitarán a Jesús. Y murió antes de entregar las Santas Hostias. Digamos con él: "No me quitarán a Jesús".

San Luís Gonzaga

Era hijo de casa muy noble y rica, y tenía todas las comodidades y riquezas. Pero Luís no estimaba estas cosas. Era el hermano mayor. Cuando tenía sólo ocho años, prometió a Dios huir siempre de cosas impuras. Y lo cumplió. Cuando estaba por morir, algunos lloraban, pero él les decía: No lloréis, porque me voy al Cielo.

Si somos buenos, al llegar la hora de nuestra muerte podremos decir con él: "Me voy contento/a al Cielo". Santa Inés, virgen Es la Patrona de la modestia cristiana. ¿Sabes por qué? Porque iba siempre muy modesta; se apartaba de cosas y lugares malos y tenía mucho cuidado, sobre todo, en vestir como Dios manda. Así lo hacen los buenos niños. Un día la llevaron a un lugar malo; ella no quería ir, y un Ángel la defendió.
Digamos con ella: "Jesús, defiende mi pureza".

Santa Bernardita Soubirous

Era muy pobre y vestía pobremente. No sabía leer ni escribir; pero sabía rezar y amar mucho a Dios y a la Virgen. Un día iba a recoger leña para preparar la comida, y de repente se le apareció la Santísima Virgen llena de resplandor. Varias veces se le apareció la Virgen, la cual le decía que rezase el Rosario y que convenía hacer penitencia. La vio por lo menos unas 18 veces. Un día la veremos en el Cielo.
Digamos con la santa: "¡Qué hermosa eres, oh María!".


MICRO-REFLEXIÓN:

"Hay que tener confianza en los santos en los ángeles. Cuando uno es todavía un niño anda en los brazos de todo el mundo. Uno se deja querer, y esto es del todo natural".

Buenas Noticias: El valor de la vida

El valor de la vida
Desde su silla de ruedas parece decirnos a todos que lo mejor que podemos hacer es esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos.
Autor: Sebastián Rodríguez, LC | Fuente: www.buenas-noticias.org


Ante la muerte repentina de un ser querido, tras un accidente, un terremoto o un infarto, tocamos la fugacidad de la vida y reflexionamos en el sentido de ésta.

El 6 de febrero de 2011 tuve la gracia de conocer a Aleixo, un niño de 10 años que acaba de cumplir un año de vida. No, no es un error; de verdad ha vuelto a vivir.

Todo ocurrió en un accidente, donde el camión de su padre se incendió y al momento de intentar rescatar al pequeño lo recuperaron con el 90 por ciento de su cuerpo quemado.

«¿Será conveniente vivir así?», eran los comentarios que se escuchaban a su alrededor cuando le veían entrar al pabellón. El accidente ocurrió en septiembre de 2009 y en el periodo de su recuperación, gracias al apoyo incondicional de sus padres, de los médicos y del capellán del hospital, ha sabido descubrir el valor de la vida.

Se mueve en una silla de ruedas, aunque a veces se cansa de estar sentado y sorprende a todo el mundo cuando se levanta y camina solo. Es un niño que ha aprendido a amar la vida, y especialmente, a amar al Creador de la vida.

¡Cuántas veces escuchamos frases superficiales como “disfruta la vida tal como es, porque después no habrá después”! Ellas intentan mostrar un estilo de vida que incluye únicamente los momentos de prosperidad. Pero sabemos bien que la vida se disfruta y se vive verdaderamente en todos sus periodos, incluyendo el sufrimiento.

Sí, la verdadera vida es vivir en el amor. En este sentido, vivir es apreciar las ventajas de la vida: poder sonreír, tener una vida virtuosa y divertida, un ambiente sano de amigos, tener muchas ganas de vivir, de hacer cosas por los demás.

Aleixo me enseñó todo esto. Me hizo ver que no vivimos para nosotros mismos, sino que para los demás, para que sean felices y para acercarles a Dios. Desde su silla de ruedas parece decirnos a todos que lo mejor que podemos hacer es esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos y que debemos seguir ese consejo que circula por ahí: «tres cosas en la vida no se deben perder: vida de gracia, apetito y buen humor».

Santo de hoy-Bonifacio IV, Santo-8 de mayo

Bonifacio IV, Santo
LXVII Papa, Mayo 8
Autor: . | Fuente: Enciclopedia Católica || ACI Prensa

LXVII Papa
Martirologio Romano: En Roma, junto a la basílica de San Pedro, san Bonifacio IV, papa, que obtuvo del emperador Focas el templo del Panteón, el cual transformó en iglesia dedicada a la santísima Virgen y a todos los mártires, y fomentó mucho la disciplina monástica (615).

Etimológicamente: Bonifacio = Aquel que hace el bien, es de origen latino.
Hijo de Juan, un médico, marso de la provincia y ciudad de Valeria; sucedió a Bonifacio III tras un paréntesis de unos nueve meses; consagrado el 25 de Agosto de 608; murió el 8 de Mayo de 615; (otras fuentes indican que fue consagrado el 15 de Septiembre de 608 y murió el 25 de Mayo de 615).

En tiempos del Papa San Gregorio Magno fue diácono de la Iglesia romana y tuvo el cargo de dispensator, esto es, el primer funcionario en lo relativo a la administración de los patrimonios.

Bonifacio obtuvo el permiso del emperador Focas para convertir el Panteón en una iglesia cristiana, y el 13 de Mayo de 609 el templo erigido por Agripa a Júpiter Vengador, a Venus, y a Marte fue consagrado por el Papa a la Virgen María y a todos los mártires.(De ahí el título de Santa María Rotunda).

Fue el primer ejemplo en Roma de transformación de un templo pagano en lugar cristiano de culto. Se dice que veintiocho carretas de huesos sagrados fueron sacadas de las Catacumbas y colocadas en un recipiente de pórfido bajo el altar mayor.

Durante el pontificado de Bonifacio, Melitón, el primer obispo de Londres, fue a Roma "a consultar al Papa sobre cuestiones importantes relativas a la recientemente establecida Iglesia de Inglaterra". Mientras estaba en Roma asistió a un concilio que se estaba celebrando entonces referente a ciertas cuestiones de "la vida y paz monástica de los monjes", y, a su partida, se llevó consigo los decretos del concilio junto con cartas del Papa a Lorenzo, arzobispo de Canterbury, y a todo el clero, al rey Etelberto, y a todo el pueblo inglés "referentes a lo que tenía que observarse por la Iglesia de Inglaterra". Los decretos del concilio hoy existentes son espurios.

Entre 612 y 615, San Columbano, que entonces vivía en Bobbio, Italia, fue persuadido por Agilulfo, rey de los Lombardos, para que dirigiera a Bonifacio IV una carta sobre la condena de los "Tres Capítulos" que es notable a la vez por sus expresiones de exagerada deferencia y su tono de aspereza excesiva.

En ella dice al Papa que está acusado de herejía (por aceptar el Quinto Concilio, esto es, el de Constantinopla, 553), y le exhorta a convocar un concilio y demostrar su ortodoxia. Pero la carta del impetuoso celta, que no captó la importancia del problema teológico implicado en los "Tres Capítulos", parece no haber perturbado lo más mínimo su relación con la Santa Sede, y sería erróneo suponer que Columbano se consideraba a sí mismo como independiente de la autoridad papal.

Durante el pontificado de Bonifacio hubo mucha aflicción en Roma debido al hambre, la peste, y las inundaciones. El pontífice murió en retiro monástico (había convertido su propia casa en un monasterio) y fue enterrado en el pórtico de San Pedro. Sus restos fueron trasladados tres veces-en el Siglo X u XI, a fines del Siglo XII bajo Bonifacio VIII, y al nuevo San Pedro el 21 de Octubre de 1603.

Meditación diaria - En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra 08/05/11

En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra
El aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net



Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:

La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.

Hasta hoy -incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas- la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).

La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.

Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto.

Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

"En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra".

# A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los "cielos" responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo.

# Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.

(...)

Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera en quedar inundada por la luz del Resucitado.

Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.

Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre.

Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.

Feliz Pascua a todos.

Mensaje de Pascua que Benedicto XVI dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mediodía del Domingo de Resurrección.

Evangelio diario meditado - Los discípulos de Emaús 08/05/11

Los discípulos de Emaús
Lucas 24, 13-35. Pascua. Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos... Dios, padre bondadoso nos enseña el camino de salvación eterna.
Autor: H. Alfonso Blanca | Fuente: Catholic.net

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.» El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Oración introductoria

Señor quiero ponerme en tu presencia, quiero estar delante de ti, necesito estar contigo. Esta vez no vengo a hablarte, vengo a escucharte. Dame fe para oir tu palabra, aceptarla y vivirla. Anima mi esperanza y enciende mi corazón con tu amor para que pueda vivir según tu Corazón.

Petición

Señor, que descubra tu presencia en cada paso del camino de mi vida.

Meditación

«Queridos amigos, Dios ciertamente marca la diferencia... Más aún, Dios nos hace diferentes, nos renueva. Ésta es la promesa que nos hizo Él mismo: "Ahora hago el universo nuevo" (Ap 21,5). Y es verdad. Lo afirma el Apóstol San Pablo: "El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2 Co 5,17-18). Al subir al cielo y entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Señor de todos los tiempos. Por eso, Él se hace nuestro compañero en el presente y lleva el libro de nuestros días en su mano: con ella asegura firmemente el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; en ella custodia con esmero el futuro, dejándonos vislumbrar el alba más bella de toda nuestra vida que de Él irradia, es decir, la resurrección en Dios[...]

Pienso en tantas lágrimas que muchos de vosotros habéis derramado por la pérdida de vuestros familiares, y no es difícil imaginar las sombrías nubes que aún cubren el cielo de vuestros mejores sueños... Leo en vuestro corazón una duda que me planteáis: "Esto es lo que tenemos. Lo que nos dices, no lo vemos. La promesa tiene la garantía divina - y nosotros creemos en ella - pero ¿cuándo se alzará Dios para renovar todas las cosas?". Jesús responde lo mismo que a sus discípulos: "No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí». (Discurso del Papa a los jóvenes de Angola, 21 de marzo de 2009)

Reflexión apostólica

A lo mejor en tu vida todo va bien: en la casa, en los estudios, en el trabajo, con los amigos, no hay ningún problema, incluso rezas y vas a misa los domingos, hasta que algo pasa: una sacudida fuerte en la vida, puede ser una enfermedad, una dificultad en la familia, la muerte de un ser querido. Todo se derrumba, todo se ve oscuro, sin salida y sólo nos preguntamos ¿Por qué?

Puede pasarnos lo mismo que a los discípulos de Emaús: nosotros esperábamos...

Ojalá que no se nos olvide que Dios, padre bondadoso y maestro sapientísimo, nos enseña que el camino de salvación eterna es el que Él mismo recorrió en la tierra: cargó su cruz, subió al monte y murió crucificado. Esa cruz es el sello del cristiano.

La vida no es fácil, afrontar los problemas y las dificultades, la tristeza y la desilusión es algo muy difícil si se está solo. Pero en este camino de nuestra vida, Cristo se acerca para acompañarnos, para caminar con nosotros, es más, viene para quedarse con nosotros en la Eucaristía, justo donde lo reconocieron los discípulos de Emaús.

Propósito

Participaré con más frecuencia en la santa misa y comulgaré para dejar que Cristo me acompañe en mi caminar.

Diálogo con Cristo

Ahora sé, Jesús, que estás junto a mí y que caminas conmigo. Quiero pedirte que no me abandones para que en mi vida brille siempre la luz de la esperanza, de la alegría y de la felicidad que sólo tiene quien se sabe amado y acompañado por ti.

“Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo”. (Benedicto XVI, Spe salvi, 37)