"No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler." Madre Teresa de Calcuta
domingo, 29 de noviembre de 2009
VALORES
Cierto pequeño se acercó a su madre en la cocina, una noche, cuando ella preparaba la cena y la entregó un pedazo de papel sobre el que había escrito algo.
Después de que la mamá se secó las manos en el delantal, lo leyó y esto es lo que decía:
Por cortar el pasto $ 5.00
Por limpiar mi habitación esta semana 1.00
Por ir a la tienda cuando me envías 0.50
Por cuidar a mi hermano mientras fuiste de compras 0.25
Por sacar la basura 1.00
Por obtener una buena boleta de calificaciones 5.00
Por limpiar y barrer el patio 2.00
Total que me debes $ 14.75
Les diré que su madre lo miró de pie a la expectativa y pude ver que los recuerdos pasaban por su mente. Toma la pluma, le dá vuelta a la hoja de papel que el niño había escrito y anotó lo siguiente:
Por los nueve meses que te llevé mientras crecías en mi interior, SIN CARGO.
Por todas las noches que estuve sentada a tu lado, cuidándote y orando por tí, SIN CARGO.
Por todos los momentos difíciles y todas las lágrimas que causaste a través de los años, SIN CARGO.
Por todas las noches de temor y por las preocupaciones que sabía que tendría, SIN CARGO.
Por los juguetes, la comida, la ropa y por limpiar tu nariz, SIN CARGO, hijo.
Cuando sumes todo, el costo total del verdadero amor es SIN CARGO.
Así, cuando el niño terminó de leer lo que su madre había escrito, había grandes lágrimas en sus ojos, miró directamente a su madre y dijo:
"Mamá, en verdad te amo". Después tomó la pluma y con letras grandes escribió:
PAGADO EN SU TOTALIDAD
Envió: José Luis Gallegos Barraza
MICRO-REFLEXIÓN:
"Dulce Refugio y puerto seguro son tus brazos mi Señor".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
Primera Semana de Adviento
«Al entrar en Cafarnaún se le acercó un centurión y, rogándole, dijo: Señor mi criado yace paralítico en casa con dolores muy fuertes. Jesús le dijo: Yo iré y lo curaré. Pero el centurión le respondió: Señor no soy digno de que entres en mi casa; basta que lo mandes de palabra y mi criado quedará sano.
Pues yo, que soy un hombre subalterno con soldados a mis órdenes, digo a uno: ve, y va; y a otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús se admiró y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande. Yo os digo que muchos de Oriente y Occidente vendrán y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos». (Mateo 8, 5-11)
I. Yo iré y lo curaré.
Jesús, ¡cuántas ganas tienes de hacer el bien! Hay una persona con dolores muy fuertes y ese dolor te remueve. Pero, ¿no sabías que el criado del centurión estaba enfermo antes de que te lo dijera su amo? ¿Por qué no habías ido antes? ¿No había más gente sufriendo dolores fuertes en Cafarnaún?
Jesús, empiezo a prepararme para tu nacimiento y veo que desde Belén hasta la Cruz no rehúyes el dolor ni el sufrimiento: ni el tuyo ni el de los tuyos. José no encuentra sitio en la posada; Herodes os persigue; Maria sufre cuando te «pierdes» en el Templo.
Podías haber evitado todo, pero no lo haces. ¿Por qué? "Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre, de la injusticia, de la enfermedad y de la muerte, Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo, sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado, que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas" CEC 549.
Jesús, no evitas el sufrimiento sino el pecado. Maria es concebida sin pecado. Tú te hiciste igual al hombre en todo menos en el pecado. Perdonas los pecados al paralítico antes de curarle de su enfermedad: "tus pecados te son perdonados" Lucas 5,20. ¿No será que el sufrimiento no es un mal, y en cambio el pecado sí? Si quiero prepararme bien para tu venida, debo empezar por rechazar el pecado con todas mis fuerzas.
II. "Lázaro resucitó porque oyó la voz de Dios: y en seguida quiso salir de aquel estado. Si no hubiera «querido» moverse, habría muerto de nuevo. Propósito sincero: tener siempre fe en Dios; tener siempre esperanza en Dios; amar siempre a Dios..., que nunca nos abandona, aunque estemos podridos como Lázaro". Forja. 211. "En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande". Y por eso, Jesús, puedes hacer el milagro. "Propósito sincero: tener siempre fe en Dios".
Jesús, quiero moverme, quiero salir de este estado mortecino o muerto- en el que me encuentro. Quiero oír tu voz, tu llamada, y salir del mundo de mis miserias, de mis egoísmos, de mis envidias, de mis planes y proyectos personales en los que no cabe Dios ni los demás. Mi alma yace quizá un poco paralítica porque no tiene fuerza para vencer la comodidad, la vanidad, la sensualidad, el egoísmo. "Yo iré y lo curaré".
Jesús, vas a venir al mundo para salvarme, pero aún "no soy digno de que entres en mi casa". Quiero prepararme bien. Quiero aprender a amarte. Y veo que lo primero que debo hacer es limpiarme, rechazar verdaderamente el pecado, empezando por acudir al sacramento de la confesión.
Jesús, vas a venir al mundo para salvar a todos los hombres. No sólo a los de Israel: "muchos de Oriente y Occidente vendrán y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos". No haces grupitos, buscas a todos: sabios y menos sabios, ricos y pobres, sanos y enfermos. Has venido a salvar a todos y por eso de todos esperas una respuesta. Que sepa responder con fe, con mi vida de cristiano, a esa muestra tan grande de amor que es tu Encamación: la demostración más clara de que Tú no me abandonas.
30 Noviembre. SAN ANDRÉS APÓSTOL
«Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo: Seguidme y os haré pescadores de hombres. Ellos, al instante, dejaron las redes y le siguieron. Pasando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando sus redes; y los llamó. Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron». (Mateo 4, 18-22)
I. El Evangelista narra en estos versículos la llamada de Jesús a algunos de los que formarían parte del Colegio Apostólico. Jesús busca a las personas que había de vincular a su labor. Busca colaboradores para llevar a cabo su misión de Salvación y Redención.
Varios detalles:
+ Y los busca habituados al trabajo, acostumbrados al esfuerzo y lucha constantes, sencillos de costumbres.
+ Es Jesús quien elige; se metió en la vida de los Apóstoles, como se mete en la nuestra, sin pedir permiso: Él es nuestro Señor.
+ Una cosa digna de tener en cuenta: Por encima de los defectos humanos -que los Evangelios no disimulan- resalta, sin duda y de modo ejemplar, la generosidad y la prontitud con que los Apóstoles respondieron a la llamada de Cristo.
+ Entrega generosa y libre. La simple invitación al seguimiento bastó para ponerse incondicionalmente a disposición del Maestro.
+ Son de resaltar las palabras con que la Sagrada Escritura describe la entrega inmediata de estos Apóstoles: Pedro y Andrés "inmediatamente" dejaron las redes y le siguieron. Del mismo modo, Santiago y Juan "inmediatamente" dejaron la barca y a su padre y le siguieron...
+ Estos hombres fueron generosos en responder al Señor.
+ Deciden seguirle del todo, sin condiciones, sin cálculos, sin reservas.
II. Dios pasa y llama. Si no se le responde al instante, Él puede seguir su camino y nosotros perderlo de vista. Sería triste que nos quedásemos atrás, por querer seguirle llevando con nosotros muchas cosas que no serán sino estorbo y peso muerto. Pensemos si nosotros respondemos con la misma generosidad y prontitud que lo hicieron estos Apóstoles.
Porque cada hombre nace con una vocación; y como la vida nuestra en la tierra es corta, hemos de aprovechar muy bien la capacidad de amar de nuestro corazón.
Porque la vocación es lo que da sentido a todo. Acabo con unas palabras de un autor moderno: (San Josemaría Escrivá: "También hoy, Jesús pasa por las orillas de nuestro mar en busca de nuevos colaboradores para que extiendan su reino. No te hagas el sordo; sé generoso para colaborar en su misión de construir un mundo fundado en el evangelio y en la paz, en la justicia y en la fraternidad entre todos los hombres".
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Refiere una antigua leyenda de un niño que todavía no había nacido, le dijo un día a Dios.
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. Pero como viviré allá tan pequeño y tan débil como soy?
- Entre los muchos ángeles escogí a uno que te espera.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago mas que cantar y sonreír y eso basta para mí felicidad. Podré hacerlo allá?
- Yo enviaré un ángel para que cante y sonría para tí todos los días, y te sentirás feliz con sus canciones y sonrisas.
- Y como entenderé cuando me hablen si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Un ángel te hablará las palabras más dulces y tiernas que escuchan los humanos, el te enseñará.
- Que haré cuando quiera hablar contigo?
- Un ángel te juntará tus manitas y te enseñará una oración
- He oído que en la tierra hay hombres malos. Quien me defenderá?
- Un ángel te defenderá aunque le cueste la vida.
- Pero estaré siempre muy triste porque no te veré más. Señor sin verte me sentiré muy solo.
- Un ángel te hablará siempre de mí y te mostrará el camino para volver a mi presencia. En ese instante una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres, el niño repetía suavemente:
- Dime su nombre, Señor, dime su nombre...
El Señor contestó "Mamá"
Envió: Margarita Amin De Latorre
MICRO-REFLEXIÓN:
"Cuando el corazón tiene una alegría tan grande, esa misma alegría cabe en un silencio".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
Y les dijo una parábola: «Observad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, conocéis por ellos que ya está cerca el verano. Así también vosotros cuando veáis que sucede todo esto, sabed que está cerca el Reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». (Lc 21, 29-33)
I. Jesús, profetizas que la destrucción de Jerusalén va a suceder en esa misma generación. Muchos de tus apóstoles serían gente joven entre veinte y treinta años; cuando cuarenta años más tarde los romanos destruyen Jerusalén y el templo desde el que te habían oído esta profecía, se acordarían de tus palabras. Sin embargo, la destrucción de Jerusalén no es el fin del mundo; es sólo un símbolo: porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin del mundo no es inmediato [233].
Jesús, también es cierto que no pasará esta generación hasta que llegue el fin de los tiempos. En este caso, generación tiene un sentido más amplio: la generación de los creyentes, la Iglesia. Porque generación también significa estilo de vida y cultura. En este sentido dicen los salmos: ésta es la generación de los que buscan al Señor [234]; es decir, éste es el pueblo de los que creen en Dios, el pueblo escogido.
Jesús, Tú sabes que, durante la historia, habrá muchos cambios: lo que está de moda hoy, es considerado antiguo mañana, y se olvidará pasado mañana. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Todo pasa, pero tu palabra permanece. Y no te refieres a tu palabra escrita -la Biblia- porque hay libros más antiguos que también han llegado hasta nosotros. Te refieres a tu palabra de vida: a tu enseñanza y a los medios que has dejado para vivirla.
Tu palabra «viva y eficaz» se mantiene a lo largo de los siglos en tu Iglesia. La Iglesia tiene la misión -con la ayuda del Espíritu Santo- de custodiar fielmente tu doctrina y tus Sacramentos.
II. «Carga sobre mí la solicitud por todas las iglesias», escribía San Pablo, y este suspiro del Apóstol recuerda a todos los cristianos -¡también a ti!- la responsabilidad de poner a los pies de la Esposa de Jesucristo, de la Iglesia Santa, lo que somos y lo que podemos, amándola fidelísimamente, aun a costa de la hacienda, de la honra y de la vida [235].
Jesús, aunque has prometido que la Iglesia permanecerá hasta el final de los tiempos, y que siempre contará con tu ayuda para custodiar tu palabra, Tú cuentas con la fidelidad de los cristianos de cada generación para que pongan en práctica tus mandamientos y extiendan tus enseñanzas por toda la tierra. En concreto, esperas de cada uno y de cada una que seamos santos: que sepamos ofrecerte nuestro trabajo y nuestro descanso especialmente en la celebración de la Santa Misa.
Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu.
En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor.
De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios [236].
Jesús, Tú pides a cada cristiano -a mí- que ame a la Iglesia como a una madre, puesto que la Iglesia me ha dado la vida espiritual con el Bautismo, y me sustenta con los Sacramentos y con la doctrina cristiana. Y no sólo debo quererla, sino también sentir -como San Pablo- el peso de la Iglesia: la responsabilidad de colaborar para que cumpla su misión fielmente. Ayúdame a amar a tu Iglesia fidelísimamente, aún a costa de la hacienda, de la honra y de la vida.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
1. Empiece desde muy temprano dándole a su hijo (a) todo lo que pida. De esta manera crecerá pensando que la vida le debe todo a él.
2. Cuando diga sus primeras malas palabras, ríase y celébreselas. Esto le hará pensar que es ingenioso y además lo entusiasmará y motivará a usar frases aún más "celebres" cuando sea grande.
3. Nunca le hable de Dios ni de su vida espiritual, ni de religión. Espere a que tenga mayoría de edad para que él decida por si mismo.
4. Evite el uso de la palabras "mal hecho". Podría llenarlo de grandes sentimientos de culpa. Esto lo condicionara a creer mas adelante , cuando se arrestado por robar, que la sociedad esta en contra de él y por lo tanto esta siendo perseguido injustamente.
5. Recoja todo lo que deja botado: libros, zapatos, juguetes, ropa. Haga todo lo posible para evitarle responsabilidades para que así aprenda a "botarle la responsabilidad de sus actos" a otros.
6. Déjelo leer todo lo que llegue a sus manos. Esterilice y limpie cubiertos y vasos pero deje que su mente se alimente de basura.
7. Pelee con frecuencia en presencia de sus hijos. De esta manera no habrá sorpresas más adelante cuando su hogar se acabe.
8. Déle a su hijo toda la plata que quiera. Nunca lo deje ganarse un peso por si mismo. Después de todo, Porque ha de tocarle a él tan difícil como le fue a Usted?
9. Satisfaga todos sus deseos en materia de comida, bebida y comodidad. Asegúrese que todo deseo sensual sea gratificado. Privarlo de todo esto puede llevar a su hijo a grandes traumas y frustraciones.
10. Bríndele su apoyo incondicional en contra de vecinos, profesores y otras figuras de autoridad. Todos estos pueden estar en contra de su pobre hijito y usted debe defenderlo.
11. Cuando su hijo se meta en problema serios, discúlpese diciendo "Yo nunca pude con este hijo".
12. Prepárese para una vida de dolor. Lo mas probable es que tanto su hijo como usted sean bastante desdichados.
Envió: Margarita Amin De Latorre
MICRO-REFLEXIÓN:
"Los buenos recuerdos hay que guardarlos como oro en un pañuelo ".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. En aquella hora, quienes estén en Judea que huyan a los montes, y quienes estén dentro de la ciudad que se marchen, y quienes estén en los campos que no entren en ella: éstos son días de castigo para que se cumpla todo lo escrito. Ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días. Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra e ira sobre este pueblo.
Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos a otras naciones; y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y sobre la tierra angustia de las gentes, consternadas por el estruendo del mar y de las olas, perdiendo el aliento los hombres a causa del terror y de la ansiedad que sobrevendrán a toda la tierra. Porque las potestades de los Cielos se conmoverán.
Y entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levantaos, y alzad vuestras cabezas porque se apróxima vuestra redención». (Lc 21, 20-28)
I. Jesús, la destrucción de Jerusalén que profetizas sucedió en el año 70 y es una imagen del fin del mundo. En un tiempo futuro que no conocemos, Tú vendrás por segunda vez: Y entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria. Tú te has llamado a Ti mismo muchas veces el Hijo del Hombre, que es título de Mesías en las profecías de Daniel. Ahora te aplicas no ya el título, sino la profecía en sí; tu venida gloriosa al final de los tiempos.
Jesús, así como diste a Israel la misión de preparar tu venida, has dado a la Iglesia -nuevo pueblo de Dios- la misión de preparar tu segunda venida al final del mundo. Por eso, en cada Misa, que es el Sacramento central del cristiano, te pedimos que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo (Rito de la Comunión).
Jesús, también yo, en mi momento histórico, he de vivir en espera y en preparación de esta venida gloriosa, sintiendo la responsabilidad de mantener al pueblo de Dios -que es la Iglesia- en esta misma esperanza. Después de dos mil años, los cristianos han mantenido la fe y la han esparcido por toda la tierra. Yo tengo el deber de ser fiel a esta fe que he recibido, y transmitirla con mi ejemplo y mi palabra a la siguiente generación sin rebajar sus exigencias.
II. Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. -Así, gastándonos íntegramente por Él, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida (Surco, 883).
Jesús, en tu venida gloriosa al final de los tiempos, vas a juzgar a vivos y difuntos: es el Juicio Final, en el que la sentencia que cada persona recibió en su juicio particular se hará pública. Como las virtudes y los pecados tienen consecuencias tanto personales como sociales, es justo que haya un juicio público que revele las influencias positivas y negativas de nuestras acciones en los demás, a lo largo de la historia.
Siguiendo a los profetas, y a Juan Bautista, Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios. La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino. Jesús dirá en el último día: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (C. I.C.-678).
El día del Juicio Final causará terror, angustia y ansiedad en aquellos que han vivido para sí mismos. Sin embargo, para los que han vivido cristianamente será un día de gozo, pues se aproxima el día de su redención. Los que han sabido quemar su vida en el servicio de Dios, esperan la muerte con alegría, pues es la puerta que conduce a la posesión de la vida.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
YO PUEDO ESPERAR
El fin de semana pasado, durante mi clase de catecismo uno de mis niños me sorprendió. Sabes sólo tenía 5 niños inscritos y compre 6 regalos por si llegaba uno más. Pero cual fue mi sorpresa, llegaron 2. ¿Qué iba a hacer para que los obsequios alcanzaran para todos?
Les traté de explicar que lo que les había llevado no alcanzaría para todos y que mejor se los entregaría el siguiente sábado. Una de las niñas, sin más ni más, me ve directamente a los ojos (cosa que a los adultos se nos olvida cuando hemos comenzado a crecer y tenemos que dar solución a un problema), y me dice: "No importa maestra, déles a mis compañeros, a mi me lo entregará la próxima semana". Me dejó helada. Por un momento no supe qué hacer ni qué decir.
En tan sólo un instante pasaron por mi mente esos años en los que yo era igual de desprendida que esa niña. Qué vergüenza sentí. Cuantas veces me he encontrado en la misma situación y me ha importado más mi persona que quien me rodea.
¡Qué lección tan grande se encerraba en una personita tan pequeña!
En ese momento mi Dios me recordó cuan valiosos son los más pequeños para Él. Y que cuanto más procuremos parecer como ellos más cerca estaremos de nuestro Dios.
Gracias Señor por amarme tanto y permitirme estar cerca de esos pequeñitos.
Envió: Paula Yánez López
MICRO-REFLEXIÓN:
"Todo cambia y de desvanece, sólo Dios permanece".
Envió: Perla Deyanira González Ramírez
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
«Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: esto os sucederá para dar testimonio. Determinad, pues, en vuestros corazones no tener preparado cómo habéis de responder; porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.
Seréis entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». (Lc 21, 12-19).
I. Jesús, pocos días antes de tu pasión quieres avisar a tus discípulos que la vida del cristiano no es una vida fácil: es una vida exigente, que no se adapta a las debilidades personales ni a las concepciones culturales; es una vida que va a chocar con el éxito de vida pagana de cada tiempo histórico. Por ello, el cristiano va a ser perseguido y odiado, incluso por familiares y amigos, al igual que te persiguieron y odiaron a Ti.
Jesús, en la última cena, cuando recuerdas a los apóstoles los mandatos más importantes y les hablas con mayor intimidad que nunca, les vuelves a hacer la misma advertencia: No es el siervo más que su Señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán [227]. Quieres que estén preparados para dar testimonio. El cristiano ha de ser la sal de la tierra y la luz del mundo, dando testimonio con su vida mortificada y alegre de la fe que profesa.
Y como les había hecho encargos de gran importancia, queriendo animarles les dice: Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos. Como diciendo. No digáis que es difícil cumplir lo que hago fácil. Y no dijo que estaría sólo con ellos, sino con todos los que creyeron después de ellos, ya que los Apóstoles no iban a vivir hasta el final de los tiempos [228].
Jesús, aunque dar testimonio cristiano puede resultar difícil en ocasiones me aseguras que Tú estarás siempre a mi lado: Yo os daré palabras de sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Porque no voy a convencer a los que me rodean a base de argumentos teóricos o fórmulas matemáticas, sino por la atracción y el ejemplo de una vida entregada a Dios y a los demás: una vida sencilla, alegre, llena de sentido. Ésas son las «palabras» que Tú me das con tu gracia -tu vida en mí- y que nadie puede contradecir.
II. ¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El amor. -Enamórate, y no «le» dejarás [229].
Jesús, la decisión primera de seguirte es atractiva y emocionante, como lo es el primer amor. Tú me amas hasta el punto de morir por mí, y me pides que te siga, que sea tu discípulo: que viva realmente como un cristiano. ¿Qué alma joven, decidida y generosa va a negarse ante esta llamada que toca de lleno al corazón? ¿Quién va a quedarse hundido en sus cosas, cuando hay tanto por hacer?.
Sin embargo, hoy me recuerdas, Jesús, que el camino no es cuesta abajo ni está exento de peligros. Seguirte a Ti comporta tomar la cruz, y aguantar la pendiente y el mal tiempo. Porque no somos plantas de invernadero que se refugian en un entorno cerrado; sino que estamos en medio del mundo, al alcance de los enemigos de Dios. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.
Jesús, me avisas de las dificultades, no para que me vuelva atrás, sino que para que -confiando siempre en Ti- persevere en el camino. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Y ¿cómo voy a perseverar a pesar del cansancio y de las contradicciones? Enamorándome cada día más de Ti: Enamórate, y no «le» dejarás. Ayúdame a tratarte de tal modo en mi oración personal, cada día, que me sienta ligado a Ti -como la hiedra se adhiere a la pared, dice una canción- por amor.
[227] Jn 15, 20.
[228] San Juan Crisóstomo, Homilía sobre San Mateo, 18.
[229] Camino, 999.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
I. Reconocer el mérito en los demás.
II. Controlar el temperamento.
III. Nunca hacer burla.
IV. Ser cortés.
V. Ser tolerante.
VI. Ser puntual.
VII. Si uno es vanidoso, hay que ocultarlo.
VIII. No alterar la verdad.
IX. Dejar que los demás se explayen.
X. Expresarse concisamente.
XI. Depurar el vocabulario.
XII Asegurarse de disfrutar el trabajo.
XIII. Reconocer el enorme valor del trabajador manual.
XIV. Pensar en el interés del negocio más que en el propio.
XV. Análisis por encima de la inspiración o de la intuición.
XVI. La dedicación al trabajo.
XVII. Ser modesto
XVIII. No repartas riquezas: reparte trabajo. Así elevarás el nivel de vida del pueblo.....
Autor: Eugenio Garza Sada
Envió: Paty Herrera
MICRO-REFLEXIÓN:
"Para saborear lo dulce de la vida, también hay que probar lo amargo".
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
Como algunos le hablaban del Templo, que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, dijo: «Vendrán días en los que de esto que veis no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo acontecerá esto y cuál será la señal de que comienza a suceder?». Él dijo: «Mirad no os dejéis engañar; pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: "Yo soy, y el momento está próximo". No les sigáis.
Cuando oigáis rumores de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les decía: «Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino; habrá grandes terremotos y hambre y peste en diversos lugares; habrá cosas aterradoras y grandes señales en el cielo». (Lc 21, 5-11)
I. Jesús, al ver que aquellas gentes daban tanta importancia al templo de Jerusalén, profetizas su destrucción, que ocurrirá hacia el año 70 por obra de los romanos. No quieres que pongan sus esperanzas en una obra humana: lo importante no es el templo, sino Dios que habita en el templo. Las obras humanas pasan, pero Dios permanece para siempre. Cuando la esperanza se apoya en Dios, que es todo poderoso y además es Padre, nada ni nadie la puede destruir.
Jesús, no me ocultas que, a lo largo de la historia, habrá guerras, terremotos, hambre y enfermedades. Incluso en determinados momentos puede parecer que el mundo se viene abajo. Sin embargo, el fin no es inmediato. Todas estas calamidades y catástrofes tienen un sentido. En concreto, la adversidad física o moral puede producir madurez humana y espiritual: puede ser ocasión de mayor unión con Dios y con las personas que comparten con nosotros aquel sufrimiento.
Jesús, ante todo me pides que confíe siempre en Ti; que en cualquier circunstancia, pero aún más cuando tenga mayor dificultad, sepa acudir a Ti para pedirte ayuda. La virtud de la esperanza consiste precisamente en confiar en Ti, porque Tú eres mi Padre y quieres lo mejor para tus hijos. Por eso, para el que se sabe hijo de Dios, todo lo que ocurre es para bien, y nada en esta tierra puede quitarle la alegría.
La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad [225].
II. Sufres mucho, porque ves que no estás a la altura. Quisieras hacer más y con mayor eficacia, pero a menudo actúas totalmente atolondrado, o no te atreves. «Contra spem, in spem!» -vive de esperanza segura, contra toda esperanza. Apóyate en esta roca firme que te salvará y empujará. Es una virtud teologal, ¡estupenda!, que te animará a adelantar, sin temor a pasarte de la raya, y te impedirá detenerte. -¡No me mires así!: ¡sí!, cultivar la esperanza significa robustecer la voluntad [226].
Jesús, ante las dificultades y desgracias que profetizas, dices a los que te escuchan: no os aterréis. Con mayor motivo, no me puedo asustar o desanimar por mis defectos. Vive de esperanza, que no es la ilusión de soñar en lo imposible, sino la certeza de que Tú estás siempre pendiente de mí, y me perdonas, y me ayudas cuando lo necesito.
La virtud de la esperanza es una roca firme que mantiene segura mi fe y no deja que se apague mi amor por Ti. Como los patriarcas del antiguo testamento, que supieron mantener su esperanza contra toda esperanza; como los mártires y santos del Nuevo Testamento y de nuestros días; yo también tengo que vivir con mi esperanza puesta en Ti, y no en los medios o capacidades humanas de que disponga en un momento dado.
Jesús, como quieres que sea santo; es decir, que en medio de mis tareas ordinarias y a base de luchar contra mis defectos, me identifique cada día más contigo, Tú me darás las gracias necesarias. Esta firme esperanza en tu ayuda, me dará fuerzas para sobrellevar las dificultades con alegría, y contribuirá a robustecer mi voluntad.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Hoy es mi día para cambiar,
hoy es mi vida para olvidar,
hoy es mi día para meditar,
hoy es un día para imaginar.
Hoy es un día que comienza al despertar
y por lo tanto hay que aprovechar,
hoy es un día que se va a diseñar
hoy es un día que se va a fabricar.
Hoy es mi día que voy a amar,
hoy es mi día que fortuna haré brillar,
hoy saldré a perdonar,
hoy saldré para transformar.
Hoy quitaré los errores de mi vida,
hoy quitaré desamores que no se olvidan,
hoy seré una nueva poesía
hoy seré una nueva juglaría.
Hoy quitaré muchas heridas
y las cicatrices que hay en mi vida,
hoy no seré tan egoísta
y ayudaré a la gente que me lo pida.
Hoy estaré en paz con mi familia
y no levantaré la mano con mi vida,
hoy estaré en paz conmigo misma
y no fallaré a mi propia justicia.
Hoy estaré en manos de Dios
y pondré en Él mi dañado corazón,
hoy seré un ser espiritual
y por eso estaré meditando sin cesar.
Hoy no odiaré a la gente que lo hace
y la bendeciré pues esa es mi parte,
no me corresponde a mi el juzgar
por eso dejaré a Dios el trabajar.
Hoy tendré tranquilidad
y por eso mismo voy a disfrutar,
este día va a comenzar
y para nada lo voy a desperdiciar...
Envió: Martha Imelda García Vázquez
MICRO-REFLEXIÓN:
"Si no eres señor de ti mismo, aunque seas poderoso, me causa pena y risa tu señorío".
? Camino 925
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
«Al levantar la vista, vio a unos ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas, y dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos; pues todos éstos han entregado como ofrenda parte de lo que les sobra, ésta en cambio ha dado de lo que necesita, todo lo que tenía para vivir». (Lucas 21,1-4)
I. Jesús, era tu última semana en la tierra. Tenías aún bastantes cosas que decirnos antes de que te entregaran a los romanos para ser crucificado. Muchos discípulos te acompañaban en el Templo, esperando ver grandes signos. Pero Tú te fijas en una pobre viuda, que entrega a Dios todo lo que tiene: «dos pequeñas monedas». Te conmueves al ver la generosidad de ese corazón sencillo, que gana en valor a la de todos los ricos allí presentes. Porque el amor no se mide por unidades, sino en tantos por ciento: no importa la cantidad, sino la totalidad de la entrega.
Jesús, mirando mi vida, ¿puedes también decir: éste «ha dado todo lo que tenía para vivir;» o más bien: «ha entregado como ofrenda parte de lo que le sobra?» No cuentan los títulos, ni los honores,ni la espectacularidad de los éxitos humanos. Tú miras el corazón. Y esperas de cada uno esas dos monedas diarias: el servicio a Dios y el servicio a los demás.
Jesús, la escena de hoy me recuerda de una manera gráfica que no hay cosas pequeñas en la vida espiritual, si se hacen con amor y por amor. Levantarse con puntualidad por la mañana, ordenar la habitación, arreglar un desperfecto, acabar la tarea con la mayor perfección posible, escuchar con paciencia a un familiar o a un amigo, ayudar al hermano pequeño, y muchas otras pequeñas exigencias de la vida cristiana: son esas dos pequeñas monedas que, por el amor a Ti que demuestran, tiene un gran valor a tus ojos.
«Haz todas las cosas, por pequeñas que sean, con mucha atención y con el máximo esmero y diligencia; porque el hacer las cosas con ligereza y precipitación es señal de presunción; el verdadero humilde está siempre en guardia para no fallar aun en las cosas más insignificantes. Por la misma razón, practica siempre los ejercicios de piedad más corrientes y huye de las cosas extraordinarias que te sugiere tu naturaleza; porque así como el orgulloso quiere singularizarse siempre, el humilde se complace en las cosas corrientes y ordinarias» (León XIII).
II. «Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por amor, es heroísmo» (Camino, 813). Jesús, Tú llamas a todos a la santidad; es decir, a la práctica heroica de las virtudes cristianas por Amor a Dios. «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro padre celestial es perfecto» (Mateo 5,48). A veces, al mirar mi vida llena de defectos, me puedo desanimar y pensar que el ideal de la santidad no es para mí, sino sólo para algunos escogidos a quienes no les cuesta luchar contra sus flaquezas. O pienso que, para llegar a ser santo, necesito hacer cosas grandes y espectaculares.
Jesús, la viuda del Evangelio me muestra el valor de las cosas aparentemente pequeñas, cuando se hacen por amor. La santidad está al alcance de la mano, porque cuando trato de hacerlo todo por Ti no hay cosas pequeñas: todo es grande. Por eso, es importante que cada mañana te ofrezca todo lo que voy a hacer ese día: Mis pensamientos, palabras y obras, y mi vida entera, te ofrezco a Ti con amor. La perseverancia en la cosas pequeñas, por Amor es heroísmo.
Jesús, me pides que sea santo, que viva heroicamente las virtudes cristianas. En definitiva, me pides que persevere en esos pequeños vencimientos diarios hechos por Amor: puntualidad, orden, servicio. Ayúdame a vivir así, con la generosidad de la pobre viuda que supo dar lo poco que tenía para vivir. Y al final de mi vida me podrás decir: «Siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu Señor» (Mateo 25,20).
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Cuenta una leyenda que había dos niños patinando sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación; cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, ¡es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!
En ese instante apareció un anciano y dijo: "Yo se cómo lo hizo".
"¿Cómo ?", le preguntaron al anciano , y él contestó: "No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer"...
"Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr "
Envió: Familia Gregorini
MICRO-REFLEXIÓN:
"¿Adocenarte? -¿ Tú... del montón!? Si has nacido para caudillo! Entre nosotros no caben los tibios. Humíllate y Cristo te volverá a encender con fuegos de Amor". ? Camino 16
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
«Entró en el Templo y comenzó a expulsar a los que vendían diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será casa de oración. Pero vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones». Y enseñaba todos los días en el Templo. Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas intentaban acabar con él, lo mismo que los jefes del pueblo, pero no encontraban cómo hacerlo, pues todo el pueblo estaba pendiente escuchándole.» (Lucas 19, 45-48)
I. Jesús, cuando entras en el templo te enojas al ver el mercado que se había organizado con los animales que debían sacrificarse según la ley. Lo que debía ser un lugar de encuentro con Dios, se ha convertido en un negocio económico. La misma caridad perfecta que ayer te hacía llorar sobre la cuidad de Jerusalén, te mueve hoy a enfadarte santamente con aquellos mercaderes: «derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas» Jesús, ¡cómo reaccionarían los que estaban en el templo! Aquellos pobres cambistas estarían aterrados.
Los sacerdotes, escribas y jefes del pueblo no pueden aguantar más y quieren acabar contigo. ¿No hubiera sido más prudente no decir nada y dejar las cosas tal como estaban? Eso no hubiera sido prudencia, sino cobardía. Las cosas no se pueden dejar como están, cuando están mal. Y menos, cuando ofenden seriamente a Dios. «Mi casa será casa de oración.»
Jesús, con este acto de celo divino me muestras la importancia de tratar santamente las cosas santas. Debo tratar con respeto todos los templos, pues son un lugar de encuentro con Dios. En especial, he de tratar con veneración las iglesias católicas, donde Tú mismo estás realmente presente en la Sagrada Eucaristía. Allí, junto al Sagrario, es el mejor lugar para hacer oración.
«La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración» (CEC-2691).
II. «Detente a considerar la ira santa del Maestro, cuando ve que, en el Templo de Jerusalén, maltratan las cosas de su Padre. ¡Qué lección, para que nunca te quedes indiferente, ni seas cobarde, cuando no tratan respetuosamente lo que es de Dios! (Forja, 546).
Jesús, no me puedo quedar indiferente cuando a mi alrededor no tratan respetuosamente lo que es de Dios. Protestar ante esos abusos no es soberbia o intransigencia, sino caridad, que significa amor delicado a mi Padre Dios y a todo lo que le pertenece. En especial, no puedo callarme ante faltas de respeto en lo que se refiere al culto de Dios y a la Santa Misa. Con paciencia, pero también con entereza, he de tratar de que no se convierta en otra cosa lo que es el Santo Sacrifico de la Misa.
Jesús, tampoco me puedo callar ante el abuso de los recursos naturales, pues toda la creación te pertenece. Es una actitud cristiana -de buen hijo de Dios- defender la naturaleza, sabiendo que la has creado para el uso -pero no el abuso- del hombre. De manera especial, he de defender los derechos de la persona, elemento central de la creación. Y el primer derecho de la persona es el derecho a la vida: desde la concepción hasta la muerte. Por ello, no me puedo callar -si soy cristiano- ante estructuras y sociedades que promueven el aborto o la eutanasia.
Finalmente, Jesús, no me puedo quedar indiferente ante mi propia vida espiritual. Mi alma en gracia es templo del Espíritu Santo, casa especial de Dios; y no puedo convertirla en «cueva de ladrones.» Ayúdame a tratar con delicadeza al Espíritu Santo, sin permitir que mi alma se enturbie con cualquier pecado aunque sea pequeño. Y si, a pesar de todo, se me meten en el alma sentimientos y pasiones que no se corresponden con mi condición de templo de Dios, que sepa purificarme con la penitencia, con decisión, como hiciste Tú en la casa de tu Padre.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Se le pidió a un célebre artista pintar un cuadro que representara la verdadera paz.
El artista tomó su pincel y plasmó en el lienzo un mar agitado por una estruendosa tormenta. Las olas se levantaban en forma gigantesca y arrolladora. Entre las furiosas olas se alzaba una roca inmensa e inconmovible, en una de cuyas grutas había un pequeño nido. En el nido se veía echada, con serenidad y calma, una inocente avecilla que le brindaba calor y protección a sus polluelos. La tranquilidad de aquel nido, en medio de un embravecido mar es la manera mas elocuente de describir la paz que disfrutan los que confían en el Señor.
No es que no haya peligros, sino que en medio de la adversidad se levanta la roca invencible de nuestra salvación.
Cualquiera que sea la situación por la que estás atravesando, ten la plena confianza de que el Señor se levantará en medio de ese problema y será tu refugio, así que no pierdas la paz, sino que CONFÍA EN DIOS.
Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sí, Tú mi roca fuerte y fortaleza para salvarme, porque Tú eres mi roca y mi castillo. Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Salmo 31.2-3
Envió: Mónica Aranda
MICRO-REFLEXIÓN:
"Muchos viven como ángeles en medio del mundo. -Tú... ¿por qué no?". ? Camino 122
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
«Y cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: «¡Si conocieras también tú en este día lo que te lleva la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que no sólo te rodearán tus enemigos con vallas, y te cercarán y te estrecharán por todas partes, sino que te aplastarán contra el suelo a ti y a tus hijos que están dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de la visita que se te ha hecho». (Lucas 19,41-44)
I. Jesús, eres el verdadero Dios: creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Sin embargo, no eres un ser lejano, inalcanzable, al que sólo se puede servir o admirar, pero no imitar. No: Tú eres, a la vez, verdadero hombre; y te alegras, te entristeces y conmueves ante sucesos que puedo entender y aplicar a mi propia vida. Mas: mi conducta no es una gota intrascendente, perdida en un océano de heroísmo y villanías; mi comportamiento tiene un valor inmenso, porque en cierto sentido- afecta a Dios.
Jesús, Tú no lloras por los muros del templo ni por las murallas de la ciudad, que -en cumplimiento de tu profecía- los romanos destrozaron hacia el año 70. Tú lloras -y aquí esta la trascendencia- porque aquellas gentes no han sabido reconocerte como Mesías; porque no saben «lo que les lleva a la paz.» Tú lloras. Y eres Dios. ¿Cuántas veces te he hecho llorar con mi comportamiento egoísta? Porque si mi falta de generosidad y la ceguera espiritual que produce mi egoísmo te hacen sufrir así, yo no necesito más argumentos para cambiar de conducta.
Jesús, Tú sabes bien qué es lo que me lleva a la verdadera paz y a la verdadera alegría: el reconocerte como Mesías y amarte sobre todas las cosas. Pero no te impones a la fuerza: te muestras sólo a quien quiere conocerte. El problema es que conocerte y amarte es un proceso que dura toda la vida, y que requiere una constante lucha interior contra mis inclinaciones egoístas y mi soberbia. Ésta es la gran paradoja cristiana: sólo el que lucha encuentra la paz; sólo el que pierde su vida la encontrará.
II. «A veces, cara a esas almas dormidas, entran una ansias locas de gritarles, de sacudirlas, de hacerlas reaccionar, para que salgan de ese sopor terrible en que se hallan sumidas. ¡Es tan triste ver cómo andan, dando palos de ciego, sin acertar con el camino! Cómo comprendo ese llanto de Jesús por Jerusalén, como fruto de su caridad perfecta» (Surco, 210).
Jesús, Tú lloraste sobre Jerusalén por el amor que tenias a tu pueblo -fruto de tu caridad perfecta-, al ver la dureza de esos corazones que se cerraban ciegamente a la luz de la gracia. De la misma manera lloras de nuevo cada vez que un alma se aleja de Ti. ¿Y yo? ¿Me conmuevo también al ver tantas personas que se apartan del camino «que lleva a la paz?» ¿Tengo esa alma sacerdotal, esa vibración apostólica, esa sed de almas, que es propia de quien trata de imitar, tu caridad perfecta?
Jesús, si la vida espiritual de las personas que me rodean no me importa para nada, o no las amo, o no te amo, o las dos cosas a la vez. ¿Cómo quedarme tranquilo cuando es tan triste ver cómo andan, dando palos de ciego, sin acertar con el camino? Pensar así no es soberbia, porque yo no me merezco el don de la fe que he recibido gratuitamente; es caridad: porque quiero que los demás -¡el mundo entero!- llegue a conocer el verdadero camino que conduce a la paz: el camino, la verdad y la vida.
«Tú, por tanto, que deseas ser útil a las almas del prójimo, primero acude a Dios de todo corazón y pídele simplemente esto: que se digne infundir en ti aquella caridad que es el compendio de todas las virtudes, ya que ella te hará alcanzar lo que deseas» (San Vicente Ferrer).
Jesús, aumenta mi caridad para que yo también me conmueva ante tanta gente que no te conoce, o que conocen -a lo más- una caricatura de la fe. Y que esa mayor caridad no se quede en sentimientos más o menos piadosos, sino que se convierta en acciones de apostolado incesante con aquellas personas que conviven conmigo: en mi familia, en mi trabajo, en el lugar donde vivo.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Tú no fuerzas una flor a que abra,
la flor la abre Dios,
Tú la plantas, la riegas, la resguardas,
lo demás lo hace Dios.
Tú no obligas a un amigo a que te ame,
el amor lo da Dios,
Tú le sirves, le ayudas, en ti la amistad arde,
lo demás lo hace Dios.
Tú no obligas a un alma a que crea,
la fe la da Dios,
Tú trabajas, confías y esperas,
lo demás lo hace dios.
Así que no trates de adelantarte a su plan de amor,
trabaja, ayuda, vive para amarle,
lo demás lo hará Dios."
Envió: Chely De Loera
MICRO-REFLEXIÓN:
"No dejes tu trabajo para mañana". ? Camino 15
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
«Cuando la gente estaba oyendo estas cosas añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría en seguida.
Dijo pues: «Un hombre noble marchó a una tierra lejana a recibir investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: "Negociad hasta mi vuelta". Sus ciudadanos le odiaban y enviaron una embajada tras él para decir: "No queremos que éste reine sobre nosotros".
Al volver, recibida ya la investidura real, mandó llamar ante sí a aquellos siervos a quienes había dado el dinero para saber cuánto habían negociado. ’Vino el primero y le dijo: "Señor, tu mina ha producido diez". Y le dijo: "Bien siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco ten potestad sobre diez ciudades". Vino el segundo y dijo: "Señor, tu mina producido cinco". Le dijo a éste: "Tú ten también el mando de cinco ciudades".
Vino el otro y dijo: "Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo; pues tuve miedo de ti porque eres hombre severo, tomas lo que no depositaste y siegas lo que no sembraste". Le dice: "Por tus palabras te juzgo, mal siervo; ¿sabias que yo soy hombre severo, que tomo lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así, al volver yo lo hubiera retirado con los intereses".
Y dijo a los presentes: "Quitadle la mina y dádsela al que tiene diez". Entonces le dijeron: "Señor, ya tiene diez minas. "Os digo a todo el que tiene se le dará, pero al que no tiene hasta lo que tiene se le quitará"». (Lucas 19, 11-28)
I. Jesús, te acercas a Jerusalén para ser crucificado por nuestros pecados. Sin embargo, muchos de tus discípulos piensan que has venido a instaurar un reino temporal y que el momento de tomar el poder está cerca: «ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría en seguida.» Jesús, Tú no has venido a instaurar un orden político. «Mi Reino no es de este mundo» (Juan 18,36), vas a decirle a Pilato en pocas semanas.
Has venido para redimimos del pecado y abrimos las puertas del verdadero Reino de Dios. Y para que podamos alcanzar esta meta, nos das tu gracia divina: la mina que reciben los siervos de la parábola, y que han de hacer fructificar. «De nosotros depende corresponder con frialdad o con entusiasmo a ese impulso de la gracia. Según esto, merecemos el premio o el castigo en la medida en que hayamos cooperado a ese plan divino que su paternal providencia había concebido sobre nosotros» (Casiano).
II. «Os aseguro que, al tropezar durante mi vida con tantos prodigios de la gracia, obrados a través de manos humanas, me he sentido inclinado, diariamente más inclinado, a gritar: Señor, no te apartes de mí, pues sin Ti no puedo hacer nada bueno. Entiendo muy bien, precisamente por eso, aquellas palabras del Obispo de Hipona, que suenan como un maravilloso canto a la libertad: «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti», porque nos movemos siempre cada uno de nosotros, tú y yo, con la posibilidad -la triste desventura- de alzarnos contra Dios, de rechazarle -quizá con nuestra conducta- o de exclamar: no queremos que reine sobre nosotros» (Amigos de Dios.-23).
Jesús, vas de camino a Jerusalén. Muchos de los que hoy te siguen y en breve te aclamarán diciendo: «¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!», (Lucas 19,38), acaban negándote a la hora de la verdad. Y cuando Pilato, mostrándote ante el pueblo exclama: «He aquí vuestro Rey» (Juan 19,14), le contestan «gritando: fuera, fuera, crucifícalo» (Juan 19,15). Tal vez estarías pensando en ellos cuando hablas sobre la embajada de aquellos ciudadanos: «no queremos que éste reine sobre nosotros.»
Jesús, yo también tengo la posibilidad -la triste desventura- de alzarme contra Ti, enterrando la mina de la gracia que me has conseguido al precio de tu sangre. Señor, no te apartes de mí, quiero hacer rendir los dones que me has dado, siendo fiel «en lo poco». Quiero que seas mi rey: que reines en mi corazón, en mi inteligencia, en mis sentidos, en todo mi ser.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Nadie alcanza la meta con un sólo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un sólo vuelo.
Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces... nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.
Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo...
Ni se hace hombre sin sentir a Dios!!!
Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.
Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.
Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.
Nadie conoce la oportunidad hasta que esta pasa por su lado y la deja ir.
Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto.
Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de DIOS.
Nadie deja de arder con fuego dentro nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone.
Si sacas todo lo que tienes y estas con DIOS...Vas a llegar!!!
Envió: Gil González
MICRO-REFLEXIÓN:
"No pierdas tus energías y tu tiempo, que son de Dios, apedreando los perros que te ladren en el camino. Desprécialos". ? Camino 14
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
«Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Y, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro (una higuera), para verle, porque iba a pasar por allí.
Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa». Bajó rápido y lo recibió con gozo. Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy a llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abraham; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». (Lucas 19, 1-10)
I. Jesús, una muchedumbre te rodea al entrar en la ciudad de Jericó. No es para menos, pues acabas de curar a un ciego que muchos debían conocer, y ahora te sigue, alabando a Dios (Cfr. Lucas 18,43: Evangelio de ayer). ¿Qué otros prodigios ibas a realizar? No se habían visto cosas tan espectaculares desde los tiempos de los grandes profetas, pensarían muchos de los que se agolpaban a tu alrededor. Tú, sin embargo, a ninguno de éstos diriges tu atención. Mientras, ha llegado la noticia del milagro a Zaqueo, «jefe de publicanos y rico».
Zaqueo no se lanza a la calle a ver al profeta. Se queda unos momentos pensando y confuso: ¿quién soy yo para ver a Jesús? Mi corazón está manchado de injusticia y avaricia. Si sólo pudiera hablarle un instante y pedirle perdón... Y sale a la calle. Jesús, está a punto de pasar, pero es tal la muchedumbre que es imposible ver nada. «Y, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro para verle.»
Zaqueo no se queda parado ante las dificultades, ni le importa hacer algo poco propio de una persona de su posición social: correr y subirse a un árbol para ver al Maestro. Jesús, Tú que conoces el interior de las almas no te haces esperar; y una vez más, pagas con creces insospechadas la generosidad del corazón humano: él buscaba verte, y Tú vas a hospedarte en su casa. Zaqueo «bajó rápido y lo recibió con» gozo.
II. «No puede ser de otra manera. Si acudimos continuamente a ponernos en la presencia del Señor, se acrecentará nuestra confianza, al comprobar que su Amor y su llamada permanecen actuales: Dios no se cansa de amarnos. La esperanza nos demuestra que, sin Él, no logramos realizar ni el más pequeño deber; y con Él, con su gracia, cicatrizarán nuestras heridas; nos revestiremos con su fortaleza para resistir los ataques del enemigo, y mejoraremos. En resumen: la conciencia de que estamos hechos de barro de botijo nos ha de servir, sobre todo, para afirmar nuestra esperanza en Cristo Jesús» (Amigos de Dios.-215).
Jesús, tu presencia remueve a Zaqueo y le lleva a la conversión. «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». Todo empezó por aquel deseo de conocerte que le llevó a poner los medios que hiciera falta para verte pasar. Señor, yo también necesito que vengas a mi casa: a mi vida, a mi alma. Tengo tantas heridas que necesitan cicatrizar, tantas flaquezas que necesitan de tu fortaleza divina, tantos egoísmos que me impiden ser feliz.
A veces pienso que no puedo... «¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción cuando las cosas van bien y la desesperación después de la caída; este segundo es con mucho el más terrible» (San Juan Crisóstomo).
Jesús, que la conciencia de mi poquedad y mi fragilidad no me lleve a la desconfianza ni a la desesperación. La conciencia de que estamos hechos de barro de botijo nos ha de servir, sobre todo, para afirmar nuestra esperanza en Cristo Jesús. Y si alguna vez me rompo en mil pedazos, que siempre sepa volver a Ti, especialmente a través del Sacramento de la Penitencia, dándome cuenta de que «el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Estaba un día Diógenes, plantado en la esquina de una calle y riendo como loco.
- ¿De qué te ríes?, le preguntó un transeúnte.
- Ves esa piedra que hay en medio de la calle? Desde que llegué aquí esta mañana, diez personas han tropezado con ella y han maldecido, pero ninguna de ellas se ha tomado la molestia de retirarla para que otros no se tropiecen.
Se generoso, levanta las piedras que te encuentres en la calle. No por ti sino por los demás.
Ser generoso es dar sin esperar recibir. No es dar de lo que te sobra, es DarTE a ti mismo. ¿Eres generoso con tu familia? ¿Con tus amigos?.
Autor: Desconocido
Envió: Gilberto De La Torre
MICRO-REFLEXIÓN:
"Aleja de ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen perder el tiempo ". ? Camino 13
Envió: Gilberto De La Torre
EVANGELIO DEL DIA
16 de Noviembre. LUNES
Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
«Ocurrió que al llegar a Jericó había un ciego sentado junto al camino mendigando. Y al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello. Le contestaron: «Es Jesús Nazareno que pasa».
Y gritó diciendo: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mi». Y los que iban delante le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mi». Jesús, parándose, mandó que lo trajeran ante él. Y cuando se acercó, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». El dijo: «Señor, que vea». Y Jesús le dijo: «Ve, tu fe te ha salvado». Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al presenciarlo, alabó a Dios.» (Lucas 18, 35-43)
I. Aquel ciego de Jericó, llamado Bartimeo, estaba «sentado junto al camino mendigando» como un día más: un día sin motivo, sin aliciente. ¡Cuántas jornadas se había pasado allí: dejado, olvidado de todos, esperando el final de un día largo e inútil; como los días anteriores y los futuros! Sin embargo, hoy es distinto: algo ocurre, pues mucha gente va y viene deprisa por el camino.
«Es Jesús que pasa», le contestan. Jesús, a veces yo también estoy sentado a la vera del camino de mi vida, dejando pasar las horas y los días sin hacer nada de provecho. Puede que, exteriormente, me mueva mucho; sin embargo, espiritualmente estoy parado porque me falta visión sobrenatural. Pero hoy tengo la oportunidad de cambiar, porque Tú pasas a mi lado: es Cristo que pasa. ¿Cómo voy a desperdiciar esta ocasión única? «Jesús, hijo de David, ten piedad de mí.» No pases de largo, sin dejar rastro: necesito que me cures, que me transformes, que aumentes mi fe. «Los que iban delante le reprendían para que se callara».
Cuántas veces Jesús, ante mis deseos de mejorar en mi vida cristiana, encuentro muchas voces que me reprenden: ¿Para qué complicarte la vida? ¿No te estarás pasando de la raya? ¿Por qué no esperar a otra ocasión más propicia? «El descubrimiento de la vocación personal es el momento más importante de toda la existencia. Hace que todo cambie sin cambiar nada, de modo semejante a como un paisaje, siendo el mismo, es distinto después de salir el sol que antes, cuando lo bañaba la luna con su luz o le envolvían las tinieblas de la noche.
Todo descubrimiento comunica una nueva belleza a las cosas y, como al arrojar nueva luz provoca nuevas sombras, es preludio de otros descubrimientos y de luces nuevas, de más belleza» (F. Suárez, La Virgen NuestraSeñora).
II. E inmediatamente comienza un diálogo divino, un diálogo de maravilla, que conmueve, que enciende, porque tú y yo somos ahora Bartimeo. Abre Cristo la boca divina y pregunta: ¿qué quieres que te conceda? Y el ciego: «Maestro, que vea». ¡Qué cosa más lógica! Y tú, ¿ves? ¿No te ha sucedido, en alguna ocasión, lo mismo que a ese ciego de Jericó? Yo no puedo dejar de recordar que, al meditar este pasaje muchos años atrás, al comprobar que Jesús esperaba algo de mi -¡algo que yo no sabia qué era!-, hice mis jaculatorias.
Señor, ¿qué quieres?, ¿qué me pides? Presentía que me buscaba para algo nuevo y el Maestro, que vea- me movió a suplicar a Cristo, en una continua oración.’ Señor, que eso que Tú quieres, se cumpla» (Amigos de Dios.-197).
Jesús, Tú no me dejas nunca solo. Y al pasar por mi lado y oír mis súplicas, me haces llamar. «¿Qué quieres que te haga?» Tú, que eres el Rey del universo, has venido para servir: para que el ciego vea, el cojo ande y el mudo pueda hablar. Especialmente has venido para redimirme del pecado y darme tu gracia.
¿Qué quieres que te conceda? Jesús, «que vea.» Que vea lo que Tú quieres de mí; que vea las cosas y los acontecimientos con fe, con visión sobrenatural; que vea mejor mis defectos, para luchar contra ellos; que vea un poco más las cosas positivas de los demás y un poco menos sus limitaciones; que vea el mundo con ojos apostólicos como los tuyos, para sentirme corredentor contigo. «Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios.»
Jesús, yo he recibido en el Bautismo algo más que la vista: la gracia divina. Desde entonces, tengo la capacidad -si no cierro los ojos- de ver más allá; de entender con una profundidad nueva el sentido de mi vida y del mundo. Ayúdame a seguirte cada día más de cerca, dando gloria a Dios con mi esfuerzo por vivir por Él y para Él.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo a tu cuarto.
Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a la cama.
Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: "Adiós, papito!" y yo fruncí el entrecejo y te respondí: "Ten erguido los hombros!"
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido; cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. "¿Qué quieres ahora?" te dije bruscamente. "Nada", respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aún el descuido ajeno puede agotar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.
Bien, hijo: poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor.
¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre explicación; sé que no comprenderás estas cosas si te las dijera cuando está despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impaciente. No haré más que decirme, como si fuera ritual: "No es más que un niño, un niño pequeñito".
Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía.
Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He perdido demasiado, demasiado.
Autor: W.Livingston Larneds
Envió: Lupita De Loera
MICRO-REFLEXIÓN:
"La libertad para que alcance su plenitud y felicidad debe estar fundada en el amor verdadero".
Envió: Cesar Augusto Jesús Villar Jiménez
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario
«Y como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre. Comían y bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio e hizo perecer a todos. Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban; pero el día en que salió Lot de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre e hizo perecer a todos.
Del mismo modo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre. En aquel día, quien esté en el terrado y tenga sus cosas en la casa, no baje por ellas; y lo mismo, quien esté en el campo, que no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien pretenda guardar su vida, la perderá y quien la pierda, la conservará viva. Yo os digo: aquella noche estarán dos en el mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado. Habrá dos moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada. Y a esto le dijeron: «¿Dónde, Señor?». El les respondió: «Dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán las águilas». (Lucas 17, 26-37)
I. Jesús, el día «del Hijo del Hombre» es el día de tu segunda venida, al final de los tiempos. En ese día Tú te manifestarás al mundo, y el universo entero se transformará dando lugar a «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 Pedro 3,13). Los que estén unidos a Ti con una vida de justicia y santidad participarán en esta definitiva etapa de la Iglesia y del mundo, también llamada la Jerusalén celestial, en la cual «no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, por que el mundo viejo ha pasado» (Apocalipsis 21,4).
Jesús, ¿cuándo y dónde ocurrirá esta transformación universal? Y me respondes: «Acerca de aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los Cielos, ni el Hijo, sólo el Padre» (Mateo 24,36). Lo único que sabemos es que vendrá por sorpresa, «como ocurrió en los días de Noé» y de Lot, y que tendrá efectos desiguales para los hombres: «uno será tomado y el otro dejado.»
Jesús, no me has revelado esta verdad para intranquilizarme o para que me despreocupe de un mundo que, en definitiva, se transformará al final de los tiempos. Me has descubierto esta realidad para que tenga una visión mas profunda de las cosas y del sentido de mi misma vida. «La espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya cierto esbozo del siglo nuevo» (CEC-1049). I
I.«Aquel conocido tuyo, muy inteligente, buen burgués, buena persona, decía: «cumplir la ley, pero con tasa, sin pasarse de la raya, lo más escuetamente posible». Y añadía: «¿pecar?, no; pero darse, tampoco». Causan verdadera pena esos hombres mezquinos, calculadores, incapaces de sacrificarse, de entregarse por un ideal noble» (Surco, 12).
Jesús, la tentación más peligrosa no es la del pecado. El pecado se descubre a sí mismo y puede dar lugar al arrepentimiento y a una vida de mayor piedad. El verdadero peligro es la tibieza: esa actitud mezquina del que no hace nada malo, sin querer comprometerse tampoco a hacer nada bueno. Esta es una tentación peligrosa, porque no se detecta fácilmente, e incapacita a la persona para amar a Dios.
«Quien pretenda guardar su vida la perderá; y quien la pierda, la conservará viva». Jesús, si quiero guardar mi vida para mi, egoístamente, no sólo saldré perdiendo en mi vida eterna, sino también ya aquí, en la tierra. Porque la felicidad en la otra vida se corresponde con la felicidad en ésta: el que, por no saber darse a los demás, no tiene capacidad de amar y ser feliz aquí, se autoexcluye de la felicidad eterna en el Cielo.
Jesús, el pensamiento sobre el final del mundo y sobre tu segunda venida gloriosa me debe dar un poco más de perspectiva sobre el valor de las cosas y de los acontecimientos. Todo ha sido creado por Ti y volverá a Ti en el futuro. Mientras tanto, me has dado la libertad de usar mi vida en beneficio propio o para el bien de los demás. Que sepa entregarme de veras, sacrificándome día a día, por amor, al servicio de los que me rodean y, sobre todo, al servicio de Dios.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
VALORES
Para que los ames mientras vivan,
Podrán ser 10, 20, 30 años o más,
Hasta que los llame.
Te pregunto:
¿Podrás cuidarlos?
Quiero que aprendas a vivir con ellos,
Les he buscado unos hijos y te he elegido a ti,
No te ofrezco que se quedarán contigo
Para siempre, sólo te los presto.
Ellos te darán ternura y te darán alegría por tenerte,
El día que los llame, no llorarás ni me odiarás,
Porque los regrese a Mí.
Su ausencia corporal quedará compensada,
Por el amor y por los muchos agradables recuerdos.
Ten presente que si algo te entristece,
Que si el golpe del dolor te hiere algún día,
Tu pena es mía y así, con todo esto,
Tu luto será más llevadero.
Y habrán de decir con agradecida humildad:
¡HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD!
Envió: Silvia Osorio López
MICRO-REFLEXIÓN:
"Corresponderle a Jesús debe ser la ilusión más grande de tu vida".
Envió: Javier Baue
EVANGELIO DEL DIA
Trigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario
«Interrogado por los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios, él les respondió: «El Reino de Dios no viene con espectáculo; ni se podrá decir: vedlo aquí o allí; porque, mirad, el Reino Dios está ya en medio de vosotros». Y dijo a los discípulos: «Vendrá un tiempo en que desearéis ver uno sólo de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.
Entonces os dirán: "Vedlo aquí, o vedlo allí". No vayáis ni corráis detrás. Pues, como el relámpago fulgurante brilla de un extremo a otro del cielo, así será en su día el Hijo del Hombre. Pero es necesario que antes padezca mucho y sea reprobado por esta generación». (Lucas 17, 20-25)
II. Jesús, los fariseos esperaban un Reino de Dios en la tierra: un reino político que pondría fin a la dominación romana con gran poder y signos extraordinarios. Si Tú eras de verdad el Mesías, ¿cuándo ibas a empezar este reino? Hacía falta organizarse; diseñar planes para tomar el poder; reunir tal vez un ejército.
Jesús, tu respuesta dejaría perplejos a alguno de aquellos hombres: «El Reino de Dios no viene con espectáculo; está ya en medio de vosotros». Habría quien llegaría a pensar que se estaban montando brigadas secretas y guerrillas. Tan convencidos están de su interpretación política del Mesías que acabarán por negarte e incluso por llevarte a la cruz. Días antes de tu muerte llorarás ante Jerusalén con estas palabras: «¡Si conocieras también tú en este día lo que te lleva a la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos.» (Lucas 19,42).
Jesús, Tú has venido a traer un Reino de paz, no de guerra; un Reino de amor, no de odio. Es un Reino que se conquista sin batallas ruidosas ni aparatosas, y que está en medio de nosotros: en el alma en gracia de cada bautizado. Porque el Reino de Dios consiste en vivir de Ti, en Ti y por Ti. Y esto se consigue, ya en la tierra, cuando Tú habitas en mi alma en gracia por obra del Espíritu Santo; pues «si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios» (Lucas 22,30). «Desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor «a fin de santificar todas las cosas llevando a la plenitud su obra en el mundo» (CEC-2818).
II.«Cristo, Señor Nuestro, fue crucificado y, desde la altura de la Cruz, redimió al mundo, restableciendo la paz entre Dios y los hombres. Jesucristo recuerda a todos: «et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum», si vosotros me colocáis en la cumbre de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño, «omnia traham ad meipsum», todo lo atraeré hacia mí. ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!» (Es Cristo que pasa.-183).
Jesús, muriendo en la cruz has redimido al mundo, restableciendo la paz entre Dios y los hombres. Has abierto las puertas del Cielo para que pueda sentarme a «tu mesa en tu Reino» (Lucas 22,30). Pero no me obligas a entrar. Es verdad que desde la cruz, levantado sobre la superficie de la tierra, atraes todas las cosas hacia Ti. Sin embargo, esta atracción no coarta mi libertad; es una atracción de amor. Clavado en el madero santo me miras y me dices: yo no puedo hacer más por Ti; Tú, ¿qué haces por mí?
Jesús, ¿qué puedo hacer por Ti para que, de verdad, reines en el mundo? En primer lugar, he de dejarte reinar en mi alma: aquí estoy, Señor, para lo que Tú necesites. Y luego, he de intentar ponerte en la cumbre de todas las actividades humanas: haciendo mi trabajo con mayor perfección posible, y con el espíritu de servicio, honestidad, sencillez y alegría propios de un cristiano. Si me comporto así, Jesús, los que me rodean te descubrirán a través de mi ejemplo e intentarán ponerte también en la cumbre de sus actividades humanas.
De esta manera, a través de mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño pero que no lo es, si lo hago con amor-, los demás se sentirán atraídos por Ti: ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA
miércoles, 11 de noviembre de 2009
VALORES
1. Porque quiero ser la voz de los que no tienen voz, la voz de los niños concebidos y no nacidos que están amenazados de muerte.
2. Porque la unión hace la fuerza? Si somos muchos, la voz por la Vida se oirá más en todas partes
3. Porque uno de los pocos cauces que los ciudadanos tenemos para influir en la sociedad son las manifestaciones públicas.
4. Porque no podemos estar impasibles ante el gran drama del aborto.
5. Porque el aborto destroza la vida de cualquier mujer que va a ser madre.
6. Porque queremos gritar con fuerza que el aborto nunca es solución a un problema, sino causa de una cadena ininterrumpida de desdichas físicas y morales.
7. Porque matar no puede ser nunca un derecho.
8. Porque ante el embarazo no deseado lo que necesita la futura madre es apoyo afectivo y económico para acoger la nueva vida que crece dentro de ella, y no destruirla.
9. Porque no queremos callar ante la injusticia de la aceptación social del aborto.
10. Porque cada vida humana importa.
11. Porque quiero demostrar que también somos muchos los que defendemos la vida.
12. Porque la sangre de los inocentes está clamando a Dios.
13. Porque si no defiendo el derecho fundamental a la vida no tengo fuerza moral para defender ningún otro.
14. Porque no podría vivir una vida digna si me da igual el problema del aborto.
15. Porque defender la vida es ser progresista.
16. Porque no quiero que el vientre de la mujer, llamado a ser la primera cuna del ser humano, se convierta en una sala de tortura.
17. Porque la maternidad es el gran regalo que la mujer puede ofrecer al mundo para que éste recobre la esperanza.
18. Porque cada ser humano, incluido el que crece en la mujer embarazada, es mi hermano.
19. Porque una sociedad que mata a los niños antes de nacer no tiene futuro.
20. Porque si no alzo la voz estoy haciendo el juego a los soldados de Herodes.
21. Porque las generaciones futuras se preguntarán qué hicimos nosotros para detener el genocidio del aborto.
22. Porque nos están engañando: el aborto no es progreso sino barbarie
23. Porque las víctimas del aborto son multitud: los niños, las mujeres que abortan, las familias que colaboran, los sanitarios que lo ejecuta, los políticos que lo fomentan con sus decisiones?
24. Porque no estoy de acuerdo y no quiero que me impongan la cultura de la muerte ni a mí, ni a mí familia, ni a los que vengan detrás de nosotros.
25. Porque el aborto es un crimen abominable.
26. Porque nunca se puede legitimar la muerte de un inocente.
27. Porque el aborto alimenta el machismo más feroz, porque la mujer siempre lleva la peor parte: la decisión de desprenderse o no de su hijo.
28. Porque quiero que el mundo entero vea que somos multitud los que creemos que la Vida es mucho más importante que la Muerte.
29. Porque podemos sembrar la duda en alguna persona que piense abortar, y así poder salvar, al menos, una vida humana.
30. Porque quiero vivir la fiesta de la Vida y de la Maternidad con mi familia.
31. Porque quiero que mis hijos vean y recuerden para siempre que, para su familia, la vida de cada ser humano es lo más importante.
32. Porque no quiero ser espectador de lo que va a ocurrir, sino protagonista. No quiero que me lo cuenten. Quiero vivirlo en primera persona.
33. Porque vale la pena luchar por lo que se defiende en ella.
34. Porque gracias a las voces que se manifiestan se salvarán muchas vidas.
35. Porque si no alzo la voz me arrepentiré toda la vida de haberme quedado callado.
36. Porque quiero compartir con mucha gente la alegría de haber hecho algo muy bueno para el ser humano.
37. Porque cada aborto mata dos vidas.
38. Porque sólo podría estar a favor del aborto aquel que no hubiera sido feto antes de nacer.
39. Porque soy algo más que un ser vivo, somos hijos de Dios!.
40. Porque cada día encuentro muchísimas razones más que enriquezcan mis motivos personales que me han movido a alzar la voz!.
Envió: Vicente Martínez Martínez -España
MICRO-REFLEXIÓN:
"Aquello que le hiciste a los mas pequeños, a Mí me lo hicisteis" - Jesús de Nazaret
EVANGELIO DEL DIA
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VALORES
Cuenta la historia que un señor ya mayor trabajaba haciendo casas, él era el mejor en su labor, tenía ya más de 40 años haciendo lo mismo, se esmeraba mucho en su trabajo y todo mundo lo reconocía decían que él era el mejor?.
Llego el gran día? se acerco el capataz y le dijo que ya era hora de jubilarlo, ya era hora de que se fuera a descansar a gusto a su casa? pero? que para eso? le iban a encargar un último favor? él tenía que hacer la ultima casa, ya que era para una persona muy especial, la noticia lo impacto, le movió el interés por el trabajo, y lo que paso fue?. que ya no puso el mismo empeño en su trabajo? la casa la hizo pero ya no igual?? la hizo sin la misma pasión con la que hizo todas las demás?.
Ya no le puso el mismo empeño?.. pero la sorpresa fue grande?.. la casa que le encargaron que hiciera al último?? era para él??. Era su regalo de despedida? por haber dejado más de 40 años de su vida en esa empresa?
Reflexión: Nunca dejes de hacer las cosas bien?.. tienes que hacer tu trabajo?. Hacerlo bien hasta el final?.. hazlo como si fuera el primer día que lo haces?. No te vaya a pasar lo mismo?. Que le sucedió al señor de la historia?.
Envió: Anastacio Acevedo Arellano (Movimiento de cursillos de cristiandad) - Nogales Sonora, México
MICRO-REFLEXIÓN:
"TODO LO QUE HAGAS, HAZLO BIEN HASTA EL FINAL..."
Envió: Anastacio Acevedo Arellano (Movimiento de cursillos de cristiandad) - Nogales Sonora, México
EVANGELIO DEL DIA
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VALORES
Una tarde un hombre volvía a casa del trabajo y encontró un desorden total en su casa.
Sus tres hijos estaban afuera, jugando en el lodo, la manguera abierta, juguetes y envolturas de comida regadas en todo el jardín frontal de la casa.
La puerta del carro de su esposa estaba abierta y también la puerta del frente de la casa.
Cuando paso la entrada encontró todavía mas desorden. Una lámpara tirada, el tapete de la sala hecho bolas, las pinturas y cartera del bolso de su esposa tiradas por todo el piso, la TV a todo volumen en un canal de caricaturas.
En la sala dejaron la bicicleta con lodo en las ruedas, regados en el piso las crayolas, papeles, juguetes, ropa y el perro con el pelo mojado mordiendo una caja con cereal arriba del sillón.
En la cocina, el fregadero estaba lleno de platos sucios, el detergente regado por el piso, la llave del agua abierta, salsa catsup en las paredes, la comida del perro regada en el piso, leche tirada junto al refrigerador, calcetines en la mesa, un vaso roto bajo la mesa del comedor, y algunos montones de tierra cerca de la entrada de la puerta trasera.
Rápidamente se dirigió hacia las escaleras, pisando juguetes, ropa, palomitas, zapatos, brinco unos patines, un plato y un trozo de pan con cajeta que estaba en los escalones, buscando desesperadamente a su esposa.
Estaba muy preocupado pues pensó que había pasado algo serio, o que tal vez pudiera estar enferma, o que hubieran entrado unos ladrones, que se yo, cuantas cosas se imagino...
Al llegar a la recámara, encontró a su esposa sentada en la cama, en pijama, con una toalla enredada en la cabeza, pintándose las uñas de los pies, tarareando una melodía, en el buró un vaso de soda, una bolsa de fritos abierta, una revista de modas y estaba viendo un programa en la TV...
La esposa volteo a verlo y le sonrió felizmente, después le pregunto: ’Como te fue amor??...’
El la vio totalmente extrañado y le pregunto: -’¿!!!!!!!!!!Pero que paso aquí hoy!!!!!!!!!!!??????’
Ella sonrió de nuevo y respondió:
’Recuerdas que cuando llegas de trabajar me preguntas: .... Y QUE ..... HICISTE EN TODO EL DÍA...???’
’Si... contestó incrédulamente el esposo’
’Bueno...’, respondió ella,
’PUES HOY NO HICE NADA,....!!!!!!!!’
Dedicado para aquellas mujeres cuyos esposos no saben apreciar lo que se hace en casa y también para todas aquellas, que después de trabajar, tienen que llegar a lidiar con cosas similares... y para que los esposos aprecien y valoren, el trabajo de una ama de casa.
El diario quehacer del hogar, es el único trabajo que sólo se nota, cuando no esta hecho.
Envió: Lucio Galván Castillo
MICRO-REFLEXIÓN:
"Saber apreciar el trabajo de la mujer, es amarla de verdad"
Envió: Lucio Galván Castillo