LOS TARJETEROS
Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Sólo recuerdo que de pronto me encontré en aquel inmenso salón con una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros parecían interminables.
Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: "Muchachas que me han gustado". Lo abrí y empecé a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión, había reconocido el nombre de cada una de ellas. ¡Se trataba de las muchachas que a mí me habían gustado!
En el resto de los ficheros estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria había ya olvidado. Algunos me trajeron alegría y otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa.
El archivo "Amigos" estaba al lado de "Amigos que traicioné" y "Amigos que abandoné cuando más me necesitaban". Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo: "Libros que he leído", "Mentiras que he dicho", "Consuelo que he dado", "Chistes que conté"; otros títulos eran: "Asuntos por los que he peleado con mis hermanos", "Cosas hechas cuando estaba molesto", "Vídeos que he visto"...
Cada tarjeta confirmaba la verdad y llevaba mi firma. Cuando llegué al archivo "Pensamientos lujuriosos", un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sólo abrí el cajón unos centímetros. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido.
Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe de ver estas tarjetas jamás. ¡Tengo que destruir este salón! Pero descubrí que no podía siquiera sacar los cajones. Me desesperé y traté de tirar con más fuerza, pero fue inútil.
En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación: "Personas a las que les he compartido el Evangelio". Al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Caí al suelo llorando amargamente de vergüenza.
Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi. ¡Oh no! ¡Por favor no!, ¡Cualquiera menos Jesús! Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. Intuitivamente se acercó a los peores archivos. Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo.
Pudo haber dicho muchas cosas, pero Él no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio.
Fue el día en que Jesús guardó silencio... y lloró conmigo. Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. Me miró con ternura a los ojos y me dijo:
"He terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa". En eso salimos juntos del salón, que aún permanece abierto porque todavía faltan más tarjetas que escribir.
Aún no sé si fue un sueño, una visión, o una realidad... De lo que sí estoy convencido es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón encontrará mas fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.
Envió: Ileana Domínguez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Sin dudas ni temores seguiré tus pasos Señor".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
"No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler." Madre Teresa de Calcuta
sábado, 5 de diciembre de 2009
EVANGELIO DEL DIA
04 de Diciembre. VIERNES
Primera Semana de Adviento
«Al marcharse Jesús de allí, le siguieron dos ciegos diciendo a gritos: Ten piedad de nosotros, Hijo de David. Cuando llegó a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer eso? Respondieron: Si, Señor: Entonces tocó sus ojos diciendo: Según vuestra fe así os suceda. Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa. Ellos, por el contrario, una vez que salieron divulgaron la noticia por toda aquella región». (Mateo 9, 27-31)
I. Jesús, otro milagro. Los milagros son un medio para mostrar tu divinidad: «Nadie tiene poder sobre la naturaleza sino Aquel que la hizo. Nadie puede obrar un milagro sino Dios. Si surgen milagros tenemos una prueba de que Dios está presente» (Cardenal J, H. Newman). Pero cómo cuesta arrancártelo.
Durante tus años de vida pública te resistes a hacer milagros: sólo los realizas cuando hay una razón suficiente. No quieres llamar la atención de los jefes judíos, pues sabes que los milagros, al mostrar tu divinidad, pueden ponerte en peligro de muerte. Por eso procuras que no se divulgue la curación: «Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa».
Al igual que en ese otro milagro en las bodas de Caná, cuando le dijiste a tu madre: «todavía no ha llegado mi hora» (Juan 2,4) te resistes ha hacer cosas extraordinarias. Sin embargo, Jesús, acabas realizando el milagro. Y Tú mismo explicas por qué: «Según vuestra fe así os suceda. Y se les abrieron los ojos». Estos dos ciegos creían en Ti. Tenían fe en Ti. Por eso venían siguiéndote y gritándote: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David.» Su fe es capaz de arrancarte cualquier favor.
Yo también necesito que me ayudes. Ten piedad de mí, Jesús, que tantas veces no estoy a la altura de lo que me pides. Mi egoísmo, mis caprichos, mis gustos, mis planes, me ciegan y no acabo de ver tu voluntad. Ten piedad y ábreme los ojos del espíritu para que te vea, para que te desee, para que quiera hacer lo que me pides.
II. Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar para servirle cada día mejor con más vida interior con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo» (Forja.-379).
Jesús, quiero prepararme para tu nacimiento, y me doy cuenta de que me falta mucha visión sobrenatural: ver las cosas como Tú las ves. Las veo todavía según mis intereses: ahora tengo que estudiar y que nadie me moleste; ahora me debo un rato de música; mi deporte nadie lo toca; este programa no me lo puedo perder; etc.
Tú me conoces: aún me falta mejorar mucho. Lo único que me pides es la humildad de reconocerlo, y lucha para rectificar. Acercarme más a Ti y, si hace falta, pedirte a gritos, como los dos ciegos: ten piedad de mí. Y la manera de pedirte las cosas es: con más vida interior con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo.
Jesús, me preguntas: « ¿Crees que puedo hacer eso?» Te respondo: «Sí, Señor» Tócame los ojos de mi corazón para que vea cómo servirte más y mejor cada día. Y aunque es muy difícil moverse a oscuras, Tú me pides que te siga primero un poco a ciegas, fiándome de Ti, como te siguieron estos dos ciegos antes de darles la vista. Si los dos ciegos hubieran esperado a ver todo clarísimo antes de dar un paso, no lo hubieran dado nunca, ni tampoco se hubieran curado.
Igualmente, si espero a ser más generoso hasta entenderlo todo perfectamente, no aprenderé a ser generoso ni tampoco llegaré a entender nada. Que me decida, Jesús, a empezar a caminar: a seguirte más de cerca, a tener más vida interior, a rezar más, a santificar el trabajo día a día. Si lo hago así, me darás la visión sobrenatural que necesito, y -como los ciegos- sabré divulgar tu mensaje a mí alrededor.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Primera Semana de Adviento
«Al marcharse Jesús de allí, le siguieron dos ciegos diciendo a gritos: Ten piedad de nosotros, Hijo de David. Cuando llegó a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer eso? Respondieron: Si, Señor: Entonces tocó sus ojos diciendo: Según vuestra fe así os suceda. Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa. Ellos, por el contrario, una vez que salieron divulgaron la noticia por toda aquella región». (Mateo 9, 27-31)
I. Jesús, otro milagro. Los milagros son un medio para mostrar tu divinidad: «Nadie tiene poder sobre la naturaleza sino Aquel que la hizo. Nadie puede obrar un milagro sino Dios. Si surgen milagros tenemos una prueba de que Dios está presente» (Cardenal J, H. Newman). Pero cómo cuesta arrancártelo.
Durante tus años de vida pública te resistes a hacer milagros: sólo los realizas cuando hay una razón suficiente. No quieres llamar la atención de los jefes judíos, pues sabes que los milagros, al mostrar tu divinidad, pueden ponerte en peligro de muerte. Por eso procuras que no se divulgue la curación: «Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa».
Al igual que en ese otro milagro en las bodas de Caná, cuando le dijiste a tu madre: «todavía no ha llegado mi hora» (Juan 2,4) te resistes ha hacer cosas extraordinarias. Sin embargo, Jesús, acabas realizando el milagro. Y Tú mismo explicas por qué: «Según vuestra fe así os suceda. Y se les abrieron los ojos». Estos dos ciegos creían en Ti. Tenían fe en Ti. Por eso venían siguiéndote y gritándote: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David.» Su fe es capaz de arrancarte cualquier favor.
Yo también necesito que me ayudes. Ten piedad de mí, Jesús, que tantas veces no estoy a la altura de lo que me pides. Mi egoísmo, mis caprichos, mis gustos, mis planes, me ciegan y no acabo de ver tu voluntad. Ten piedad y ábreme los ojos del espíritu para que te vea, para que te desee, para que quiera hacer lo que me pides.
II. Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar para servirle cada día mejor con más vida interior con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo» (Forja.-379).
Jesús, quiero prepararme para tu nacimiento, y me doy cuenta de que me falta mucha visión sobrenatural: ver las cosas como Tú las ves. Las veo todavía según mis intereses: ahora tengo que estudiar y que nadie me moleste; ahora me debo un rato de música; mi deporte nadie lo toca; este programa no me lo puedo perder; etc.
Tú me conoces: aún me falta mejorar mucho. Lo único que me pides es la humildad de reconocerlo, y lucha para rectificar. Acercarme más a Ti y, si hace falta, pedirte a gritos, como los dos ciegos: ten piedad de mí. Y la manera de pedirte las cosas es: con más vida interior con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo.
Jesús, me preguntas: « ¿Crees que puedo hacer eso?» Te respondo: «Sí, Señor» Tócame los ojos de mi corazón para que vea cómo servirte más y mejor cada día. Y aunque es muy difícil moverse a oscuras, Tú me pides que te siga primero un poco a ciegas, fiándome de Ti, como te siguieron estos dos ciegos antes de darles la vista. Si los dos ciegos hubieran esperado a ver todo clarísimo antes de dar un paso, no lo hubieran dado nunca, ni tampoco se hubieran curado.
Igualmente, si espero a ser más generoso hasta entenderlo todo perfectamente, no aprenderé a ser generoso ni tampoco llegaré a entender nada. Que me decida, Jesús, a empezar a caminar: a seguirte más de cerca, a tener más vida interior, a rezar más, a santificar el trabajo día a día. Si lo hago así, me darás la visión sobrenatural que necesito, y -como los ciegos- sabré divulgar tu mensaje a mí alrededor.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
VIVIR O SOBREVIVIR
Un dicho popular reza " La vida dura tres días y dos ya han pasado".
El tiempo pasa tan deprisa a nuestro alrededor que tan sólo nos damos oportunidad de "sobrevivir", somos esclavos de la rutina y pasamos cada uno de nuestros días sumergidos en un mar de problemas y de situaciones triviales que pocos momentos libres nos dejan.
He dedicado algunos instantes a recordar cuando fue la última vez que estando en alguna reunión o simplemente platicando con alguien haya escuchado algún comentario que dijera algo tan simple, como, "ayer vi un hermoso atardecer", o bien, " vi a un grupo de aves volar hacia el sur ", y aún no puedo recordarlo; piénselo bien y estoy seguro que estará de acuerdo conmigo en que este tipo de comentarios ya no se escuchan fácilmente.
Alguno pensará en estos momentos que esos son comentarios superficiales y de gente que no tiene nada sobre que hablar, que mucho mejor sería discutir de temas de actualidad como los son las crisis económicas en el mundo o la falta de valores que vive la sociedad, si bien es cierto que estos son temas de interés para todos ya que los vivimos 24 horas al día, todos los días, también es cierto que en el mundo existen muchas cosas más que valen la pena apreciar pero que por decisión propia o de la misma sociedad nos hemos abstraído de ellas.
Vivimos en un mundo en el cual es más importante saber a cuánto cerró la bolsa hoy que como amaneció nuestra madre, o bien, enterarnos sobre todos los detalles del caso Trevi-Andrade a preguntar que tal estará ese amigo que tengo tiempo sin ver. Con esto quiero decir que hemos puesto a las personas en un segundo plano que nos hemos vuelto frívolos y egoístas, que sólo nos importa lo que está en "nuestro" mundo y cualquier situación, persona o cosa que no pertenezca a el, no nos importa.
Nos hemos olvidado que somos las personas las que movemos al mundo y no al revés, hemos olvidado el VIVIR para pasar tan sólo a sobrevivir en un mundo regido por el caos y la complejidad.
Cuantificamos nuestro tiempo en dinero, no nos importa pasar algunas horas extras en nuestro trabajo para ganar una mejor posición en la empresa y sentir que así podemos ganar el mundo, pero nunca nos percatamos que al hacer eso estamos perdiendo cosas tan grandes como: la infancia de nuestros hijos, la oportunidad de disfrutar a nuestros padres o de visitar algún amigo. Lo mas irónico de esto es que estas cosas que alimentan y engrandecen al ser humano son gratis y tan sólo nos cuestan un poco de nuestro tiempo.
Al escribir estas palabras me he dado cuenta que es más valioso para mi pasar 30 minutos con mis hijos jugando fútbol, que pasar tres horas intentando terminar ese proyecto que de cualquier forma veré mañana. Me he dado cuenta que me cuesta menos tomar el teléfono y hablarle a mi madre para preguntarle sobre que tal amaneció hoy, a discutir interminablemente con mis colegas sobre el futuro de la economía. Me he dado cuenta que es mas importante para mi escuchar los sueños de mis amigos, que ver las frivolidades que pasan por la televisión. ¡Me he dado cuenta de las cosas que hacen sentirme vivo!
Estoy convencido que nacimos para VIVIR.
Mira a tu alrededor y ante tanta grandeza, responde ¿Piensas seguir sobreviviendo?
Envió: Rossy Pérez de Ayala
MICRO-REFLEXIÓN:
"Todos los bellos y mas grandes amores fluyen del corazón en presencia de Dios".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
Un dicho popular reza " La vida dura tres días y dos ya han pasado".
El tiempo pasa tan deprisa a nuestro alrededor que tan sólo nos damos oportunidad de "sobrevivir", somos esclavos de la rutina y pasamos cada uno de nuestros días sumergidos en un mar de problemas y de situaciones triviales que pocos momentos libres nos dejan.
He dedicado algunos instantes a recordar cuando fue la última vez que estando en alguna reunión o simplemente platicando con alguien haya escuchado algún comentario que dijera algo tan simple, como, "ayer vi un hermoso atardecer", o bien, " vi a un grupo de aves volar hacia el sur ", y aún no puedo recordarlo; piénselo bien y estoy seguro que estará de acuerdo conmigo en que este tipo de comentarios ya no se escuchan fácilmente.
Alguno pensará en estos momentos que esos son comentarios superficiales y de gente que no tiene nada sobre que hablar, que mucho mejor sería discutir de temas de actualidad como los son las crisis económicas en el mundo o la falta de valores que vive la sociedad, si bien es cierto que estos son temas de interés para todos ya que los vivimos 24 horas al día, todos los días, también es cierto que en el mundo existen muchas cosas más que valen la pena apreciar pero que por decisión propia o de la misma sociedad nos hemos abstraído de ellas.
Vivimos en un mundo en el cual es más importante saber a cuánto cerró la bolsa hoy que como amaneció nuestra madre, o bien, enterarnos sobre todos los detalles del caso Trevi-Andrade a preguntar que tal estará ese amigo que tengo tiempo sin ver. Con esto quiero decir que hemos puesto a las personas en un segundo plano que nos hemos vuelto frívolos y egoístas, que sólo nos importa lo que está en "nuestro" mundo y cualquier situación, persona o cosa que no pertenezca a el, no nos importa.
Nos hemos olvidado que somos las personas las que movemos al mundo y no al revés, hemos olvidado el VIVIR para pasar tan sólo a sobrevivir en un mundo regido por el caos y la complejidad.
Cuantificamos nuestro tiempo en dinero, no nos importa pasar algunas horas extras en nuestro trabajo para ganar una mejor posición en la empresa y sentir que así podemos ganar el mundo, pero nunca nos percatamos que al hacer eso estamos perdiendo cosas tan grandes como: la infancia de nuestros hijos, la oportunidad de disfrutar a nuestros padres o de visitar algún amigo. Lo mas irónico de esto es que estas cosas que alimentan y engrandecen al ser humano son gratis y tan sólo nos cuestan un poco de nuestro tiempo.
Al escribir estas palabras me he dado cuenta que es más valioso para mi pasar 30 minutos con mis hijos jugando fútbol, que pasar tres horas intentando terminar ese proyecto que de cualquier forma veré mañana. Me he dado cuenta que me cuesta menos tomar el teléfono y hablarle a mi madre para preguntarle sobre que tal amaneció hoy, a discutir interminablemente con mis colegas sobre el futuro de la economía. Me he dado cuenta que es mas importante para mi escuchar los sueños de mis amigos, que ver las frivolidades que pasan por la televisión. ¡Me he dado cuenta de las cosas que hacen sentirme vivo!
Estoy convencido que nacimos para VIVIR.
Mira a tu alrededor y ante tanta grandeza, responde ¿Piensas seguir sobreviviendo?
Envió: Rossy Pérez de Ayala
MICRO-REFLEXIÓN:
"Todos los bellos y mas grandes amores fluyen del corazón en presencia de Dios".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
03 de Diciembre. JUEVES
Primera Semana de Adviento
«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Por tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca: Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca.
Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena: Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, y cayó y fue tremenda su ruina». (Mateo 7, 21.24-27)
I. Jesús, tu enseñanza de hoy es clara: la santidad no consiste en decir cosas o en oír palabras, sino en hacer; y, en concreto, en hacer la voluntad de Dios. "El camino del Reino de los cielos es la obediencia a la voluntad de Dios, no el repetir su nombre" «San Ilario». He de poner en práctica lo que me has dicho en el Evangelio, y también lo que me vas comunicando en estos ratos de conversación contigo, y durante todo el día a través de mil circunstancias.
Jesús, ¿qué quieres que haga? Esta es la gran pregunta que he de ir contestando día a día. Ayúdame a no excusarme; no quiero cumplir a medias lo que veo que Tú me pides. Uno de los cauces por los que me muestras tu voluntad es la dirección espiritual: que me deje ayudar, que me muestre como soy y que sepa ser dócil a los consejos que me den para mejorar en mi vida espiritual.
En esta primera semana de Adviento -tiempo de preparación para tu nacimiento en Belén- recuerdo aquellas palabras tuyas: "porque he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me ha enviado". «Juan 6,38» Quiero imitarte, Jesús, quiero seguirte. Por eso debo olvidarme de mis caprichos y buscar qué esperas hoy de mi día para aprovecharlo bien, para vivirlo según tu voluntad.
II. "No caigas en un círculo vicioso: tú piensas: cuando se arregle esto así o del otro modo seré muy generoso con mi Dios. ¿Acaso Jesús no estará esperando que seas generoso sin reservas para arreglar Él las cosas mejor de lo que te imaginas? Propósito firme, lógica consecuencia: en cada instante de cada día trataré de cumplir con generosidad la Voluntad de Dios" «Camino. 776».
A veces me engaño tontamente: «ahora no puedo», «ahora no tengo tiempo», «cuando lo vea más claro, entonces me decidiré a hacer esto o lo otro». Jesús, ¿por qué no empiezo haciendo tu voluntad y entonces lo veré más claro? ¿Por qué no me fío un poco más de Ti cuando me pides algo? Es como un círculo vicioso: no hago más por Ti porque no te quiero lo suficiente; pero si no hago nada primero, no va a crecer mi amor hacia Ti. Porque ese amor no crece al decir: «Señor, Señor»; sino al hacer tu voluntad.
No puedo, por tanto, excusarme pensando por ejemplo: no voy más a misa porque no lo siento. ¿No hará falta ir más a misa, precisamente para irme enamorando más de Ti, para «sentirte» más? Jesús, quiero poner en práctica cada día con generosidad lo que veo que Tú quieres que haga: con ganas o con menos ganas. Así estaré seguro, como la casa edificada sobre roca: «Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó».
Cuando soy generoso contigo, Tú me das fortaleza para sufrir las contrariedades de la vida, los desalientos, los cansancios. Porque la firme decisión de hacer tu voluntad es como una roca compacta, inamovible, sobre la que se puede apoyar el edificio de la santidad; en cambio, las buenas intenciones, las palabras, los sentimentalismos, los deseos maravillosos, son como la casa edificada sobre arena, que no tiene solidez y se derrumba ante la primera dificultad.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Primera Semana de Adviento
«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Por tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca: Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca.
Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena: Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, y cayó y fue tremenda su ruina». (Mateo 7, 21.24-27)
I. Jesús, tu enseñanza de hoy es clara: la santidad no consiste en decir cosas o en oír palabras, sino en hacer; y, en concreto, en hacer la voluntad de Dios. "El camino del Reino de los cielos es la obediencia a la voluntad de Dios, no el repetir su nombre" «San Ilario». He de poner en práctica lo que me has dicho en el Evangelio, y también lo que me vas comunicando en estos ratos de conversación contigo, y durante todo el día a través de mil circunstancias.
Jesús, ¿qué quieres que haga? Esta es la gran pregunta que he de ir contestando día a día. Ayúdame a no excusarme; no quiero cumplir a medias lo que veo que Tú me pides. Uno de los cauces por los que me muestras tu voluntad es la dirección espiritual: que me deje ayudar, que me muestre como soy y que sepa ser dócil a los consejos que me den para mejorar en mi vida espiritual.
En esta primera semana de Adviento -tiempo de preparación para tu nacimiento en Belén- recuerdo aquellas palabras tuyas: "porque he bajado del Cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me ha enviado". «Juan 6,38» Quiero imitarte, Jesús, quiero seguirte. Por eso debo olvidarme de mis caprichos y buscar qué esperas hoy de mi día para aprovecharlo bien, para vivirlo según tu voluntad.
II. "No caigas en un círculo vicioso: tú piensas: cuando se arregle esto así o del otro modo seré muy generoso con mi Dios. ¿Acaso Jesús no estará esperando que seas generoso sin reservas para arreglar Él las cosas mejor de lo que te imaginas? Propósito firme, lógica consecuencia: en cada instante de cada día trataré de cumplir con generosidad la Voluntad de Dios" «Camino. 776».
A veces me engaño tontamente: «ahora no puedo», «ahora no tengo tiempo», «cuando lo vea más claro, entonces me decidiré a hacer esto o lo otro». Jesús, ¿por qué no empiezo haciendo tu voluntad y entonces lo veré más claro? ¿Por qué no me fío un poco más de Ti cuando me pides algo? Es como un círculo vicioso: no hago más por Ti porque no te quiero lo suficiente; pero si no hago nada primero, no va a crecer mi amor hacia Ti. Porque ese amor no crece al decir: «Señor, Señor»; sino al hacer tu voluntad.
No puedo, por tanto, excusarme pensando por ejemplo: no voy más a misa porque no lo siento. ¿No hará falta ir más a misa, precisamente para irme enamorando más de Ti, para «sentirte» más? Jesús, quiero poner en práctica cada día con generosidad lo que veo que Tú quieres que haga: con ganas o con menos ganas. Así estaré seguro, como la casa edificada sobre roca: «Cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó».
Cuando soy generoso contigo, Tú me das fortaleza para sufrir las contrariedades de la vida, los desalientos, los cansancios. Porque la firme decisión de hacer tu voluntad es como una roca compacta, inamovible, sobre la que se puede apoyar el edificio de la santidad; en cambio, las buenas intenciones, las palabras, los sentimentalismos, los deseos maravillosos, son como la casa edificada sobre arena, que no tiene solidez y se derrumba ante la primera dificultad.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
miércoles, 2 de diciembre de 2009
VALORES
¿POR QUÉ CREO EN JESÚS?
Creo en Jesús porque Él no es un mito,
creo que es Dios, el verbo hecho carne,
creo en Jesús y al mundo lo grito,
creo que por mí derramó su sangre.
Creo que Jesús es el Hijo del Padre,
el mismo Dios engendrado en la tierra,
en las entrañas de María, su madre,
se hizo el milagro para que naciera.
Creo en Jesús como hombre perfecto,
aquel que sufrió, que fue azotado,
nunca el pecado fue de su afecto,
aunque mil veces pudo ser tentado.
Creo en Jesús el que hizo Milagros
yo creo en Él, fuente de sanación,
amigo fiel que está siempre a tu lado,
a la distancia de una oración.
A ti, ¿que te cuesta creer en Jesús?
¿tienes vergüenza, o tienes temor?
deja que tu alma se llene de luz,
de par en par abre tu corazón.
El es la paz, el amor sin fronteras,
es el camino, la vida y verdad,
la única vía que al Padre nos
lleva el que murió por nuestra libertad.
Si no te atreves, sólo te diré,
que hay en Jesús una linda amistad,
dale un minuto y conversa con Él,
te lo aseguro, no te arrepentirás.
Envió: Jorge G. Vázquez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Acalla tus ruidos interiores para que puedas escuchar a Dios hablándote al oído".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
Creo en Jesús porque Él no es un mito,
creo que es Dios, el verbo hecho carne,
creo en Jesús y al mundo lo grito,
creo que por mí derramó su sangre.
Creo que Jesús es el Hijo del Padre,
el mismo Dios engendrado en la tierra,
en las entrañas de María, su madre,
se hizo el milagro para que naciera.
Creo en Jesús como hombre perfecto,
aquel que sufrió, que fue azotado,
nunca el pecado fue de su afecto,
aunque mil veces pudo ser tentado.
Creo en Jesús el que hizo Milagros
yo creo en Él, fuente de sanación,
amigo fiel que está siempre a tu lado,
a la distancia de una oración.
A ti, ¿que te cuesta creer en Jesús?
¿tienes vergüenza, o tienes temor?
deja que tu alma se llene de luz,
de par en par abre tu corazón.
El es la paz, el amor sin fronteras,
es el camino, la vida y verdad,
la única vía que al Padre nos
lleva el que murió por nuestra libertad.
Si no te atreves, sólo te diré,
que hay en Jesús una linda amistad,
dale un minuto y conversa con Él,
te lo aseguro, no te arrepentirás.
Envió: Jorge G. Vázquez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Acalla tus ruidos interiores para que puedas escuchar a Dios hablándote al oído".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
02 de Diciembre. MIÉRCOLES
Primera Semana de Adviento
«Después que Jesús partió de allí, vino junto al mar de Galilea, subió a la montaña y se sentó. Acudió a él una gran multitud llevando consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies y los curó; de tal modo que se maravillaba la multitud viendo hablar a los mudos y quedar sanos los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos, por lo que glorificaban al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y dijo: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque hace ya tres días que permanecen junto a mi y no tienen qué comer; no quiero despedirlos en ayunas no sea que desfallezcan en el camino. Pero le decían los discípulos: ¿De dónde vamos a sacar; estando en el desierto, tantos panes para alimentar a tan gran multitud?
Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos le respondieron: Siete y unos pocos pececillos. Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomó los siete panes y los peces y, después de dar gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos y quedaron satisfechos. De los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas." (Mateo 15, 29-37)
I. Jesús, al ver la multitud tantas curaciones y tantos milagros, "glorificaban al Dios de Israel". Lo maravilloso no es que hable un mudo, sino lo que revela este hecho: Tú eres el Mesías, aquél a quien el pueblo de Israel llevaba siglos esperando. Tú eres Dios, pero a la vez eres un hombre como yo. Y te vuelcas con nosotros: "Siento profunda compasión por la muchedumbre".
Jesús, yo te importo. No te da igual si hago las cosas de una manera o de otra. Que Tú también me importes. Que no me dé igual tratarte de cualquier modo. "¿Cuántos panes tenéis?". Hoy me haces a mí la misma pregunta. Pero, ¿qué más te da, Señor? ¿Qué importa lo que tenga, lo que te pueda dar? Al fin y al cabo, no será mucho y, por supuesto, será insuficiente para alimentar a todos. "Y comieron todos y quedaron satisfechos".
Jesús, si con mis siete panes -mis pocas virtudes, mi torpe inteligencia, mi débil voluntad- Tú quieres ayudar a los demás, tómalos. Es lo que tengo: tuyos son.
II. "Cuando tu egoísmo te aparta del común afán por el bienestar sano y santo de los hombres, cuando te haces calculador y no te conmueves ante las miserias materiales o morales de tus prójimos, me obligas a echarte en cara algo muy fuerte, para que reacciones: si no sientes la bendita fraternidad con tus hermanos los hombres, y vives al margen de la gran familia cristiana, eres un pobre inclusero" Surco. 16.
Inclusero significa expósito, alguien a quien sus padres abandonan al nacer y carece, por tanto, de familia. Si no te conmueves ante las miserias materiales o morales de tus prójimos, no digas que eres cristiano: vives como un inclusero, al margen de la gran familia cristiana.
Jesús, Tú curas a los enfermos y das de comer a la muchedumbre hambrienta: sientes profunda compasión por las necesidades de los hombres. ¿Y yo? ¿Qué hago para ayudar a los que tienen necesidad? ¿Cómo voy a llamar Padre a Dios si no trato como hermanos a los demás? "¿Qué es lo que queréis o buscáis cuando venís a la Iglesia? Ciertamente, la misericordia.
Practicad, pues, la misericordia terrena y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquel un bocado, tú la vida eterna. Da al indigente y merecerás recibir de Cristo, ya que Él ha dicho: «Dad y se os dará». No comprendo cómo te atreves a esperar recibir si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podáis, según vuestras posibilidades". San Cesareo de Arles.
Jesús, en mis circunstancias concretas, ¿cómo puedo ayudar a los que más tienen necesidad? A lo mejor puedo aportar dinero a alguna asociación caritativa o colaborar con mi trabajo, aunque sea de vez en cuando. A lo mejor puedo ir a visitar a un pariente enfermo, o a alguna persona que está sola. Ayúdame Jesús a tener un corazón grande como el tuyo, capaz de compadecerme de las necesidades materiales o morales de los demás.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Primera Semana de Adviento
«Después que Jesús partió de allí, vino junto al mar de Galilea, subió a la montaña y se sentó. Acudió a él una gran multitud llevando consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies y los curó; de tal modo que se maravillaba la multitud viendo hablar a los mudos y quedar sanos los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos, por lo que glorificaban al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y dijo: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque hace ya tres días que permanecen junto a mi y no tienen qué comer; no quiero despedirlos en ayunas no sea que desfallezcan en el camino. Pero le decían los discípulos: ¿De dónde vamos a sacar; estando en el desierto, tantos panes para alimentar a tan gran multitud?
Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos le respondieron: Siete y unos pocos pececillos. Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomó los siete panes y los peces y, después de dar gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos y quedaron satisfechos. De los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas." (Mateo 15, 29-37)
I. Jesús, al ver la multitud tantas curaciones y tantos milagros, "glorificaban al Dios de Israel". Lo maravilloso no es que hable un mudo, sino lo que revela este hecho: Tú eres el Mesías, aquél a quien el pueblo de Israel llevaba siglos esperando. Tú eres Dios, pero a la vez eres un hombre como yo. Y te vuelcas con nosotros: "Siento profunda compasión por la muchedumbre".
Jesús, yo te importo. No te da igual si hago las cosas de una manera o de otra. Que Tú también me importes. Que no me dé igual tratarte de cualquier modo. "¿Cuántos panes tenéis?". Hoy me haces a mí la misma pregunta. Pero, ¿qué más te da, Señor? ¿Qué importa lo que tenga, lo que te pueda dar? Al fin y al cabo, no será mucho y, por supuesto, será insuficiente para alimentar a todos. "Y comieron todos y quedaron satisfechos".
Jesús, si con mis siete panes -mis pocas virtudes, mi torpe inteligencia, mi débil voluntad- Tú quieres ayudar a los demás, tómalos. Es lo que tengo: tuyos son.
II. "Cuando tu egoísmo te aparta del común afán por el bienestar sano y santo de los hombres, cuando te haces calculador y no te conmueves ante las miserias materiales o morales de tus prójimos, me obligas a echarte en cara algo muy fuerte, para que reacciones: si no sientes la bendita fraternidad con tus hermanos los hombres, y vives al margen de la gran familia cristiana, eres un pobre inclusero" Surco. 16.
Inclusero significa expósito, alguien a quien sus padres abandonan al nacer y carece, por tanto, de familia. Si no te conmueves ante las miserias materiales o morales de tus prójimos, no digas que eres cristiano: vives como un inclusero, al margen de la gran familia cristiana.
Jesús, Tú curas a los enfermos y das de comer a la muchedumbre hambrienta: sientes profunda compasión por las necesidades de los hombres. ¿Y yo? ¿Qué hago para ayudar a los que tienen necesidad? ¿Cómo voy a llamar Padre a Dios si no trato como hermanos a los demás? "¿Qué es lo que queréis o buscáis cuando venís a la Iglesia? Ciertamente, la misericordia.
Practicad, pues, la misericordia terrena y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquel un bocado, tú la vida eterna. Da al indigente y merecerás recibir de Cristo, ya que Él ha dicho: «Dad y se os dará». No comprendo cómo te atreves a esperar recibir si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podáis, según vuestras posibilidades". San Cesareo de Arles.
Jesús, en mis circunstancias concretas, ¿cómo puedo ayudar a los que más tienen necesidad? A lo mejor puedo aportar dinero a alguna asociación caritativa o colaborar con mi trabajo, aunque sea de vez en cuando. A lo mejor puedo ir a visitar a un pariente enfermo, o a alguna persona que está sola. Ayúdame Jesús a tener un corazón grande como el tuyo, capaz de compadecerme de las necesidades materiales o morales de los demás.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
PALABRAS DE ESTIMULO
Algunos de los mayores éxitos de la historia se produjeron después de una palabra de estímulo o de un acto de confianza por parte de una persona querida o un amigo fiel.
Sino hubiera sido por una esposa confiada, (Sophia), tal vez no habríamos tenido entre los grandes nombres de la literatura el de Nathaniel Hawthorne, cuando Nathaniel, un hombre acongojado, fue a su casa a decirle a su esposa que era un fracaso y que lo habían echado de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de alegría.
- ¡Ahora puedes escribir tu libro! - dijo triunfante.
- Sí - repuso el hombre con vacilante aplomo - y de qué vamos a vivir mientras lo escribo?
Para su gran sorpresa, ella abrió un cajón y sacó una cantidad considerable de dinero.
- De dónde sacaste eso? - exclamo él.
- Siempre supe que eras un hombre de talento - le dijo -. Sabía que algún día escribirías una obra maestra. De modo que cada semana, del dinero que me dabas para la casa, ahorraba un poco. Tenemos suficiente para un año entero. De su confianza y su fé salió una de las novelas mas importantes de la literatura norteamericana: La carta escarlata.
Envió: Elvia Valdez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Todos los días mi Padre Dios me da un regalo de amor y yo respondo: ¡Gracias mi Señor, yo también te amo!".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
Algunos de los mayores éxitos de la historia se produjeron después de una palabra de estímulo o de un acto de confianza por parte de una persona querida o un amigo fiel.
Sino hubiera sido por una esposa confiada, (Sophia), tal vez no habríamos tenido entre los grandes nombres de la literatura el de Nathaniel Hawthorne, cuando Nathaniel, un hombre acongojado, fue a su casa a decirle a su esposa que era un fracaso y que lo habían echado de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de alegría.
- ¡Ahora puedes escribir tu libro! - dijo triunfante.
- Sí - repuso el hombre con vacilante aplomo - y de qué vamos a vivir mientras lo escribo?
Para su gran sorpresa, ella abrió un cajón y sacó una cantidad considerable de dinero.
- De dónde sacaste eso? - exclamo él.
- Siempre supe que eras un hombre de talento - le dijo -. Sabía que algún día escribirías una obra maestra. De modo que cada semana, del dinero que me dabas para la casa, ahorraba un poco. Tenemos suficiente para un año entero. De su confianza y su fé salió una de las novelas mas importantes de la literatura norteamericana: La carta escarlata.
Envió: Elvia Valdez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Todos los días mi Padre Dios me da un regalo de amor y yo respondo: ¡Gracias mi Señor, yo también te amo!".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
01 de Diciembre. MARTES
Primera Semana de Adviento
En aquel mismo momento se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.
Y volviéndose hacia los discípulos les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que veis. Pues os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. (Lucas 10, 21-24)
I. Jesús, hoy me das una pista para conocerte mejor y para quererte más: hay que hacerse pequeño para entender tus cosas; hay que hacerse niño. Lo has dicho más veces: "si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos Mateo" 18, 3. ¿Por qué? ¿Qué tienen los niños que no tenga yo? Veo que tienen dos características muy propias de la infancia: fe inconmovible en sus padres, y perseverancia en la petición.
Para el niño pequeño, sus padres lo son todo: todo lo saben, todo lo pueden, todo lo arreglan. Si hay algún problema, no hay más que decírselo a papá o a mamá. Si se desea alguna cosa, hay que pedírsela a papá o a mamá. Y cómo piden los niños: una y otra vez, sin cansarse, sin analizar las dificultades que supone conseguir lo que quieren.
"Padre nuestro: este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la oración.... y también la esperanza de obtener lo que vamos a pedir.. ¿Qué puede Él, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando ya previamente les ha permitido ser sus hijos?" San Agustín.
II. "Hacerse niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia, reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños". Es Cristo que pasa. 143.
Jesús, en la vida sobrenatural yo soy como un niño pequeño. No puedo nada, no valgo nada, no soy nada. Pero mi Padre es Dios. Y Él lo es todo, lo vale todo y lo puede todo. Yo sólo no puedo nada: "sin Mí no podéis hacer nada", Juan 15,5, me has advertido.
Necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios. Ayúdame a darme cuenta de que te necesito. A veces pienso que yo ya puedo solo, que es cuestión de esforzarme más. Pero en la vida cristiana hay siempre dos elementos: la gracia de Dios y mi correspondencia. Para corresponder mejor, debo esforzarme más. Pero si no busco tu ayuda, tu gracia, si no voy con fe a los sacramentos a pedírtela, no podré.
Jesús, enséñame a confiar en mi Padre Dios como Tú lo hiciste. Tú no buscabas a tu Padre interesadamente: para que te sacara de los apuros, para vivir una vida más cómoda o sin sufrimiento. Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra. Tú buscabas, sobre todo, darle gloria y hacer su voluntad. ¿Cómo te alabo yo? ¿Cómo te adoro, te pido perdón y te doy gracias? ¿Cómo estoy cumpliendo tu voluntad en mi trabajo, en mi vida ordinaria? Cuando me comporte así, podré pedirte ayuda, con la sencillez, con la seguridad y con la perseverancia de un niño.
Jesús, me pides que me haga pequeño en mi vida espiritual. Y ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños. Ayúdame a tener esa fe rendida en Ti: que te pida todo lo que me preocupa, todo lo que me gustaría que ocurriera, pero sabiendo que Tú sabes más. Si no me concedes algo es porque no me conviene, aunque a mí me parezca algo necesario. Tú eres mi Padre, me quieres y me cuidas. En Ti me abandono, en Ti pongo mi esperanza.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
Primera Semana de Adviento
En aquel mismo momento se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.
Y volviéndose hacia los discípulos les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que veis. Pues os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. (Lucas 10, 21-24)
I. Jesús, hoy me das una pista para conocerte mejor y para quererte más: hay que hacerse pequeño para entender tus cosas; hay que hacerse niño. Lo has dicho más veces: "si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos Mateo" 18, 3. ¿Por qué? ¿Qué tienen los niños que no tenga yo? Veo que tienen dos características muy propias de la infancia: fe inconmovible en sus padres, y perseverancia en la petición.
Para el niño pequeño, sus padres lo son todo: todo lo saben, todo lo pueden, todo lo arreglan. Si hay algún problema, no hay más que decírselo a papá o a mamá. Si se desea alguna cosa, hay que pedírsela a papá o a mamá. Y cómo piden los niños: una y otra vez, sin cansarse, sin analizar las dificultades que supone conseguir lo que quieren.
"Padre nuestro: este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la oración.... y también la esperanza de obtener lo que vamos a pedir.. ¿Qué puede Él, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando ya previamente les ha permitido ser sus hijos?" San Agustín.
II. "Hacerse niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia, reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños". Es Cristo que pasa. 143.
Jesús, en la vida sobrenatural yo soy como un niño pequeño. No puedo nada, no valgo nada, no soy nada. Pero mi Padre es Dios. Y Él lo es todo, lo vale todo y lo puede todo. Yo sólo no puedo nada: "sin Mí no podéis hacer nada", Juan 15,5, me has advertido.
Necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios. Ayúdame a darme cuenta de que te necesito. A veces pienso que yo ya puedo solo, que es cuestión de esforzarme más. Pero en la vida cristiana hay siempre dos elementos: la gracia de Dios y mi correspondencia. Para corresponder mejor, debo esforzarme más. Pero si no busco tu ayuda, tu gracia, si no voy con fe a los sacramentos a pedírtela, no podré.
Jesús, enséñame a confiar en mi Padre Dios como Tú lo hiciste. Tú no buscabas a tu Padre interesadamente: para que te sacara de los apuros, para vivir una vida más cómoda o sin sufrimiento. Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra. Tú buscabas, sobre todo, darle gloria y hacer su voluntad. ¿Cómo te alabo yo? ¿Cómo te adoro, te pido perdón y te doy gracias? ¿Cómo estoy cumpliendo tu voluntad en mi trabajo, en mi vida ordinaria? Cuando me comporte así, podré pedirte ayuda, con la sencillez, con la seguridad y con la perseverancia de un niño.
Jesús, me pides que me haga pequeño en mi vida espiritual. Y ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños. Ayúdame a tener esa fe rendida en Ti: que te pida todo lo que me preocupa, todo lo que me gustaría que ocurriera, pero sabiendo que Tú sabes más. Si no me concedes algo es porque no me conviene, aunque a mí me parezca algo necesario. Tú eres mi Padre, me quieres y me cuidas. En Ti me abandono, en Ti pongo mi esperanza.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
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