martes, 29 de septiembre de 2009

VALORES

DECÁLOGO DE LA SERENIDAD

Sólo por hoy trataré de vivir este día, sin querer resolver de una vez el problema de mi vida.

Sólo por hoy no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, salvo a mí mismo.

Sólo por hoy me adecuaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adecuen a mis deseos.

Sólo por hoy haré diez minutos de buena lectura.

Sólo por hoy haré una buena acción sin decírselo a nadie, si me siento ofendido procuraré que nadie lo sepa.

Sólo por hoy seré feliz pensando en la felicidad eterna.

Sólo por hoy me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy creeré que la Providencia se ocupa de mí como si no hubiera otra persona en el mundo.

Sólo por hoy no tendré temores, no tendré miedo de gozar de lo bello y creer en la bondad.

Sólo por hoy puedo hacer el bien durante todo el día. No me desalentaré pensando en tenerlo que hacer durante toda mi vida.

Envió: Miryam Torres


MICRO-REFLEXIÓN:

"Sólo en Ti se encuentra la felicidad verdadera"

Envió: Romina Jiménez

EVANGELIO DEL DÍA

29 de Septiembre. MARTES

Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

«Y cuando estaba para cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén. Y envió por delante unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje, y no le acogieron, porque daba la impresión de ir a Jerusalén. Al ver esto, sus discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Y volviéndose, les reprendió. Y se fueron a otra aldea.» (Lucas 9, 51-56)


I. Jesús, en tu camino hacia Jerusalén, envías a unos mensajeros, para que preparen el lugar donde vas a pasar la noche. Pero en esta aldea, no te acogieron «porque daba la impresión» de que ibas a Jerusalén. ¿Qué pensarían aquellos mensajeros, camino de vuelta para explicarte la negativa de los samaritanos? Es una situación un poco decepcionante. Aquella gente no sabía lo que hacía: no habían querido acoger al Maestro que podía haber hecho tantas cosas buenas para la aldea.

Esta situación ocurre frecuentemente en el apostolado, cuando -como mensajeros que somos de ti- intentamos que otros te acojan. Y oímos las excusas más absurdas: no tengo tiempo, en otra ocasión... Como Santiago y Juan, puedo tener la tentación de decir: «Señor; ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y les consuma?» Jesús, si quiero ser un verdadero apóstol, un mensajero de tu palabra divina, he de aprender de la paciencia y caridad con la que tratas a los que no te entienden, e incluso, a los que te odian y te clavan en la cruz: «aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11,29).

«La paciencia es la que nos recomienda y guarda para Dios; modera nuestra ira, frena la lengua, dirige nuestro pensar conserva la paz, endereza la conducta, doblega la rebeldía de la pasión, reprime el tono de orgullo, apaga el fuego de los enconos, contiene la prepotencia de los ricos, alivia la necesidad de los pobres, protege la santa virginidad de las doncellas...

Mantiene en humildad a los que prosperan, hace fuerte en las adversidades y manso frente a las injusticias y afrentas. Enseña a perdonar luego a quienes nos ofenden y a rogar con constancia e insistencia cuando hemos ofendido. Nos hace vencer en las tentaciones, nos hace tolerar las persecuciones, nos hace consumar el martirio. Es la que fortifica sólidamente los cimientos de nuestra fe; levanta en alto nuestra esperanza. Nos lleva a perseverar como hijos de Dios, imitando la paciencia del Padre» (San Cipriano).


II. «Comprendo tu impaciencia santa, pero a la vez has de considerar que algunos necesitan pensárselo mucho, que otros irán respondiendo con el tiempo... Aguárdalos con los brazos abiertos: condimenta tu impaciencia santa con oración y mortificación abundantes. -Vendrán más jóvenes y generosos; se habrán sacudido su aburguesamiento y serán más valientes. ¡Cómo los espera Dios!» (Surco, 206).

Jesús, por un lado es bueno tener cierta impaciencia santa, que es consecuencia de una vibración apostólica, de mis ganas de que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2,4). Pero he de dejar que cada persona siga su propio ritmo, su propio proceso de conversión y de encuentro contigo. Algunos necesitan pensárselo mucho; otros irán respondiendo con el tiempo. Lo que si está en mis manos para acelerar al máximo esas etapas, es apoyar a mis amigos con oración y mortificación abundantes.

Apostolado no es sólo hablar a mis amigos de Dios, sino también hablar a Dios de mis amigos, encomendarles; pedirte -Jesús por aquel problema que uno puede estar pasando, por la necesidad de otro, o más gracia para un tercero que tiene miedo a entregarse más. Si me comporto así, vendrán los frutos. Y mis amigos te acogerán en sus vidas, y Tú los cambiarás y harás de ellos otros apóstoles. Y si no son esos amigos, serán otros, más jóvenes y generosos, más valientes.

En el Evangelio de hoy, te quedas a las puertas de la aldea a la espera de lo que te digan tus mensajeros. Y cuando escuchas la negativa, no te enojas contra ellos, pero tampoco te quedas parado. «Y se fueron a otra aldea». Así buscas a las almas: te quedas a la puerta y pides permiso -tal vez mediante un mensajero, un apóstol-. Y si te cierran la puerta, te diriges a otro, y a otro. Por que te hacen falta apóstoles: ¡cómo los espera Dios!


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES


UNA NOTA DE SOLEMNIDAD

Si alguien comienza una y otra vez a vivir bien el presente en su vida, advierte que con el tiempo ? aunque no lo haga con una intención particular ? sus acciones adquieren una nota de solemnidad. Entonces se observa que la vida de ese hermano se apoya en un único soporte sobrenatural: el amor a Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, esa misma nota de solemnidad caracteriza profundamente cada una de sus actividades haciendo que su existencia resulte muy colorida. Y en consecuencia su fisonomía espiritual se va poniendo a foco con creciente precisión.

De él se puede decir, por ejemplo, que está sumergido en Dios en la oración; libre y alegre en compañía; preciso en su deber; exigente consigo mismo; fraterno con todos; intransigente en la disciplina de quien depende de él; misericordioso con quien cae; convencido como una roca de su nada y de la omnipotencia de Dios; insatisfecho muchas veces de cuanto hace, pero siempre dispuesto a esperar y a volver a comenzar.

Es justamente este eterno volver a comenzar, propio de la vida humana traumatizada por el pecado original, lo que ayuda al alma a revestirse de algo que tiene continuidad, aún en la variedad de las acciones. Y esto huele de santidad; al principio poco, pero luego cada vez más. Porque santo es aquel que no vive más en si mismo, en la propia voluntad, sino que se ha mudado a Otra.

Envió: Diego Esteban Zarate Aguilar


MICRO-REFLEXIÓN:

"Ama a Dios, es increíble la felicidad que encuentras."

Envió: Romina Jiménez

EVANGELIO DEL DÍA

28 de Septiembre. LUNES

Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

«Les vino al pensamiento cuál de ellos sería el mayor. Pero Jesús, conociendo los pensamientos de su corazón, tomó a un niño, y lo puso a su lado, y les dijo: «Todo aquel que acoge a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y todo aquel que me recibe a mí recibe al que me ha enviado: pues el menor entre todos vosotros, ése es el mayor». Entonces Juan dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros». Y Jesús le dijo: «No se lo prohibáis; pues el que no está contra vosotros, está con vosotros». (Lucas 9, 46-50)


I. Jesús, de nuevo el Evangelio me recuerda que conoces hasta los más profundos pensamientos de mi corazón. Nada se te oculta a tu conocimiento divino. Pero esto no debe producirme una sensación de inquietud, como si estuviera acorralado, sino un sentimiento de paz y de seguridad, porque Tú -que eres mi Padre- estás conmigo, porque me acompañas siempre, y me ayudas con tu gracia.

Jesús, ante la conducta soberbia de los apóstoles, no les reprimes -como si fueras un inspector que ha cogido a alguien en falso-, sino que les ayudas a entender el valor de la humildad tomando el ejemplo de un niño. Así haces conmigo, si yo procuro mantenerme en tu presencia a lo largo del día; me enseñas, me guías, me animas, me das una mayor visión sobrenatural. «El menor entre todos vosotros, ése es el mayor».

Jesús, muchos de tus grandes mensajes me los das a conocer mediante paradojas. «El que quiera salvar su vida la perderá» (Mateo 11,39).; o: «bienaventurados los que lloran»(Mateo 5,4). El sentido de estas aparentes contradicciones se encuentra en la comparación entre el plano humano y el plano espiritual, entre el mundo terreno y la vida eterna.

En el caso de hoy, me quieres recordar que el humilde, el que no busca el aplauso de los hombres y es tenido por nada en la tierra, es el que realmente vale a los ojos de Dios. «El humilde se mantiene alejado de los honores terrenos, y se tiene por el último de los hombres; aunque exteriormente parezca poca cosa, es de gran valor ante Dios.

Y cuando ha hecho todo lo que el Señor le ha mandado, afirma no haber hecho nada, y anda solícito por esconder todas las virtudes de su alma. Pero el Señor divulga y descubre sus obras, da a conocer sus maravillosos hechos, le exalta y le concede todo lo que pide en su oración» (San Basilio).


II. Tú, sabio, renombrado, elocuente, poderoso: si no eres humilde, nada vales. «-Corta, arranca ese «yo», que tienes en grado superlativo -Dios te ayudará-, y entonces podrás comenzar a trabajar por Cristo, en el último lugar de su ejército de apóstoles» (Camino, 604)

Jesús, tu vida es un ejemplo constante de humildad. Siendo Dios, naces en una cueva, sin ningún recurso material; vives en una pequeña aldea perdida en las montañas trabajando como uno más; incluso en tu vida pública no buscas el espectáculo, y sólo haces milagros cuando lo necesitan los demás; mueres en el más profundo abandono -ni los tuyos te acompañan- y, después de tu resurrección, en el más increíble milagro de la humildad, te quedas escondido en el Pan de la Eucaristía.

Jesús, por el contrario, yo intento constantemente brillar ante los ojos de los hombres: que me valoren, que aprecien lo que sé y lo que tengo. Ayúdame a darme cuenta de que, a tus ojos, la escala de valores es muy distinta. Repíteme una y otra vez: si no eres humilde, nada vales. Entre otras cosas, porque no te estaré imitando, y sin parecerme a Ti, mi vida cristiana -vida de Cristo en mí- nada vale. Corta, arranca ese «yo».

Jesús, para ser más humilde la receta es sencilla: olvidarme de mi mismo, arrancar el «yo», pensar en los demás: servir. Ésta es precisamente tu actitud durante los años que pasaste en la tierra: «el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20,28). Que me decida a servir a los demás: sólo entonces podré comenzar a trabajar por Cristo.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

domingo, 27 de septiembre de 2009

VALORES

TE ENTIENDO HIJO

Conozco el sufrimiento y por eso quiero acompañarte en tus momentos de dolor... He llorado, como tú, por eso puedo entender tus lágrimas... permíteme consolarte... He padecido - como tú - angustia, desesperación y la impotencia de no saber qué hacer en más de una ocasión, por eso puedo comprenderte y no me es ajena tu aflicción... Lo hice por mi Hijo Jesús, siempre estuve a su lado y hoy también lo hago por ti, mi hijo amado...

Permíteme decirte que conozco el dolor en toda su dimensión, que como humana que fui yo también sentí temor, soledad, tristeza, enfermedad...

Permíteme decirte que gracias a estos momentos difíciles conozco el amor en toda su magnitud, que la gracia y la virtud se fortalecen si las penas se ofrecen.

He gozado - como tú - alegrías; he disfrutado bellos momentos; como tú también he sonreído y vivido en beneplácito por las bondades de Dios Padre...

Escucha, hijo mío: yo de ti ni un sólo instante me he apartado... estoy en tu alma, en tu espíritu, acompañándote en silencio.

Tú quizás no te hayas percatado...

Estoy intercediendo desde los tiempos de mi Hijo Jesús que con su cruz le dio a la humanidad un sentido espiritual para enseñarles que la carne y el cuerpo son temporales, y que sólo el espíritu es perdurable.

Así que, si hoy estás sufriendo algún dolor, no temas que nunca te he dejado solo; si estás sintiendo tristeza, es para tu fortaleza. Acércate a mí que como madre quiero darte un rayo de luz.

Más aún cuando sientas felicidad, plenitud y gozo, mira mi rostro después del calvario y la muerte, ya que por sobre todas las cosas el amor nos ha resucitado.

¡He aquí que soy tu Madre! Porque lo que hice por mi Hijo Jesús lo hago llena de gozo hoy también por ti, mi hijo bien amado.

Envió: Cecilia Adriana Arrambide


MICRO-REFLEXIÓN:

"Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad."

Envió: Rossy Pérez de Ayala

EVANGELIO DEL DÍA

25 de Septiembre. VIERNES

Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

«Y sucedió que, cuando estaba haciendo oración, se hallaban con él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dicen las gentes que soy yo?». Ellos respondieron: «Juan Bautista; otros que Elías, y otros que ha resucitado un profeta de los antiguos». Pero él les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondiendo Pedro dijo: «El Cristo de Dios». Pero él les amonestó y les ordenó que no dijeran esto a nadie. Y añadió: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea condenado por los ancianos, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día». (Lucas 9, 18-22)


I. Jesús, Tú eres «el Cristo de Dios», el Hijo de Dios hecho hombre, Dios y hombre verdadero. Se lo has revelado poco a poco a los apóstoles, y más tarde lo dirás abiertamente a todos. A unos judíos que te preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente» (Juan 10,24) les respondes: «Os lo he dicho y no lo creéis» (Juan 10,35 «Yo y el Padre somos uno» (Juan 10,30). Pero ahora, aún no es conveniente manifestar tu divinidad.

Los judíos no están preparados para aceptar este hecho. Ni siquiera al final de tu vida lo entenderán, y por ello precisamente quieren matarte: «no queremos lapidarte por obra buena alguna sino por blasfemia; y porque tú siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10,33). Por eso ordenas a los apóstoles «que no dijeran esto a nadie.» «El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores.

El ángel anuncia a José: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: «Esta es mi sangre de la alianza, que va ser derramada por muchos para la remisión de los pecados». (CEC 1846).

Jesús, eres Dios Todopoderoso. Sin embargo, «es necesario que el hijo del hombre padezca muchas cosas»: has querido sufrir y morir por mí. Tan grave es el pecado que la redención supuso la muerte de un hombre que era a la vez Dios, de modo que el valor de ese sacrificio fuera infinito, como infinita era la culpa merecida por el pecado.

Jesús, que me dé cuenta de la gravedad del pecado y que me determine seriamente a luchar para no volver a pecar más.


II.«Hemos de fomentar en nuestras almas un verdadero horror al pecado. ¡Señor -repítelo con corazón contrito-, que no te ofenda más! Pero no te asustes al notar el lastre del pobre cuerpo y de las humanas pasiones: sería tonto o ingenuamente pueril que te enterases ahora de que «eso» existe. Tu miseria no es obstáculo, sino acicate para que te unas más a Dios, para que le busques con constancia, porque Él nos purifica».(Surco, 134).

Jesús, siendo Dios has querido padecer «muchas cosas», hasta dar la vida por mí, para redimir mis pecados. Por eso yo quiero corresponder a tu amor con una lucha seria por vivir mi vida cristiana con fidelidad. Sé que sólo cumpliendo tus mandamientos puedo demostrarte mi amor, pues Tú mismo me has dicho: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Juan 15,10), y también: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando» (Juan 15,14).

Por eso, Jesús, he de fomentar en mi alma un verdadero horror al pecado, que me separa de Ti privándome de la vida de la gracia. Sin embargo, me siento tan débil, tan inclinado a los dictados del pobre cuerpo y de las humanas pasiones... A la que me descuido, no pienso más que en mí: en mi soberbia, en mis gustos, en mis intereses. Pero es precisamente esta debilidad la que hace que te busque y te pida con corazón contrito: ¡Que no te ofenda más!

Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

jueves, 24 de septiembre de 2009

VALORES

EL HURACÁN DEL DESAMOR

Agosto de 1992. Miles de personas perdieron sus hogares con el paso del huracán Andrew. Muchos niños se sintieron desolados al ver cómo en pocos segundos lo que había sido su casa hasta ese momento quedaba devastado, se convertía en un montón de escombros.

A ti, padre de familia, quisiera preguntarte: ¿qué puede sentir tu hijo o tus hijos al oír de tus labios las siguientes expresiones dirigidas a tu esposa, a la madre de ellos? "Ya no te amo. Necesito mi espacio. ¡Tengo derecho a mi felicidad!"

Quizá no puedas contestar a esa pregunta al imaginar, si puedes, lo que el corazón de tus hijos sienten, lo devastador que es para ellos ver derrumbarse lo que hasta hace poco era su hogar.

Llegó un día ese momento trágico. Lo que amaba el hijo, lo que más quería, su familia, quedaba reducida a escombros. Ese templo sagrado de amor en el que había nacido y crecido, de repente se ha convertido en ruinas. Ruinas de tristeza, de dolor, de desconcierto, de angustia, de inseguridad.

El hijo no alcanza a descubrir el porqué de lo que está pasando. No sabe cómo explicar que algo haya destruido lo que más amaba, aquello que hasta hace poco veía, con orgullo, como "mi familia". Seguramente ese hijo se encerrará en una coraza, en su propio mundo interior. Adoptará una máscara para esconder todo el dolor que produce el ver que algo ha dividido a sus padres. Siente que ese algo les ha llevado a todos a la infelicidad. Ha destruido, como un huracán, el amor que sus padres se tenían. Un amor que permitió que un día naciese cada uno de los hijos...

No encuentra con quién compartir tanto dolor porque papá se ha ido y mamá sufre. No quiere ser él, el más inocente de toda la tragedia familiar, un motivo que aumente el dolor de la casa.

El hijo pierde confianza, seguridad, esperanza, porque ese huracán, que no se llama Andrew sino "Egoísmo", lo está dejando sin piso, sin paredes, sin techo, sin hogar. Todo pierde su sentido cuando ese egoísmo deja fuera de los corazones lo único que realmente puede unir una familia: el amor.

Hoy día muchas parejas se dejan arrastrar por el huracán del egoísmo. Se han olvidado del compromiso que juraron ante Dios el día de su matrimonio. Prometieron entonces vivir unidos por amor también entre las penas y las alegrías, las carencias o la abundancia, la enfermedad o la salud, hasta que la muerte los separase. Habían establecido un compromiso ante Nuestro Creador a través del cónyuge que Dios les había regalado.

Ahora rompen, por culpa del egoísmo de uno de ellos, o de los dos, ese vínculo sagrado del sacramento matrimonial. "Lo que Dios unió no lo separa el hombre".

Esto ocurre porque nos olvidamos que el vínculo matrimonial nos compromete a ser testigos del Amor de Dios y testimonios vivos de que Él permanece entre nosotros hasta el fin de los siglos. Un vínculo que les había comprometido a cultivar y acrecentar el amor.

Envió: Luce Bustillo Schott


MICRO-REFLEXIÓN:

"Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte feliz."

Envió: Luce Bustillo Schott

EVANGELIO DEL DÍA

24 de Septiembre. JUEVES

Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

«El tetrarca Herodes oyó todo lo que ocurría y dudaba, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías había aparecido; otros, que algún profeta de los antiguos había resucitado. Y dijo Herodes: «A Juan lo he decapitado yo, ¿quien, pues, es éste del que oigo talescosas?». Y deseaba verlo.» (Lucas 9, 7-9)


I. Jesús, Herodes desea verte. Pero ¿para qué? También escuchaba «de buen gusto» (Marcos 6,20) a Juan el Bautista, pero de nada le sirvieron sus enseñanzas y acabó por decapitarlo. El problema de Herodes es que no estaba dispuesto a cambiar de vida, a tomarse en serio tus enseñanzas. Por eso le llamas «zorro» (Lucas13, 32), y cuando te llevan ante él, antes de la crucifixión, respondes con el silencio a sus preguntas y torcidos intereses (Lucas 23,9).

Jesús, también hoy hay muchos como Herodes, tal vez a mi alrededor, que por más que escuchen tu doctrina no están dispuestos a cambiar de vida para ponerla en práctica. Tal vez yo también tengo un poco de Herodes, porque soy calculador, y sólo te dejo que intervengas en parte de mi vida, de mis planes o de mi tiempo. Por eso, no me puedo extrañar que luego, cuando te necesito, me encuentre con tu silencio, o mejor, con mi sordera, que no me deja oír tus silbidos de buen pastor.

Jesús, yo deseo verte, visitarte, hablar contigo y escucharte. Por eso, precisamente, trato de hacer este rato de oración cada día y recibirte siempre que puedo en la Comunión. Pero ¿estoy dispuesto a convertirme: a cambiar lo que no va en mi vida interior, en mi estado o trabajo profesional, en mi actitud de servicio, en mi sinceridad en la dirección espiritual, en mi espíritu de mortificación, en mi lucha por vivir la pureza, en mi humildad?

«El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo «ven» así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a Él» (Juan Pablo II, Encíclica Dives in misericordia, n. 13.»


II
. «¡Dichosas aquellas almas bienaventuradas que, cuando oyen hablar de Jesús -y Él nos habla constantemente-, le reconocen al punto como el Camino, la Verdad y la Vida! Bien te consta que, cuando no participamos de esa dicha, es porque nos ha faltado la determinación de seguirle» (Surco, 678)

Jesús, el primer paso para enamorarme de Ti es desear conocerte. Si no te conozco, si no me meto en el Evangelio para encontrarme contigo como te encontraron Pedro y Juan, Lázaro y María, ¿cómo te voy a amar? Pero este deseo, sólo, no es suficiente. También Herodes «deseaba verte»... El segundo paso es reconocerte como el «Camino, la Verdad y la Vida.» Pues mucha gente, hoy como ayer, oye hablar de Ti, Jesús. Pero incluso entre aquellos que te seguían más de cerca, no todos acabaron por reconocerte como el Mesías, el Hijo de Dios.

Jesús, aumenta mi fe en Ti para que nunca dude de tu divinidad y tampoco de tu humanidad. Sin embargo, el paso decisivo que me conduce al verdadero amor a Ti, Jesús, es el amarte con obras: «la determinación de seguirte», de cambiar de vida si hace falta, de mejorar -con esfuerzo, con sacrificio-, porque Tú has muerto por mí y mereces que yo luche por ser santo, por corresponder a tu Amor. No puedo esperar a amarte más para entregarme más, puesto que sólo cuando me entregue de verdad, crecerá un auténtico amor a Ti; un Amor que vale más que todos los esfuerzos y sacrificios.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

TU OPORTUNIDAD

Un hombre recibió una noche la visita de un ángel, quien le comunico que le esperaba un futuro fabuloso: se le daría la oportunidad de hacerse rico, de lograr una posición importante y respetada dentro de la comunidad y de casarse con una mujer muy hermosa.

Ese hombre se paso la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero nunca lo hicieron, así que al final murió solo y pobre.

Cuando llego a las puertas del cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protesto: "Me prometiste riqueza una buena posición social y una bella esposa. Me he pasado la vida esperando en vano!".

-Yo no te hice esa promesa, replico el ángel, "Te prometí la oportunidad de riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa".

El hombre estaba realmente intrigado. "No entiendo lo que quieres decir", confeso.

-"Recuerdas que una vez tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en practica?" El hombre asintió con un gesto. "Al no decidirte unos años mas tarde se le dio la idea a otro hombre que no permitió que el miedo al fracaso le impidiera ponerla en practica. Recordaras que se convirtió en uno de los hombres más ricos del reino".

-"También recordaras", prosiguió el ángel "aquella ocasión en que un terremoto asolo la ciudad derrumbo muchos edificios y miles de personas quedaron atrapadas en ellos.

En aquella ocasión tuviste la oportunidad de ayudar a encontrar y rescatar a los supervivientes, pero no quisiste dejar tu hogar sólo por miedo a que los muchos saqueadores que había te robasen tus pertenencias: así que ignoraste la petición de ayuda y te quedaste en casa". El hombre asintió con vergüenza. "Esa fue tu gran oportunidad de salvarle la vida a cientos de personas, con lo que hubieras ganado el respeto de todos ellos", continuo el ángel.

-"Por ultimo, recuerdas aquella hermosa mujer pelirroja, que te había atraído tanto? La creías incomparable a cualquier otra y nunca conociste a nadie igual. Sin embargo, pensaste que tal mujer no se casaría con alguien como tú y para evitar el fracaso, nunca llegaste a proponérselo". El hombre volvió a asentir, pero ahora las lágrimas rodaban por sus mejillas. "Si amigo mío, ella podría haber sido tu esposa", dijo el ángel. "Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener hermosos hijos y multiplicar la felicidad en tu vida".

A todos se nos ofrece a diario muchas oportunidades, pero muy a menudo, como el hombre de la historia, las dejamos pasar por nuestros temores e inseguridades. Pero tenemos una ventaja sobre el hombre de la historia. Aun estamos vivos.

Envió: Juan Manuel González Valadez


MICRO-REFLEXIÓN:

"La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración." - Juan Pablo II

Envió: Luz Ma. Tinajero, México

EVANGELIO DEL DÍA

23 de Septiembre. MIÉRCOLES

Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

«Habiendo convocado a los doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades. Los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos. Y les dijo: «No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas. En cualquier casa que entréis, quedaos allí hasta que de allí os vayáis. Y si nadie os recibe, al salir de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo luego, iban por las aldeas evangelizando y curando por todas partes.» (Lucas 9, 1-6)


I. Jesús, hoy envías por primera vez a los Apóstoles a «predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos». ¿Qué pensarían aquellos hombres -pescadores en su mayoría- al recibir esta misión? Podrían haberse excusado diciendo: ¿quién soy yo para predicar a nadie? No tengo la formación suficiente, ni provengo de una familia influyente, ni tengo un trabajo de alto nivel... Pero no: «Saliendo luego, iban por aldeas evangelizando y curando por todas partes».

Jesús, me quieres recordar que para hacer apostolado no se requieren especiales habilidades sociales, ni siquiera grandes recursos materiales. «No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforjas, ni pan, ni dinero». Aunque es importante formarse lo mejor posible para poder luego dar esa formación a los demás, y aunque normalmente los recursos materiales son necesarios en toda obra de apostolado, lo que realmente cuenta al final es mi unión contigo, mi santidad.

Jesús, lo importante en el apostolado es que los demás vean en mí un ejemplo lo más parecido posible a Ti. Se trata de que a través de mi vida -mi trabajo, mis relaciones familiares y sociales- los demás puedan conocerte a Ti, como si fueras Tú mismo quien está en medio de ellos, y puedan amarte. Por eso ser cristiano significa imitarte a Ti, identificarse contigo: ser otro Cristo.


II.«Se vive de modo tan precipitado, que la caridad cristiana ha pasado a constituir un fenómeno raro, en este mundo nuestro; aunque al menos de nombre- se predica a Cristo... Te lo concedo. Pero ¿qué haces tú que, como católico, has de identificarte con Él y seguir sus huellas?: porque nos ha indicado que hemos de ir a enseñar su doctrina a todas las gentes, ¡a todas!? y en todos los tiempos» (Surco, 728).

Jesús, si quiero «seguir tus huellas» he de tomarme en serio el apostolado, pues Tú me has indicado que hemos de ir a enseñar tu doctrina a todas las gentes. Pero si quiero tomarme en serio el apostolado lo primero que debo hacer es «seguir tus huellas», identificarme contigo, ser más santo. Santidad y apostolado son, por tanto, las dos caras de una misma moneda: se refuerzan una a otra y no pueden existir por separado. «Habiendo convocado a los doce, les dio poder y autoridad».

Jesús, aunque intento formarme bien y usar los medios materiales a mi alcance, lo que me da seguridad en el apostolado es esa ayuda que me das para hablar con mis amigos con palabras acertadas, que les remuevan, que les hagan pensar, que les animen a tomarse en serio su vida cristiana. Para ello, necesito estar atento en mi oración personal cuando hablo contigo de mis amigos. «Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de lo que la haya llenado».(San Agustín).

Además, en la oración he de pedirte gracias necesarias para que realmente el amigo al que voy a hablar se decida a cambiar o a seguir luchando. Por eso, el apostolado se fundamenta en la oración. Tanta eficacia tendrá mi apostolado como constancia y profundidad tenga mi oración. De ahí que el verdadero apostolado empiece por la oración y la mortificación, que es la oración de los sentidos.

Jesús, Tú quieres que sea apóstol tuyo en las circunstancias concretas en las que me encuentro. Ayúdame a ser alma de oración, ayúdame a parecerme más a Ti. Sólo así podré yo ayudarte «a predicar el Reino de Dios».


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

¡TENGO SED!

El hombre de hoy quiere combatir el mal en el mundo, pero se queda en sus consecuencias últimas, sin ir a las raíces.

Las estructuras del pecado son la expresión y el efecto de los pecados personales, que a su vez inducen a otros a cometer el mal. El ejemplo más claro se puede ver es el mal de la corrupción, que devasta profundamente muchos países y que mina la base de todo progreso social. Tenemos necesidad de la reconciliación. Los creyentes hoy no sienten la necesidad de reconciliarse con Dios esto se debe a la crisis de la «conciencia del pecado».

Si el pecado nos separa y aleja de Dios y a los unos de los otros, entonces tenemos que reconciliarnos antes con Dios y con los demás para poder acudir después a la mesa del Señor. En lo escondido del sacramento de la reconciliación, la confesión puede ser el paso decisivo para la curación. Pues este sacramento no sólo quiere sacar a relucir errores y pecados, sino que quiere curar y transformar.

Con demasiada frecuencia quizás, nos olvidamos de que la comunión exige una preparación. Si no acudimos al perdón de Dios «corremos el riesgo de acostumbrarnos a los pecados, de dejar de percibirlos, hasta el punto de que se endurece nuestro corazón y el amor se enfría».

Por esto, la Madre Teresa de Calcuta mandó escribir en todos los países, en sus comunidades, junto a la cruz, las palabras de Jesús: «¡Tengo sed!». El Señor tiene sed de nuestro amor, de nuestro corazón.

Envió: Rebeca de Medina


MICRO-REFLEXIÓN:

"Aprovecha los acontecimientos, buenos o malos, para reflexionar: ¿Qué querrá mi Dios que haga?. Jesús ayúdame a descubrir Tu Voluntad".

Envió: Gabriela Santander

EVANGELIO DEL DÍA

22 de Septiembre. MARTES

Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

«Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a él a causa de la muchedumbre.Y le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». Él, respondiendo, les dijo: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen». (Lucas 8,19-21)


I. Jesús, Tú eres el mismo Dios que mandas honrar a los padres; y el mismo hombre que «estaba sujeto» a José y a María (Lucas 2,51), que obedece a María en Caná de Galilea, y que se preocupa de que esté bien atendida -por el apóstol amado- a la hora de tu muerte en la cruz. Pero, a la vez, quieres recordarme hoy -al igual que cuando te quedaste en el templo durante tres días para hacer la voluntad de tu Padre (Lucas 2,49)- que los lazos sobrenaturales de la gracia, son aún más importantes que los lazos de la sangre.

Jesús, no quieres que nadie me gane en amor a mi familia. Padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, hijos, nietos, ... Pero aún quieres menos que ponga el amor a mi familia por encima del amor a Ti. Porque, en ese caso, estaría poniendo el primer mandamiento, que es el «mayor mandamiento» (Mateo 23, 38), por debajo del cuarto. Y eso es un desorden que, tarde o temprano, acabaría sufriendo también mi familia.

«Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par que el hijo crece hacia la madurez y autonomía humanas y espirituales la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza.Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús: «El que ama a su padreo a su madre más que a mí, no es digno de mí» (CEC-2232).

Jesús, Tú sabes bien que el mejor modo de amar a mi familia es amándote a Ti; y que las familias más felices son aquellas que «oyen la palabra de Dios y la cumplen». Por eso, aunque tu respuesta parece un reproche hacia tu madre y tus familiares, en realidad es una alabanza, especialmente a la Virgen, que ha sido la criatura más fiel a tu palabra y a la misión que recibió de Dios.


II. «Familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo... Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y alegría, de la paz de la alegría que Jesús nos ha traído» (Es Cristo que pasa.-30).

Jesús, hoy más que nunca llamas a las familias cristianas para extender tu mensaje de salvación entre los hombres. Quieres que sean -como lo fueron las de los primeros cristianos pequeñas comunidades cristianas, lugares en los que se viva y se aprenda a vivir el amor a Ti y a los demás; verdaderas escuelas del valor del trabajo y del servicio, del sentido del sufrimiento y del sacrificio; de la sinceridad, la piedad y el cumplimiento del deber.

Jesús, quieres que yo contribuya a que en mi casa, en mi hogar, reine ese espíritu nuevo, que siempre será nuevo y joven porque se tiene que encarnar en cada generación. Y, para ello, lo primero que debo cuidar es mi propia vida interior: oír con atención tu palabra y cumplir con fidelidad tus mandatos. De esta manera sabré ser sembrador de paz y alegría, porque enfocaré los problemas y sucesos cotidianos con visión sobrenatural, con caridad, con paciencia, con espíritu de servicio.

Jesús, te pido por mi familia: ayúdanos a ser siempre -a pesar de los contratiempos ordinarios o extraordinarios- una familia luminosa y alegre, que forme como un centro de irradiación del mensaje evangélico en la sociedad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

UN PARTIDO DE BEIS

En Brooklyn, Nueva York, está una escuela para niños que tienen lento aprendizaje. Algunos niños pasan ahí el resto de su vida escolar, mientras otros pueden ser enviados a otras escuelas convencionales. En una cena que tuvieron personal de la escuela, estaba el padre de uno de estos niños preparando un discurso para que nunca lo pudieran olvidar todos los que lo escucharan. Después de la cena todo el staff puso atención en lo que el padre iba a deliberar y dijo "Donde esta la perfección en mi hijo Shaya ??

Todo lo que Dios hace esta hecho a la perfección. Pero mi niño no puede entender cosas que otros niños entienden. Mi niño no puede recordar hechos y figuras que otros niños recuerdan. Donde esta la perfección de Dios ??

La audiencia quedo sorprendida ante esta pregunta viendo la cara angustiada del padre y murmurando entre ellos, "Yo creo" contesto el padre. "Que cuando Dios brinda un niño así al mundo, la perfección de Él, es la forma de reaccionar de la gente ante estos niños". Él después contó la siguiente historia acerca de su hijo Shaya:

Una tarde Shaya y su padre caminaban en el parque donde algunos niños estaban jugando béisbol. "Crees que ellos me dejaran jugar ??" El padre de Shaya sabia que su hijo no era para nada un atleta y que los niños no lo querrían a el en su equipo. Pero el papá de Shaya entendió que había escogido jugar béisbol porque le daba a el una confortable idea de pertenecer a un grupo de niños "normales".

El padre de Shaya llamo a uno de los niños en el campo y pregunto si Shaya podía jugar. El chico miro a sus compañeros de equipo. Obteniendo ninguna respuesta de ellos, él tomo la resolución con sus propias manos y dijo "Nosotros estamos perdiendo por 6 carreras y el juego esta en la octava carrera. Yo creo que él puede estar en nuestro equipo y nosotros trataremos de colocarlo a él en el bat en la novena carrera.

El padre de Shaya estaba atónito ante la respuesta del niño y Shaya sonrió satisfactoriamente. Shaya estaba diciendo que lo pusieran en una base y así dejaría de jugar en corto tiempo justo al final de la octava carrera pero los niños hicieron caso omiso a lo que Shaya decía, el juego se estaba poniendo bueno, el equipo de Shaya anoto de nuevo y ahora estaba con dos outs y las bases llenas con el mejor jugador de todos corriendo a base, y Shaya estaba preparado para empezar.

Dejaría el equipo realmente que Shaya fuera al bat y dejar ir la oportunidad de ganar el juego ?? Sorpresivamente, Shaya estaba tomando el bat. Todos pensaron que todo había terminado, porque Shaya no sabia ni siquiera como tomar el bat apropiadamente. De cualquier forma, cuando Shaya estaba parado en el plato, el pitcher se movió algunos pasos para lanzar la pelota suavemente para que Shaya pudiera al menos hacer contacto con ella.

La primera bola venia y Shaya fallo. Uno de sus compañeros de equipo se acerco a Shaya y juntos tomaron el bat y encararon al pitcher esperando por la siguiente bola. El pitcher volvió a dar unos pasos para lanzar suavemente la pelota a Shaya. Cuando el pitcher venia, Shaya y su compañero tomaron el bar y juntos, ellos dieron un golpe lento a la pelota que regreso inmediatamente a manos del pitcher. El pitcher tomo la pelota y pudiendo fácilmente lanzar la pelota a primera base, ponchando a Shaya para que terminara rápidamente de jugar quedando fuera.

Instantáneamente el pitcher tomo la pelota y lanzo la pelota lo mas lejos que pudo de primera base. Todos empezaron a gritar " !! Shaya corre a primera, Corre a primera !! " Nunca en su vida Shaya había corrido a primera base. El vio toda la línea de juego donde le indicaban cual era la primera base. Al tiempo el corrió a primera base, el oponente tenia la bola en sus manos.

Él podía lanzar la bola a la persona de la segunda base y dejar fuera a Shaya que estaba todavía corriendo, pero el oponente entendió las intenciones del pitcher y lanzo la bola lo mas alto y lejos de la segunda base. Todos gritaron " !! Corre a segunda, corre a segunda !! " Shaya corrió a segunda base y los demás corredores junto con el corrían y le daban ánimos para que el continuara su carrera a segunda.

Cuando Shaya toco la segunda base, el opositor paro de correr hacia él, le mostró la dirección de la tercera base y grito " !! Corre a tercera !! " Conforme corría a tercera, los niños de los dos equipos ya estaban corriendo junto a el gritando todos a una sola voz "Shaya corre a cuarta !! " Shaya corrió a cuarta y paro justo en al plato de "home" donde todos los 18 niños lo alzaron en sus hombros y lo hicieron sentir un héroe, mientras el sabia que había hecho "una gran carrera" y gano el juego por su equipo.

Aquel día , - dijo el padre de Shaya suavemente con lágrimas rodando por sus mejillas - "Aquellos 18 niños mostraron con un gran nivel la perfección de Dios".

Envió: Letty Ontiveros


MICRO-REFLEXIÓN:

"Existen cuatro clases de personas.. La que no sabe y no sabe que no sabe: a esa evítala. La que no sabe y sabe que no sabe: esa es simple , enséñale. La que sabe y no sabe que ella sabe: está dormida , despiértala. La que sabe y sabe que ella sabe: es sabia - síguela."

Envió: Alejandrina Jiménez

EVANGELIO DEL DÍA

21 de Septiembre. LUNES

Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

«Nadie que ha encendido una lámpara, la oculta con una vasija o la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre un candelero para que los que entran vean la luz. Porque nado hay oculto que no haya de manifestarse y hacerse público. Mirad, pues, cómo oís: porque al que tiene se la dará, y a todo aquel que no tiene, incluso lo que piensa tener se le quitará». (Lucas 8, 16-18)


I. Jesús, con el Bautismo, has encendido una luz en mi alma. La luz de la gracia. La gracia es esa vida divina -Tú mismo- que habita en mí si yo no te expulso por el pecado mortal. Pero no me has dado la gracia para mí solo, igual que la luz no se enciende sólo para alumbrar la lámpara, sino «para que los que entren vean la luz».

Jesús, quieres que la vida sobrenatural que has puesto en mi alma, esa gracia que recibo especialmente en los sacramentos, no quede infecunda, sino que brille ante los demás. ¿Cómo? A través de mi ejemplo: de mi trabajo bien hecho; de mi amor a los demás, con detalles de servicio que hago sin que se noten; de mi fortaleza para saber decir que no a lo que es una vida fácil, materialista o hedonista. «Al que tiene se le dará; y a todo aquel que no tiene, incluso lo que piensa tener se le quitará».

Jesús, sigues hablando de esa luz, de la gracia. Al final, en la vida eterna, obtendremos aquello que tengamos capacidad de recibir. Si te he aprendido a amar, si tengo luz, recibiré Tu amor que me llenará por completo de felicidad. Si no soy capaz de amarte más que a mí mismo, aun las pocas cosas que me daban un poco de placer y consuelo en esta tierra me serán quitadas.

Además, el no ser capaz de amar a Dios por toda la eternidad será el peor de los castigos. «Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: «Quien no ama permanece en la muerte: Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él». Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos» (CEC-1033).


II. «Te aseguro que, sí los hijos de Dios queremos, contribuiremos poderosamente o iluminar el trabajo y la vida de los hombres, con el resplandor divino -¡eterno!- que el Señor ha querido depositar en nuestras almos. -Pero «quien dice que mora en Jesús, debe seguir el camino que ÉI siguió», como enseña San Juan: camino que conduce siempre o la gloria, pasando -siempre también- a través del sacrificio» (Forja, 1018)

Jesús, Tú eres «la luz de los hombres». (Juan 1,4). Pero quieres contar conmigo para iluminar el trabajo y la vida de los hombres, con un resplandor divino -¡eterno!- que has depositado en mi alma: la gracia de Dios. Para que mi luz personal esté encendida y pueda iluminar a los demás, he de cuidar mi vida interior, mi vida cristiana. Y la vida cristiana requiere sacrificio.

Jesús, a veces siento todo tipo de vientos -tentaciones, hábitos, amigos que me tiran hacia abajo, ambientes que quieren apagar esa luz. Ayúdame a defenderla por encima de todo, pues es lo más importante que tengo. Y si alguna vez se apaga, sé que Tú me la vuelves a encender a través de la Confesión.

Jesús, ser cristiano significa precisamente participar de esa luz que eres Tú, viviendo esa vida sobrenatural que recibo por la gracia. Necesito tu gracia para imitarte y recorrer el camino que Tú seguiste: camino que conduce siempre o lo gloria, pasando -siempre también- a través del sacrificio. Ayúdame a vivir siempre en gracia. Ayúdame a cuidar esa luz en mi alma, ese fuego divino de tu amor. Ayúdame a iluminar con tu luz a otros, para que descubran también la verdad que les oculta el mundo materialista y hedonista en el que viven. «Porque nada hay oculto que no haya de manifestarse y hacerse público.»


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

¿NO ES LO QUE TENGO?

Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un botecito con un solo pescador.

Dentro del bote habían varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos.

El pescador respondió que sólo un poco tiempo.

El americano luego le preguntó porqué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado? El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano luego preguntó, "pero qué hace usted con el resto de su tiempo?

El pescador dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, caigo todas las noches al pueblo donde toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida "full chévere" y ?ocupada?.

El americano replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte.

Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este "amolado" pueblo e irte a la capital, donde manejarías tu empresa en expansión".

El pescador preguntó, "Pero, cuanto tiempo tarda todo eso?" A lo cual respondió el americano, "entre 15 y 20 años". "Y luego qué?"

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.

"Millones ..y luego qué?"

"Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos".

El pescador respondió: "¿Acaso eso no es lo que tengo ya?"

Envió: Marian Macias


MICRO-REFLEXIÓN:

"La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos".

Envió: Marian Macias

EVANGELIO DEL DÍA

18 de Septiembre. VIERNES

Vigésima Cuarta del Tiempo Ordinario

«Sucedió, después, que él recorría ciudades y aldeas predicando y anunciando la buena nueva del Reino de Dios; le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; y Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que le asistían con sus bienes.» (Lucas 8, 1-3)


I. Jesús, en tus recorridos por toda Judea y Galilea no caminas solo. Contigo viajan los apóstoles y otros discípulos, entre los que el Evangelio de hoy destaca algunas mujeres que habías curado «y otras muchas que le asistían con sus bienes». Hombres y mujeres a tu servicio, siguiéndote de cerca, entregándote sus bienes y sus vidas para colaborar en el anuncio de «la buena nueva del Reino de Dios.»

Jesús, en este grupo de discípulos veo una imagen de lo que es la Iglesia: mujeres y hombres que te siguen de cerca, que te acompañan en tu misión salvífica, y que te sirven con sus bienes. Por ser cristiano, yo también estoy llamado a acompañarte y a servirte. Y esto lo puedo hacer en cualquier circunstancia y condición: estudiando o trabajando, siendo soltero o casado, gozando de salud o padeciendo enfermedad.

Jesús, ¡qué les debías contar a esos discípulos tuyos -hombres y mujeres- en los momentos de calma e intimidad! Además de charlas y tertulias agradables y entretenidas, les hablarías a solas para encenderlos de vibración apostólica, para darles confianza, para explicarles lo que no entendieran y para exigirles una mayor correspondencia. Igualmente haces conmigo en estos ratos de oración: me hablas a solas, me enciendes, me explicas lo que no entiendo y me exiges.


II.«Fíjate bien: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro. Les llama a una vida cristiana, a una vida de santidad, a una vida de elección, a una vida eterna» (Surco, 13).

Jesús, en cada tiempo histórico quieres tener a tu lado hombres y mujeres fieles en los que te puedas apoyar para difundir tu mensaje. Como a los apóstoles y a las santas mujeres que te acompañaban, hoy también llamas a cada uno para que te siga, para que viva una vida cristiana, una vida de santidad, una vida de elección.

Jesús, no quiero rechazar tu llamada, no quiero dejarte solo. Quiero acompañarte, ayudarte, servirte con lo que tengo -con mis bienes- y con lo que soy. El modo de acompañarte, Jesús, no es único. Lo importante es tenerte presente durante todo el día, hacer todas las cosas por Ti. En mi trabajo, en mi estudio; en mis relaciones profesionales, familiares y sociales; en mis ratos de diversión y descanso, he de intentar hacerlo todo lo mejor posible, para podértelo ofrecer, como Abel, que te ofrecía lo mejor que tenía, y como las santas mujeres que te ofrecían sus bienes.

Jesús, la vida de santidad a la que me llamas consiste en tratar de hacer siempre tu voluntad. Para ello necesito estar cerca de Ti, acompañarte en el sagrario, recibirte en la comunión. Por eso, la oración y la comunión son medios insustituibles para vivir una vida cristiana. Y luego, durante el día, debo ingeniármelas para acordarme frecuentemente de que Tú estás a mi lado, y yo al tuyo: teniendo una imagen de la Virgen en mi mesa de trabajo, en mi cuarto, en mi cartera...; ofreciéndote cada hora lo que voy a hacer en ese rato; repitiendo de vez en cuando alguna jaculatoria o pidiéndote por alguna intención.

Jesús, aunque por ser Dios no tienes necesidad de nada, Tú quieres que te siga y te sirva para darme mucho más de lo que yo pueda entregarte. «El concede su benevolencia a los que le sirven por el hecho de servirle, y a los que le siguen por el hecho de seguirle, pero no recibe de ellos beneficio alguno porque es perfecto y no tiene ninguna necesidad. Si Dios solicita el servicio de los hombres es para poder, siendo bueno y misericordioso, otorgar sus beneficios a aquellos que perseveran en su servicio» (San Ireneo).

Jesús, a mí también me has curado de muchas enfermedades y me has librado de muchos peligros. Que me decida de una vez a seguirte para anunciar «la buena nueva del Reino de Dios», para ser apóstol en el mundo que me ha tocado vivir. Sé que al darte lo que tengo -mi tiempo, mis ilusiones- no estoy haciendo un sacrificio sobrehumano: estoy dándote lo que te corresponde porque es tuyo. Además, Tú premias mi generosidad con el ciento por uno en la tierra y con la vida eterna en el cielo.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

NIDOS

¡No me lo vas a creer... pero el tiempo, sin sentirlo, se escapa de nuestras manos, como esos puños de arena, que de la orilla del mar levantamos!. No se los años que tienes, ni conozco tus costumbres, pero si eres Padre o Madre y tus hijos todavía habitan el mismo nido...

Aprovecha la ocasión y cumpliendo esos deberes de enseñar y corregir, procura muy a menudo darle un abrazo de amor a tu hijo o a tu hija, sin que haya una razón decirle ¡Cómo te quiero!.

Pues te lo debo advertir; de pronto... ellos volarán del nido, mas si en el nido aprendieron de verdad lo que es el AMOR, lo mismo harán en el suyo, y harán algo más hermoso, constantemente vendrán al nido en el que ellos vivieron , por un poquito de AMOR.

Envió: Letty Ontiveros


MICRO-REFLEXIÓN:

"El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad".

Envió: Letty Ontiveros

EVANGELIO DEL DÍA

17 de Septiembre. JUEVES

Vigésima Cuarta del Tiempo Ordinario

«Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se sentó a la mesa. Y he aquí que había en la ciudad una mujer pecadora que, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, se puso detrás a sus pies llorando y comenzó a bañarlos con sus lágrimas, los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume.

Viendo esto el fariseo que lo había invitado, decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora». Jesús tomó la palabra y dijo: «Simón, tengo que decirte una cosa». Y él contestó: «Maestro, di». «Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo éstos con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más?».

Simón contestó: «Estimo que aquel a quien perdonó más». Entonces Jesús le dijo: «Has juzgado con rectitud». Y vuelto hacia la mujer; dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el beso; pera ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se perdona menos ama» .

Entonces le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Y los convidados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz». (Lucas 7,36-50)


I. Jesús, perdonas los pecados de esa mujer pecadora porque ha demostrado su amor y su dolor con hechos concretos. Además, no tiene vergüenza para manifestar públicamente su conversión, como público era también su pecado. Tú conocías su arrepentimiento antes de que viniera a la casa de Simón, pero esperas a que lo manifieste en tu presencia antes de perdonarla.

Jesús, algunos piensan que se pueden confesar «directamente» contigo, sin necesidad de manifestar su arrepentimiento en la confesión. Pero Tú, que eres el que perdonas, tienes el derecho de establecer el procedimiento para perdonar. Y para ello has instituido el Sacramento de la Penitencia. Además, como cristianos, al pecar ofendemos también a la Iglesia, y es justo que sea uno de sus ministros el que, en tu nombre, tenga la capacidad de borrar ambas culpas.

«Al hacer partícipes a los Apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa particularmente en las palabras solemnes de Cristo a Simón Pedro: A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que atares en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (CEC-1444).


II.«No te preocupen esas contradicciones, esas habladurías: ciertamente trabajamos en una labor divina, pero somos hombres... Y resulta lógico que, al andar; levantemos el polvo del camino. Eso que te molesta, que te hiere..., aprovéchalo para tu purificación y, si es preciso, para rectificar» (Surco, 908).

Jesús, Simón no es sincero contigo: está juzgando torcidamente en su interior, mientras por fuera te ofrece amablemente un banquete. Es la actitud propia del soberbio que se cree por encima, en posesión de la verdad. «No juzguéis y no seréis juzgados» (Lucas 6,37), me recuerdas. Si veo alguna falta, en vez de murmurar, lo que debo hacer es comentársela a esa persona con intención de ayudar, como Tú hiciste con Simón: le comentaste todas sus faltas de delicadeza sin amargura, sin enfado, con amabilidad.

Jesús, no me puede extrañar que, si me decido a vivir en serio mi vida cristiana, alguna gente a mi alrededor pensará -y hablará- mal de mí. Sencillamente, no todos entienden el camino de santidad en medio del mundo: una lucha personal, interior, sin hacer cosas raras. Que no me preocupe si no entienden. Esas contradicciones me sirven para mi purificación y, si es preciso, para rectificar.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

miércoles, 16 de septiembre de 2009

VALORES

LOS COFRES

Hace muchísimos años, vivía en la India un sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida y que por eso se consideraba el hombre más feliz del mundo. Muchos reyes envidiosos, le ofrecían poder y dinero y hasta intentaron robarlo para obtener el cofre, pero todo era en vano, mientras más lo intentaban más infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir, así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz.

Un día llegó ante él un niño y le dijo: "Señor, al igual que tu, también quiero ser inmensamente feliz. ¿"Por qué no me enseñas que debo hacer para conseguirlo?" El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo:

"A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención, en realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida".

El primer paso:

Es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes.

El segundo paso:

Es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer, este paso se llama autoestima alta.

El tercer paso:

Es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas, este paso se llama motivación.

El cuarto paso:

Es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas.

El quinto paso:

Es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te dejará ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, y tú perdona y olvida.

El sexto paso:

Es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitaran algo de más valor.

El séptimo paso:

Es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.

Y por último:

"Levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices..."

Envió: Mauricio González Paul de la Torre


MICRO-REFLEXIÓN:

"Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible". - Mahatma Gandhi

Envió: Mauricio González Paul de la Torre

EVANGELIO DEL DÍA

16 de Septiembre. MIÉRCOLES

Vigésima Cuarta del Tiempo Ordinario

«Así pues, ¿a quién diré que son semejantes los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Son semejantes a los niños sentados en la plaza y que se gritan unos a otros aquello que dice: "Hemos sonado la flauta y no habéis danzado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado".

Porque llegó Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: "Tiene demonio". Llegó el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: "He aquí un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores". Y la sabiduría ha sido justificada por todos sus hijos». (Lucas 7, 31-35)


I. Jesús, te lamentas ante la incredulidad de los judíos, después de tantos signos que habías realizado para convertirlos. Has satisfecho sus necesidades más materiales -pan, salud- y no te lo han agradecido: «hemos sonado la flauta y no habéis cantado». Vas a morir por ellos, y no se mueven a compasión: «hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado». Has compartido mis alegrías y mis penas para que responda, para que -agradecido por lo mucho que me amas- me esfuerce yo también en amarte.

Jesús, a veces algunos se quejan de que Dios se esconde. Si a Dios le preocupamos tanto -dicen- que lo demuestre... Pero ¿qué más puedes hacer? Te has hecho hombre para redimimos del pecado y hacemos hijos de Dios. Lo que ocurre es que somos como niños pequeños, que no se dan cuenta del amor que les tienen sus padres y se quejan ante cualquier capricho que -por su bien- sus padres no les conceden.

Jesús, me has enseñado con tu vida que no puedo discriminar a nadie, que mi amor de hijo de Dios es universal. Tú eras amigo de todos: «de publicanos y pecadores». Por eso no es cristiano despreciar a nadie en particular, ni tampoco a grupos de personas en general: los de un país, los de una raza, los de un equipo de fútbol, los de un partido político. Cada persona en cada uno de estos grupos puede ser mejor o peor, pero no me toca a mi juzgarlas, y menos aún generalizar.

«La igualdad entre los hombres se deriva esencialmente de su dignidad personal y de los derechos que dimanan de ella» (CEC-1935). Aunque es natural que se formen distintos grupos entre personas de una sociedad, ya sea por la raza, por la cultura, por la profesión o por las preferencias, debo recordar siempre que, por debajo de estas diferencias superficiales, existe una unidad fundamental: todos somos hijos de un mismo Padre y, por tanto, hermanos.


II. «El día que te levantes de la mesa sin haber hecho una pequeña mortificación has comido como un pagano» (Camino, 681)

Jesús, la gente te ve comer y beber con normalidad, sin hacer cosas raras. Por eso te llegan a tachar de «comilón y bebedor». Sin embargo, no te dejarías llevar por el instinto del gusto, sino que te alimentarías con moderación, con el señorío del que domina sus propios apetitos. Yo también debo aprender a comer y beber así: sin rarezas, pero con moderación.

Jesús, si quiero imitarte he de vivir siempre con naturalidad, sin hacer cosas llamativas o raras. Tú te comportaste como uno más: en tu infancia y juventud, trabajando en el taller de José; incluso en tus años de vida pública, conviviendo con todos, comiendo, bebiendo, descansando, etc.

Sin embargo, en medio de esa naturalidad, quieres que sea un alma penitente: que sepa tomar la cruz cada día ofreciéndote pequeños sacrificios. De este modo, me uno más a Ti en la cruz, y te pido perdón por mis pecados y los de los demás. Una buena ocasión para ofrecerte pequeños sacrificios sin que se enteren los demás -con naturalidad- es la comida.

Jesús, te tacharon «comilón y bebedor», mientras que Tú vivías con perfección la virtud de la sobriedad. Está claro que no se trata de hacer cosas espectaculares. Para vivir esta virtud en las comidas con naturalidad, basta con que coma un poco más de lo que me gusta menos o un poco menos de lo que me gusta más. De esta manera, en cada comida estoy haciendo una pequeña mortificación que me une más a Ti, enrecia mi voluntad y me da el señorío sobre mis apetitos que es propio de los hijos de Dios.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

EL HELECHO Y EL BAMBÚ

Un día decidí darme por vencido...renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad... quería renunciar a mi vida.

Fui al bosque para tener una última charla con Dios.

"Dios", le dije. "¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?" Su respuesta me sorprendió...

"Mira a tu alrededor", Él dijo.

"Ves el helecho y el bambú?"

"Sí", respondí.

"Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú. En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú." - Dijo Él. "En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié." Me dijo.

"En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. "No renuncié" dijo.

"Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir. No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar"

Él me dijo. "¿Sabías, mi niño, que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?"

"No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros" Me dijo.

"El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso".

"Tu tiempo vendrá" Dios me dijo. "¡Crecerás muy alto!" "¿Qué tan alto debo crecer?" Pregunté.

"¿Qué tan alto crecerá el bambú?" Me preguntó en respuesta .

"¿Tan alto como pueda?" Indagué.

"Sí". El dijo. "Dame Gloria al crecer tan alto como puedas".

Dejé el bosque exaltado, trayendo esta historia para compartirla con ustedes.

Espero que estas palabras puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti. Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida.

Envió: María José Otero


MICRO-REFLEXIÓN:

"La felicidad te mantiene dulce, los intentos te mantienen fuerte, las penas te mantienen humano, las caídas te mantienen humilde, el éxito te mantiene brillante. Pero solo Dios te mantiene caminando".

Envió: María José Otero

EVANGELIO DEL DÍA

15 de Septiembre. MARTES

Vigésima Cuarta del Tiempo Ordinario

«Sucedió, después, que marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad.

Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: «Muchacho, a ti te digo, levántate». Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar; y se lo entregó a su madre. Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo». Esta fama acerca de él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.» (Lucas 7, 11-17)


I. Jesús, llegas a Naín acompañado de «una gran muchedumbre». Y en la puerta de la ciudad te encuentras a aquella viuda que viene con otra gran muchedumbre. Dos muchedumbres; y en medio Tú, la viuda y el muchacho recién fallecido. Sin embargo, no son las muchedumbres lo que te mueve, sino el dolor de aquella mujer que había perdido a su hijo único.

Jesús, Tú entiendes de sufrimientos, de soledad, de dolor. Has querido pasar por todas estas experiencias tan humanas hasta el límite, de modo que yo aprenda también a saber sufrir con sentido sobrenatural. Tú sufres cuando sufro; si permites aquel dolor físico o moral es porque le puedo -y le debo- sacar un mayor provecho espiritual. Para ello, he de ofrecerte aquella dificultad, uniéndome a Ti en la cruz, por la salvación de los demás y el bien de la Iglesia.

«El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El cristiano sabe que, después del pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor; experimentar nuestra angustia, pasar por la agonía del espíritu y del desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad». (Juan Pablo II).


II. «Jesús ve la congoja de aquellas personas, con las que se cruzaba ocasionalmente. Podía haber pasado de largo, o esperar una llamada, una petición. Pero ni se va ni espera. Toma la iniciativa, movido por la aflicción de una mujer viuda, que había perdido lo único que le quedaba, su hijo.

El evangelista explica que Jesús se compadeció: quizá se conmovería también exteriormente, como en la muerte de Lázaro. No era, no es Jesucristo insensible ante el padecimiento, que nace del amor; ni se goza en separar a los hijos de los padres: supera la muerte para dar la vida, para que estén cerca los que se quieren, exigiendo antes y a la vez la preeminencia del Amor divino que ha de informar la auténtica existencia cristiana. Cristo conoce que le rodea una multitud, que permanecerá pasmada ante el milagro e irá pregonando el suceso por toda la comarca.

Pero el Señor no actúa artificialmente, para realizar un gesto: se siente sencillamente afectado por el sufrimiento de aquella mujer; y no puede dejar de consolarla. En efecto, se acercó a ella y le dijo: «No llores». Que es como darle a entender: no quiero verte en lágrimas, porque yo he venido a traer a la tierra el gozo y la paz. Luego tiene el lugar el milagro, manifestación del poder de Cristo Dios. Pero antes fue la conmoción de su alma, manifestación evidente de la ternura del Corazón de Cristo Hombre». (Es Cristo que pasa.-166).

Jesús, no eres sólo Dios; eres también hombre. Por eso me quieres como me quieren los hombres: te alegra lo que me alegra, y te hace sufrir lo que me hace sufrir. Pero como los buenos padres cuando piden algún esfuerzo a sus hijos por su propio bien, para educarlos, a veces me pides algún pequeño o gran sacrificio, para que me una más a tu cruz, a Ti.

Jesús, dame la fortaleza y la visión sobrenatural necesarias para aceptar siempre cualquier sufrimiento que encuentre en mi camino. Hazme entender, en esos momentos difíciles y oscuros, que sólo en el Cielo no hay problemas, y que el sacrificio en la tierra es una oportunidad de abrazarte amorosamente en la Cruz.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

RECONCILIACIÓN

Jesús, si algo no me sale como esperaba,
ayúdame a no desesperar?
e iré hacia ti?
Estarás grandioso como siempre?
esperándome?
no diré nada?
caminare lentamente hasta llegar a tu presencia
y caeré a tu pies,
apoyare mi cabeza sobre tus rodias y llorare?
llorare por que te amo,
llorare por mi cansancio,
porque me lastiman,
porque me equivoco?
por favor ayúdame?
estoy convencido que esto no es para mi,
tu tienes cosas maravillosas para mi y yo torpemente
me he negado a recibirlo por alejarme de ti?

Oh Dios, ahora estoy aquí?
y que se haga tu voluntad y no la mía?

Envió: Rosario Del Pilar Agon


MICRO-REFLEXIÓN:

"No hay tesoro más grande que el amor de Cristo, nuestro Señor."

Envió: Ernesto Ramón Jara

EVANGELIO DEL DÍA

14 de Septiembre. LUNES

Vigésima Cuarta del Tiempo Ordinario

«Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un criado enfermo y moribundo a quien estimaba mucho. Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: «Merece que hagas esto, pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga».

Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: «Señor no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti; pero di una palabra y mi criado quedará sano.

Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados bajo mis órdenes: digo a éste: ve, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: «Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe». Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo. (Lucas 7,1-10)


I. Jesús, te diriges a la casa del centurión por la insistencia de unos ancianos judíos que te piden ese favor. El centurión es una buena persona, respetuoso con el pueblo judío, a pesar de ser oficial de un ejército extranjero. Además, no pide para sí, sino para su criado a «quien estimaba mucho.»

Jesús, de la misma manera que el centurión buscó la intercesión de personas que estaban más cerca de Ti, quieres que yo también busque la intercesión de los santos. Los santos -especialmente la Virgen María, tu madre- al estar muy cerca de Ti, me pueden ayudar a presentarte mis necesidades o las de los que conviven conmigo. «Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre.

Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad». (CEC 956). Sin embargo, Jesús, lo que realmente te remueve y provoca el milagro es la gran fe del centurión: «os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.» Fe que, por ser auténtica, está basada en la humildad: «no soy digno de que entres en mi casa». Sin la virtud humana de la humildad, es difícil que me concedas la virtud sobrenatural de la fe.


II. «Pásmate ante la bondad de Dios, porque Cristo quiere vivir en ti..., también cuando percibes todo el peso de la pobre miseria, de esta pobre carne, de esta vileza, de este pobre barro. -Sí, también entonces, ten presente esa llamada de Dios: Jesucristo, que es Dios, que es Hombre, me entiende y me atiende porque es mi Hermano y mi Amigo». (Forja, 182).

Jesús, te quiero poco: no sé corresponder a tu Amor. Soy de carne y «de orgullo»: a la que me descuido, sólo me importan mis planes, mis gustos, mis apetencias. Me olvido de Ti, de lo que me pides, y voy a la mía. Y luego, me arrepiento y siento el peso de la pobre miseria, de esta pobre carne, de esta vileza, de este pobre barro.

En esos momentos de íntima conversión, me dirijo a Ti como el centurión: «no soy digno de que entres en mi casa». No merezco recibirte en la Comunión; me veo manchado: mi alma no está en condiciones de recibir al Autor de la gracia. Pero sé que si me arrepiento con humildad y recibo el sacramento de la confesión, Tú me entiendes y me atiendes -me perdonas- porque, además de Dios, eres mi Hermano y mi Amigo.

Jesús, una vez limpio te puedo recibir en la Comunión, y entonces Tú me llenas con tu gracia y con tu fortaleza y con tu amor. Pásmate ante la bondad de Dios, porque Cristo quiere vivir en ti... Jesús, quieres vivir en mí. Que no te cierre las puertas, que busque la intercesión de la Virgen y de los santos, que trate de hacer buenas obras y que imite al centurión en su fe y humildad.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

VIVE HOY

En una aldea de alguna parte del país, vivía un hombre viejo y sabio. Tenía ya noventa años de edad y parecía contento y feliz. Y entonces, alguien le dijo: "Vives una hermosa vida, tan larga..."

El viejo aspiró con fuerza su pipa y contestó: "Tú sólo vives un día...".

Esto era lo que le había enseñado la vida. Sólo vives un día: ¡HOY!.

Para vivir de veras, debes vivir hoy. La vida es corta. Y pasa pronto. Y si no vives hoy habrás perdido el día.

No ensombrezcas tu espíritu con miedos y preocupaciones por la mañana. No cargues tu corazón con toda la miseria del ayer.

Piensa, complacido, en lo bueno del ayer; sueña también con cosas bellas, que pueden venir mañana.

Pero no te pierdas en el ayer, ni en el mañana.

Envió: Leonor Salas


MICRO-REFLEXIÓN:

"No le busques respuestas humanas a iniciativas Divinas".

Envió: Javier Baur

EVANGELIO DEL DÍA

11 de Septiembre. VIERNES

Vigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario

«Les dijo también tina parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro. ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, deja que quite la paja que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad cómo sacar la paja del ojo de tu hermano.» (Lucas 6, 39-42)


I. Jesús, me adviertes del peligro de guiar a los demás sin antes cuidar mi vida interior. El primer apostolado es luchar personalmente por ser santo, por ver con claridad el camino, por quitar esos defectos que me apartan de Ti. No me dices que no ayude a los demás, sino que primero empiece por luchar yo mismo.

«Cuando nos veamos precisados a reprender a otros, pensemos primero si alguna vez hemos cometido aquella falta que vamos a reprender; y si no la hemos cometido, pensemos que somos hombres y que hemos podido cometerla. O si la hemos cometido en otro tiempo, aun que ahora no la cometamos. Y entonces tengamos presente la común fragilidad para que la misericordia, y no el rencor, preceda a aquella corrección» (San Agustín).

Jesús, quieres apartarme del peligro de juzgar a los demás, de señalar sus defectos y limitaciones, sin darme cuenta de que yo tengo también los míos, a veces incluso mayores que los de los demás. ¿Cómo voy a guiar a los demás si yo mismo voy a tientas? «¿No caeremos los dos en el hoyo?» Así como el tomarse la vida cristiana en serio lleva a hacer apostolado, también es verdad que el tomarse el apostolado en serio lleva a mejorar en la vida interior.

Porque el cristiano ha de ser ejemplo para los demás: ha de ser el mismo Cristo. Pero ¿cómo puedo parecerme más a Ti? «Todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro.» Para empezar, me pides que me tome en serio mi formación espiritual.


II. «Necesitas vida interior y formación doctrinal ¡Exígete! -Tú -caballero cristiano, mujer cristiana- has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza. -Te ha de urgir la caridad de Cristo y al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales tus parientes, tus amigos, tus colegas-, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta.

Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa. Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás» (Forja, 450).

Jesús, por ser cristiano, he de ser otro Cristo. Y para ello necesito vida interior y formación doctrinal. Aún más cuando la sociedad en la que vivo está tan alejada de Dios y se mueve con unos criterios tan opuestos a los que Tú nos has dejado. Como el pez que remonta la corriente necesita más energía interior que el que se deja arrastrar por ella, así también el cristiano que quiere vivir como tal en la sociedad actual necesita mucha vida interior y criterio bien formado.

Jesús, no puedo excusarme diciendo que el ambiente está muy mal, ni tampoco quieres que me aísle de los demás para no «contaminarme». Quieres que sea sal y luz del mundo, que lo sazone todo con mi presencia activa, con mi caridad, dando ejemplo cristiano con una santa desvergüenza. Pero sin ser guía ciego.

Jesús, que ponga empeño en cuidar mis normas de piedad, especialmente la Misa y la oración que son como las columnas de mi vida interior. Ayúdame a ser constante en la formación espiritual y doctrinal, pidiendo consejo en la dirección espiritual para avanzar en este terreno, consciente de que la formación no termina nunca.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

LA VIDA (SABIDURÍA)

La vida es oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es aventura, arrástrala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es vida, defiéndela.

Autor: Madre Teresa De Calcula


MICRO-REFLEXIÓN:

"No hay tesoro más grande que el amor de Cristo, nuestro Señor".

Envió: Ernesto Ramón Jara

EVANGELIO DEL DÍA

10 de Septiembre. JUEVES

Vigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario

«Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. Al que te hiere en la mejilla preséntale también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. Da a todo el que te pida, y al que toma lo tuyo no se lo reclames. Haced a los hombres mismo que quisierais que ellos os hiciesen a vosotros.

Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir; ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.

Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida que midáis seréis medidos.» (Lucas 6, 27-38).


I. Jesús, hoy me explicas una de las grandes verdades acerca del destino eterno de los hombres: «con la misma medida que midáis, seréis medidos». Es decir, en la vida eterna seré juzgado de la misma manera con la que yo he juzgado a los demás: se me dará según haya dado, y se me perdonará según haya perdonado.

Ahora, mientras te dedicas al mal, llegas a considerarte bueno, porque no te tomas la molestia de mirarte. Reprendes a los otros y no te fijas en ti mismo. Acusas a los demás y a ti no te examinas. Les colocas a ellos delante de tus ojos y a ti te pones a tu espalda. Pues cuando me llegue a mí el turno de argüirte, dice el Señor; haré todo lo contrario: te daré la vuelta y te pondré delante de ti mismo. Entonces te verás y llorarás» (San Agustín).

Jesús, el Juicio que tendré al morir no es una venganza o un premio para «nivelar» distintas suertes en la tierra. En el Juicio, Tú me harás ver cómo soy en realidad, es decir, cuál es mi capacidad de amar, y me darás según esa capacidad. Tú siempre llenas al máximo: «una buena medida, apretada, colmada, rebosante». Pero el que se presente con un corazón egoísta no tendrá capacidad de recibir tu Amor.

En el fondo, Jesús, cuando soy generoso y hago «el bien sin esperar nada por ello», o cuando mido a los demás con misericordia, yo mismo quedo marcado con esa medida. Porque mi caridad -mi amor- crece, y crece también mi capacidad de recibir tu amor. Tú eres el que juzgas, pero soy yo el responsable de la medida con la que seré medido.


II. «Mira: tenemos que amar a Dios no sólo con nuestro corazón, sino con el «Suyo», y con el de toda la humanidad de todos los tiempos...: si no, nos quedaremos cortos para corresponder a su Amor» (Surco, 809).

Jesús, Tú elevas el nivel de lo que significa amar. Amar no es intercambiar favores: «si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir; ¿qué mérito tendréis?» Ni siquiera es corresponder solamente al amor que otro me muestra: «si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?» Si sólo doy para recibir, ¿dónde está la diferencia con los que no te conocen, pues «también ellos hacen lo mismo?».

Jesús, en la última cena dejas a tus apóstoles el mandamiento nuevo: «que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Juan 13,34). He de amar a los demás como Tú los amas, no sólo con mi corazón, sino con el Tuyo. Esta es la diferencia cristiana: «en esto conocerán todos que sois mis discípulos» (Juan 13,35).

Jesús, ayúdame a querer a todos, sin hacer distinciones, sin contar los favores recibidos, sin esperar que me lo agradezcan. «Y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo». ¿Qué mejor recompensa puedo esperar -ya aquí en la tierra- que llegar a ser hijo de Dios? Gracias, Dios mío, porque me pagas con tanto lo poco que soy capaz de hacer por los demás.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

VALORES

NO ESTAS SOLO

Tú no estás solo, jamás lo has estado y nunca lo estarás. Dios está contigo en cada segundo de tu vida, más cerca que tus propios pensamientos. Sólo es tu idea la que te hace creer que Dios te puede abandonar, pero esto es imposible.

Te voy a explicar: Dios está en el aire que estás respirando y te da la vida. Si te pones la mano en el corazón, verás que ese latido de vida es Dios en tu corazón.

El sol que nos viene alumbrar cada mañana es una bendición de Dios para ti, para que vivas y seas feliz.

¡Tú no tienes porque estar triste nunca! El estado natural del hombre es la alegría, lo que pasa es que vivimos quejándonos por todo lo malo, en vez de dar gracias por todo lo que tenemos y esto nos pone tristes.

Comienza ya a dar gracias por el aire que respiras, por cada objeto de vestir o de adorno que llevas en el cuerpo, por la cama que tienes, por cada pedacito de comida que te llevas a la boca, por cada canción que te sabes. Cada vez que pienses en quejarte, busca algo por lo cual dar gracias a Dios.

Acostúmbrate a decir por todo "Gracias Padre". Tú vas a ver como tu mundo va a cambiar.

Comienza a sonreírle a todo, y no importa lo que te diga la gente, es mejor sonreír que estar mal encarado. Sonríele al guardia, al médico, al abogado, al barrendero, al rista, al cajero, a los que cocinan, al chofer, a la enfermera. Sonríele al mundo y verás que el mundo te sonreirá también.

El rencor y el odio son la madre de la infelicidad. Comienza a perdonar ya a todo el mundo, no importa lo que te hayan hecho o dicho, eso es problema del que condena; el tuyo es el de perdonarlos. Diles: Te doy mi amor y mi perdón.

Si hablan mal de ti, te critican o te condenan, eso no importa, de los más grandes seres se han dicho las peores cosas. Piensa: Si eso lo dicen, ¿dónde está lo que hacen? Yo soy un ser que hago y solo me entiendo con los que hacen y no con los que dicen. Si has perdido algo o te han robado, eso tampoco importa. Acuérdate que lo verdaderamente valioso y eterno en ti nadie te lo puede quitar, es tu Ser y tu derecho soberano de sentir y pensar.

"Lo maravilloso de cuando se pierde es que solamente nos queda Dios". Acostúmbrate a bendecir en vez de maldecir o decir malas palabras y verás que las cosas se transforman. Di constantemente a todas las cosas y a todas las personas, no importa lo que sean, hagan o digan: "Dios te Bendice".

Cada vez que no sepas qué hacer y estés desesperado y no te acuerdes de nada, repite simplemente el nombre de Dios tantas veces te sea necesario y verás milagros.

DIOS-DIOS-DIOS-DIOS-DIOS-DIOS-DIOS-DIOS-DIOS

Envió: Juridy Bourdierd


MICRO-REFLEXIÓN:

"Jesús, vivir la filiación divina, significa que cuando algo me sale bien, no me creo el amo del mundo, sino que tengo muy claro que todo lo bueno que poseo te lo debo a Ti...".

EVANGELIO DEL DÍA

09 de Septiembre. MIÉRCOLES

Vigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario

«Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que ahora padecéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como maldito, por causa del Hijo del Hombre.

Alegraos en aquel día y regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en el Cielo; pues de este modo se comportaban sus padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! ¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros, pues de este modo se comportaban sus padres con los falsos profetas!» (Lucas 6, 20-26).


I. Jesús, este pasaje, que se conoce con el nombre de las bienaventuranzas, podría llamarse también las paradojas: para conseguir una cosa, me dices que he de hacer lo contrarío de lo que parece que debería hacer a primera vista. El que es pobre, poseerá. El hambriento, no tendrá hambre. El que llora es el que será feliz... ¿Cómo se explican todas estas paradojas? Se dan estas paradojas porque hay dos mundos: el mundo terreno en el que vivo, y el Reino de los Cielos que me has venido a anunciar. Y me has recordado que «nadie puede servir a dos señores» (Mateo 6,24).

El que busca la riqueza en este mundo y pone su corazón en los bienes materiales, en los honores humanos, en la comodidad o el placer, no deja espacio en su vida para recibir los bienes espirituales, que llenan mucho más y duran para siempre. «La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo.

Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar; ni en la gloria humana o el poder; ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor» (CEC-1723).

Además, Jesús, me has traído este mensaje: «el Reino de Dios está ya en medio de vosotros» (Lucas 17,21). Por lo tanto, no se trata de escoger entre la felicidad actual y la futura, sino entre dos tipos distintos de felicidades actuales: la «felicidad» egoísta del que se busca a sí mismo, o la felicidad sacrificada del que sabe amarte y darse a los demás.


II. «No eres feliz, porque le das vueltas a todo como si tú fueras siempre el centros si te duele el estómago, si te cansas, si te han dicho esto o aquello... ¿Has probado a pensar en Él y por Él, en los demás?» (Surco, 74).

Jesús, bienaventurado significa feliz. Y hoy me enseñas que la verdadera felicidad, la que llena, la que dura, la que nadie me puede quitar, es la alegría que procede del amor a Dios y a los demás, y por tanto, de la entrega y del sacrificio. Para los que la escogen, dices: «alegraos en aquel día y regocijaos.» Sin embargo, a los egoístas adviertes: «¡ay de vosotros; ya habéis recibido vuestro consuelo!».

Jesús, a veces estoy triste porque no hago más que pensar en mí mismo, como si yo fuera siempre el centro: si me miran o me dejan de mirar, si tienen un buen concepto de mí, si me esfuerzo «demasiado», si los demás hacen menos, si en el futuro podré tener esto o lo otro, etc. .. ¿Has probado a pensar en Él y por Él, en los demás?.

Jesús, Tú me indicas el camino de la felicidad, de la bienaventuranza. El camino, aun que en apariencia paradójico, es claro: amarte a Ti y a los demás; servirte a Ti y a los demás. «De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas» (Mateo22,40). Tú me has dado ejemplo hasta el punto de morir por mí. Dame también tu gracia para que sea capaz de vivir el espíritu de las bienaventuranzas.


Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA