jueves, 24 de septiembre de 2009

VALORES

¡TENGO SED!

El hombre de hoy quiere combatir el mal en el mundo, pero se queda en sus consecuencias últimas, sin ir a las raíces.

Las estructuras del pecado son la expresión y el efecto de los pecados personales, que a su vez inducen a otros a cometer el mal. El ejemplo más claro se puede ver es el mal de la corrupción, que devasta profundamente muchos países y que mina la base de todo progreso social. Tenemos necesidad de la reconciliación. Los creyentes hoy no sienten la necesidad de reconciliarse con Dios esto se debe a la crisis de la «conciencia del pecado».

Si el pecado nos separa y aleja de Dios y a los unos de los otros, entonces tenemos que reconciliarnos antes con Dios y con los demás para poder acudir después a la mesa del Señor. En lo escondido del sacramento de la reconciliación, la confesión puede ser el paso decisivo para la curación. Pues este sacramento no sólo quiere sacar a relucir errores y pecados, sino que quiere curar y transformar.

Con demasiada frecuencia quizás, nos olvidamos de que la comunión exige una preparación. Si no acudimos al perdón de Dios «corremos el riesgo de acostumbrarnos a los pecados, de dejar de percibirlos, hasta el punto de que se endurece nuestro corazón y el amor se enfría».

Por esto, la Madre Teresa de Calcuta mandó escribir en todos los países, en sus comunidades, junto a la cruz, las palabras de Jesús: «¡Tengo sed!». El Señor tiene sed de nuestro amor, de nuestro corazón.

Envió: Rebeca de Medina


MICRO-REFLEXIÓN:

"Aprovecha los acontecimientos, buenos o malos, para reflexionar: ¿Qué querrá mi Dios que haga?. Jesús ayúdame a descubrir Tu Voluntad".

Envió: Gabriela Santander

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