martes, 1 de septiembre de 2009

VALORES

CONFÍA EN TU CRUZ

Una vez una persona andaba buscando al señor, le habían comentado de una invitación que hacia a todos para llegarse hasta su Reino, donde dicen que tenia reservada una morada para cada uno de sus amigos. Y el también tenia ganas de ser amigo del Señor ¿Por que no? Si otros lo habían logrado ¿Que le impedía a el llegar a ser uno de ellos?.

Averiguando acerca del paradero, se entero de que el Señor se había ido monte adentro con una hacha, a fin de preparar para cada uno de sus amigos, lo que necesitaría para el viaje. Y se largo a campearlo.

Al fin llego, y se encontró con el mismísimo Nuestro Señor, que estaba preparando las cruces para cada uno de sus amigos, antes de partir hacia su casa, al fin de disponer un lugar para cada uno.

- ¿Que estas haciendo?- le pregunto el joven al Señor.

- Estoy preparando a cada uno de mis amigos la cruz con la que tendrán que cargar para seguirme y así poder entrar en mi Reino-.

- ¿Puedo ser yo también uno de tus amigos?- volvió a preguntar el muchacho.

- ¡Claro que si! - Le dijo Jesús. - Es lo que estaba esperando que me pidieras. si quieres serlo de verdad, tendrás que tomar también tu cruz y seguir mis huellas. Porque yo tengo que adelantarme para ir a prepararles un lugar-.

- ¿Cual es mi cruz, Señor?-

- Esta que acabo de hacer, sabiendo que venias y viendo que los obstáculos no te detenían, me puse a preparártela especialmente y con cariño para ti-.

La verdad que muy, muy preparada no estaba. Se trataba de dos troncos cortados a hacha, sin ningún tipo de terminación ni arreglos. Las ramas de los troncos habían sido cortadas de abajo hacia arriba, por lo que sobresalían pedazos por todas partes. Era una cruz de madera dura, bastante pesada, y sobre todo muy mal terminada. El joven al verla pensó que el Señor no se había esmerado demasiado en preparársela pero como quería realmente entrar en el Reino, se decidió a cargarla sobre sus hombros, comenzando el largo camino, con la mirada en las huellas del maestro.

Ni bien cargo la incomoda cruz, hizo también su aparición el diablo. Es su costumbre hacerse presente en estas ocasiones. Y en aquella circunstancia no fue diferente. porque donde anda Dios, asimismo anda el diablo. Sobre todo en lo montes.

Desde atrás le pego el grito al joven que ya se había puesto en camino:

- ¡Te olvidaste de algo!

- Extrañado por aquella llamada, miro para atrás y vio al diablo muy comedido, que se acercaba sonriente con el hacha en la mano para entregársela.

- Pero ¿Como? ¿También tengo que llevarme el hacha?. Pregunto molesto el muchacho.

- No se - dijo el diablo haciéndose el inocente. - Pero se me hace que es conveniente que te la lleves por lo que puedas necesitar en el camino. Por lo demás, seria una lastima dejar abandonada un hachita tan linda-.

La propuesta le pareció tan razonable, que sin pensar demasiado, tomo el hacha y reanudo su camino.

En realidad no había camino. Simplemente eran huellas por el monte o por los pajonales y esteros. Hacia frío en aquel invierno y la cruz era pesada.

Sobre todo era molesta por su falta de terminación. Parecía como si las salientes se empeñaran en engancharse por todas partes a fin de retenerlo, y se le incrustaban en la piel para hacerle mas doloroso el camino.

Una noche particularmente fría y llena de soledad, se detuvo a descansar al descampado.

Deposito la cruz en el suelo, a la vez que tomo conciencia de la utilidad que podía brindarle el hacha. Quizá el maligno, que lo seguía a escondidas, ayudo un poco, arrimándole la idea mediante el brillo del fierro del instrumento.

Lo cierto es que, ahí nomás, se puso a arreglar la cruz. Con calma y despacito la fue sacando los nudos que mas le molestaban, suprimiendo aquellos muñones de ramas mal cortadas, que tantos disgustos le estaban proporcionando en el camino. Y consiguió dos cosas:

Primero, mejorar el madero. Y segundo, se agencio de un montoncito de leña que le vino como mandado pedir para prepararse un fueguito, con el que calentar sus manos ateridas.

Esa noche durmió tranquilo. A la mañana siguiente reanudo su camino. Y noche a noche su cruz fue siendo mejorada, pulida por el trabajo que en ella iba realizando.

Mientras su cruz mejoraba y se hacia mas llevadera, conseguía también tener la madera para el fueguito amigo de cada noche.

Casi, casi, se sintió agradecido hacia el diablo que le había hecho traerse el hacha consigo, Después de todo había sido una suerte contar con aquel instrumento que le permitía el trabajo sobre su cruz.

Estaba satisfecho con la tarea, y hasta sentía un pequeño orgullo por su obra de arte. La cruz tenia ahora un tamaño razonable y un peso mucho menor. Y además se trataba de algo prolijo. Bien pulida, brillaba a los rayos del sol, y casi no molestaba al cargarla sobre sus hombros. Achicándola un poco mas, llegaría finalmente a poder levantarla con una sola mano a manera de estandarte, para asi identificarse ante los demás como seguidor del crucificado.

Y si le daban tiempo, podría llegar a acondicionarla hasta el punto que, llegaría al Reino con la cruz colgada de una cadenita al cuello como un adorno sobre su pecho, para alegría de Dios y testimonio ante los demás.

Y consiguió su meta, Es decir: sus metas. Porque para cuando llego a las murallas del Reino, se dio cuenta de que gracias a su trabajo, estaba descansado y además podía presentar una cruz muy bonita, que ciertamente quedaría como recuerdo en la Casa del Padre.

Pero no todo fue tan sencillo. Resulta que la puerta de entrada al Reino estaba colocada en lo alto de la muralla. Se trataba de una puerta estrecha, abierta casi como una ventana a una altura imposible de alcanzar.

Llamo a gritos anunciando su llegada. Y desde lo alto apareció el Señor invitándolo a entrar.

- Pero, ¿como Señor? No puedo. La puerta esta demasiado alta y no la alcanzo-. - Apoya la cruz contra la muralla y luego trepa por ella utilizándola como escalera - le respondió Jesús.

- Yo le deje a propósito los nudos para que te sirviera. Además tiene el tamaño justo para que puedas llegar hasta le entrada-.

En ese el momento el joven se dio cuenta de que realmente la cruz recibida había tenido sentido y que de verdad el Señor la había preparado bien. Sin embargo ya era tarde, su pequeña cruz, pulida y recortada, le parecía un juguete inútil.

Era muy bonita pero no le servia para entrar. El diablo había resultado mal consejero y peor amigo.

Pero el Señor es bondadoso y compasivo. No podía ignorar la buena voluntad del muchacho y su generosidad en querer seguirlo. Por eso le dio un consejo y otra oportunidad.

- Vuelve sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontraras a alguno que ya no da mas y ha quedado aplastado bajo su cruz. Ayúdale tu a traerla. De esta manera ayudaras a que logre hacer su camino y llegue. Y él te ayudara a tí a entrar-.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Cierra los ojos y di, ¡Señor en ti confío!".

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