martes, 25 de agosto de 2009

VALORES

TIRANDO DEL LADO CONTRARIO

Un hombre fue a confesarse con un sacerdote y le pidió que intercediera a Dios por Ti, para ver si así dejaba sus pecados y su mala vida. El sacerdote así se lo prometió y así lo hizo; mas como al cabo de algún tiempo no paraba de quejarse de que seguía pecando y no le eran de provecho algunos aquellas oraciones, el sacerdote le dijo:

-Ven y ayúdame a levantar aquel costal de trigo que se le ha caído a esa mula.

Tomó el hombre por un lado y el sacerdote por otro, y cuanto más tiraba el pecador para arriba, más tiraba el sacerdote para abajo:

¿Como lo vamos a levantar de ésta manera? Preguntó el hombre.

-Pues igual haces tú - respondió el sacerdote: cuando pido a Dios te levante de tus pecados, tú sigues tirando hacia abajo.

Nuestra voluntad de querer cambiar es determinante en el proceso de santificación. Tu voluntad se ve robustecida con la oración y los sacramentos. Estas armaduras te protegen mas eficientemente en este medio en que vivimos. Vívelos para poder tener VIDA verdadera!

Tomado de "Para leer en el Tren" de Monseñor TIHAMER TOTH y escogidas por el Padre José Julio Martínez (1953).

Envió: Mili Rodríguez de Manco


MICRO-REFLEXIÓN:

"La única limitación, que no limita a Dios, sino que obstaculiza el llegar de su Palabra, es la soberbia y el pecado".

EVANGELIO DEL DÍA

25 de Agosto. MARTES

Vigésima Primera Semana del Tiempo Ordinario

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, pero habéis abandonado lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Estas cosas había que hacer; sin omitir aquéllas. ¡Guías ciegos!, que coláis un mosquito y os tragáis un camello.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que limpiáis por fiera la copa y el plato, mientras por dentro quedan llenos de carroña e inmundicia. Fariseo ciego, limpia primero el interior de la copa, para que llegue a estar limpio también el exterior» (Mateo 23, 23-26).


I. Jesús, no recriminas a los jefes de los judíos por lo que hacen, sino por lo que no hacen: las omisiones. No es que hagan cosas malas, sino que dejan de hacer cosas buenas, «lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad». Su error no consistía en hacer el mal, sino en no hacer el bien que Tú esperabas de ellos:«estas cosas había que hacer, sin omitir aquéllas».

Las vírgenes fatuas conservaban la castidad, la gracia y la modestia para propia utilidad, pero no eran útiles a nadie. Por eso fueron arrojadas fuera. Así son los que no alivian el hambre de Cristo. Considera atentamente que ninguno de ellos es acusado por faltas privadas, fornicación, perjurio o cualquier otra cosa, sino únicamente por no haber sido útiles a los demás.

Yo pregunto: ¿Es cristiano el que se conduce así? Si el fermento mezclado con la harina no la hace cambiar; ¿es verdadero fermento? Si el perfume no despide buen olor entre los circunstantes, ¿lo podremos llamar perfume?» (San Juan Crisóstomo).

Jesús, de la misma forma, mi vida no podría llamarse cristiana si, aunque evitara el pecado, no hiciera el bien y practicara las virtudes: «la justicia, la misericordia, la fidelidad». Por eso, mi fe no se puede reducir a una lista de cosas malas que no puedo hacer, sino que necesariamente va más allá: ¿qué cosas buenas quieres que haga? ¿qué esperas de mi hoy en mi vida familiar, profesional y social?.

Jesús, cada noche debo hacer un pequeño examen personal, repasando mi día en tu presencia y preguntándome: ¿he hecho lo que esperabas de mí?; ¿qué cosas buenas he dejado de hacer?; ¿he sabido perdonar?; ¿he sabido ayudar?; ¿he obedecido a mis padres o superiores?; ¿he trabajado las horas que debía y con el esfuerzo que debía?; ¿me he acordado de rezar lo que me había propuesto?.


II.«Recupera el tiempo que has perdido descansando sobre los laureles de la complacencia en ti mismo, al creerte una persona buena, como si fuese suficiente ir tirando, sin robar ni matar. Aprieta el paso en la piedad y en el trabajo: ¡te queda tanto por recorrer aún!; convive a gusto con todos, también con los que te molestan; y esfuérzate para amar ¡para servir! a quienes antes despreciabas» (Surco.-167).

Jesús, cuando te miro en la Cruz y pienso en mi vida de cristiano, siento que me dices como un reproche cariñoso: ¡te queda tanto por recorrer aún! Creía, tal vez, que ya hacía demasiado intentando cumplir los mandamientos y no pecar. Y sin darme cuenta, estaba perdiendo el tiempo, a la vez que me conformaba con ir tirando.

Pero, Jesús, desde la Cruz me dices que no. Que no has venido al mundo ni has muerto para que yo no robe ni mate. Has venido para hacerme hijo de Dios, y, por tanto, heredero del Cielo. Pero ser hijo de Dios implica imitarte a Ti y, por tanto, requiere una lucha decidida por ser santo, como Tú eres santo. Y entonces, me susurras al oído: Aprieta el paso en la piedad y en el trabajo; y esfuérzate para amar -¡para servir!- a todos los que conviven contigo.

Jesús, estas son como las tres dimensiones de mi vida cristiana: piedad, trabajo y servicio a los demás. ¿Qué cosas buenas me faltan por hacer en estos tres campos? ¿Cómo puedo apretar el paso para mejorar en cada uno de ellos? Ayúdame, Jesús, a descubrir lo que me pides que mejore en mi vida de piedad, trabajo y servicio. Y a repasar los propósitos que haga en el examen de conciencia cada noche, para que no tengas que quejarte de mis omisiones, ni nunca me crea una persona buena, sin nada que mejorar.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

HOY HE VISTO UNA BODA

Salían de la Iglesia. La novia, blanca, gozosa, feliz, miraba con ternura al novio. El novio le sonreía. Parecían felices. O alegres y contentos.

No parece que sea lo mismo felicidad y alegría.

Cuando tú estés leyendo estas líneas, ¿seguirán siendo felices aquellos novios?.

Después de ver los novios he mirado alrededor.

Hombres y mujeres elegantemente vestidos y arreglados presenciaban la escena.

Pero parece que estaban más pendientes y preocupados de quedar bien ellos, como si ellos fueran la parte más importante de la ceremonia que se estaba realizando. Tenían una pose muy estudiada.

Había algunos matrimonios jóvenes y otros maduros. No se sonreían mutuamente sólo esbozaban una sonrisa algo forzada. siempre queda mejor sonreír que estar serios. Es más elegante y en esos casos es de rigor, yo pensaba: estas esposas también un día salieron blancas, gozosas y felices de una iglesia y su maridos les sonreía. También se prometieron amor eterno. Como si aquel amor hubiera sido flor de primavera, parece que se marchito. ¿Qué a ocurrido? .

No, me dijo un matrimonio mayor, es que ahora nos amamos de otra manera. Y es cierto que la expresión del amor puede ser muy diversa. Lo importante es que exista amor. Pero ¿porqué algunos esposos ya no se toman de la mano?...Es que se aman de otra manera.

¿Por qué no se besan tiernamente como antes?..es que se aman de otra manera.

¿Porqué no están ambos pendientes de complacerse?...Es que se aman de otra manera.

¿Por qué ella, la "más maravillosa del mundo", ahora es la " más pesada e inaguantable" y él antes " el hombre más interesante y amoroso" ahora es "un egoísta"?..es que se aman de otra manera.

¿Por qué,? ¿Por qué esto y mucho más?

Realmente ¿es cierto que se aman de otra manera?..Cuesta entender ese modo de amarse. Para algunos pareciera como si el rosal se muriese al marchitarse las flores de otoño y dan todo por perdido.

El fuego no está apagado aunque la leña no esté llameando furiosamente. Hay un fuego. Un fuego tranquilo, intenso, durable, debajo de las cenizas.

No digas: yo solo tengo cenizas. Esa es la postura del desesperado y del cómodo que no quiere molestarse en avivar las brasas del fuego.

Felizmente no todos los matrimonios son flores marchitas, recuerdo las bodas de oro de un matrimonio. Llegó el momento de decirse que se querían. el dijo: Si, la quiero más que el día que nos casamos.

Y ella: Sí lo quiero. ¿Cómo iba a aguantar a este gruñón mal genio si no lo quisiera?....hay bodas de oro. Hay amores que no disminuyen, que sólo pasan pequeños catarros, enfermedades transitorias de las que salen más fortalecidos, hay que aplaudir con gozo y alegría a esos matrimonio con las manos entrelazadas que se miman y se quieren tiernamente después de 30 o 50 años de casados.

No tienen que darse explicaciones de nada. Solo expresarse con una caricia, que el amor de hoy es más intenso que ayer y mañana será más que hoy.

Cada uno debe realizarse como persona en el lugar y circunstancias en que se encuentra. Los casados escogieron realizarse juntos.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Que los dones que Dios nos ha dado nunca nos induzcan a la soberbia llevándonos a creer sobre nosotros lo que no es ".

EVANGELIO DEL DÍA

24 de Agosto. LUNES

Vigésima Primera Semana del Tiempo Ordinario

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el Reino de los Cielos a los hombres! Porque ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que entrarían.

¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: El jurar por el Templo no es nada; pero si uno jura por el oro del Templo, queda obligado. ¡Necios y ciegos! ¿ Qué es más: el oro o el Templo que santifica el oro? Y el jurar por el altar no es nada; pero si uno jura por la ofrenda que está sobre él queda obligado.

¡Ciegos! ¿Qué es más: la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? Por tanto, quien ha jurado por el altar; jura por él y por lo que hay sobre él. Y quien ha jurado por el Templo, jura por él y por Aquel que en él habita. Y quien ha jurado por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que en él está sentado.» (Mateo 23, 13-22)


I. Jesús, te quejas duramente de los escribas y fariseos porque son «guías ciegos», que en vez de ayudar a las almas a que se salven, «ni entran, ni dejan entrar a los demás» en el Reino de los Cielos. ¡Qué importante es tener un buen guía en la vida interior! Pero ese buen guía debe ser, antes que nada, una persona que luche de verdad por ser santo, por entrar en el Reino de los Cielos.

Jesús, el guía más ciego -lo sé por propia experiencia- soy yo mismo. Mi capacidad de autoexcusarme es inmensa y, por definición, siempre veo lo que me pasa de modo subjetivo. Me falta la objetividad que necesito para decidir acertadamente lo que más me conviene. «Dicen que los hombres se convierten en simples máquinas y pierden la dignidad de la naturaleza humana cuando se guían por la palabra de otro.

Y me gustaría saber lo que llegarían a ser siguiendo su propia voluntad. Por cada persona que ha sido perjudicada por seguir la dirección de otro, cientos de personas se han arruinado guiándose por su propia voluntad» (Card. J.H. Newman) Por eso, Jesús, mi empeño por seguirte, por encontrarte y por amarte, sería ineficaz sin la ayuda constante de la dirección espiritual. Y para obtener fruto de este medio de formación, necesito vivir especialmente dos virtudes humanas: la sinceridad y la docilidad. Sinceridad para decir todo lo que me pasa, y docilidad para poner por obra lo que me aconsejen.


II.¡Cuánto cuesta vivir la humildad!, porque -afirma la sabiduría cristiana- «la soberbia muere veinticuatro horas después de haber muerto la persona». Por lo tanto, cuando -en contra de lo que te dice quien ha recibido gracia especial de Dios, para orientar tu alma-piensas que tú tienes razón, convéncete de que no tienes razón ninguna». (Forja, 599).

La sinceridad y la docilidad son dos aspectos de una virtud más importante -de hecho, es la virtud humana más importante-: la humildad. Pero ¡cuánto cuesta vivir la humildad! Siempre creo que tengo la razón, que lo hago todo bien. Y cuando hago algo mal, ¡cómo me cuesta contarlo en la dirección espiritual!.

Jesús, ayúdame a ser más humilde, que no significa tener poco carácter o madurez, sino al contrario: la persona humilde no se esconde cobardemente, ni se engaña a sí misma, sino que sabe reconocer sus virtudes y defectos, y pone los medios para mejorar. Precisamente una de las mejores maneras de ganar en humildad es ser sincero y dócil en la dirección espiritual: abrir el alma de par en par; dejarme ayudar, y luego, poner esfuerzo en aquellos puntos que me han aconsejado.

Jesús, tachas a los escribas y fariseos de hipócritas. ¡Cómo te duele la hipocresía, y -por el contrario- como te alegra la humildad! Por eso has escogido a la Virgen Maña para ser tu madre: «porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1,48).

Ayúdame a ser sincero y dócil en la dirección espiritual, y así seré cada vez más humilde.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

EL JUICIO

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto: ¡La horca! El juez, también comprado, cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras ’culpable’ e ’inocente’. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino".

Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ’CULPABLE’. Y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon... "pero, ¿qué hizo...?, ¿y ahora...?, ¿cómo vamos a saber el veredicto...?"

"Es muy sencillo, respondió el hombre... es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué por sentencia".

Con un gran coraje disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo...

Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución y nos resignamos a perder y no luchar, olvidando aquellas palabras de: "Lo que es imposible para el ser humano, es posible para Dios".


MICRO-REFLEXIÓN:

"Creer es signo de pureza además que de fe. Creer es inteligencia además de fe. Quien cree con pureza y con inteligencia distingue mi Voz y la recoge" - Los Cuadernos de 1943/ María Valtorta

EVANGELIO DEL DÍA

21 de Agosto. VIERNES

Vigésima Semana del Tiempo Ordinario

«Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se pusieron de acuerdo, y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas.» (Mateo 22, 34-40)


I. Jesús, «el mayor y primer mandamiento» no tiene límites: «con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente». Por eso, siempre puedo vivirlo mejor. No se trata de un nivel mínimo que debo superar, sino de un objetivo para toda mi vida. De hecho, es el gran objetivo de la vida cristiana, la santidad: amarte a Ti sobre todas las cosas.

«El segundo es semejante a éste». Jesús, amar al prójimo es «semejante» a amarte a Ti. De hecho, es el mismo amor: el amor de entrega a los demás, de interesarse por sus necesidades, de buscar lo mejor para ellos, sin pensar en uno mismo. El amor a Ti y a los demás es el verdadero amor, el amor que llena y que me hace mejor persona. Es el amor «hacia fuera», que es lo opuesto al egoísmo o amor «hacia adentro»: buscar lo cómodo, lo placentero o lo fácil.

«Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete más al amor del prójimo. Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor condensa toda la ley y los profetas, así los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en otra» (CEC-2067).

«De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas.» Aunque te habían pedido sólo «el mandamiento principal de la Ley», Tú les respondes con dos porque, en el fondo, son inseparables: nadie puede amar a Dios de verdad si no ama a los demás; y el que intenta amar más a Dios, acaba amando más al prójimo. Al final, o aprendo a amar al prójimo -y el primer prójimo es Dios, porque a Él se lo debo todo- o me amaré sólo a mí mismo. Por eso es tan importante que aprenda a olvidarme de mí mismo, y que -en cambio- dedique más tiempo a pensar en los demás.


II. «Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración «Jesús, te amo», oyó esta respuesta del cielo: «Obras son amores y no buenas razones». Piensa si acaso tú no mereces también este cariñoso reproche» (Camino.-933). Jesús, no es suficiente con tener buenos deseos o con no hacer daño a nadie. El amor se demuestra con obras: Obras son amores. Donde no hay obras, tampoco hay amores, a pesar de que haya buenas razones, buenas intenciones. Tú me has amado con obras, hasta el punto de entregar tu vida por mí. Yo, ¿qué hago por Ti?; ¿qué hago por los demás?.

Jesús, quiero querer con obras, pero... ¡soy tan poco generoso! Me cuesta mucho hacer un servicio a otra persona. Ni siquiera me entero de lo que necesitan los que están a mi alrededor Y si no me doy cuenta de cuáles son sus necesidades, preocupaciones o dificultades es porque, en el fondo, me interesan poco. Y si me interesan poco es porque les amo poco. ¿Qué puedo hacer para amar más a los demás y así amarte también más a Ti?.

Jesús, ayúdame a pensar más en los que me rodean, a servirles sin que se note. Porque las obras no sólo demuestran mi amor, sino que lo acrecientan. Jesús, que me tome en serio el servicio a los demás en cosas pequeñas y concretas. Que no pase ningún día sin haber dado una alegría a alguien de los que conviven conmigo. De esta manera te estaré dando también una alegría a Ti, porque estaré cumpliendo lo que Tú pediste a tus discípulos de todos los tiempos: «En esto conocerán que sois mis discípulos, si os tenéis amor entre vosotros» (Juan 13,35).

Jesús, ayúdame a crecer cada día en esta capacidad de amar, porque nada es más importante que aprender a olvidarme de mí mismo para darme a los demás.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

BUSCANDO A DIOS

Había una vez un niño que quería conocer a Dios. Pensaba que sería un largo viaje para llegar adonde vivía Dios. Empacó su pequeña maleta, con panecillos y un "six pack" de jugos y emprendió la partida.

Apenas había recorrido tres cuadras, cuando vio a una viejecita sentada en el parque, observando las palomas. El niño se sentó a su lado y abrió su maletita. Estaba a punto de tomar su jugo, cuando le pareció que la viejecita tenía hambre, así que le ofreció un panecillo. Ella, agradecida, lo aceptó y sonrió. Su sonrisa era tan hermosa que el niño quiso verla nuevamente. Entonces, le ofreció un jugo y la viejita volvió a sonreír.

¡El niño estaba encantado! Ambos se quedaron sentados toda la tarde, comiendo y sonriendo, pero no intercambiaron una sola palabra. Al oscurecer, el niño estaba cansado y se levantó para irse. Se dio la vuelta y le dio un abrazo a la viejecita. Ella le devolvió entonces una hermosa sonrisa como nunca antes había sonreído.

El niño regresó a su casa y cuando abrió la puerta, su madre, sorprendida por la cara de felicidad que tenía su hijo, le preguntó: "¿Qué hiciste en el día de hoy que te ha hecho tan feliz?". "He comido con Dios. Y sabes qué? Tiene la sonrisa más bella que he visto!".

Mientras tanto, la viejecita, también con mucha felicidad, radiante, regresó a su casa. Su hijo quedó anonadado por la paz que se pintaba en el rostro de su madre y preguntó: "Mamá, ¿qué hiciste el día de hoy, que te hizo tan feliz?".

Ella contestó: "Comí panecillos en el parque, con Dios. Y ¿sabes qué? Es más joven de lo que yo esperaba".

Podemos estar seguros de que Dios está presente en cada uno de nosotros, como nos enseña esta linda historia.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Nadie por pequeño y mezquino que sea, nadie, por pecador que haya podido ser, puede creerse rechazado por mi Amor" ? Los Cuadernos de 1943/ María Valtorta

EVANGELIO DEL DÍA

20 de Agosto. JUEVES

Vigésima Semana del Tiempo Ordinario

«Jesús les habló de nuevo en parábolas diciendo: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo, y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas.

Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. El rey se encolerizó y enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis.

Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda? Pero él se calló. Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.» (Mateo 22, 1-14)


I. Jesús, Tú eres el Hijo del rey. Tu boda es la nueva alianza que nos has ganado con tu muerte en la cruz y que se realiza a través de la Iglesia. Es la boda de Cristo con su Iglesia: tu compromiso indisoluble de ayudar a los hombres con tu gracia, de darte a ellos mediante los sacramentos, de estar con ellos «hasta el fin del mundo» (Mateo 28,20).

«La Iglesia que es llamada también «la Jerusalén de arriba» y «madre nuestra», se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado. Cristo la amó y se entregó por ella para santificaría; se unió a ella en alianza indisoluble, la alimenta y la cuida sin cesar» (CEC-757).

Dios envía a sus siervos a «llamar a los invitados a las bodas», que eran los judíos: a ellos les fue predicado el Evangelio en primer lugar. «Pero éstos no querían acudir». Maltrataron a los profetas -enviados de Dios- y acabaron matándote a Ti. No aceptaron la invitación de venir a las bodas, a la nueva y definitiva alianza que es la Iglesia. Pero «las bodas están preparadas», y por eso mandas llamar «a todos cuantos encontréis».

La llamada se convierte así en una invitación universal. Todos judíos y no judíos, de todas las naciones, razas, condición social, sexo y edad quedan invitados a participar de esta nueva alianza que nos hace hijos de Dios por la gracia.


II. «Me gusta comparar la vida interior a un vestido, al traje de bodas de que habla el Evangelio. El tejido se compone de cada uno de los hábitos o prácticas de piedad que, como fibras, dan vigor a la tela. Y así como un traje con un desgarrón se desprecia, aunque el resto esté en buenas condiciones, si haces oración, si trabajas..., pero no eres penitente -o al revés-, tu vida interior no es -por decirlo así- cabal» (Surco.-249).

Estar en la Iglesia, no es condición suficiente para participar del banquete celestial. Para entrar en el Cielo es necesario tener «el traje de bodas»: estar en gracia de Dios, haber vivido en la tierra una vida cristiana profunda, interior, espiritual. Esa vida interior se compone de hábitos o prácticas de piedad que, como fibras, dan vigor a la tela.

Mi tarea en esta vida es ir tejiendo este traje espiritual, para que al final pueda merecer el premio eterno. Todos los mandamientos y todas las virtudes son importantes: no seria cabal practicar sólo las que mejor me parezca, o sólo en determinadas circunstancias. La vida interior tiene una unidad que no debo romper.

Por eso, Jesús, no quieres que tenga como una doble vida: a ratos cristiana y a ratos pagana. Quieres que siempre y en todo, mi vida sea ejemplarmente cristiana: en el trabajo, en el descanso, en la diversión; cuando estoy con mi familia, con mis amigos o con mis compañeros; cuando estoy contento, y también cuando atravieso alguna dificultad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

HOY

Hoy no heriré a nadie: Si alguien es descortés, si alguien es impaciente, si alguien es poco amable, no responderé de la misma manera.

Hoy pediré a Dios que bendiga a mi enemigo: Si me encuentro con alguien que me trata áspera o injustamente, en silencio pediré a Dios que lo bendiga.

Hoy tendré cuidado con mis palabras: Elegiré cuidadosamente mis palabras y tendré cuidado en no ser chismoso ni rudo.

Hoy caminaré un kilómetro extra: Buscaré la manera de compartir la carga de otra persona.

Hoy perdonaré cualquier ofensa o agravio que me hagan.

Hoy trataré a los demás como me gustaría ser tratado: Practicaré la regla de oro: haz a otros lo que te gustaría que te hicieran a ti.

Hoy levantaré el ánimo de alguien que esté desanimado: Mi sonrisa, mis palabras, mi expresión y mi apoyo pueden ayudar a alguien que esté en un mal momento.

Hoy creceré espiritualmente: Pasaré más tiempo en oración. Comenzaré leyendo algo espiritual; buscaré un lugar tranquilo y escucharé la voz de Dios.

Envío: Fernando González C.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría. Y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el Amor"

Envió: Alejandrina Jiménez

EVANGELIO DEL DÍA

19 de Agosto. MIÉRCOLES

Vigésima Semana del Tiempo Ordinario

«El Reino de los Cielos es semejante a un amo que salió al amanecer a contratar obreros para su viña.

Después de haber convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió también hacia la hora de tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados, y les dijo: Íd también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. Ellos marcharon. De nuevo salió hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo mismo. Hacia la hora undécima volvió a salir v todavía encontró a otros parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos? Le contestaron: Porque nadie nos ha contratado. Les dijo: Id también vosotros a mi viña.

A la caída de la tarde dijo el amo de la viña a su administrador: Llama a los obreros y dales el jornal empezando por los últimos hasta llegar a los primeros. vinieron los de la hora undécima y percibieron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaban que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno.

Cuando lo tomaron murmuraban contra el amo, diciendo: A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has equiparado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor: Él respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conveniste conmigo en un denario? toma lo tuyo y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno? Así los últimos serán primeros y los primeros últimos.» (Mateo 20, 1-16)


I. Jesús, hoy también llamas a los hombres a trabajar en tu viña. A unos los llamas «al amanecer», a primera hora, en plena juventud: les pides que trabajen toda la vida por Ti y por el Reino de los Cielos. A otros les llamas «hacia la hora de tercia, de sexta o de nona», a lo largo de su madurez familiar y profesional, para que -a través de sus obligaciones familiares y profesionales- trabajen también en tu campo. Finalmente, llamas a otros al final de su vida, para que se conviertan y puedan merecer el premio final.

Antes o después, Jesús, llamas a todos, porque Tú quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. A todos llamas a la santidad, de todos esperas amor y correspondencia a la gracia de la Redención. No quieres que nadie esté parado, ocioso, o perdiendo su vida en actividades que no dan frutos de eternidad.

«¿Cómo estáis aquí todo el día ociosos?» Jesús, que cuando me veas, no me tengas que preguntar: ¿qué estás haciendo?, ¿cómo es que estás espiritualmente ocioso, en vez de estar trabajando en mi viña? No es que no haga nada, pero tal vez no hago las cosas en presencia de Dios, por Él y para Él. Las mismas cosas que hago -trabajo, deporte, vida social- hechas con amor de Dios, podrían dar frutos de santidad.


II. «Has tenido una conversación con éste, con aquél, con el de más allá, porque te consume el celo por las almas. Aquél cogió miedo; el otro consultó a un «prudente», que le ha orientado mal... -Persevera: que ninguno pueda después excusarse afirmando «quia nemo nos conduxit» -nadie nos ha llamado» (Surco.-205).

Jesús, ésta es precisamente la respuesta de aquellos hombres que habían derrochado el día ociosamente: «nadie nos ha contratado», nadie nos ha llamado para que vayamos y trabajemos en la viña. Gracias, Jesús, porque a mí me has llamado. Por ser cristiano, estoy llamado a ser santo, a trabajar por el bien de tu viña, que es la Iglesia. «No os apenéis ni os llenen de abatimiento. También los Apóstoles eran para unos olor de muerte, y paro otros olor de vida.

No demos nosotros motivo alguno a la maledicencia y estaremos libres de toda culpa, o, para decirlo mejor, mayor aún será nuestro gozo ante esas falsas acusaciones. Brille, pues, el ejemplo de nuestra vida, y no hagamos ningún caso de las críticas. No es posible que quien de verdad se empeñe por ser santo deje de tener muchos que no le quieran. Pero eso no importa, pues hasta con tal motivo aumenta la corona de su gloria.

Por eso, a una sola cosa hemos de atender: a ordenar con perfección nuestra propia conducta. Si hacemos esto, conduciremos a una vida cristiana a los que anden en tinieblas» (San Juan Crisóstomo). Que ninguno pueda después excusarse afirmando: nadie nos ha llamado.

Jesús, es misión mía, por cristiano, el anunciar la Buenanueva del Evangelio a los que están a mi alrededor. Me pides que con el ejemplo y con la palabra lleve a tu campo a los que -tal vez ocupados en mil tareas «importantes»- están derrochando su vida de hijos de Dios.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

¡ME FUE DE COLORES!

Yo conocí por primera vez a Dios, a través de mi padre quien es un hombre convencido de quien es el Señor. Mi papá tuvo su primer encuentro personal con Dios en un retiro de los cursillistas, me acuerdo que él respondía siempre cuando le preguntábamos como le había ido en su trabajo o en cualquier actividad que él tuviera, decía "me fue de colores". Esa frase la aprendió en ese retiro, él me decía que cuando un cursillista se encontraba con otro ese era su saludo.

Pues un día, sólo fuimos él y yo a misa de domingo a la catedral de la ciudad de Madero, Tamaulipas, en México. Fuimos de tarde porque él había salido tarde de su trabajo, yo era una niña y fuí la única que aceptó ir con él.

Cuando salimos, me dijo que fuéramos a la plaza que estaba enfrente de la catedral, porque en medio de el parque había una fuente muy bonita que recién habían instalado, entonces fuimos para allá, cuando mi papá se detuvo y vio una viejita que vendía chicles, casi no podía ver, porque cuando alguien le da una moneda o billete para pagar, siempre les preguntaba de a cuanto era; tal vez por eso mucha gente se aprovechaba de ella, y no le pagaban lo que debía de ser, aun cuando era sólo chicles.

Me acuerdo que mi papá se acerco y le compró chicles y le dió una moneda de valor mas grande del que lo que valían los chicles, y no solo eso, mi papá le pregunto que como se iba a su casa y ella le dijo que sola, sólo preguntando a la gente, porque ella conocía su dirección pero no podía ver si venia un carro o no, al cruzar las calles hasta que ya estuvieran muy cerca de ella, por lo que mi papá decidió que en vez de ir a ver la nueva fuente, fuimos a llevar a la Señora a su casa.

Cuando regresamos a casa, mi mamá pregunto que como nos fue y yo respondí sin pensar, "¡Me fue de colores ma!". Mi papá me volteo a ver y me sonrío.

A partir de ese momento, mi papá sin querer me enseño lo mas importante del mundo, el amar a los semejantes aun sin conocerlos, "no hay personas malas solo hay personas que no saben encausar bien su amor a los demás".

Es por eso que mi papá es mi héroe... Tal vez no tenga a superman pero si tengo a mi papá.

Envió: Mónica García, Chicago Il., USA


MICRO-REFLEXIÓN:

"El ayer es solo un sueño. Y el mañana sólo una visión. Pero....el hoy bien vivido. Hace de todo ayer un sueño de felicidad. Y de cada mañana una visión de esperanza"

Envió: Alejandrina Jiménez

EVANGELIO DEL DÍA

18 de Agosto. MARTES

Vigésima Semana del Tiempo Ordinario

«Jesús dijo entonces a sus discípulos: En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Es mas, os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios. Cuando oyeron esto sus discípulos, quedaron muy asombrados y decían: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Jesús, fijando su mirada en ellos, les dijo: Para el hombre esto es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué recompensa tendremos? Jesús respondió:

En verdad os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros, los que me habéis seguido, también os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Porque muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.» (Mateo 19, 23-30)


I. Jesús, ante la respuesta negativa del joven rico cuando Tú le llamas a dejarlo todo y seguirte, adviertes a tus discípulos: «difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.» Quieres aprovechar el ejemplo para enseñarles que «no se puede servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6,24). Son dos fines que se excluyen: o Tú eres mi último fin o, en el fondo, mi último fin soy yo mismo: tener, dominar, pasármelo bien, sobresalir.

El tema no es tanto el tener más o menos riquezas, sino el «servir a Dios o a las riquezas», ser pobre o rico de espíritu. Por eso, en las Bienaventuranzas, dices: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mateo 5,3). Se puede «servir a las riquezas» con muy poco dinero, y al revés: con mucho dinero se puede «servir a Dios».

Por eso, he de tener cuidado de cómo pongo el corazón en las cosas materiales: un coche de tal marca, un artículo de lujo, un capricho, una comodidad. ¿Uso lo que tengo con moderación y con cuidado para que dure? ¿Me creo necesidades superfluas?.

Jesús, me pides que tenga el corazón desprendido de lo material, que sepa prescindir de lo que otros «necesitan» por lujo, capricho, comodidad o vanidad. Sólo así seré pobre de espíritu, que significa libre de espíritu: libre para amar a Dios y a los demás.


II. Te falta «vibración». -Esa es la causa de que arrastres a tan pocos. -Parece como si no estuvieras muy persuadido de lo que ganas al dejar por Cristo esas cosas de la tierra. Compara: ¡el ciento por uno y la vida eterna! -¿Te parece pequeño el «negocio»?» (Camino.-791).

Jesús, tu promesa es clara: «el ciento por uno y la vida eterna». ¿Qué más puedo pedir? En ningún negocio voy a obtener mayor rentabilidad. Pero ocurre que, a veces, no estoy muy persuadido de esto. Para empezar, no te acabo de dar ese uno que me pides: estudiar más en serio; dedicar tiempo a mi familia, o al apostolado, o a algún servicio de caridad; o, tal vez, entregar esos lazos de la sangre o de tipo profesional: «padre o madre, o hijos, o campos».

Especialmente me pides ese uno a la hora de dedicarte el tiempo que te mereces, acudiendo frecuentemente a los sacramentos y a la oración. Su amor es grande. Si deseas prestarle, Él está dispuesto. Si quieres sembrar Él vende semilla; si construir; Él te está diciendo: edifica en mis solares. ¿Por qué corres tras los hombres, que nada pueden? Corre en pos de Dios, que por cosas pequeñas te da otras que son grandes» (San Juan Crisóstomo).

Jesús, me falta generosidad para darte el uno, y por eso no experimento el ciento que Tú me has prometido. Además, me falta fe para captar la importancia de tu promesa: «la vida eterna». ¡Si tan sólo me diera cuenta de que todo es nada en comparación con la vida eterna!.

Aumenta, Jesús, mi fe y mi generosidad para darte el uno que me pides, aunque ese uno sea el todo.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

sábado, 15 de agosto de 2009

VALORES


PARA QUE SE CONCIENCIEN

"El exorcismo que yo viví en Madrid" Parte 2 de 5.

El ritual

A su lado, Marta sonríe tímidamente. Pequeña, de grandes ojos negros, un poco tristes, tiene la cara picada de una mala adolescencia. Pelo negro, recogido en una coleta. Los labios gruesos y sin pintar, aunque contraídos en una mueca casi de dolor. Lleva unos vaqueros, un niqui azul cielo de manga corta y cuello alto y unos zapatos negros. Es guapa. Sus ojos llaman la atención, pero más que timidez desprenden miedo, mucho miedo. Me parece una chica de lo más normal que, nos cuenta, estudia Matemáticas en la Universidad. "Es imposible que esté poseída", pienso para mis adentros.

El padre Fortea abre la capilla, en los bajos de su parroquia donde dice misa a diario, y vuelve a cerrar con llave por dentro. Es pequeña, acogedora. Dentro, penumbra y silencio absoluto. Fuera, un sol radiante.

El exorcista pide ayuda para transportar una colchoneta forrada de plástico verde, grande y pesada, para colocarla al pie del altar. La capilla, rectangular, tendrá unos 25 metros cuadrados. Sin ventanas. En el centro, un altar enorme. Encima un mantel blanco y seis velas encendidas, amén de una gran Cruz de Trinidad, apenas iluminada por la luz mortecina de un halógeno. Al fondo, la imagen de un Pantocrátor iluminado y el Santísimo. En un lateral, una imagen de la Virgen con el Niño en brazos.

Nada más entrar en la capilla, madre e hija se preparan para el rito. Marta se pone unos calcetines blancos, mientras su madre saca del bolso un rosario, un crucifijo de unos 15 centímetros y una postal de la Virgen de Fátima, y los coloca al lado de la colchoneta. Trato de registrar el más mínimo detalle en mi mente. Sigo pensando que asisto a un montaje. Marta se recuesta en la colchoneta boca arriba, mirando a la cruz. María se arrodilla a su lado, una postura que no abandonará durante las siguientes dos horas y media.

El padre Fortea reza un rato de rodillas, se quita la sotana, bebe agua y se sitúa sobre el extremo de la colchoneta más alejado del altar. Presiento que el rito va a comenzar. Me siento, expectante, en el banco. El exorcista extiende su mano derecha y la impone sobre el rostro de la joven, sin tocarla. Luego, cierra los ojos, agacha la cabeza y susurra varias veces una plegaria ininteligible.

Un alarido desgarrador, el primero, rompe el silencio de la capilla, penetra en mi alma y me pone la carne de gallina. No es humano. Es un chillido sobrecogedor y profundo el que sale de la garganta de Marta. Pero no puede ser ella. No es su tono de voz. Es ronco y masculino. El padre Fortea sigue rezando y los rugidos se suceden. Poco a poco, el cuerpo de la joven se estremece vivamente. Su cabeza se mueve de un lado a otro con lentitud al principio, con inusitada rapidez después.


"Sal, Zabulón"

Ante la salmodia del exorcista, la joven gime y se retuerce sin parar. Al instante, el gemido se convierte en rugido desgarrador, altísimo, furioso. El exorcista acaba de colocar el crucifijo sobre su vientre y entre sus pechos, mientras la rocía con agua bendita. Patalea con tanta furia que el crucifijo se cae y la madre lo recoge una y otra vez y se lo vuelve a colocar de nuevo, mientras le acerca el rosario que Marta arroja a lo lejos, con furia. Parece tranquilizarse un poco pero, inmediatamente, vuelve a rugir. No hay un momento de respiro.

El padre Fortea acaba de invocar a san Jorge y, al oírlo, la joven grita, bufa, pone los ojos totalmente en blanco, arquea el cuerpo y se levanta toda entera un palmo de la colchoneta. No doy crédito. - Besa el crucifijo, dice el exorcista. - No . - Jesús es Rey. - Assididididaj. - Secuaz de Satanás, estás en tinieblas. - Assididididaj - Estás haciendo mucho bien. Por tu culpa, mucha gente va a creer en Dios. - No. - Sal, Zabulón, te lo ordeno en nombre de Cristo. Te espera la condenación eterna. No hay salvación para ti.

Mientras el padre Fortea sigue conminando a Zabulón, las manos de la joven se han ido transformando. Son como garras. El exorcista arrecia sus plegarias y sus exhortaciones: "Hoy es el día. Sal, Zabulón. Sal de esta criatura en nombre de Dios". La joven se desata en temblores. Los gritos se elevan hasta el espanto. Y con voz ronca dice: "Asesinos". Es entonces cuando el padre Fortea le pregunta por qué no sale y Zabulón le contesta: "Para que la gente crea en Satanás".

Agotado, tras hora y media de lucha, el exorcista se levanta y sale de la capilla. Esto no puede ser una impostura ni un montaje. Hay que tener muchas agallas para dedicarse a esto. Y menos mal que los casos de posesión, según cuenta después el padre Fortea, son muy pocos.

Él lleva cinco años ejerciendo y sólo ha tenido cuatro en España. Pero, mientras preparaba su tesis, asistió a otros 13 exorcismos. Se nota que tiene práctica: manda, templa, insiste y, con voz suave pero enérgica, tortura al diablo sin piedad. Con lo que más le duele. Siempre en nombre de Dios. No parece tener miedo alguno. Y eso que ya sabe lo que es ser atacado por Satanás. Una vez, en un exorcismo, dice que el diablo le hizo sentir la misma sensación y el mismo dolor que el que lleva un puñal clavado en el brazo.

Fortea sale de la capilla y mi corazón se acelera, pensando qué puede ocurrir ahora sin la presencia tranquilizadora del exorcista. Pero no pasa nada. O sí. María, la madre, coge las riendas del rito y comienza a repetir las mismas o parecidas frases del exorcista. Con calma, pero con decisión, parece no dirigirse a su hija, sino al Maligno que la posee:

- En nombre de Cristo te ordeno salir. - No. - Abre los ojos y mira a la Virgen, le increpa mientras pone a su vista una postal de la Virgen de Fátima. Pero, por toda respuesta, obtiene un bufido. Entonces coge el crucifijo. - Es tu Creador, ¿lo ves? - Sí, dice la voz de ultratumba acompañada de rugidos y bufidos constantes. - Míralo, Zabulón, no te resistas.

Sabes que es tu día y tu hora. Ha llegado tu día y tu hora. - Noooo.. . - ¿Por qué te resistes? - Estoy harto. Ya te lo dije muchas veces. - Di a esos señores por qué no te vas. - Uhhhh. -Díselo claramente. - No quiero - Díselo en nombre de Cristo - Para que crean en Satanás. - San Jorge, ven. san Jorge, ven. Ven, san Jorge. Sal de ella san Jorge.

La posesa se detiene un segundo, sonríe y dice, con sorna:

- Sal, san Jorge...

Coge al vuelo el error de la improvisada exorcista y lo mismo hará, un rato después, con una pequeña equivocación del padre Fortea. Pero María no se da por vencida. Es una auténtica Dolorosa al pie de la cruz de su hija poseída. Me da tanta pena que también yo me arrodillo y, entre lágrimas, suplico a Dios (por lo bajo, no me atrevo a intervenir más directamente) que, por lo que más quiera, libere a Marta. Mi compañero hace lo mismo. Hacía tiempo que no rezaba con tanto fervor.

Entonces entra de nuevo el exorcista, coge una cajita con hostias consagradas del sagrario y se coloca delante de la joven:

- Mira al Rey de Reyes y arrodíllate ante Él. - No. - Siervo desobediente y rebelde, arrodíllate, repite el padre Fortea, mientras exhibe la hostia consagrada. - Asesino, déjame. - San Jorge, haz que se arrodille.

Y como un resorte, ante la mención de san Jorge, la posesa se arrodilla y el padre Fortea le hace abrir la boca para que reciba la sagrada comunión. Y continúa torturando al diablo que anida en Marta. Tras darle la comunión, coge una Biblia y recita el Apocalipsis: "Entonces el diablo fue arrojado a la lengua de fuego y azufre... allí será atormentado día y noche por lo siglos de los siglos". Y hace repetir al diablo frase por frase.

- Repite: Cuánto más me hubiera valido seguir a la luz. - Cuánto-más-me-hubiera-valido-seguir-a-la-luz, repite a regañadientes y arrastrando cada palabra.

Y así durante un buen rato. El exorcista parece un maestro que enseña a un niño rebelde, que repite a la fuerza, entre bufidos y alaridos, frases como éstas: "Señor, tú eres Rey. Yo soy tu criatura. Nada escapa a tu poder. Eres el Alfa y Omega..."

-Ya no más. Me estoy cansando, gruñe.

Pero el padre Fortea arrecia en su acoso, coge un banquito y se sienta ante la posesa con un crucifijo en la mano. "Hic est dies", repite con fuerza. Por un momento, creo que lo va a conseguir.

- Cuanto más tardes en salir, más gente creerá en Dios. Eres un predicador de Dios. Acércate, siéntate y besa a Cristo crucificado. Dale un beso de respeto y homenaje.

Como zombi, Marta se sienta y se acerca a la cruz. Tiene los ojos en blanco y echa espumarajos por la boca, pero besa el crucifijo. Entonces Fortea la coge suavemente por un brazo, le hace levantar y la obliga a recorrer la capilla y besar a la Virgen y al Sagrario.

- Aquí está Dios. Repite siete veces: Iesus, lux mundi. La posesa repite, pero al terminar le lanza una mirada como de fuego y le dice: - Asesino, déjame, no puedo más. Pero el exorcista continúa un buen rato.

Ha pasado otra hora. Fortea se toma un respiro. "Ahora usted", le dice a la madre. Y sale de la capilla. Y María se inclina sobre su hija y comienza a increpar a Zabulón:

-Tienes que dejar esta criatura. Por la sangre de Cristo, déjala ya. Sus ángeles están con ella. Vienen los tres arcángeles. La Virgen te va a aplastar la cabeza... Zabulón sigue bufando y retorciéndose, pero no parece que esté dispuesto a irse. Al rato entra de nuevo el padre Fortea:

- ¿No temes la sentencia de Dios? - Sé cual es, grita desgarrada.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración." ? Padre José Antonio Fortea

VALORES


PARA QUE SE CONCIENCIEN

"El exorcismo que yo viví en Madrid" Parte 5 de 5.

Inmediatamente, el P. Fortea se va a la sacristía por papel y bolígrafo. No parece encontrarlo y yo estoy a punto de ofrecerle mi pluma y mi cuaderno. No lo hago por miedo a acercarme y por mi apego material a mi pluma de marca. Afortunadamente, el sacerdote encuentra los utensilios de escritura: un bloc grande que la madre coloca sobre su vientre, y sobre el bloc coloca un folio. El bolígrafo no funciona y se sustituye por un lápiz. Marta esta ahora tumbada boca arriba, con la cabeza hacia atrás y estira el brazo para llegar al folio.

En esta postura es imposible que puede ver su propia mano escribiendo. A toda velocidad y, por supuesto, sin mirar al papel, la mano de Marta comienza a deslizarse por el folio. Si los gritos y la voz ronca te hacen sentir la presencia de Zabulón, ahora, mientras escribe, se le siente todavía más cerca. Javier y yo no entendíamos bien lo que pasaba. Sólo oíamos las preguntas del exorcista, pero no veíamos las respuestas escritas. Cuando acabó el exorcismo, Fortea le entregó los dos folios a Javier, que obran en su poder.

De vuelta a casa, ambos tratamos de reconstruir la escena. Fue entonces cuando Javier me hizo notar que las letras no se metían unas por otras: la escritura era clarísima y las tildes de las íes estaban colocadas perfectamente encima de la letra correspondiente. Los caracteres eran los propios de la letra impresa, no de la escritura manual. El diálogo oral-escrito, en el que el padre Fortea pregunta y Zabulón responde escribiendo a través de la mano de Marta, dice lo siguiente:

- Quería desesperaros porque tenía refuerzos.

Con esa frase escrita, Zabulón explica el estancamiento del exorcismo que se había producido durante la primera hora.

- ¿Qué refuerzos, quién ha venido? - pregunta el exorcista. - Satán -responde Zabulón-, pero ya se ha ido. Y, a continuación, y sin preguntarle nada, vuelve a escribir: "Falta 1 persona". Y subraya el "1" varias veces. - ¿Qué persona?

Ante esta pregunta, la mano suelta el lápiz y Marta cierra fuertemente los labios. Zabulón no quiere responder.

- Dame un signo para que sepa quién es -insiste el exorcista, pero los labios de la endemoniada permanecen sellados.

En este punto ya estábamos agotados, habían pasado casi dos horas. No respiramos durante toda la sesión y mantuvimos un estado de tensión y miedo como jamás he atravesado en mi vida. El exorcista sigue tratando de que Zabulón bese el crucifijo, reconozca a su Rey, etc, con escaso éxito. Entonces llega uno de los momentos para mí más impactantes. El sacerdote cambia de postura y, sin querer, da una patada a la vasija del agua bendita, que se derrama por toda la capilla. Escucho una risa sorda, y odiosa del más allá. Zabulón se regocija del error del P. Fortea. Me estremezco.

El exorcista no parece darle ninguna importancia. Estoy impresionado. No le importa nada, no le impresiona nada. Todo es normal. Yo estoy que me subo por las paredes... Entonces, el sacerdote decide darle de comulgar a la poseída. Se reviste con una estola, va hacia el Sagrario y se coloca a los pies de la endemoniada. Coge una sagrada forma y la levanta en alto. La endemoniada, tendida en el suelo, boca arriba, cambia la expresión de su rostro, es todo terror y comienza a arrastrarse hacia atrás, para alejarse lo más posible del sacerdote. Repta boca arriba con los mismos movimientos de un lagarto.

Entonces, en nombre de Cristo, presente en la hostia, el sacerdote le ordena que se arrodille diciéndole: "Ante el nombre de Cristo, toda rodilla se doble". Zabulón-Marta, tras una cierta resistencia, se arrodilla. Javier y yo, desde que se abrió el Sagrario, caímos de rodillas y vamos a permanecer así hasta que vuelva a introducir el copón en el Sagrario.

- Al fin y al cabo, te deberíamos estar agradecidos, -dice el P. Fortea-, gracias a ti, muchos creerán en los demonios. ¿Te das cuenta cómo tú también sirves a Dios? - ¡Noooo! - responde escuetamente Zabulón. - Mira a tu Rey y Señor, -o rdena el exorcista con la hostia en la mano.

El alarido gutural del demonio se hace más estruendoso:

- ¡Aggg! ¡Nooo!

El Padre Fortea insiste y, tras varios intentos, Zabulón tiene que obedecer y abre la boca. La hostia permanece en la lengua de Marta, quien mantiene la boca abierta durante varios minutos. Se niega a tragarla. Mientras tanto, Zabulón emite gritos, y el cuerpo de Marta se convulsiona.

Al terminar todo, Javier y yo coincidimos en el temor a que Zabulón hubiera escupido la sagrada comunión. Pero, en ese momento del exorcismo, el demonio, agotado, ya no puede sino obedecer las órdenes del sacerdote. Pasados unos minutos, y tras las órdenes, tanto del exorcista como de la madre, para que tragara la forma, la hostia entró en el cuerpo de Marta.

Entonces se produjo la mayor de las convulsiones de toda la sesión. Gritos, alaridos, gemidos, zarpas, movimientos acelerados del cuerpo. Varios minutos de tensión máxima. No sabía dónde meterme. Sólo recordarlo me da pánico. El P. Fortea, permanece impasible. Prosigue el exorcismo musitando palabras que no entiendo. No es español, tampoco latín, el idioma utilizado en varias de las exhortaciones de la sesión.

Al terminar, le pregunto: "No te lo puedo decir ahora, te lo diré más tarde". No entiendo la respuesta. En realidad, no entiendo nada... Tampoco el exorcista entiende el idioma en el que habla Zabulón. El espíritu maligno repite con insistencia una expresión extraña. El exorcista cree que se trata de varias palabras que pueden tener algún significado. Pero se trata de una lengua extrañísima.

Casi al final de la sesión, el sacerdote recuerda lo escrito en el papel: "Falta 1 persona". Se supone que un tercer testigo, y le ordena que le diga la identidad. Todo esfuerzo es inútil, así que, como "castigo" le ordena que bese el sagrario. Marta se incorpora con la ayuda del exorcista y de su madre. Caminan y, antes de llegar al Sagrario, pasan por delante de una imagen gótica de la Virgen María:

- Besa los pies que han de aplastar tu cabeza - le ordena Fortea. Y la endemoniada, tras emitir unos sonidos que sugieren asco y repugnancia, ante la imagen de la Virgen -sonidos emitidos a lo largo del exorcismo antes de besar las estampas o el crucifijo- besa los pies de la imagen. Javier y yo permanecemos en nuestro sitio, mientras la posesa y el exorcista se dirigen al Sagrario.

Tras mucha insistencia, Zabulón pronuncia un nombre que para el exorcista resulta muy claro y que yo, a pesar de encontrarme a tan sólo 5 metros, no escucho con claridad. Al parecer, se trata de una persona conocida que permitiría cumplir el objetivo verbalizado en anteriores sesiones: "Que se conciencien"... de la existencia de los demonios.

El exorcista se da por contento con el nombre, pues es el nombre de una persona que había pensado invitar, varios días antes de comenzar esta sesión. Aunque el demonio sigue dentro, decide entonces terminar la sesión. Tumba a Marta en la colchoneta y no hace nada más. Tan sólo recoge el "material"; agua bendita, breviario, Biblia, crucifijo, rosario, etc. De repente, Marta abandona la crisis. Recupera sus ojos y su sonrisa tímida. No recuerda nada. Sólo tiene la sensación de haber salido de una pesadilla, pero no recuerda nada más.

No es capaz de explicar tampoco cómo entra en "crisis". Le pregunto si es como cuando uno es anestesiado para una operación y me responde que no. Todavía no lo comprendo. Ella sabía que iban a "ocurrir cosas". Antes de la sesión se quitó cuidadosamente los pendientes y los zapatos. Se tumbó "religiosamente" en la colchoneta y se sometió al "tratamiento" del sacerdote.

Más sorprendente resulta que Marta se encuentre en gracia de Dios y acuda cada domingo a la celebración eucarística. ¿Cómo es posible que en una misma persona habite la gracia santificante y el demonio? Todavía no tengo respuesta. No tengo respuesta para muchas cosas...

Sólo sé que lo que Ud. lee, yo lo vi con mis ojos descreídos y morbosos. ¿Para que se conciencien de la existencia de los demonios? No entiendo de psiquiatría ni de teología. Simplemente doy testimonio de lo que vi, y como notario de la realidad, certifico que lo que aquí se contiene es cierto. Espero que para el bien del lector, de Marta, de su madre y de cuantos testigos hemos pasado por esa capilla. Que así sea.

Luis Losada. Economista y periodista. Testimonio ratificado por Javier Paredes, historiador y periodista, director de opinión de Hispanidad.com


MICRO-REFLEXIÓN:

"Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a alguien a cometer el mas mínimo pecado" ? Padre José Antonio Fortea

EVANGELIO DEL DIA

14 de Agosto. VIERNES

Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario

«En esto, se acercaron a él unos fariseos y le preguntaron para tentarle: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo? Él respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra, y que dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne? Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre.

Ellos le replicaron: ¿Por qué entonces Moisés mandó dar el libelo de repudio y despedirla? Él les respondió: Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así. Sin embargo yo os digo: cualquiera que repudie a su mujer -a no ser por fornicación- y se una con otra, comete adulterio. Dícenle sus discípulos: Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse.

Él les respondió: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, hay eunucos que así nacieron del seno de su madre; también hay eunucos que así han quedado por obra de los hombres; y los hay que se han hecho tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender; que entienda.» (Mateo 19, 3-12)

I. Jesús, hoy en día es más importante que nunca -si cabe- tener clara la doctrina sobre el matrimonio que Tú, creador del género humano, nos has enseñado: «lo que Dios unió, no lo separe el hombre». Con el matrimonio, Dios une al hombre y la mujer de tal modo que «ya no son dos, sino una sola carne». Pero seguimos siendo libres, y podemos separar lo que Tú has unido, igual que podemos destruir la naturaleza que Tú has creado.

«El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: «De manera que ya no son dos sino una carne». Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total. Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada mediante el sacramento del Matrimonio» (CEC-1644).

Jesús, no hace falta tener fe para ver los efectos desastrosos del divorcio en la sociedad: familias rotas, niños que crecen sin aquel amor familiar al que tenían derecho, y el desengaño, la incertidumbre y el egoísmo que provoca en los esposos. Tú nos has creado, y sabes mejor que nosotros mismos qué es lo que nos conviene.

Jesús, en los momentos más o menos difíciles que siempre llegan en la vida matrimonial mía o de mis personas queridas- ayúdame a tener fe en la verdad de tu palabra, esperanza en la eficacia de tu gracia, y amor al sacrificio de la Cruz. Tú te sirves de ese sufrimiento, de esa incomprensión o de ese revés para que me identifique más contigo, para que me apoye más en Ti.


II. «Hay que saber entregarse, arder delante de Dios como esa luz, que se pone sobre el candelero, par iluminar a los hombres que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se queman junto al altar; y se consumen alumbrando hasta gastarse». (Forja, 44) .

Jesús, me pides santidad sea cual sea mi condición: soltero, casado, viudo, sacerdote. En cualquier caso quieres que mi trabajo y mis amores en la tierra no sólo no me aparten de Ti, sino que sean el medio de acercarme más a Ti. En el matrimonio, mi santidad pasa por esa fidelidad conyugal y por la dedicación esmerada a mi familia. Pero a otras personas les pides más. Les pides que sean célibes «por el Reino de los Cielos».

Y ¿cómo puedo saber si tengo una vocación especial? «Quien sea capaz de entender, que entienda». Si me doy cuenta de que me necesitas, ¿cómo voy a ser más feliz que dándotelo todo? ¿Cómo te voy a dejar solo, clavado en la Cruz por mí? Entender la necesidad de entregarse por entero, como esas lámparas que se queman junto al altar, y se consumen alumbrando hasta gastarse, es una de las señales de la vocación. Porque «no todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido.» Si me entero, Jesús, es porque me lo estás pidiendo.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

PARA QUE SE CONCIENCIEN

"El exorcismo que yo viví en Madrid" Parte 4 de 5.

El editorial de Hispanidad.com correspondiente a la edición del lunes 30 de septiembre es largo, pero les aseguro que merece la pena. Es una descripción, en primera persona, de una ceremonia de exorcismo celebrada en una capilla de Alcalá de Henares (Madrid), y cuyo objetivo era liberar a una joven poseída por un demonio. En esa sesión, de dos horas y media de duración, estuvieron presentes el director de Opinión de Hispanidad, Javier Paredes, y Luis Losada, que es el narrador.

Otra sesión anterior, narrada por el director de Religión del diario El Mundo, José Manuel Vidal, y por el responsable de esa misma sección en la agencia EFE, ha provocado un gran revuelo. La sesión se contó en El Mundo, y Vidal concluía diciendo que lo que él vio "no era un montaje". De inmediato, la reacción de muchos (por ejemplo, la de algunos lectores de El Mundo) ha sido la misma: ¿Cómo es posible que un periódico serio cuente estas cosas? Eso sí, al parecer, nadie se ha preocupado de adoptar la actitud más científica de todas: comprobar los hechos.

En este caso, como en cualquier otro descubrimiento o testimonio humano, caben tres actitudes: o alguien engañó a los testigos del exorcismo, o los testigos engañan, o es verdad que los demonios existen y que pueden poseer el cuerpo de otro espíritu, porque los seres humanos no son más que un anfibio de cuerpo y espíritu.

Sin embargo, miren por dónde, muchos han decidido, sin comprobarlo científicamente, que lo narrado es falso. Porque sí, porque no están dispuestos a aceptar la existencia de espíritus, aunque los hechos les desmientan. Peor para los hechos, concluyen. Y además se enfadan e insultan a los testigos: ¡Qué cosas! Les animo a leer el testimonio de Luis Losada, ratificado por Javier Paredes, sin prejuicios. De sus conclusiones sobre el relato puede depender todo o no depender nada, pero seguramente pondrá a prueba su ecuanimidad. Allá va:

Regreso de una de las sesiones de exorcismo realizadas por el padre Fortea. Escribo impresionado. Los gritos de Zabulón, y los rezos del sacerdote y de la madre de la poseída, todavía martillean mi conciencia. Creo en el "No prevalecerán", pero tengo miedo. Si pudiera dar marcha atrás, lo haría, sin ninguna duda, y no hubiera acudido a esa sesión. Mi alma se encuentra inquieta tras el brutal encuentro con el demonio.

Pero tengo que escribir lo que he visto, porque Dios ha permitido que el demonio Zabulón se apodere del cuerpo de Marta (nombre supuesto de la poseída) "para que se conciencien" de la existencia del demonio. Esa es una de las respuestas que Zabulón dio al exorcista cuando le preguntó por qué no salía de ese cuerpo. Por eso, María (nombre igualmente supuesto), la madre de Marta, me pidió, al despedirnos, que se lo contáramos a todo el mundo, para que, cuanto antes, se produzca la liberación de su hija.

- "Padre, ¿podemos contar algo de lo que hemos visto?"

- Podéis contar lo que queráis. Las obras de la luz no tienen miedo de la luz, las obras de las tinieblas buscan las tinieblas.

Sin duda, algún sentido debe tener mi presencia en ese exorcismo, que, con el paso del tiempo, acabaré descubriendo. Entretanto, sólo puedo manifestar motivaciones a ras de suelo. La inquietud periodística, la curiosidad malsana y sin duda la ingenuidad y la inconsciencia me hicieron aceptar la oferta de mi amigo y compañero de Radio Intereconomía, Javier Paredes, para acompañarle a una sesión de exorcismo. Sin preparación psicológica, agarro el coche rumbo a la parroquia madrileña donde el P. Fortea celebrará la sesión decimoséptima del exorcismo de Marta.

Marta es una chica joven, de apariencia dulce, que acude con una mezcla de miedo y esperanza a la sesión, con el objetivo de que la "pesadilla" desaparezca. Al terminar "todo" nos confesará estar cansada, aunque se siente incapaz de recordar lo que hemos vivido durante más de dos larguísimas, interminables horas.

María, su madre, es baja, delgada, muy menuda... Está consumida, triturada, pero es muy fuerte, ha aguantado todo el exorcismo de rodillas junto a su hija.

Sin largas charlas ni preparación alguna, el P. Fortea nos sienta a Javier y a mí en un banco de la capilla. No hay nadie más. Tan sólo dos indicaciones: apagar los móviles y permiso para abandonar la sesión cuando lo deseemos. No es un gran bagaje para asistir a lo más impactante que una persona jamás podrá asistir. Sin preámbulos, Marta se tumba en la colchoneta que, previamente, ha ayudado a colocar. Su madre se arrodilla a su lado. Javier y yo permanecemos en el banco en una actitud discreta, expectante... y acobardada.

El P. Fortea se arrodilla y reza en silencio durante unos minutos. Después se sienta en la colchoneta delante de la cabeza de Marta. Le pone la mano encima de la cabeza y comienza a invocar a Dios. Sólo con pronunciar su nombre el cuerpo de Marta sufre un espasmo, sus pupilas se ocultan y sus ojos permanecerán en blanco durante toda la sesión. Después, invoca a San Jorge y Marta vuelve a convulsionarse en medio de gritos desgarradores.

Lo que vivimos Javier y yo durante dos horas y media fue una prolongación de este comienzo, en un estado de tensión que todavía ahora oprime mi alma. Son las dos y media de la madrugada. Han pasado más de doce horas desde la finalización del exorcismo. Sigo tenso y sin paz. Pero rezo. Por Marta y por su madre. Pero también por todos los testigos que hemos pasado por esa capilla donde Zabulón se ha hecho palpablemente presente.

En un momento dado, el sacerdote ordena al demonio:

-¡En nombre de Jesucristo, sal de la chica!

- ¡No! - responde la voz de ultratumba que sale del cuerpo de Marta. No es la voz de Marta, es una voz ronca, fuerte y cargada de odio. Hay odio en todas las respuestas de Zabulón. Hasta un simple sí o un no, se pronuncia envuelto en odio. Lo palpas.

- "Por mi poder sacerdotal, te ordeno que salgas de esa mujer", prosigue el padre Fortea.

-¡Aggghh! -responde Zabulón, en medio de espasmos, convulsiones y gritos. Marta se retuerce. Desde su posición yacente, bota con una elasticidad extraña. Si no fuera por la colchoneta, se provocaría lesiones graves... Aunque vaya usted a saber, porque, después de haber estado gritando, muy fuerte, durante más de dos horas, cuando nos despedimos no apreciamos en Marta el menor signo de ronquera.

El exorcista ordena a Zabulón, una y otra vez, que abandone ese cuerpo, pero el demonio se resiste. Para presionarle, el P. Fortea le recordaba a Zabulón que estaba haciendo mucho bien, porque, a través de él, muchos creerían en su existencia. Marta -o lo que vive dentro de ella- se retorcía con violencia. Entonces, el P. Fortea volvía al ataque recordando al demonio que le esperaba la condenación eterna, que no tenía nada que hacer. Zabulón aullaba desesperadamente.

Posteriormente, el P. Fortea "se armó" con una estampa de la Virgen de Fátima y una cruz. Con la estampa en ristre instó a Zabulón a que la besara.

-¡Aggggghh! ¡Nooooo! -respondía la voz de ultratumba que salía del femenino y adolescente cuerpo de Marta. -En nombre de Jesucristo, te lo ordeno, besa esta estampa -insistía el exorcista. -¡No quiero! -respondía Zabulón, entre espasmos, gritos y convulsiones del cuerpo de Marta.

El P. Fortea hace un pequeño receso y pide a San Jorge que le ayude. Ante el nombre de San Jorge, Marta se revuelve. De entre todas las invocaciones a los ángeles y a los santos, la de San Jorge, para este demonio en concreto, es la más eficaz. Pronunciar su nombre produce un efecto inmediato. Ante los espasmos y alaridos de la chica, siento lástima por Marta, pero miro a su madre, quien, con gesto sereno, aprueba el ceremonial. Porque no es Marta la que se retuerce, es Zabulón a quien está martirizando el exorcista.

- Sabes que lo tendrás que hacer tarde o temprano. Te lo ordeno: ¡sal! - Noggghhh! - responde Zabulón. -Muy bien, tú lo has querido -responde el P. Fortea- voy a echarte agua bendita... -¡Aggg! -Zabulón se retuerce ante la idea de ser rociado por agua bendita. El cuerpo de Marta bota ante las gotas que caen del agua que vierte el exorcista.

Javier y yo seguimos sentados. Él tiene un rosario entre sus manos. De regreso, en el coche, me dijo que durante las dos horas estuvo pasando las cuentas, rezando Avemarías y jaculatorias, pidiendo por Marta... y para que no nos pasara nada a nosotros.

Permanezco inmóvil, tratando de pasar desapercibido. Creo que a Javier le pasa lo mismo. Tenemos a un demonio delante de nuestras narices en plena "exhibición" de su poder, odio y furia. Estoy asustado. Sigo temeroso. En un momento, Marta arroja uno de los rosarios de su madre. Lo cojo y ya no lo soltaré en toda la sesión.

Durante toda la sesión, sólo en alguna ocasión Marta giró un poco el cuello y nos miró de reojo, con sus ojos en blanco, pero en ningún momento nos miró de frente: eso gracias a Dios no lo hizo nunca. Parecía como si hubiera una barrera entre ella y nosotros. Era una barrera muy fina, invisible y frágil, pero yo temía que se pudiera romper en cualquier momento. Afortunadamente, durante las dos horas y media de la sesión no nos miró de frente.

El exorcismo continúa. En un momento dado, el P. Fortea sale a descansar, rezando una parte de la liturgia de las horas. ¿No podría rezar en otro momento?, pienso para mis adentros.

- ¡En nombre de Jesús, besa el crucifijo! -¡Aggg!, - gime Zabulón.

La madre de Marta se dirige directamente al demonio y le dice: "Yo soy sólo una criatura, pero amo al Señor, y en su nombre te digo, besa el crucifijo".

- No, - dice Zabulón, amenazando a la madre con las manos de Marta en forma de garras. -¡No te atrevas a hacerme nada! ¡Atrás!

Las manos de Marta convertidas en garras prosiguen su acoso sobre la madre:

- ¡Atrás!

Entonces la mano se convierte en un cuerno dispuesto a sacar los ojos de la sufriente madre, forzadamente metida a exorcista.

- He dicho que no te atrevas a hacer nada a esta criatura de Dios, en el nombre del arcángel San Gabriel, de San Jorge y de todos los santos.

El P. Fortea calla ante esta intervención de la madre y sigue rezando en silencio, consciente de que el amor de una madre, puede ser una de las fuerzas más poderosas de este mundo. La imprecación de la madre al demonio continúa durante un tiempo, que se me hace eterno. Ella le ordena que se incorpore. Tras varias negativas, finalmente lo hace.

Una vez sentada, la madre le exige que incline su cabeza ante la estampa de la Virgen. En este momento el cuello de Marta, de un golpe seco, se estira hacia atrás hasta límites insospechados.

- No - responde el discípulo de Satanás por boca de Marta. Es impresionante ver el cuello estirado y la cabeza hacia atrás, en actitud y postura soberbias, empecinado en no doblegar la cabeza ante la estampa de la Virgen. La madre, insiste, testaruda, y Zabulón responde con el mismo tono desafiante.

Pero la madre no se rinde.
Finalmente, en medio de espasmos y gritos, el cuello empieza a ceder hasta tocar el pecho con la barbilla. Un proceso duro, que no se hace sin resistencia de Zabulón, que se niega a prestar reverencia a la Virgen. Entretanto la poseída ha cerrado los ojos para no contemplar la estampa, mientras inclina su cabeza. Y María le ordena que los abra. Los abre, pero la expresión es espantosa, los ojos están totalmente blancos, pero más espantosa es la mirada odiosa, dirigida como un dardo hacia la imagen de la Virgen María.

El exorcista toma la iniciativa. Ordena al demonio: "Besa el crucifijo": ¡Noooo! Cuando la sesión parecía que no avanzaba, ni hacia adelante ni hacia atrás, Zabulón, mudo, hace con la mano el signo de "querer escribir".


MICRO-REFLEXIÓN:

"El demonio puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad" ? Padre José Antonio Fortea

EVANGELIO DEL DIA

13 de Agosto. JUEVES

Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario

«Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor; ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso el Reino de los Cielos viene a ser semejante a un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar; el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y así pagase. Entonces el servidor; echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré todo.

El señor; compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a tino de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: Págame lo que me debes. Su compañero, echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré. Pero no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti? Y su señor; irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre Celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.» (Mateo 18, 21-35)


I. Jesús, en una cultura donde dominaba la ley del Talión -ojo por ojo y diente por diente- perdonar dos veces era ya demasiado. Cuando Pedro te pregunta cuántas veces debe perdonar, se responde -como llegando al límite-: «¿hasta siete? No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete», que es como decir: hay que perdonar siempre.

Pedro intentaba ser generoso, pero a lo humano. Tú le elevas el nivel: hay que imitar a Dios, que es infinitamente misericordioso. Y para que le quede claro, le explicas la parábola del siervo despiadado: su señor le ha perdonado diez mil talentos -unos setenta millones de denarios- y él no es capaz de perdonar cien denarios a su compañero.

Jesús, a veces pienso que lo que alguien me ha hecho es imperdonable, y no me doy cuenta de que eso -que me parece enorme- es como cien denarios comparado con los setenta millones que Tú me has perdonado muriendo en la cruz. «Dios a nadie aborrece y rechaza tanto como al hombre que se acuerda de la injuria, al corazón endurecido, al ánimo que conserva el enojo» (San Juan Crisóstomo). Si quiero ser tu discípulo, si quiero imitarte, he de aprender a «perdonar a lo divino». Y para ello necesito primero «amar a lo divino». Enséñame a amar a los demás como Tú los amas.


II. «Conforme: aquella persona ha sido mala contigo. - Pero, ¿no has sido tú peor con Dios?» (Camino.-686).

Jesús, cuántas veces debo recurrir a este pensamiento tan simple, para no dejarme llevar de mis pasiones perdiendo la objetividad. Conforme: aquella persona ha sido mala contigo; no debía haberse comportado así. Pero calma. ¿No he sido yo peor con Dios? Y Tú me perdonas una vez y otra. ¿No voy a intentar hacer lo mismo con mi prójimo? Además, aquello que me parece tan grave, a veces es fruto de una confusión, o de un fallo sin mala intención; de modo que la otra persona no tiene la culpa o, al menos, toda la culpa.

Mi enfado puede ser injusto y, por supuesto, no arregla nada. Mientras que si se aclaran las cosas con serenidad, muchas veces el problema se desvanece. Jesús, si me enfado, no es por mi carácter. Es por mi falta de carácter y de visión sobrenatural. Ayúdame a saberme contener cuando me enfade. Ayúdame a saber disculpar, a ver el lado positivo, sin caer en la ingenuidad. Ayúdame a mirar a todos con aquella mirada tuya siempre amorosa, incluso con aquellos que te clavaron en la cruz.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

PARA QUE SE CONCIENCIEN

"El exorcismo que yo viví en Madrid" Parte 3 de 5.

Solos con la endemoniada

El padre Fortea mira a la madre: "No se va a ir. Dejémoslo por hoy". Se levanta y se va. Los gritos se detienen en seco. Noto cierta decepción en el rostro de María. Me da la sensación de que esperaba que fuese hoy. Ha pasado casi tres horas de rodillas, pero en su cara no hay signos de cansancio, sólo de cierta desilusión. Recoge con paciencia la estampa de la Virgen y el crucifijo y sale de la capilla.

Mi compañero y yo nos quedamos solos con la endemoniada. Unos segundos que se hacen eternos. Nos hemos quedado pegados al banco, sin respiración. De pronto, se vuelve hacia nosotros, abre los ojos (que ha mantenido en blanco durante tres horas) y nos lanza una mirada que no olvidaré mientras viva. Sus ojos son de otro mundo. Nunca vi algo así en mi vida.

Al instante, la mirada vuelve a ser la de Marta, que nos sonríe, se levanta con tranquilidad, se sienta en el banco y se quita los calcetines blancos que dobla con sumo cuidado. Noto que apenas suda, a pesar de las tres horas de ejercicio continuo. Se pone los pendientes y nos vuelve a sonreír.

- ¿Cómo éstas? - Cansada - ¿Sabes lo que ha ocurrido? - No, no recuerdo. Y mientras nos habla, coge la estampa y el crucifijo, a los que hace un rato tanto odiaba, y los besa con cariño. - ¿Te duele la garganta? - No.

Y su voz es tan suave como cuando llegó. Nadie diría que por esa misma garganta salieron aullidos durante tres horas.

- ¿Sabes por qué estás aquí? - Sí, eso lo sé. Sé que tengo...

No termina la frase. Respetamos su silencio. Salimos y nos sentamos en un salón contiguo los cinco. Marta está tranquila. Vuelve a ser la chiquilla tímida de antes.

"Todas las noches", nos cuenta María, "antes de acostarme cojo el crucifijo, del que nunca me separo, y bendigo mi habitación: "En nombre de Dios, malos espíritus salid de esta habitación. Y ella, antes de acostarse, siempre me pregunta: "¿Mamá, has bendecido la habitación? "" Pero aún así pasa miedo. Como cuando las manos de su hija se convirtieron en garras al tocar la cruz o cuando la persigue con los dedos abiertos, en forma de cuernos, para clavárselos en los ojos."Siempre amenazas que, afortunadamente, nunca cumple".

Y antes de despedirse, repite una súplica: "Que se conciencien la gente y los obispos. Que haya muchos más exorcistas". Abraza a su hija, se suben las dos al coche del padre Fortea y se van. Marta se vuelve y nos mira. Sus ojos son el grito de angustia del esclavo encadenado. El padre Fortea queda en llamarme cuando se produzca la liberación definitiva.

Rezo por Marta y por su madre. Lo que vi no es un montaje.

Asi es Zabulón

"No habla demasiado, pero es muy inteligente". Así describe el padre Fortea a Zabulón, el enemigo contra el que viene luchando desde hace siete meses. Al principio, el padre Fortea pensó simplemente que así se llamaba el décimo hijo de Jacob y Lía, su mujer. Después, investigando un poco más, cayó en la cuenta de que se las estaba viendo con uno de los demonios más poderosos del infierno.

Ha aparecido sólo tres veces en la Historia. La primera, en Ludón (Francia), en el siglo XVI. Casi todas las monjas de un convento quedaron poseídas por multitud de diablos, que las atormentaban sin pausa. El jefe era Zabulón. La segunda fue en los años 50, en un caso de exorcismo realizado por el padre Cándido, el exorcista italiano maestro del padre Amorth. Y ahora, ha vuelto a aparecer.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Mientras un ángel o un demonio pueden enviar inspiraciones a la mente, Dios va más allá, pues puede enviar gracias espirituales a lo mas profundo del espíritu, obrando cambios radicales en un segundo" ? Padre José Antonio Fortea

EVANGELIO DEL DIA

11 de Agosto. MARTES

Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario

«En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo preso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.

Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos. ¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar a la que se ha perdido? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.» (Mateo 18, 1-5.10.12-14)


I. Jesús, «¿quién es el mayor en el Reino de los Cielos?»; ¿quién es el más santo?; ¿quién se parece más a Ti? Y me respondes: el que se convierte y se hace pequeño «como los niños».

Esta es una de las paradojas de tu doctrina: el que quiera ser mayor a tus ojos, debe hacerse el menor a los ojos de los hombres. Y para ello, es necesario convertirse, cambiar de vida, rechazar todo orgullo, aprender a pedir perdón con humildad. No se trata de hacerse niño en estatura o en falta de madurez, sino de obedecer con humildad la voluntad del Padre Celestial: «el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.»

Además, es el único camino para imitarte, Jesús, pues Tú mismo no buscaste otro fin que el obedecer la voluntad de Dios: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42). Jesús, ¿busco en mi vida hacer la voluntad de mi Padre Dios? ¿Intento pedirte luces en la oración para que seas Tú quien me guíes en mi camino diario o, más bien, voy a lo mío, según me parezca, según me interese o tenga ganas? ¿Me apoyo en la dirección espiritual, dándome cuenta de que necesito ayuda para ver mejor y exigirme más?


II. «Cristo espera mucho de tu labor. Pero has de ir a buscar a las almas, como el Buen Pastor salió tras la oveja centésima: sin aguardar a que te llamen. Luego, sírvete de tus amigos para hacer bien a otros: nadie puede sentirse tranquilo -díselo a cada uno- con una vida espiritual que, después de llenarle, no rebose hacia fuera con celo apostólico» (Surco.-223).

Jesús, si he de intentar imitarte, he de ser humilde: hacerme niño en lo espiritual, dejarme ayudar y aconsejar. Pero eso no significa ser apocado, tener una voluntad débil. Al contrario: significa tener fuerza de voluntad suficiente para decir muchas veces que no a mis intereses personales y decir sí a lo que Tú me pides. Y una cosa que me pides es que también yo sea Buen Pastor con los que me rodean. No quieres que se pierda «ni uno solo» de los que conviven conmigo. Por eso he de sentir la responsabilidad de salvar a todas las almas.

El apostolado es una necesidad que nace del amor a Ti y del amor a los demás: es el deseo de que los demás tengan también la suerte de encontrarte y amarte. «Orad sin interrupción por los demás hombres. Hay en ellos esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios.

Volveos hacia ellos, para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. Ante su cólera estad llenos de dulzura. Ante su jactancia tened sentimientos de humildad. Ante sus blasfemias, estad en oración. Ante sus errores, permaneced firmes en la fe. Ante sus violencias, sed pacíficos, sin imitarlos» (San Ignacio de Antioquia).

Si me veo impotente ante la tarea de salvar a todas las almas, al menos puedo empezar por mis amigos. Luego, sírvete de tus amigos para hacer bien a otros. Y poco a poco, iremos devolviéndote, Jesús, esas ovejas perdidas. Además, tengo un aliado silencioso en el apostolado: el ángel custodio de la persona que trato de acercarte. Él está «viendo siempre el rostro de Dios», y también desea ardientemente acercarlo a Ti. Por eso, me hará muchos favores en mi labor apostólica, si se los pido.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

PARA QUE SE CONCIENCIEN

"El exorcismo que yo viví en Madrid" Parte 1 de 5.

El corresponsal religioso de EL MUNDO acude, incrédulo, al exorcismo que va a realizar un sacerdote autorizado por el Vaticano. Pero queda conmocionado al ver lo que le sucede a la joven poseída por el diablo.

José Manuel Vidal

-"Hic est dies" (éste es el día), dice el exorcista con el crucifijo en la mano. - No, responde una voz ronca de hombre que sale de la garganta de la posesa, una preciosa chica de 20 años. -"Exi nunc, Zabulon", (sal ahora, Zabulón), repite el sacerdote. - No. -¿Por qué no quieres salir? - Para servir de testimonio. - ¿De testimonio de qué? - De que Satanás existe.

Se corta la tensión en el ambiente penumbroso de la capilla. Satán luchando contra Dios. Una batalla a la que asisto atónito y en primera fila por primera vez en mi vida. "Esta debe de ser la razón por la que me invitó a presenciar el exorcismo. El diablo quiere publicidad", pienso en medio del shock. Mi mente gira a toda velocidad.

Estamos en el clímax de un ritual que, hasta ahora, no encajaba en mis esquemas. Y eso que en el seminario los curas siguieron alimentando mi miedo infantil al Maligno, siempre dispuesto a tomar posesión de un alma. Después del Concilio Vaticano II, el dogma de la existencia del diablo pasó a ser una "parte vergonzosa de la doctrina" y, como tantos otros católicos, también yo prescindí de ella.

El exorcista, José Antonio Fortea, párroco de Nuestra Señora de Zulema, está exhausto. Y eso que sólo tiene 33 años. Pero lleva ya más de una hora luchando, crucifijo en ristre, contra Satanás. Marta (nombre ficticio de la posesa), en cambio, se encuentra tan fresca como al principio y no deja de rugir, bufar, revolverse y agitar su cuerpo como un resorte. Con una fuerza inusitada para una chica de 20 años, más bien menudita y de rasgos dulces. Son las 12,30 de la mañana de un día cualquiera y llevo hora y media presenciando un exorcismo.

Un par de días antes, recibí en mi móvil una llamada especial. Especial no por ser de un cura (recibo muchas), sino por ser de un exorcista católico (hay un par de ellos en España) que suelen mantenerse muy alejados de los periodistas. Quiere invitarme a presenciar un exorcismo. Me quedé de piedra.

Asistir a un exorcismo oficiado por un sacerdote autorizado por el Vaticano es un auténtico caramelo para alguien especializado en información religiosa. Hasta ese momento y a pesar de llevar más de 20 años en la profesión, lo único que había conseguido fue entrevistar al exorcista oficial de Roma, el padre Gabriel Amorth. Ya entonces, al dedicarme su libro había escrito: "A José Manuel, con mi gratitud y con la advertencia de no tener jamás miedo del diablo".

Confieso que por miedo decidí devolverle la llamada al padre Fortea y pedirle que dejase venir conmigo a un compañero de la agencia EFE, también especialista en información religiosa. Aceptó. Nerviosos, el día señalado nos desplazamos en coche hasta la diócesis de Alcalá. Era un día radiante.

Llegamos a la parroquia con mucha antelación. Cuestión de prepararse psicológicamente. Por el camino, bromitas y nervios. El exorcista nos había citado en su parroquia, una iglesia moderna, de ladrillo rojo, situada entre pinos. El interior, sencillo y limpio. Con un retablo y una gran cruz en medio. En un lateral, la pila del agua bendita con una inscripción: "El agua bendita aleja la tentación del demonio".

A las 10,30, el exorcista sale del templo y viene a nuestro encuentro. Es alto y delgado. Lleva gafas y una barbita bien recortada. Su aspecto impone. Quizá, por relacionarlo con su profesión de echador de demonios. Embutido en una sotana de un negro inmaculado, su tez blanquecina y su frente despoblada todavía resaltan más. Nos invita a dar un paseo para ponernos en antecedentes del caso.


Siete demonio

"No soy ningún showman ni quiero publicidad. Si estáis aquí es porque os necesito para liberar a la chica. Tendréis que ser muy prudentes. No podréis dar pista alguna que permita la identificación ni de la muchacha ni de su madre. Preferiría que tampoco me nombraseis a mí, pero acepto ese sacrificio en aras de una mayor credibilidad. Pero sólo Dios sabe lo que me cuesta y los problemas que me puede acarrear. Y no tengáis miedo. A vosotros no os pasará nada".

Insiste en la seriedad del tema. Asegura que en el Antiguo Testamento aparece 18 veces la palabra Satán. Y en el Nuevo Testamento, 35 veces la palabra diablo y 21 la palabra demonio. El propio Jesús hizo muchos exorcismos o lo que los Evangelios llaman "expulsar demonios". Fortea recuerda también que Juan Pablo II ha realizado al menos tres exorcismos reconocidos y advierte que la creencia en el diablo constituye uno de los pocos rasgos comunes a la práctica totalidad de las religiones. "Es el punto ecuménico por excelencia".

Aprovecha para hacer un pequeño repaso por las distintas religiones y épocas históricas y las diversas teorías. Sigo mostrándome incrédulo. Me da la sensación de que trata de condicionarnos buscando justificaciones en la Historia.

Para hacerlo aterrizar en lo concreto, le preguntamos detalles del caso. Nos cuenta que se trata de un chica poseída por siete demonios. Que ya expulsó a seis, pero que el último se resiste. "Se llama Zabulón, es un diablo casi mudo pero muy inteligente. Su nombre ya sale en la Biblia. Siempre queda el jefe para el final. Llevo ya 16 sesiones y todavía no he conseguido expulsarlo, cuando en los casos más normales, basta con dos o tres".

No quiere dar más detalles de la endemoniada. Sólo dice que vendrá acompañada por su madre, "que es una santa", y que la posesión se debió a un hechizo que le hizo una compañera de instituto, a los 16 años. "En una de las primeras sesiones le pregunté cómo había entrado y me respondió un nombre que yo no conocía. Su madre me dijo que era una compañera de clase, que había invocado a Satán para hacer un hechizo de muerte contra ella. Y de hecho, primero estuvo gravísima y a punto de morir. Una vez que sanó, comenzaron los fenómenos raros".

Desde entonces, su madre empieza a detectar cosas raras en su hija: muebles que se mueven, objetos que se rompen y, sobre todo, una inquina especial hacia los objetos religiosos, cuando era de misa dominical. Hasta que un día, de noche, oye ruidos extraños, se levanta y, cuando abre la puerta de la habitación de su hija, la ve sobre la cama, levitando.

Como no quiere perder a su única hija, comienza a buscar remedios. Habla con el párroco, que la remite a dos famosos psiquiatras. Pero ambos diagnostican que la chica es absolutamente normal. Ninguna explicación científica para los constantes dolores de cabeza que torturan a su hija.

Y entonces, María (nombre ficticio de la madre), a sus 60 años, se lanza a la búsqueda de un exorcista. Recorre casi todas las diócesis españolas. Ningún obispo quiere saber nada de su caso. Está ya dispuesta a trasladarse con ella a Italia a ver al padre Amorth, cuando le hablan de un exorcista español que acaba de salir en la tele porque ha publicado un libro, Demoniacum, sobre los exorcismos.

En ese instante vemos llegar un taxi. "Son ellas", dice Fortea. María, la madre, es pequeña, delgada. Su mirada es todo dolor: "Creo en Dios y sé que, tarde o temprano, liberará a mi hija de las garras de Zabulón. Llevo cinco años de calvario. No lo sabe nadie de mi familia. Ni mis hermanos", confiesa. María es viuda y, cada vez que se desplaza desde su casa a la cita con el exorcista (prácticamente, una sesión por semana), tiene que inventarse alguna excusa. "No lo entenderían y no quiero que mi hija quede marcada para siempre".


MICRO-REFLEXIÓN:

"El demonio puede estar a nuestro lado durante mucho tiempo, estudiarnos, analizarnos, conocernos y tentarnos justo en nuestro punto mas débil" ? Padre José Antonio Fortea

ENVÍA tus reflexiones y micoreflexiones a: encuentra.com.aportavalores@gmail.com ¡Participa!. Por seguridad, nuestro sistema no acepta archivos anexos, solo texto en el cuerpo del correo).

EVANGELIO DEL DIA

10 de Agosto. LUNES

Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario

«Cuando estaban en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los hombres, que lo matarán, pero al tercer día resucitará. Y se pusieron muy tristes.

Llegados a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma? Respondió. Sí. Al entrar en la casa se anticipó Jesús y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos; pero para no escandalizarlos, ve al mar, echa el anzuelo y el primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estárter; tómalo y dalo por mí y por ti.» (Mateo 17,22-27)


I. Jesús, qué lógica la reacción de los apóstoles ante tu anuncio de la Pasión. Al principio Pedro quiso que cambiaras de idea. Pero ahora aunque siguen sin entenderlo muy bien se dan cuenta de que va en serio: vas a ser entregado «en manos de los hombres»y te matarán. «Y se pusieron muy tristes.»

Han aprendido a quererte de verdad; lo han dejado todo por Ti, y ahora les dices que te van a matar. Pobres apóstoles. No entendían aquella muerte tan injusta. Y mucho menos aún entendían lo de que ibas a resucitar al tercer día. Por eso están tristes. No entienden que la Cruz es el principio de la Resurrección: la muerte es la puerta de la vida. Y esta verdad se aplica también a mi vida.Como dice San Pablo: «Si somos hijos de Dios, también herederos: herederos de Dios, y coherederos de Cristo, con tal de que padezcamos con él, para ser con Él glorificados» (Romanos 8,17).

Jesús, me pides que muera a mi mismo a mis caprichos, a mi soberbia, a mi comodidad de modo que Tú puedas vivir en mí. Por eso la Cruz es la señal del cristiano. Para que Tú me reconozcas como uno de los tuyos, como hijo de Dios y por tanto heredero de la gloria, mi vida diaria debe estar marcada con esta señal.


II. «Se ha promulgado un edicto de César Augusto, que manda empadronarse a todos los habitantes de Israel. Caminan María y José hacia Belén... ¿No has pensado que el Señor se sirvió del acatamiento puntual a uno ley, para dar cumplimiento a su profecía? Ama y respeta lo normas de una convivencia honrada, y no dudes de que tu sumisión leal al deber será, también, vehículo para que otros descubran la honradez cristiana, fruto del amor divino, y encuentren a Dios» (Surco.-322).

Jesús, después de dejar claro a Pedro que Tú eres el Hijo de Dios, y que por tanto no estabas sujeto a pagar un impuesto que era para el culto divino -los hijos están exentos-, prefieres «no escandalizarlos» y cumplir con aquel deber, que se había convertido en una obligación cívica por la ley judía de aquellos tiempos. De este modo, además, me muestras -como ya lo habían hecho José y María con el edicto del César- que debo cumplir las leyes civiles, siempre y cuando sean acordes con una convivencia honrada, es decir, con las normas de la moral natural.

Pagar unos impuestos justos, seguir las normativas legales en los negocios, obedecer las leyes de tráfico o las indicaciones de la autoridad competente, son también deberes cristianos. «Lo autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos.

Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa» (CEC-1903).

De la misma manera que mi amor a Ti me debe llevar a obedecer las leyes justas, ese mismo amor me debe llevar a oponerme a las leyes injustas con todos los medios de que disponga. Leyes como la que permite el aborto o la que impide la libertad en la educación, chocan frontalmente contra la ley natural y, por tanto, contra la fe. No puedo desentenderme del deber de luchar para que las leyes de la sociedad sean justas, acordes con la ley natural.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA